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Despropósitos del artículo “Los liberales asesinaron a Puig Antich” de Txema Bofill

Respuesta a una crítica no matizada

Fuentes: Rebelión

Txema Bofill ha explicado en «Los liberales asesinaron Puig Antich» las razones por las que no le ha convencido la película «Salvador» dirigida por Manuel Huerga y ha esgrimido algunas consideraciones sobre la reciente historia española y el algo manido tema de la memoria histórica y nuestra forma de aproximarnos a ella. No pretendo comentar […]

Txema Bofill ha explicado en «Los liberales asesinaron Puig Antich» las razones por las que no le ha convencido la película «Salvador» dirigida por Manuel Huerga y ha esgrimido algunas consideraciones sobre la reciente historia española y el algo manido tema de la memoria histórica y nuestra forma de aproximarnos a ella.

No pretendo comentar todas las afirmaciones de Bofill pero sí señalar, en cambio, aquellas que me parecen inconsistentes con uno de sus finalidades: la de restablecer una memoria histórica sin trampas, sin hacer pasar gato por liebre, buscando o aspirando a la veracidad y evitando decorar el paisaje histórico de forma que nuestra presencia en él tome un papel relevante y excelente, siempre excelente. Vayan, pues, a continuación estas aproximaciones de urgencia:

1. El título de su artículo -«los liberales asesinaron a Puig Antich»- es un despropósito (e incluso un insulto) como posteriormente intentaré mostrar. Más allá de ello, el tono de denuncia sin matiz con el que se refiere a la filosofía política liberal y a su praxis, por usar aquel término gastado pero entrañable, es inadmisible en mi opinión. Los liberales, como el ser, la izquierda o la vida, se dicen de muchas maneras, al igual que los anarquistas, marxistas o consejistas. Es cierto que Friedmann, el consejero de Kissinger y Pinochet (aunque no sólo) se las daba de liberal o incluso tal vez Bus se presenta como liberal-conservador, pero también Bertrand Russell era un liberal o entre nosotros gentes tan admirables por muchas razones como Ferrater Mora o Mosterín. Una cosa es querer ser más que liberales, como es el caso de muchos militantes políticos de izquierda, entre los cuales desearía incluirse, otra cosa es renunciar a todas las aportaciones normativas y prácticas de esa concepción. No veo qué problema existe en coincidir con un liberal en el principio de que todo ciudadano y ciudadana tiene derecho a ser tratado con dignidad e igualdad. La cuestión, efectivamente, es que de hecho no todos los ciudadanos son tratados así y en toda circunstancia, como ocurre diariamente en la mayoría de los centros de trabajo donde la dignidad y el respeto están en la papelera de los trastos inútiles por improductivos y poco «neoliberales».

2. Aunque en ocasiones Bofill entrecomille, llamar «liberales» a los miembros del gobierno de Franco, responsables últimos, como él mismo dice no siempre de forma totalmente matizada, del asesinato de Puig Antich, es un uso descabellado y delirante de la noción. Una cosa es afirmar, como él afirma, que el gobierno de Arias Navarro fuera el gobierno «más liberal de toda la historia franquista» (la afirmación y la consideración política es suya, no mía) y otra cosa es que fuera un gobierno liberal en algún sentido significativo del término.

3. Llamar a las fuerzas antifranquistas los «liberales de izquierda», sabiendo, como él sabe muy bien -y dejando aparte el espinoso tema de la resistencia silenciosa, curiosa y acaso contradictoria categoría sobre la que no entro en estos momentos-, que el sector mayoritario-mayoritario de la resistencia antifranquista durante bastantes décadas fueron, como es sabido y reconocido por todos, incluso por la derecha extrema, las fuerzas de orientación comunista-marxista, fueran estas de la tercera Internacional, de la cuarta , de orientación maoísta, de carácter consejista o cristiano, o de otras variantes que ahora no me vienen a la memoria. Y el MIL, entre ellas, desde luego, que además no fue, no es un movimiento anarquista sino marxista-consejista, con inspiración en autores diversos como Luxemburg, Korsch, Matick o Pannekoek.

Ni Bofill ni nadie daba carnets en aquellos momentos. Y nos guste o no, Santiago Carrillo era un dirigente comunista que dirigía una fuerza comunista y Oriol Solé era un revolucionario marxista-comunista aunque su orientación fuera otra muy distinta. Una cosa es que en aquellos momentos o ahora nos parezca que tal o cual dirigente u organización eran bastante descafeinados o muy poco revolucionarios o incluso algo reaccionarios. Pero esto es una valoración política discutible y acaso compartible en algún caso, no una aproximación histórica.

4. No es cierto, por lo demás, que el PSUC no haya autocriticado su actuación. López Raimundo, por ejemplo, que era en aquellos momentos secretario general del Partido, como ahora es presidente del PSUC-viu, en conversación con Xavier Juncosa para los documentales que forman parte de «Integral Sacristán», se ha manifestado explícitamente sobre ello: actuamos mal, metimos la pata, no hicimos lo que habíamos hecho años antes durante el consejo de Burgos, no movilizamos a la ciudadanía. Estas fueron sus palabras. Si esto no es una autocrítica, entonces ¿qué es uno autocrítica?.

5. Tampoco es correcto que las fuerzas antifranquistas no ofrecieran su apoyo jurídico a Puig Antich. Me consta, por conversiones personales con Dolors Calvet y Joaquim Sempere, que eso no fue así. Más bien lo contrario: un abogado del PSUC, Josep Solé Barberà, si no ando errado, fue a hablar con Puig Antich y le ofreció su colaboración. Salvador, con razones atendibles, denegó el ofrecimiento: no quería, comprensiblemente, que el PSUC sacara rentabilidad política de su detención y juicio.

6. Decir que los verdaderos asesinos de Puig Antich fueron los liberales franquistas y (insisto: Y) el silencio y complicidad de los liberales antifranquistas, así, en el mismo plano de actuación, independientemente de que pensemos que pudieron hacerse otras cosas, de otro modo y con más contundencia, aunque creamos o no que hubo pacto entre el gobierno y dirigentes del movimiento antifranquista, es un enorme disparate político. Los responsables últimos fueron los que le condenaron a muerte y los que, llegado el momento, no hicieron nada por indultarle. Los otros, entre los que pudo yo mismo incluirme a pesar de militar entonces en el PCE(m-l), seguramente no hicimos lo que debimos de haber hecho. No nos hace ser muy buenos en esa ocasión pero es cosa muy distinta.

7. En la película, en contra de lo que afirma Bofill, no se afirma que «los terroristas de ETA» asesinaran a Puig Antich, sino que se le hace decir a Puig, después del atentado contra Carrero Blanco, que ETA le ha matado, queriendo decir, obviamente, que la reacción del régimen será tremenda como fue de hecho. No hay nada que permite afirmar que en el espíritu, la intención del guión o del director de la película era hacer responsable a ETA de la muerte de Puig Antich.

8. Bofill no distingue bien lo que pudo declarar Puig Antich -reconociendo su responsabilidad en la muerte de «un esbirro» del franquismo- de las garantías del juicio. Puig Antich pudo hacerse responsable de la muerte del miembro de la BPS, pero eso no quita ni pone para que el juicio militar al que fue sometido pase a la historia universal de la ignominia. ¿Dónde está el problema en que se revise un juicio no admisible? ¿Eso significa aceptar el esquema de procedimiento judicial del Estado burgués? ¿Por qué?

9. En la misma línea, decir, como dice Bofill, que Puig Antich ha sido hoy nuevamente agarrotado, asesinado políticamente por los liberales orgánicos Media Pro, TV-3, etc al no explictar su lucha, su vida y su muerte es un ejemplo de sectarismo político en estado puro. Que no se esté de acuerdo con la forma en que se explica el ideario político de Puig Antich es una cosa, decir que el enfoque dado es un intento de ocultar ese ideario y que es una forma distinta pero real de nuevo agarrotamiento es rozar la barbaridad del lenguaje usado sin control, por mucha rabia comprensible, por mucho dolor que uno lleve dentro de forma justificada.

10. La referencia a Lluis Llach, cuya canción, o mejor dicho, la versión de la misma, es en mi opinión una de las peores elecciones de la película (que tiene otras sin duda) es un ejemplo de ataque personal sin sentido y sin mesura alguna. ¿Se puede escribir con algún ánimo de verdad que le pagaron a Llach unos cuantos millones para que «las ratas liberales (sic) pudieran dárselas públicamente de antifranquistas, para darse un baño de antifranquismo»?

11. La referencia a «El nombre del padre» es otro error argumenatativo de Bofill. Sin entrar en otros detalles, lo que subyace a esta película es que un error puede propiciar, no sin enormes dificultades. la actuación correcta de la institución judicial que aquí es tildada de liberal-democrática como si fuera un insulto.

12. Para finalizar, el asesinato de Puig Antich y del ciudadano de la RDA que sirvió de torna no fueron los últimos crímenes franquistas tal como afirma Bofill. Dejando aparte actuaciones de la policía franquista en los años de la transición que no habría que olvidar nunca (¡Vitoria! ¡Vitoria! siendo Fraga ministro del interior y habiendo anunciado ya que la calle era suya) fueron los asesinatos de tres militantes del FRAP y dos de ETA los últimos crímenes de aquella dictadura fascista odiosa, encabezada por un general golpista, que decía haber instaurado un régimen de paz y prosperidad en libertad y grandeza.

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Txema Bofill (14-11-2006)