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Una revolución socialista en Arabia

Fuentes: Orient XXI

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Hace cincuenta años* se produjo la independencia de Yemen. Unas semanas después de la derrota de los países árabes frente a Israel en junio de 1967 Yemen del Sur obtenía la independencia tras un levantamiento contra la presencia británica. Estaba a punto de empezar el experimento socialista más radical de la historia reciente de Oriente Próximo.

Hace 50 años, el 30 de noviembre de 1967, nacía el único Estado socialista de Oriente Próximo, la República Popular de Yemen de Sur, que en 1970 pasó a llamarse República Democrática Popular de Yemen (PDRY, por sus siglas en inglés, como todas las siglas del artículo). Se creó después de cuatro años de lucha armada contra el colonialismo británico. Gran Bretaña gobernaba «indirectamente» los Protectorados Oriental y Occidental de Yemen, que eran sobre todo rurales y donde sus intervenciones se limitaban a la «asesoría política» y a suministrar dinero y armas a los líderes tribales, y gobernaba directamente la colonia de Adén, una ciudad Estado cuya economía se basaba en primer lugar en su puerto de relevancia internacional que controlaba el acceso al mar Rojo y al Canal de Suez, y en segundo lugar en el hecho de ser la principal base naval británica al este de Suez.

La guerra de liberación no solo enfrentó a las fuerzas británicas contra los nacionalistas que buscaban la independencia sino que también fue el escenario de un conflicto militar entre dos movimientos de liberación rivales, el Frente de Liberación Nacional (NLF) y el Frente para la Liberación del Yemen de Sur Ocupado (FLOSY). La base del primero era sobre todo rural y estaba compuesto por la rama yemení del Movimiento de los Nacionalistas Árabes (MAN), que estaba aliado con las tribus locales. Entre sus dirigentes había miembros de todas estas organizaciones, algunos de los cuales llegaron a desempeñar un papel importante en las décadas siguientes: Salem Ruba’a Ali, conocido como Salmine (1935-1978), Abdul Fattah Ismail (1939-1986), Ali Nasser Mohamed (1939-) y Ali Salem Al-Beedh (1939-), todos los cuales dirigieron tanto la organización y la que la sucedió, el Partido Socialista Yemení (YSP), como el Estado en diferentes periodos. Además, todos ellos participaron en las sangrientas luchas internas que lo desgarraron.

El FLOSY, en cambio, tenía sus orígenes en el Partido Socialista Popular, que estaba activo sobre todo en Adén, se basaba en la fuerza de los sindicatos de esta cuidad y tenía una ideología cercana al laborismo británico y al tipo de socialismo del nasserismo. Sus principales dirigentes fueron el difunto Abdullah Al-Asnag (1934-2014) y Abdul Rahman Al-Jifri (1943), que continúa activo en la política separatista de Yemen del sur. El NLF, que tenía un apoyo popular más fuerte y mayores fuerzas militares en las zonas rurales, derrotó militarmente al FLOSY en Adén y a lo largo de 1967 tomó el control de la mayor parte del interior del país donde el primero estaba prácticamente ausente. Gran Bretaña reconoció tardíamente al NLF como el principal movimiento de liberación y le entregó los símbolos del poder tras las precipitadas negociaciones de última hora en Ginebra.

Fin de la popularidad del nasserismo

Esta victoria llega en un momento crucial en los movimientos e ideologías nacionalistas árabes: un poco antes aquel mismo año la derrota de Egipto y de otros Estados árabes en la Guerra de los Seis Días contra Israel marcó también el fin del nasserismo como la ideología popular socialista anticolonialista y nacionalista en la zona, un hecho que se confirmó en el propio Yemen con la victoria del NLF sobre su rival nasserista, el FLOSY. A lo largo de los años siguientes el NLF estuvo a la vanguardia del giro a la izquierda de parte del MAN, un giro que se vio en todas partes con el nacimiento del Frente Popular para la Liberación de Palestina y del Frente Democrático para la Liberación de Palestina, la transformación del Frente de Liberación de Dhofar en Frente Popular para la Liberación de Oman y del Golfo Árabe (PFLOAG), y la aparición de múltiples organizaciones más pequeñas en diferentes países árabes. Todos ellos argumentaban que la derrota de junio de 1967 se había debido al socialismo «pequeño burgués» promovido por Gamal Abdel Nasser y que solo unos análisis y movimientos mucho más radicales y basados en el marxismo podrían vencer al sionismo, derrocar los regímenes monárquicos autocráticos de la zona y mejorar las condiciones de vida de las personas pobres.

Un Estado revolucionario

También merece la pena recordar que este fue también un momento de fervor revolucionario en el Norte y el Oeste en el que hubo un fuerte apoyo al Frente de Liberación Nacional vietnamita y a otras luchas anticoloniales en África y Asia, y, por supuesto, los acontecimientos de Mayo del 68 en la propia Francia. A lo largo de la década siguiente el debate acerca de la izquierda se centró en las diferencias ideológicas dentro del credo marxista y reflejó también la entonces enconada disputa chino-soviética en la que había tendencias que iban desde el maoísmo y el trotskismo hasta un socialismo más tradicional estilo soviético. Estas amargas disputas prosperaron a pesar de que todos estos movimientos estaban sometidos a los ataques directos de aquellos regímenes que trataban de derrocar, unos regímenes a los que Occidente apoyaba en diferentes grados puesto que en aquel momento la Guerra Fría era el escenario internacional predominante de la lucha ideológica, política y económica.

La PDRY fue el único Estado árabe en el que uno de estos movimientos llegó al poder y asumió plenamente su responsabilidad revolucionaria al apoyar tanto a las organizaciones palestinas más revolucionarias como al FPLOAG y a otros movimientos revolucionarios regionales en la península Arábiga y otros lugares. Esto le supuso la agresión activa de antiguos dirigentes exiliados en Arabia Saudí, Oman e incluso en la República Árabe de Yemen que, apoyados por sus anfitriones, llevaron a cabo incursiones militares que obligaron al régimen a centrar su atención en los gastos militares y en la defensa a expensas del desarrollo. La PDRY también desempeñó un papel en la Guerra Fría, ya que recibió apoyo militar y económico del mundo socialista, desde la URSS a Cuba y posteriormente del régimen de Mengistu Haile Mariam en Etiopía. Occidente consideraba a la PDRY un puesto de avanzada del bloque socialista en el mundo árabe.

Las posturas revolucionarias del NLF explican el ostracismo y rechazo que sufrió por parte de las monarquías absolutas de la zona, las cuales se sentían amenazadas por su fervor revolucionario. Lo consideraban la vanguardia de los movimientos revolucionarios en sus propios Estados en un momento en el que las ideologías radicales estaban en auge en el ámbito internacional. Además de someter a la PDRY a la subversión militar y al aislamiento diplomático, político y económico, estos Estados, y en particular Arabia Saudí, respondieron iniciando y promoviendo el islamismo salafista quietista en todo el mundo musulmán, una estrategia que el fuerte aumento de los ingresos del petróleo después de 1973 facilitó considerablemente. La izquierda no fue consciente de ello ya que estaba profundamente involucrada en sus propios conflictos ideológicos internos y de otro tipo, por lo que le costó décadas darse cuenta de que el islam radical estaba emergiendo como una importante ideología popular rival, sobre todo entre la juventud.

Igualdad para las mujeres

En el aspecto económico el nuevo régimen tuvo que hacer frente a unas circunstancias muy difíciles y en un primer momento su propia supervivencia no fue muy segura: la economía de Adén se colapsó con el cierre del Canal de Suez tras la derrota de los Estados árabes en junio de 1967, la salida de los británicos y de su base seguidos de la élite económica del sector privado de Adén con sus activos financieros. El interior del país tenía un potencial limitado más allá de la pesca en el muy rico mar de Arabia y de un poco de agricultura. No se había encontrado petróleo. A pesar de este entorno hostil el régimen de la PDRY introdujo unas importantes políticas sociales y económicas ya que proporcionó una educación universal y una atención sanitaria gratuita, instauró la igualdad formal para las mujeres y se opuso al tribalismo al que consideraba un mecanismo rival de movilización política. Con el apoyo financiero del Bloque del Este, de algunas instituciones financieras internacionales y de Kuwait en el mundo árabe estas políticas sociales y económicas se fueron implementando progresivamente a lo largo de las décadas de 1970 y 1980. A consecuencia de ello las y los yemeníes ordinarios que no estaba implicados en actividades políticas lograron un nivel de vida razonable y se redujo considerablemente la diferencia entre las condiciones de vida en el medio rural y el urbano ya que el régimen, muchos de cuyos dirigentes eran de origen rural, garantizó que no se descuidaran las zonas rurales a pesar de la baja densidad de población y de las vastas dimensiones geográficas del país. Aun siendo modestos, los ingresos bastaban para garantizar las necesidades básicas, ya fuera en el ámbito de la agricultura, la pesca o los servicios.

La participación activa en la política, en cambio, tenía muchas posibilidades de tener un impacto nefasto en la longevidad. No solo se maltrató a algunos de los pocos miembros que quedaban de los antiguos grupos que habían destacado bajo el dominio británico o del FLOSY, sino que el propio NLF se siguió desgarrándo debido a las luchas internas. La disputa chino-soviética fue parte del trasfondo de las luchas internas del NLF ya que pasó de ser un frente nacionalista a convertirse en un partido socialista más convencional y la corriente populista más revolucionaria dirigida por Salmine fue derrotada por la corriente burocrática de orientación soviética de Abdul Fattah Ismail. Tras absorber a las organizaciones comunistas y baazistas locales el NLF se convirtió en el Partido Socialista Yemení (YSP) en 1978 después de haber sufrido en la década anterior varios intentos de golpe de Estado, de purgas y otras luchas internas, la más virulenta de las cuales fue el derrocamiento y ejecución en junio de 1978 de Salmine, principal miembro de una izquierda «maoísta» más radical en el triunvirato que había dirigido formalmente el país desde junio de 1969.

Enfrentamientos sangrientos dentro del partido

Los conflictos internos en el seno del YSP continuaron a lo largo de sus 23 años de existencia. A día de hoy sigue sin estar claro hasta qué punto esos conflictos fueron personales, regionales o ideológicos. Lo que está claro, sin embargo, es que las posturas del régimen se fueron ablandando considerablemente a lo largo de estas dos décadas. No se repitieron acontecimientos extremadamente radicales como los siete días de 1972 en los que las personas que se manifestaban pedían que se les redujera el sueldo para ayudar a solventar las dificultades financieras del régimen, momento que se consideró el de mayor influencia de Salmine. El apoyo a los grupos revolucionarios internacionales más extremos de Oriente Próximo y otros lugares se debilitó y acabó para finales de la década de 1970. En la década de 1980 se establecieron relaciones diplomáticas mutuas con Arabia Saudí y Omán, acabaron las guerras mediáticas y el régimen recibió alguna ayuda financiera. Solo en parte tuvo éxito en su búsqueda de inversiones económicas del sector privado provenientes de fuentes emigrantes y de otro tipo. Las luchas internas culminaron en lo que se conoció eufemísticamente como los «acontecimientos» del 13 de enero de 1986 en los que Abdel Fattah Ismail y la mayoría de los demás dirigentes «históricos» de la revolución fueron asesinados durante una reunión del Buró Político por orden de Ali Nasser Mohamed, que había sido considerado un dirigente más pragmático desde que enviara a Abdel Fattah Ismail al exilio en 1980.

Estos acontecimientos perjudicaron profundamente al régimen porque debilitaron su credibilidad entre la población: se consideraba que la lucha carecía de todo fundamento ideológico o de principios y que era una simple lucha de poder. El régimen posterior a 1986, que tuvo lugar en un momento en que la propia Unión Soviética estaba experimentando unos profundos cambios que iban a llevar a su propia desaparición, se volvió similar a una democracia occidental, pero ya era demasiado tarde. El descubrimiento de petróleo en sus fronteras con la República Árabe de Yemen (YAR) y una crisis similar en el régimen de esta llevaron a una situación en la que las alternativas eran la guerra o la unificación. La unificación de Yemen había sido una consigna popular durante todo el periodo de la PDRY y su implementación a instancias de Ali Abdullah Saleh (entonces presidente de la YAR) y del único dirigente que quedaba del YSP, Ali Salem al Beedh, fue en un primer momento la acción más popular emprendida por cualquiera de ellos dos. El 22 de mayo de 1990 la PDRY dejó de existir después de 23 años de existencia para convertirse en parte de la República de Yemen.

Como se ve claramente hoy en día con la emergencia en su anterior zona geográfica de un movimiento separatista cada vez más virulento, la unificación ha sido un proceso complejo y deficiente, que habría que discutir en otro lugar. Pero los nombres de los dirigentes que quedan de la PDRY siguen siendo importantes en el debate político yemení, a pesar de su edad y de que pocos, si es que hay alguno, reivindican algún tipo de pertenencia a alguna forma de socialismo.

Helen Lackner es una investigadora independiente que trabajó y vivió en Yemen más de quince años, cinco de los cuales en la República Democrática Popular de Yemen (PDRY) entre 1977 y 1982. Es autora de Yemen in Crisis, Autocracy, Neo-Liberalism and the Disintegration of a State (Saqi, 2017) de la que la editorial Verso publicarán en Estados Unidos una edición de bolsillo con el título de Yemen in Crisis : the road to war.

*Este artículo se publicó originalmente el 30 de noviembre de 2017 (N. de la t.)

Fuente: https://orientxxi.info/magazine/socialist-revolution-in-arabia,2151

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.