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Con 27 votos a favor y 328 expresamente emitidos en su contra, el Partido Popular toma el ayuntamiento de Lizartza

Una alcaldesa sin pueblo

Fuentes: Gara

La eibarresa Regina Otaola es desde ayer oficialmente la alcaldesa de Lizartza sin que nadie en el pueblo le haya votado nunca. El Partido Popular siguió en las pasadas elecciones con su estrategia de presentar candidaturas en todas las localidades guipuzcoanas, recurriendo para ello a «paracaidistas» madrileños que jamás han estado en las localidades a […]

La eibarresa Regina Otaola es desde ayer oficialmente la alcaldesa de Lizartza sin que nadie en el pueblo le haya votado nunca. El Partido Popular siguió en las pasadas elecciones con su estrategia de presentar candidaturas en todas las localidades guipuzcoanas, recurriendo para ello a «paracaidistas» madrileños que jamás han estado en las localidades a las que pretendían representar ni son capaces de ubicarlas en un mapa. El Gobierno del PSOE, con la aplicación de la Ley de Partidos, hizo el resto. Apenas 27 personas -entre ellas interventores foráneos- respaldaron a la lista del PP, frente a 186 votos a ANV y 142 en blanco. Pero la aplicación de las leyes españolas hace que con apenas el 7,6% del voto emitido, el PP se haga con los siete concejales del Ayuntamiento, para lo que los candidatos iniciales han corrido lista y serán dirigentes provinciales del partido los que se hagan cargo del gobierno municipal.

Desde ayer, Regina Otaola y el PP tienen un despacho en el Ayuntamiento de Lizartza, pero carece de pueblo que administrar. Otaola podrá hacer discursos grandilocuentes y ser presentada como la nueva heroína española por determinados medios de comunicación, pero su problema no es que se encuentre en un municipio que «es un feudo del totalitarismo etarra-batasuno» al que otros partidos «han dado por perdido» y que ella viene a redimir de sí mismo; su problema -enorme, por cierto- es que siendo el PP la única candidatura legal ha tenido 27 votos a favor y 328 expresamente emitidos en su contra. Y ahora Otaola pretende presentar como un ejercicio de defensa de la democracia lo que no es más que la ocupación ilegítima de un Ayuntamiento en contra de la voluntad de sus habitantes. ¿Es eso admisible? ¿Lo admitiría ella en Eibar?

Lizartza es un pequeño municipio, quizá insignificante visto desde la lejanía de Madrid. Pero alguien debiera tomar en consideración lo que ocurre con sus seiscientos habitantes que van a vivir durante otros cuatro años en la más absoluta anormalidad democrática. Hoy en el Congreso de los Diputados se hablará mucho de democracia e incluso de las supuestas bondades de la Ley de Partidos. Que se lo expliquen a las mujeres y a los hombres de Lizartza. Porque Lizartza, a fin de cuentas, es el exponente de lo que ocurre en buena parte de Euskal Herria.