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Los escritos de Thomas Friedman sobre Medio Oriente son condescendientes y a menudo engañosos

Thomas Friedman: El mensajero imperial

Fuentes: Al-Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Este pasaje proviene del libro The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, de Belén Fernández, publicado por Verso Books.

Comenzamos con la crítica a las tendencias orientalistas que exhibe Friedman en su éxito de ventas de 1989 From Beirut to Jerusalem [Desde Beirut a Jerusalén] hechas por el difunto erudito palestino-estadounidense Edward Said. Todas las citas que aparecen en este pasaje están señaladas en notas al pie en el libro en cuestión.

Edward Said cuestiona la superimposición de Friedman del paisaje del desierto a Medio Oriente contemporáneo en su explicación de la masacre de Hama de 1982, que Friedman atribuye en parte a la noción de que el presidente sirio Hafez al-Assad veía a los suníes de Hama como «miembros de una tribu forastera -extraños en el desierto- que trataban de quitarle su pavo», algo que se nos dicen que sucede en leyendas beduinas. Said comenta:

«Un salto tan asombroso, de Siria moderna, predominantemente urbana al desierto prehistórico, es por cierto el más puro orientalismo, y es de la misma pieza que el dictamen idiota y perdidamente falso presentado más adelante en el libro de que la tradición política árabe ha producido solo dos tipos: el mercader y el mesías».

Debería señalarse, sin embargo, que la concepción original de Said del orientalismo como un prejuicio eurocéntrico debe ser modificada ligeramente en el caso de Friedman para incorporar sus generalizaciones sobre los propios europeos, denunciados colectivamente como «eurodebiluchos» cuando no muestran suficiente entusiasmo por las acciones militares de EE.UU. contra los pueblos árabes-islámicos. Friedman halaga alternativamente a grupos lingüísticos particularmente intransigentes con consignas persuasivas como

«Ich bin ein New Yorker» [Yo soy un neoyorquino], propugna que se saque a Francia del Consejo de Seguridad de la ONU porque «como dicen en kindergarten, no juega bien con los demás», y advierte a España que una retirada de Iraq después de los atentados de Madrid de 2004 es un equivalente potencial en nuestros días del apaciguamiento europeo ante Adolf Hitler.

La dicotomía mercader/mesías árabe criticada por Said se expande en el intertanto en su complejidad con la detección por Friedman en los años noventa de la última, más inmediata, amenaza para EE.UU., el «Super-Empowered Angry Man» [El hombre iracundo súper-empoderado], quien se enfurece ante la hegemonía estadounidense y es empoderado por la globalización y la tecnología para reaccionar causando estragos en gran escala.

El «hombre iracundo súper-empoderado» no es limitado por especificaciones étnicas, aunque rápidamente se hace evidente que su encarnación más probable es un árabe musulmán, y en el año 2000 Friedman presenta el ejemplo de Osama bin Laden, de quien dice que es dueño de «una especie de Yihad En Línea (YEL)».

Friedman lanza ocasionalmente tortuosas alusiones al papel de EE.UU. en la creación de redes semejantes, como ser «Parece probable que algunos de los secuestradores tuvieron su primer contacto con al Qaida y pasaron por Terrorismo 101 cuando se alistaron para la Yihad en Afganistán contra los soviéticos», o su nota en El mundo es plano de que, una vez que bin Laden y sus compañeros yihadistas habían impuesto la salida de la Unión Soviética de Afganistán en 1989 «(con una cierta ayuda de fuerzas estadounidenses y paquistaníes)… bin Laden miró alrededor y estableció que la otra superpotencia, EE.UU., tenía una inmensa presencia en su propio país nativo, Arabia Saudí, sede de las dos ciudades más sagradas del Islam. Y no le gustó».

En 2010, mientras tanto, Friedman admite que: «El Medio Oriente que encaramos actualmente es el producto de antiguas tendencias que datan de 1979. Y no hay que ilusionarse, nosotros impulsamos esas tendencias. EE.UU. miró hacia otro lado cuando Arabia Saudí se wahabizó. Ronald Reagan glorificó a los muyahidín afganos y los europeos vitorearon la revolución de Jomeini en Irán como un evento ‘liberador'».

Terrorismo y política exterior de EE.UU.

Desde luego, EE.UU. no solo financió, entrenó y equipó a los muyahidín para que lucharan contra los soviéticos en Afganistán, el Pentágono también fue esencial en el transporte de miles de combatientes islámicos a Bosnia en los años noventa para ayudar a los musulmanes bosnios en la guerra contra los serbios, aprobando una vez más la noción de la yihad intercontinental. Sin embargo, el excepcional reconocimiento por Friedman de que al Qaida y fenómenos similares podrían tener fundamentos lógicos y fácilmente detectables en las decisiones de la política exterior de EE.UU. es decisivamente apabullado por su predilección por identificar deficiencias endémicas árabes/musulmanes.

Consideremos, por ejemplo su explicación en Longitudes y actitudes de la «disonancia cognitiva» entre jóvenes musulmanes en Europa en Europa «que es la chispa original para toda su ira». Sin inmutarse por el hecho de que no posee ninguna cualificación en alguna de las ciencias conductuales, Friedman envuelve su falsa experticia en lenguaje que es fácilmente comprensible para el occidental promedio acostumbrado a los ordenadores:

«Ellos [los musulmanes cognitivamente disonantes] deben estarse diciendo: Si Islam es Dios 3.0 y el cristianismo es Dios 2.0 y el judaísmo es Dios 1.0, ¿cómo puede ser que a los que viven en países dominados por Dios 2.0 y Dios 1.0 les vaya, en promedio, mucho mejor -política, económica y educacionalmente- que a los que viven en países que practican Dios 3.0?»

Según Friedman, los jóvenes islamistas responden su propia pregunta asignando la culpa a Europa, EE.UU. e Israel, mientras se niegan a aceptar que «gran parte del cristianismo es realmente Dios 2.0.1 – la versión actualizada que ha pasado por la Ilustración. Lo mismo vale para el judaísmo, que es realmente Dios 1.0.1. El Islam se beneficiaría tanto de una reforma propia, una versión de Dios 3.0.1», que permita que la fe «acepte la modernidad».

La evidencia de la incompatibilidad del Islam con el mundo moderno va de una falta de separación de la mezquita y el Estado a una «minoría» de predicadores saudíes que invocan versos coránicos para justificar el 11-S, mientras Friedman afirma que «no hubo, que yo sepa, ningún líder terrorista cristiano o judío quien citara… referencias [a los libros sagrados cristianos y judíos] como justificación para ir y matar a no judíos o no cristianos».

El que Friedman pase a atribuir las campañas militares asesinas de George W. Bush a la

«claridad moral», sugiere que la separación entre la iglesia y el Estado no está fundamentalmente amenazada cuando Dios instruye a los presidentes de EE.UU. para que vayan a la guerra sobre todo contra no judíos y no cristianos. La incansable invocación de la Biblia por dirigentes judíos y sionistas cristianos para justificar la limpieza étnica de palestinos, subraya mientras tanto los estándares relativamente indulgentes de ilustración a los que se adhieren los Dioses 1.0 y 2.0.

La «lucha con la modernidad» islámica se convierte temporalmente en el dominio único de los musulmanes suníes en 2005, cuando Friedman relata el siguiente dilema en un artículo:

«Hay mucha gente iracunda en el mundo. Mexicanos iracundos. Africanos iracundos. Noruegos iracundos. Pero los únicos que al parecer se sienten facultados y motivados por su ira para matarse y matar a gente totalmente inocente, incluidos otros musulmanes, son jóvenes radicales suníes. ¿Qué es lo que pasa?»

¿Por qué no México, África y Noruega?

La selectividad sectaria de Friedman en este caso se debe presumiblemente en gran parte al hecho de que actualmente los suníes no cooperan con los diversos decretos de Friedman: entre otros: «No podéis imaginar cuánta angustia existe entre ciertas elites árabes ante el hecho de que el pueblo de Iraq haya preferido la liberación por EE.UU. a más desafío [de Occidente] bajo Sadam».

Una respuesta simple a la pregunta «¿Qué es lo que pasa?» podría incorporar el hecho de que EE.UU. no ha emprendido, en los últimos dos años, una ocupación militar hecha y derecha de México, África o Noruega, mientras atiza simultáneamente una guerra civil.

En cuando al retrato de Friedman de los atentados suicidas como una característica distinguible de la «civilización islámica suní» -resulta de que los jóvenes suníes son «por una parte, tentados por la sociedad occidental, y avergonzados de ser tentados», y «por la otra… humillados por la sociedad occidental» y el superior «espíritu de innovación» fomentado por el cristianismo, el judaísmo y el hinduismo (que ha debutado como Dios 0.0) – la versátil humillación suní es solo la última manifestación de la incapacidad de Friedman de mantenerse al corriente de sus propios puntos de vista sobre ciertos temas.

Consideremos su aseveración de tres años antes, en marzo de 2002, según la cual «cada día durante los últimos seis meses, palestinos y palestinas – muchos de ellos seculares, no religiosos [es decir, no suníes] – han atado dinamita alrededor de sus cinturas y se han hecho volar contra objetivos israelíes».

Durante la semana siguiente, Friedman declara una amenaza para la seguridad de «toda la civilización… porque los palestinos están probando una forma totalmente nueva de guerra, utilizando atacantes suicidas… para lograr sus objetivos políticos», y denuncia como «una inmensa mentira» el argumento de que los atentados suicidas palestinos son un efecto de «desesperación» bajo la ocupación israelí, ya que «mucha otra gente en el mundo está desesperada, pero no anda por ahí atándose dinamita».

Poco más de cuatro meses después, en agosto de 2002, Friedman aparece en Sri Lanka con la siguiente introducción: «A menudo se olvida que aunque los atentados suicidas comenzaron en medio Oriente, los que perfeccionaron el suicidio como un arma de guerra fueron los miembros de la milicia de los Tigres Tamiles». Por lo tanto, parece que los atentados suicidas no constituyen de hecho «una forma totalmente nueva de guerra» y que los palestinos no son los únicos que se hacen volar, aunque Friedman todavía no menciona otros precedentes relevantes, como los ataques suicidas realizados contra la ocupación israelí en el Líbano antes de la retirada de Israel. También vale la pena subrayar que ni los Tigres Tamiles, los atacantes suicidas libaneses con antecedentes chiíes, cristianos y comunistas, o los pilotos kamikaze japoneses de la Segunda Guerra Mundial eran suníes.

Respecto a la «inmensa mentira» de que la desesperación ha llevado a palestinos a atarse dinamita, Friedman entre tanto da marcha atrás y reconoce en 2004 que «no lo acepto yo mismo, pero se puede argumentar plausiblemente que 37 años de ocupación israelí de Cisjordania han enloquecido a los palestinos hasta tal punto que muchos de ellos se han presentado como voluntarios para misiones de atentados suicidas durante los últimos años».

Otra rara referencia a la posible causalidad ocurre en 1997: «El motivo por el cual los jefes de la seguridad de Israel advirtieron al señor Netanyahu que su [construcción de asentamientos] en Jerusalén podría provocar violencia fue porque comprendieron que los palestinos, sin otros medios de detener a las aplanadoras israelíes, recurrirían al terrorismo».

Política, no religión

Como el profesor de la Universidad de Chicago, Robert Pape señala en una entrevista, publicada en The American Conservative tres días después que Friedman planteara la pregunta de por qué jóvenes suníes están «tan dispuestos a hacerse volar y a otros en nombre de su religión»:

«El hecho central es que en su abrumadora mayoría los ataques terroristas-suicidas no son motivados por la religión en la misma medida en que lo son por un objetivo estratégico evidente: obligar a las democracias modernas a retirar sus fuerzas militares del territorio que los terroristas consideran como su patria. Desde el Líbano a Sri Lanka, a Chechenia, a Cachemira, a Cisjordania, cada importante campaña terrorista-suicida -más de un 95% de todos los incidentes- ha tenido el objetivo central de obligar a un Estado democrático a retirarse.»

Pape habla en la entrevista de su libro: Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism [Muriendo para vencer: la lógica estratégica del terrorismo suicida] que, de modo bastante interesante, aparece en la lista de lectura recomendada que Friedman compuso en su efímero blog en 2005 en el New York Times (aunque especifica que la lista está compuesta de «libros que he leído, leído en parte o sobre los que he leído»).

El recuerdo de Pape de que, antes de la invasión estadounidense, «Iraq nunca había sufrido un ataque terrorista suicida en toda su historia. Nunca» no es considerado por Friedman quien prefiere basarse en el análisis de su biógrafo/traductor/amigo Raymond Stock, «residente durante mucho tiempo en El Cairo», quien informa a Friedman que los ataques suicidas suníes en general son «la encarnación moderna de varias guerras profundamente arraigadas y entrelazadas» que datan del Siglo VII.

La prudencia de la decisión de Friedman de eximir temporalmente la fe chií de la «lucha con la modernidad» es mientras tanto cuestionada cuando subsiguientemente descubre que la «guerra fría» entre EE.UU. e Irán es «la verdadera historia aglutinadora en Medio Oriente actual – la lucha por influencia en toda la región, en la que EE.UU. y sus aliados árabes suníes (e Israel) contra Irán, Siria y sus aliados no estatales, Hamás e Hizbulá».

La tendencia orientalista de anclar los temas orientales en la antigüedad, donde permanecen en necesidad perpetua de civilización por Occidente y sus militares, es visible una y otra vez en el discurso de Friedman – desde su insistencia directa en que árabes y musulmanes son «atrasados» y determinados a mantener una situación en la cual «el pasado entierra el futuro», a sus evaluaciones antropológicas más refinadas, como la que hizo durante su incursión a Umm Qasr, Iraq, un mes después de la invasión de 2003: «Sería idiota si siquiera se preguntara a los iraquíes aquí lo que piensan de la política. Están en un estado natural pre-político, primordial.»

Modelar la confusa masa primordial iraquí resulta ser una tarea intimidante para EE.UU., a pesar de diversa ayuda de Friedman, que va desde su fomento de la cohesión nacional a través de artículos como «¿Hay algunos iraquíes en Iraq?» (Respuesta: hay una mayoría silenciosa iraquí, pero es superada por jemeres rojos iraquíes que se presentan como Vietcong iraquíes), a consejos sobre el tratamiento a dar a dirigentes iraquíes elegidos: «Deberíamos encerrarlos en una habitación y no dejarlos salir hasta que produzcan un gobierno de unidad nacional, para que los estadounidenses quieran permanecer en Iraq, o que no logren producir ese gobierno, lo que sería una señal de que es hora de calentar el motor del autobús».

En 2010, Friedman vuelve a tratar el «problema simple pero fastidioso» que todavía no ha sido resuelto respecto a la encarnación de Iraq en la preguerra: «¿Era Iraq tal como era (una dictadura) porque Sadam era como era, o era Sadam como era porque Iraq era tal como era… incapaz de gobernarse solo y solo gobernable con un puño de hierro?»

La ironía hipócrita de abogar por un «experimento democrático en el mundo árabe-musulmán» basado en la guerra cuando se admite que no se sabe si el demos que se beneficiaría con la guerra se interesa por el tipo de democracia que uno quiere instalar es subrayada aún mejor en la anterior explicación de Friedman de que «a diferencia de Europa Oriental [a fines de los años ochenta] -donde una mayoría democrática ya estaba presente y ansiosa de salir, y todo lo que teníamos que hacer era sacar el muro- en Iraq primero tenemos que crear esa mayoría democrática».

En cuanto a los límites que rigen los experimentos hipócritas en democracia, Friedman alude a estos con declaraciones como «Aunque queramos que se agrupe un movimiento nacional iraquí -que una a chiíes, kurdos y suníes- no queremos que se agrupe contra nosotros».

Belén Fernández es editora en PULSE Media. Su libro: The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work está en venta en Verso, Amazon y muchos otros sitios.

Fuente: http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/11/2011116114832660506.html