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Diario de una madre palestina

Un astrofísico gazano cuenta su historia

Fuentes: http://a-mother-from-gaza.blogspot.com/

Traducido para Rebelión por Ana Sastre

domingo, 18 de enero de 2009

Suleiman Baraka es un brillante astrofísico palestino de Gaza que trabaja en Virginia Tech con la NASA. Ibrahimm, su hijo de once años, fue asesinado en un ataque israelí sobre su casa. Su esposa y sus otros tres hijos viven ahora en Gaza sin hogar, junto a los diecisiete miembros de su familia. En su primera entrevista retransmitida en los EE.UU., Suleiman Baraka cuenta su historia a Democracy Now.

Transcripción de la entrevista:

Invitados:

Suleiman Baraka, astrofísico palestino. Es socio de Virginia Tech, que trabaja para el Instituto Nacional Aeroespacial de la nasa. Su casa de Gaza fue bombardeada el 29 de diciembre, hiriendo de gravedad a su hijo y a su madre. Su hijo Ibrahim murió a causa de las heridas el 5 de enero en El Cairo.

Sayed Baraka, hermano de Suleiman. Está en Ciudad de Gaza.

AMY GOODMAN: Mientras el asalto israelí sobre Gaza continúa, la cifra de víctimas palestinas sigue aumentando. Durante los últimos veintiún días, más de 1.100 palestinos han sido asesinados, 5.200 heridos; entre los muertos hay al menos 700 civiles, incluidos 350 niños. Hoy, vamos a hablar sobre uno de esos niños.

Suleiman Baraka es un astrofísico palestino. Trabaja en los Estados Unidos, en Virginia Tech, con la NASA. El 29 de diciembre, los aviones de combate israelíes bombardearon su casa, en la que vivían su esposa y sus cuatro hijos. Su hijo de once años, Ibrahim, fue asesinado. Su esposa y sus otros tres hijos viven en Gaza sin hogar, junto con los diecisiete miembros de su familia. Suleiman Baraka nunca ha contado su historia en los Estados Unidos. Hoy participa en nuestro programa desde Norfolk, Virginia.

Bienvenido a Democracy Now!

SULEIMAN BARAKA: Gracias.

AMY GOODMAN: Muchas gracias por estar con nosotros. Nuestro más sentido pésame por la muerte de su hijo. Suleiman Baraka, ¿podría decirnos lo que le ocurrió a Ibrahim?

SULEIMAN BARAKA: Sí. Gracias, en primer lugar, por concederme la oportunidad de hablar para el público estadounidense. Estaba en mi oficina. Recibí una llamada en la que me informaron de que estaban bombardeando mi zona, y después de un rato, el bombardeo fue en mi casa y después perdí la comunicación con mi familia durante diez horas. La verdad es que fue psicológica y emocionalmente muy duro, porque sabía que había pasado algo, pero no podía saber con exactitud qué. Diez horas después, supe que mi hijo Ibrahim estaba gravemente herido y que mi madre también estaba herida, aunque menos grave, porque habían bombardeado mi casa con una bomba de una tonelada, destruyéndola e hiriendo a mi hijo y a mi madre.

Pasé unos momentos muy, muy difíciles porque estaba muy lejos de mi familia y no tenía apenas información. No veo a mi hijo, que estaba… lo estaba preparando todo para traerle a vivir a los Estados Unidos, para enseñarle a valorar la diversidad, matricularle en el colegio, para que conociera nuevos amigos… Ya sabe, estaba organizándolo todo para traerle aquí conmigo. Y de repente, de la noche a la mañana, me dicen que mi hijo está gravemente herido.

Al día siguiente me informaron de que, debido a la gravedad de su estado, le habían trasladado a Egipto para administrarle la medicación necesaria. Inmediatamente me fui a Egipto para ver a mi hijo. Un día después de que llegara allí, me dijeron que había probabilidades de que recobrara la consciencia, puesto que estaba en coma profundo. Tenía metralla incrustada en su mano derecha, en el cerebro y en la pierna y un corte en la espalda. Estuve a su lado, no creo que tenga que describir lo que siente un padre al ver agonizar a su hijo.

El 5 de enero, a mediodía, recibí una llamada del médico que me dijo que mi hijo había fallecido. Fue un momento muy duro y muy triste. Además, a esa tristeza se sumó la tristeza de no poder asistir al funeral a Gaza porque Gaza está sellada. Y sólo abren sus fronteras para trasladar a los heridos a Egipto y para recibir sus cadáveres en un ataúd. Así que, como padre, fue un momento muy difícil.

Y aún recuerdo su último mensaje cinco días antes de que fuera… ya sabe, antes del accidente. Como soy diabético, el niño estaba preocupado por mi salud, y me preguntó cómo me encontraba y me dijo que debía cuidarme. Ese era mi hijo, me hablaba como si fuera mi padre. Me dijo «Me he comprado una bici nueva y estoy muy contento». Nunca podré olvidar estas palabras.

Este último mes de septiembre, yo estaba en París y estaba hablando con astrofísicos franceses, los profesores que están dando clases en las universidades de París, y les dije que me había construido una casa nueva, de dos pisos. Quería invitar a una familia judía a vivir conmigo, juntos, y que mis hijos pudieran jugar con sus hijos. Ahora, ellos han destruido mi casa y han asesinado a mi hijo. ¿Qué tipo de mundo es este?

JUAN GONZÁLEZ: Sr. Baraka, cuando su hijo fue trasladado de Gaza a Egipto, ¿no dejaron que ningún miembro de la familia viajara con él allí? ¿Y qué ocurrió con el resto de su familia?

SULEIMAN BARAKA: No, eh, no, mi hijo… no, dejaron que mi hermano le acompañara. Cada persona herida va acompañada de un miembro de la familia. Mi hermano viajó con él. Sí, mi hermano estuvo con él y mi hermano volvió a Gaza con él con ayuda de la Cruz Roja de Egipto y de Israel.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y qué ocurrió con el resto de su familia?

SULEIMAN BARAKA: Bueno. En una semana, ellos destruyeron mi casa, mi antigua casa, los edificios en los que vivían dos de mis hermanos y las casas de otros cuatro hermanos. En total, veinte sobrinos y sobrinas vagan sin refugio y, probablemente, sin comida. Destruyeron totalmente un total de 8 casas.

Y la antigua casa que tenía… estoy preocupado por mi biblioteca, llevaba veinte años coleccionando libros. Y ayer, me llamó mi hija, llorando porque hemos perdido nuestro telescopio. Solía llevar a mis hijos a la azotea del edificio en el que murió mi hijo y les enseñaba Venus y Júpiter, y el cielo… porque si a un niño palestino le dices: «si miras hacia el cielo, ¿qué ves?», lo normal es que conteste, «Veo Apaches y F-16». Por eso quería enseñarles a mis hijos que hay algo hermoso detrás de estos estereotipos. Quería no sólo ayudar a mis hijos, sino a los niños palestinos. Y pronuncié muchas conferencias públicas sobre astronomía para crear una especie de esperanza y abrir la imaginación de nuestros niños… enseñarles que hay algo más bello que esta burbuja, llamada Gaza, que lleva dos años cerrada. Y, tras dos años, ha sido bombardeada en una guerra loca, que es injustificada y en la que se está empleando una fuerza excesiva.

Mi casa no es una base militar. Ibrahim es un niño de once años. No era necesario que los aviones de combate F-16 le asesinaran. El tejado de mi casa era para que mis hijos y yo utilizáramos el telescopio, no para que arrojaran sobre él misiles o cohetes.

No tengo palabras para expresar lo que siento. Ahora, todas mis casas están destruidas. Mi familia… he perdido la comunicación con ellos. Muy de vez en cuando sé algo de ellos porque mi hija y mi esposa están en casa de su abuelo. Con el resto de los miembros de mi familia no puedo comunicarme. Es muy duro, no sé… a veces me quedo sin palabras. No puedo expresar lo que siento como padre… cuando miro la foto de mi hijo, no puedo hacerme a la idea de que no volveré a verlo nunca más. He perdido a mi hijo, pero no he perdido mi paz interior. Pero, ¿cómo puedo consolar a mi hijo Daoud, que tiene cinco años y fue testigo del bombardeo de su casa y el asesinato de su hermano?

Creo que Palestina y Gaza, especialmente, no necesitan iniciativas, conversaciones, manifestaciones. Palestina necesita intermediación y las palabras clave para terminar con todo esto son fin de la ocupación. Fin de la ocupación. Fin de la ocupación. Si se elimina la acción, no habrá reacción. Sean cuales sean las palabras utilizadas para describir la situación, el problema es la ocupación. Cuando la ocupación termine y… esto es lo legítimo. Existen resoluciones de las Naciones Unidas. El camino está hecho. Es muy sencillo. Se necesita voluntad, se necesitan personas sabias, no personas poderosas. La civilización del poder no funcionará para siempre. El poder de la civilización siempre conlleva prosperidad, paz, coexistencia, porque hay suficiente de todo para todos.

AMY GOODMAN: Suleiman Baraka, desde Gaza se une a nosotros su hermano, Sayed Baraka, que estaba a pocos metros de Ibrahim cuando el niño fue alcanzado por una bomba israelí. ¿Podría describir lo que ocurrió, Sayed Baraka?

SAYED BARAKA: Claro. Me gustaría darles las gracias por concedernos a mi hermano Suleiman y a mí la oportunidad de contar nuestra triste historia. Y si Suleiman me está oyendo, quiero decirle Suleiman, te queremos. Todos rezamos por ti. Sólo tienes que tener paciencia. Además de tu casa, las casas de tus seis hermanos y la de tu madre fueron totalmente destruidas. Sesenta y cuatro casas de nuestro barrio fueron destruidas. Setenta vecinos resultaron heridos, sesenta y cuatro de ellos tenían huesos rotos. Por favor, reza por ellos.

Sobre lo que le ocurrió a mi querido Ibrahim… Ibrahim no sólo es tu hijo, Suleiman. ¿Recuerdas cuando tenía una hora de vida? Le di el primer beso y tú me diste las gracias por ello. Pero cuando lo enterramos, no pude darle el último beso, porque toda la ciudad fue a despedir a Ibrahim. Todos vinieron a acompañarnos.

Ese día, el lunes 29, fue a ayudar a su madre y a su abuela a hacer la oración de la tarde, justo al lado de tu nueva casa. Yo estaba allí, esperando a que mi madre terminara su oración y volviera conmigo y con Ibrahim. De repente, vi un humo blanco cayendo sobre tu casa. Después, en milésimas de segundo, un ruido atronador y un humo oscuro lo cubrieron todo. Fui corriendo. Estaba al lado de tu antigua casa, a unos sesenta metros o menos. Ya sabes. Vi a mi madre, su cara cubierta de sangre contra el suelo. Vi a tu hijo. Estaba cubierto de humo negro. Me pareció que estaba muerto porque no se movía en absoluto. Estaba como… estaba como dormido. No me pude controlar. Entonces, algunos vecinos que estaban por allí llegaron para ayudarme. Intenté trasladar a mi madre. La estaba viendo… y sentí una especie de calor en su cuerpo y tuve el presentimiento de que seguía viva. Llevé a mi madre al hospital, estaba llorando, se estaba muriendo. Mi hermano se quedó con Ibrahim. Después se marchó con él a Egipto.

AMY GOODMAN: Siento decirles que tenemos que terminar el programa, pero, Suleiman Baraka, ¿usted pide que su familia venga a EE.UU.?

SULEIMAN BARAKA: Sí, sí, no quiero recibir más malas noticias. Ya está bien. Ahora, trabajaré…

AMY GOODMAN: ¿Cuántos años tienen sus otros hijos?

SULEIMAN BARAKA: Mohammed tiene trece, Irwad, mi hija, tiene diez y Daoud tiene cinco.

AMY GOODMAN: Suleiman Baraka, muchas gracias por haber estado con nosotros. desde Norfolk. Nos quedan veinte segundos. Me gustaría terminar con nuestro invitado aquí en Nueva York, el profesor Rashid Khalidi.

RASHID KHALIDI: Bueno, ¿qué voy a decir después de oír una historia como esta? Hay 1.100 historias como esta. 1.100 personas asesinadas, la mayoría de ellos civiles, 350 de ellos niños. No hay nada que decir. Nada justifica el asesinado de niños. Nada. Nada.

AMY GOODMAN: Aquí terminamos