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Entrevista con Najib Abu-Warda, profesor de la Universidad Complutense de Madrid

«Un Gobierno palestino de unidad es una necesidad frente a la ocupación»

Fuentes: Gara

Cuando los choques interpalestinos son una constante diaria, Najib Abu-Warda sostiene que alcanzar un Gobierno de unidad nacional entre Hamas y Al Fatah es «una necesidad de su lucha frente a la ocupación militar israelí» y afirma que no hay que «magnificar» esos enfrentamientos «minimizando su causa, que es la permanecia de la ocupación». La […]

Cuando los choques interpalestinos son una constante diaria, Najib Abu-Warda sostiene que alcanzar un Gobierno de unidad nacional entre Hamas y Al Fatah es «una necesidad de su lucha frente a la ocupación militar israelí» y afirma que no hay que «magnificar» esos enfrentamientos «minimizando su causa, que es la permanecia de la ocupación». La «amenaza» del islam es, a juicio de Najib Abu-Warda, el enemigo que ha diseñado EEUU para «legitimar sus estructuras paramilitares organizadas» y para «responder a sus intereses de cara a su adaptación a los nuevos cambios de la sociedad internacional tras el fin del sistema bipolar». De origen palestino, Abu-Warda recuerda que, «casualmente, todos los sistemas dictatoriales y antidemocráticos» del mundo musulmán son «proocidentales y están apoyados por Occidente», por lo que rechaza la tesis de la incompatibilidad entre islamismo y democracia.

­EEUU «exporta democracia» y sus regímenes árabes aliados, desde Marruecos hasta Egipto, reprimen, prohíben o condicionan la presentación de candidaturas islamistas que, en igualdad de condiciones, arrasarían en muchas de las elecciones. ¿Qué opinión le merece?

EEUU no ha exportado democracia a ningún lugar del mundo, ni con ni sin comillas. Lo que sí podemos detectar, con enorme facilidad, es que ha exportado muchos conflictos y guerras. Además, mantiene sistemáticamente casi todas las dictaduras en el mundo islámico. Dependiendo de qué tendencia tiene cada grupo islamista y en qué momento, podemos observar el apoyo incondicional de EEUU a gobiernos islamistas o islámicos y, sin embargo, en otros lugares elimina las expectativas de acceso al poder o cuando llegan al poder bloquea sus intentos de ejercitarlo. Los ejemplos más evidentes son su apoyo a los regímenes del Golfo Arábigo, que prácticamente todos son islamistas, empezando por el de Arabia Saudita, que es un buen aliado de EEUU y cuya legitimidad puede estar cuestionada por el pueblo saudí, pero no por EEUU. Al mismo tiempo, vemos cómo en el caso palestino, cuando Hamas llegó al poder mediante unas elecciones democráticas, nítidas, observadas y calificadas como correctas, EEUU descalifica su legitimidad, bloquea sus posibili- dades de gobernar y crea todas las condiciones posibles para no permitirle ejercitar el poder. Depende de las tendencias políticas de cada grupo más que de su carácter islamista o no.

­¿A qué cree que se ha debido el auge de los movimientos islamistas de los últimos años?

Ha habido un auge del islam político o ideológico y da la casualidad de que esa tendencia va en una línea antiimperialista, antiamericana fundamentalmente. Por eso, cuenta con apoyo popular en estos países y, por eso, EEUU lo combate incondicionalmente. No por su carácter islamista, sino por su tendencia político-ideológica. En esos lugares suele haber condiciones evidentes de descontento social respecto al Gobierno, de dictadura, de falta de libertades y de democracia, y los grupos islamistas antiimperialistas aprovechan esas circunstancias, como en el caso palestino, aprove- chan el bloqueo y las condiciones de vida infrahumanas y, evidentemente, el pueblo palestino, apoya cualquier tendencia de cambio. Si esa alternativa es de signo islámico o no, al pueblo palestino le da igual, lo que quiere es cambiar la situación.

­¿Por qué existe en Occidente ese miedo al islam?

Después de la caída de la URSSy la desintegración del sistema bipolar, el mundo está atravesando situaciones de transformación y, en ese cambio y búsqueda de un nuevo orden inter- nacional, la potencia hegemónica que es EEUU, en cuya trayectoria el factor conflicto siempre ha sido fundamental, necesita diseñar nuevos enemigos para legitimar sus estructuras paramilitares organizadas, como la OTAN. Y en el islam o la amenaza islamista encuentra un buen enemigo ficticio a diseñar. Los dirigentes políticos de Occidente han dicho en más de una ocasión que el islam es la amenaza, el terrorismo internacional, ignorando o más bien intentando transmitir ideas erróneas para descalificar al mundo musulmán, que en un 99,99% condena cualquier acción violenta y terrorista. Por lo tanto, el discurso occidental de la amenaza islamista responde a sus intereses para adaptarse a los nuevos cambios del mundo tras el fin del sistema bipolar.

­¿Qué opina de los teóricos occidentales que insisten en que islam y democracia son incompatibles?

Es totalmente falso. El islam exige una estructura democrática y da la casualidad de que todos los sistemas dictatoriales o antidemocráticos que hay en el mundo musulmán son prooccidentales y apoyados por Occidente. El islam no sólo es compatible, sino que exige un sistema democrático. El Corán dice: «Debéis elegir de entre vosotros a los más competentes para dirigir vuestros asuntos». Es una exigencia, pero, lamentablemente, vemos que hay dictaduras que vienen de muchas décadas atrás impuestas y mantenidas por el primer mundo democrático. Por eso, cuestiona el discurso occidental, que va dirigido a su opinión pública y no tiene para nada en cuenta la realidad internacional.

­Dado su origen palestino, ¿qué opina del boicot occidental al Gobierno de Hamas?

Es hacer el juego a la política de genocidio que está llevando a cabo el Estado de Israel en Palestina. Occidente y la sociedad internacional, al actuar así, tienen una enorme responsabilidad y prácticamente son cómplices del Gobierno israelí, que ejerce sobre el terreno acciones de genocidio, es decir, de sometimiento sistemático del pueblo palestino a condiciones de vida infrahumanas.

­¿Cómo valora la actual situación en los territorios ocupados con choques entre palestinos?

Lamentablemente esa situación de bloqueo, de sometimiento, genera dificultades de convivencia y luchas por el poder. Es lamentable que no se alcance un Gobierno de unidad nacional entre los grupos palestinos, fundamentalmente entre Hamas y Al Fatah, porque es una necesidad de su lucha nacional frente a la ocupación militar israelí. Pero, pese a ello, no debemos caer en el error de magnificar los enfrentamientos palestinos minimizando la causa fundamental, que es la permanencia de la ocupación militar israelí. Si se elimina la ocupación como causa fundamental, alcanzar un acuerdo entre los distintos grupos palestinos no sería difícil.

­Mahmud Abbas dijo en Davos que la paz en Oriente Próximo está «próxima». ¿Hay razones para el optimismo?

Estas afirmaciones son poco exactas, porque declaraciones similares se han realizado en el pasado y no se han cumplido. Lamentablemente, el mantenimiento del conflicto palestino o el conflicto de Oriente Medio o, más bien, la no solución del conflicto, sigue siendo un negocio para muchos actores internacionales. Es fundamental y necesario para el mantenimiento del proyecto sionista y de los regímenes árabes dictatoriales; para desviar la necesidad de reformas o cambios nacionales, debido a que hay un conflicto nacional que bloquea toda reforma; para el negocio que tiene Occidente en la zona, que consiste en mantener la inestabilidad y, por lo tanto, la dominación sistemática; para el mantenimiento de la política hegemónica que tiene EEUU para consolidar su dominio en Oriente Medio, cerca de China y el Sudeste asiático.

­¿Cuál sería la clave para resolver el conflicto palestino?

La clave fundamental es reconocer al pueblo palestino sus derechos, que son la causa de su legítima lucha desde hace más de un siglo. Medio siglo antes de la creación del Estado de Israel, estaba luchando contra la potencia mandataria británica para conseguir su independencia, su autodeterminación.La clave es alcanzar una solución equilibrada y justa al conflicto palestino y a la cuestión de los refugiados, un Estado palestino independiente, el fin de la expansión israelí a través de colonias y colonos… Solucionar las cuestiones de fondo del conflicto de modo equilibrado y justo, que sea aceptable para todas las partes implicadas.

­Parece que el fantasma de la guerra civil vuelve a asomar en Líbano. ¿Cuál es su análisis?

EEUU se ha dedicado a trasladar y fabricar conflictos. Líbano era mucho más estable antes de las intervenciones de EEUU y Occidente en sus asuntos internos. A raíz del asesinato de Hariri, cuyos responsables no se conocen, consiguieron expulsar al Ejército sirio que estaba en Líbano no como Ejército invasor sino por acuerdos con el Gobierno libanés, y facilitaron, con ello, la invasión israelí. Prácticamente transformaron Líbano de un país más o menos estable en el cual el pueblo libanés, pese a sus diferencias culturales y comunitarias, era un ejemplo de convivencia en Oriente Medio que daba lecciones al Estado de Israel en ese sentido, en un país a las puertas de una guerra civil, creadas las condiciones para ello. Parece que, para mantener el negocio de la guerra, en Líbano de cara a la reconstrucción del país es necesaria una destrucción.

­¿Cuál es el futuro de Irak?

La invasión de EEUU es condenada y condenable desde todos los puntos de vista, sobre todo desde el del derecho internacional. Los americanos han destrozado el país, uno de los más desarrollados antes de la invasión, antes de la guerra de Kuwait. Desde la última invasión podemos hablar, según algunas fuentes, de un millón de muertos entre la población iraquí como poco; infraestructuras prácticamente aniquiladas; científicos e intelectuales sistemáticamente asesinados y eliminados… Irak ha retrocedido dos o tres siglos. EEUU no sabe salir de esta situación, porque hay una resistencia frente a la ocupación, a pesar de las diferencias comunitarias y confesionales. Tras lograr su objetivo de desmantelar un régimen que cuestionaba la hegemonía de EEUU, está buscando cómo salir, pero no es fácil. Para que haya una mínima justicia, el pueblo iraquí no debe exigir sólo el fin de la ocupación, también una completa indemnización por los daños causados y la reconstrucción del país.