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Sumar, la vuelta a la izquierda del Régimen del 78

Fuentes: Rebelión

Tras mucho tiempo de espera y expectación, el pasado domingo 2 de abril se presentó en Madrid el proyecto ‘Sumar’ liderado por Yolanda Díaz.

Contó con el apoyo de diferentes figuras de varias organizaciones progresistas, como Izquierda Unida, el PCE, Los Comunes, Más País o Compromís. Sin embargo, lo más destacado en este aspecto fue la ausencia en el acto de Podemos, tras unas semanas de cruce de tensas declaraciones entre los impulsores de Sumar y destacados miembros del partido morado.

El proyecto liderado por la actual Ministra de Trabajo viene a intentar una reconfiguración del espacio de la izquierda española situada a la izquierda del PSOE. Tras la irrupción de Podemos en 2014 como una nueva izquierda que aspiraba a patear el tablero político español al articular políticamente el malestar social expresado en el ciclo 15M y mareas, con Sumar las aguas en la zona izquierda parecen volver a su cauce, que no es otro que las posiciones previas a aquella irrupción.

El ascenso meteórico de Podemos desde 2014 a 2016 supuso el mayor y más serio cuestionamiento del Régimen político de 1978 junto con la ola soberanista en Catalunya entre 2012 y 2017 y los momentos álgidos de la tensión nacional en Euskal Herria durante las décadas en las que se prolongó el conflicto entre el Estado español y el El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (incluyendo a la organización armada ETA).

Y lo supuso tanto en lo cuantitativo (con diferencia la opción rupturista a nivel estatal más votada en la historia de la democracia española del 78) como en lo cualitativo, al llegar a estos niveles de apoyo popular desde un discurso que mezclaba la capacidad de apertura y la heterodoxia política con la decidida voluntad de impugnar y superar el estado de cosas existente proponiendo un horizonte democratizador con la plurinacionalidad construida desde el derecho de las naciones sin Estado a decidir su futuro como uno de los ejes centrales.

Nueve años después, con el Procés catalán en fase de repliegue y un Podemos debilitado tanto por sus propios errores como por los constantes ataques mediáticos, parece ser la ocasión propicia para regresar a una izquierda española pre 15M, cómoda en su rol de aceptación de los consensos del Régimen del 78: pactos de la Moncloa como forma de articular y contener el conflicto social y aceptación de su papel subalterno en el sistema de bipartidismo imperfecto.

Que el significado de que “las aguas vuelvan a su cauce” es este no lo digo yo. El mismo día de la presentación de Sumar, la politóloga Estefanía Molina -a quien podemos leer en estas últimas semanas apoyando el proyecto de Díaz- afirmaba esto en su cuenta de twitter: El acto hoy de Sumar prueba que a Podemos le ha salido una dura competidora. Yolanda Díaz no se deja amilanar. La izquierda de tradición sindical, de los astilleros, no se encoge ante quienes supieron leer la quiebra del sistema, el 15M, pero no asumen que aquel momentum ya pasó. Más claro imposible.

Decía antes que uno de los ejes centrales del primer Podemos era la apuesta por la plurinacionalidad y el derecho a decidir de las naciones que así lo quisieran. Otro de los ejes centrales y de los cambios sustanciales con respecto a la izquierda española pre 15M fue la decidida voluntad de poder.

Respecto al primer eje, hay que reconocer que en estos años Podemos no fue del todo coherente con ese posicionamiento. Esto se pudo comprobar en el octubre catalán de 2017, donde esta falta de coherencia al no apoyar la movilización democrática del 1 y el 3 de octubre llevó a la ruptura de su organización en Catalunya. Y en lo relativo al segundo, pese a no haberlo logrado hacer en su momento de mayor fortaleza y concretarlo en un momento de descenso, Podemos consiguió la formación del primer Gobierno de coalición en España desde la II República. Un Gobierno que, para su investidura, tuvo que contar con los apoyos de las izquierdas soberanistas e independentistas de las naciones sin Estado en España. Siendo centrales en esto tanto una parte de la izquierda independentista catalana (ERC) -que decidió participar de la gobernabilidad de España una vez entendieron que el Procés estaba derrotado- como la amplia izquierda independentista vasca (EH Bildu) erigida en competidora del PNV a la hora de mostrarse como representante de los intereses vascos en Madrid y con una apuesta firme y decidida por el internacionalismo entendido como la ayuda a mejorar las condiciones de vida de todos los pueblos del Estado y a evitar la llegada de la ultraderecha a la Moncloa.

A partir de ahí, tanto Podemos como ERC y Bildu entendieron y asumieron que la única opción de lograr la democratización del Estado y de abrir algún horizonte de superación del Régimen era el establecimiento de una alianza política entendida como algo más que meros acuerdos coyunturales, sino como un acuerdo estratégico que tratara de mover al PSOE a posiciones a las que jamás accedería por sí solo (pese a todas las contradicciones que esta estrategia suponía para todos, especialmente para las izquierdas independentistas catalana y vasca).

Cuando Iglesias dejó la política estatal y señaló como su sucesora a Yolanda Díaz todo parecía indicar que esto seguiría siendo así. Pero, desafortunadamente, esto comenzó a cambiar. Y la primera vez que este cambio se plasmó fue en la Reforma Laboral de hace poco más de un año- Entonces, Díaz decidió apostar por una Reforma mucho más limitada de lo anunciado al anteponer el acuerdo con los grandes sindicatos y la CEOE en la esfera socioeconómica y con Ciudadanos en la política antes que con ERC y Bildu, con los que hubiera podido llevar adelante la derogación total de la Reforma que llevó a cabo el PP en 2012, tal y como habían prometido en campaña. Ahí el llamado “consenso social”, puntal de la cultura política de la Transición, comenzó a vencer a la nueva estrategia de alianzas plurinacionales con aspiraciones a democratizar el Régimen, como en su día ya analicé en este mismo medio.

Desde entonces, esa línea parece seguir su cauce. Para mí Sumar representa la aspiración de una buena parte de las élites españolas por volver a conseguir una izquierda hegemónica que relegitime el Régimen del 78 cerrando casi por completo cualquier mínima opción de superación del mismo en sentido democrático que aún pueda existir.

Si finalmente consiguen que tenga éxito esta aspiración por una izquierda que regrese a posiciones pre 15M y se olvide de las alianzas estratégicas plurinacionales, podemos prepararnos para unas cuantas décadas de cierre casi total de cualquier posibilidad de democratización del Régimen, que, como decía antes, pasa inevitablemente por el entendimiento entre la izquierda española post 15M y las izquierdas soberanistas vasca y catalana. A cambio, de vez en cuando tendremos mejoras parciales y muy limitadas en «las cosas del comer» que nos serán trasladados como hitos históricos.

Pero todos sabemos que las cosas del comer nunca se transformarán de forma radical con el modelo sindical de los Pactos de la Moncloa y sin una superación de un Régimen cuyo principal consenso sigue siendo la «indisoluble unidad de la Nación española», cuyo último garante es el Rey como cúspide de todo el entramado del poder en España. Y me temo que en Sumar no están por la labor de abordar ni la plurinacionalidad en serio ni la(s) república(s).

Por otro lado, comenzaba el artículo citando a los actores políticos que acudieron a apoyar a Díaz ayer en Madrid. Entre ellos, el llamado sector errejonista del primer Podemos, hoy en Más País/Madrid. En su día yo formé parte de esa corriente política, teórica y estratégica que ayudó a lanzar y construir el primer Podemos. No son pocos quienes tratan de establece una analogía entre Sumar y aquel Podemos. Sin embargo, para mí, empezando porque ambas experiencias se dan en contextos sociopolíticos muy diferentes, hay diferencias fundamentales.

En primer lugar, la transversalidad del primer Podemos buscaba construir nuevos consensos que superaran los existentes en base a percepciones compartidas que desbordaran el eje bipartidista izquierda-derecha sustituyéndolo por un eje abajo-arriba en el que se impugnara directamente a las élites políticas y económicas del Régimen. Mientas que desde Sumar apelan a la búsqueda de un lugar de equidistancia entre dos puntos ya existentes como forma de trasladar confianza a la ciudadanía en base a la moderación que ese punto intermedio ofrece. Una buscaba transformar, otra conservar sin impugnar ni molestar en exceso a los poderosos.

De hecho, en palabras de la propia Yolanda Díaz la política es principalmente “diálogo y búsqueda de acuerdos”, sin poner el conflicto en el centro. Pero todos los avances históricos para las mayorías sociales han tenido como origen el conflicto entre partes con intereses antagónicos y, por ende, en desacuerdo radical. La política es fundamentalmente conflicto y lucha por el sentido. Esto es lo que no hace tanto defendían Errejón y muchos de quienes le seguían. Hoy, sin embargo, participan activamente de un proyecto despolitizador (difuminando el conflicto) con IU de la mano. Y es que al final resulta que, más allá de las pugnas internas, uno de los motivos de la ruptura entre pablistas y errejonistas en 2016 fue que los segundos no querían pactar con IU y hoy, parte de ese errejonismo está con un proyecto controlado por IU en la mayoría de provincias. Los extraños compañeros de cama que hace la política. En muchos errejonistas la frontera populista pueblo-casta acabó difuminada entre justificaciones intelectuales con más forma que fondo.

Y para terminar diré que aprendimos que para avanzar con la gente hay que ir un paso por delante, no cien. Y que hay que tener un pie en la realidad actual y otro en la que queremos construir. Pero no olvidemos que la lucha ideológica es vital para transformar la realidad y que si renuncias a ella lo que haces es anclar los dos pies en lo ya existente y contar veinte al avanzar tan solo medio paso, estrechando el horizonte de lo posible y legitimando lo establecido. Para mí esto es Sumar. Y, aunque respeto profundamente a quien esto le ilusione, creo que volver a la izquierda de la década de los 2000 supone un escenario tan regresivo respecto al ciclo 2011-16 que no puede ser nuestro camino.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.