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Sderot, el Tribunal Superior de Justicia y el sionismo

Fuentes: Occupation Magazine

Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.

Si hay alguien todavía que necesita pruebas del fracaso del sionismo, sólo tiene que examinar la contestación del Estado a la demanda presentada ante el Tribunal Superior de Justicia por residentes de Sderot, en la que pedían que el gobierno fortifique sus casas para protegerlas de los cohetes disparados desde la Franja de Gaza. La respuesta afirma que el Estado no tiene la responsabilidad de proporcionar seguridad absoluta a sus residentes. (Haaretz 11 de diciembre de 2007).

Ciento veinte años después de la creación del movimiento sionista y tras montañas de declaraciones afirmando y reafirmando la necesidad de un refugio seguro para el pueblo judío, el Estado declara ahora, a las malas, «que no podemos proporcionar ese refugio seguro que los fundadores del sionismo prometieron en su época». Toda la empresa sionista estaba basada en la necesidad de defender a los judíos dondequiera que estuvieran. El argumento sionista contra la diáspora se fundamentaba en el principio de que sólo en un estado judío el pueblo hebreo podría vivir con seguridad. De repente, en una contestación lacónica a un pleito, el Estado declara que la obra sionista ha fracasado.

Sinceramente, la contestación no nos sorprendió. Desde hace mucho tiempo tenemos claro que «la concepción» sionista se había derrumbado. Los judíos de la diáspora viven con mucha más seguridad que los judíos de Israel y, paradójicamente, en el Estado judío que se creó para defendernos de los diferentes tipos de tormentos se matan más judíos que en cualquier otro lugar del mundo. No sólo eso, sino que desde hace mucho tiempo sabemos que el Estado no puede proporcionar seguridad a sus residentes, no sólo a lo largo de sus fronteras sino tampoco en los centros urbanos, autobuses, cafés y superficies comerciales. Pero hasta ahora el Estado de Israel se había aferrado a la clásica pretensión sionista que sostiene que el Estado de Israel es el único refugio seguro para el pueblo judío y nunca había admitido sinceramente no sólo que ha fallado en esa misión sino que además no asume la responsabilidad de proporcionar seguridad absoluta a sus residentes.

La discusión sobre el postsionismo se desarrollaba principalmente en el entorno académico. Ahora ha entrado en el foro judicial y no a través de los enemigos de Israel, sino por medio de los propios abogados del Estado. Todo lo que se necesitaba era una demanda de un grupo de residentes de Sderot para la fortificación de sus casas contra los Qassam para que «la concepción» sionista se derrumbe oficialmente para siempre. No nos sorprende. Está claro que el sionismo acabó su misión histórica ya hace tiempo. Se creó un Estado, muchos judíos de la diáspora emigraron a Israel, reavivaron la lengua hebrea, redimieron el desierto y, de este modo, su papel histórico se acabó, para mejor o para peor. El establishment sionista está, es verdad, vivo y coleando, pero esa es la costumbre de las instituciones gigantes que se niegan a desmantelarse, sobre todo cuando la idea sionista todavía es un instrumento útil para recaudar el dinero de la diáspora. El movimiento sionista continuaba en pie, pero vacío de contenido, y sólo era una cuestión de tiempo que se derrumbara por sí mismo. Y en la sorprendente contestación de los abogados del Estado, que simplemente pretendían ahorrarle un poco de dinero a la tesorería estatal, el Estado expuso la auténtica verdad con su plena crueldad: no podemos cumplir la promesa del movimiento sionista de ofrecer un rincón del mundo en el que los judíos puedan vivir con seguridad. Qué irónico resulta que este anuncio histórico saliera a la luz debido a una suma de dinero que tendría que haber sido usada para proteger a los residentes de Sderot. Es como si los habitantes de todas las ciudades subdesarrolladas de Israel de repente buscaran venganza por los muchos años en los que han sido víctimas de discriminación y dijeran al Estado: ahora revelaremos vuestra auténtica cara y liquidaremos la cuenta de la discriminación que tenemos en nuestros corazones desde la fundación del Estado de Israel. Es muy simbólico que el anuncio viniera a continuación de un lanzamiento de cohetes Qassam desde la Franja de Gaza. Si los primitivos Qassam, anteriormente, no consiguieron ningún éxito causando un daño sustancial al Estado, ahora han golpeado en el corazón de la esencia del sionismo y han logrado desmoronar sus fundamentos.

Fue Martin Buber quién dijo en 1948 que temía que el éxito del sionismo originase el fracaso del judaísmo. Parafraseándolo podemos añadir ahora que la creación del Estado también ha provocado el fracaso del sionismo. El sionismo apareció, ciertamente, en una fase de la historia en que era necesario para el pueblo judío. En un tiempo relativamente corto logró un gran éxito, aun cuando fuera debido al Holocausto y no exclusivamente a sus propios esfuerzos. Pero en el momento en que hizo su aparición en el mundo, también llevaba una fecha de caducidad. El proceso de desintegración empezó inmediatamente después de la creación del Estado. Desde siempre ha llevado dentro de sí un mecanismo autodestructor que constantemente ha estado haciendo tic-tac y se conmutó hacia el modo «activo» en junio de 1967 cuando entramos en el vórtice que nos está llevando al borde del abismo. De hecho, parece que algunos líderes del Estado han despertado recientemente a los peligros inherentes a la perpetuación de la ocupación, pero nosotros no hemos visto todavía ninguna acción práctica para detener este deterioro.

Casualmente, el mismo día que Haaretz publicó la respuesta del Estado a la demanda de los habitantes de Sderot, aparece en el mismo diario una crítica del ex ministro de Defensa del gobierno derechista de Begin, Moshe Arens, en la que dice que el discurso de Olmert en Annapolis es un clásico ejemplo de narrativa postsionista. Esto es objeto de debate, pero lo que es irrefutable es la contestación del Estado al Tribunal Superior de Justicia que dice en un lenguaje seco pero inequívoco: la idea sionista ha fracasado. Lo que es una vergüenza es que ellos ni siquiera puedan decir que lo sienten.

Texto original en hebreo: http://www.kibush.co.il/show_file.asp?num=23946

En inglés (traducido del hebreo por George Malent):

http://www.kibush.co.il/show_file.asp?num=24040

El Dr. Meir Margalit es miembro del Comité Israelí Contra las Demoliciones de Casas y ex componente del Consistorio Municipal de Jerusalén por el partido Meretz.

Carlos Sanchis y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.