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Redes comunitarias de Cuba se unen por el reconocimiento legal

Fuentes: IPS

Reunidos bajo la identidad de SnetCuba, usuarios y administradores de varias redes autogestionadas en diferentes ciudades llevan una campaña sin recibir respuesta oficial.

Desde que se hicieran públicas las regulaciones del Ministerio de Comunicaciones de Cuba para el ordenamiento del espacio radioeléctrico cubano y su uso por personas naturales, la atención y debate público de la ciudadanía en red se ha dirigido a la posible desaparición de Snet, la popular red de La Habana, y sus similares en otros puntos del país.

Por más de una década, en el caso de la red callejera de la capital cubana, una infraestructura adquirida por esfuerzo propio logró conectar a todos los municipios de La Habana y un aproximado de 40.000 usuarios. Esta experiencia se replicó en otras ciudades cubanas, aunque a menor escala.

Aunque el nuevo marco jurídico legaliza la formación de redes privadas y la importación de equipos para su creación, que en principio se entendió como un paso de avance en el proceso de informatización cubano, para los usuarios de Snet fueron malas noticias.

El problema radica en los límites técnicos impuestos. Por ejemplo, una potencia de irradiación que no supere los 100mW, cifra que exceden la mayoría de los equipamientos utilizados en la red capitalina y por varios puntos del país, cuya importación y comercialización transcurre desde hace años, a pesar de ser ilegal.

Las regulaciones también establecen que la utilización de enlaces punto a punto y punto a multipunto, que emplean estas redes, pasa a ser de uso exclusivo de las personas jurídicas.

Inicio

La primera respuesta pública a las regulaciones inició en La Habana, con un comunicado de los administradores de algunos de los pilares de Snet, en el que se solicitaba a las autoridades valorar un posible acuerdo de beneficio mutuo y otorgar una licencia especial para que el gigante capitalino pudiera seguir operando.

Casi un mes después de esta petición, la campaña, que se realiza fragmentada por desencuentros internos de la red, también ha incluido la recogida de 10.000 firmas con vistas a cambiar la legislación y múltiples tuitazos con las etiquetas #Yosoysnet, #SNET Informatiza y #Snet_Cuba.

Estas acciones fueron convocadas por usuarios y administradores de distintas redes del país, aunque el protagonismo lo sigue teniendo la capital, reunidos bajo la identidad de Snet_Cuba desde redes sociales como Telegram y Twitter.

La movilización en las redes aboga por que se reconozca el valor social de la red callejera, su aporte a la informatización del país o al menos su existencia como red comunitaria.

El jurista Eloy Viera expuso en su cuenta de Twitter: «si realmente quieren descentralizar decisiones y ofrecer autonomía a las localidades, tienen que permitir que los locales decidan cuáles son las iniciativas que les acomodan. Eso implica permitirles articularse, incluso virtualmente, a través de redes como Snet».

El tuitazo del pasado 23 de junio, según los datos aportados por el proyecto autónomo Inventario, produjo 1.227 tuits provenientes de 182 usuarios únicos.

Respuestas

En un encuentro de representantes de varios pilares de la capital (Imperivm, Habana Este, Wifinet, ROG), cuyo contenido en audio se publicó a través de la red social YouTube, se informa de los resultados de una primera reunión informal que sostuvieron algunos de los administradores con funcionarios del Ministerio de Comunicaciones (Micom)- sin especificar nombres o cargos- en busca de información y para abrir un canal de comunicación.

Según explicó uno de los participantes, quienes lo recibieron mostraron el interés de «sumar, no destruir» y de buscar una solución para que Snet se adapte a las regulaciones y los usuarios puedan seguir utilizando los servicios que hasta ahora tenían.

Aunque el reporte enfatiza que aún no existe un acuerdo, solamente la posibilidad de sentarse a pensar una posible solución.

La red cuenta en la actualidad con una variedad de servicios que abarca desde servidores para videojuegos, hasta otros con carácter educativo: la Wikipedia, diccionarios, enciclopedias médicas y más de 1.500 volúmenes del Proyecto Gutenberg.

También cuenta con dúplicas de redes sociales como Facebook y plataformas como Netlab, donde programadores e ingenieros puedan desarrollar proyectos propios o para el mejoramiento de la red.

¿Soluciones?

Una posible solución estaría en pasar los servicios a la intranet cubana, aunque para muchos usuarios esto implicaría otro tipo de problemas.

«Al final también es una cuestión económica, por una conexión 24/7 a la que ahora se accede por un monto de uno a tres CUC -aporte instituido para sostener la infraestructura de la red-, tendrías que pagar 72 CUC, con las actuales tarifas para la navegación nacional», explicó a IPS Cuba Frank Matos, un usuario de la red de La Habana.

El acceso más económico a servicios en red es una demanda de los clientes de Etecsa, que por tres sábados consecutivos han realizado un tuitazo con la etiqueta #bajenlospreciosdeinternet.

Aunque los administradores defienden que el aporte incorporado al reglamento de Snet, en 2016, no tiene un objetivo lucrativo y solo será utilizado para el sostén y mejoramiento de la infraestructura de la red, muchos usuarios se cuestionan el destino de esos montos, según reflejó la revista estatal Somos Jóvenes a finales de 2018.

La existencia de estas redes en otros puntos del país evidencia que no se trata de un fenómeno aislado y demanda otra atención de las autoridades, que aún no dan una respuesta oficial, a pesar de ser interpeladas públicamente por varios usuarios.

En Holguín, una comunidad de usuarios bautizada como Wi-Fi HLG reúne aproximadamente 10.000 usuarios de todas las edades, aunque un medio local calculó en 3.000 los usuarios. Según evidencia la campaña, también existen comunidades en Camagüey, Villa Clara y Santiago de Cuba.

En América Latina existen diferentes referentes para el manejo de las redes comunitarias desde las políticas públicas. Este puede ser el momento para abrir el debate en Cuba.