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Vienen tiempos muy duros, pero ¿para quién?

Fuentes: Rebelión

El Borbón campechano que ocupa la jefatura del estado español tiene un extraño don de la oportunidad: manda callar a otros mandatarios cuando no debe, guarda un silencio sepulcral cuando debería hablar (por ejemplo para explicar los negocios de su yerno, el , al parecer, también excelso jugador de «talonmano» Urdangarín, las cuentas de la […]

El Borbón campechano que ocupa la jefatura del estado español tiene un extraño don de la oportunidad: manda callar a otros mandatarios cuando no debe, guarda un silencio sepulcral cuando debería hablar (por ejemplo para explicar los negocios de su yerno, el , al parecer, también excelso jugador de «talonmano» Urdangarín, las cuentas de la casa real o por qué su nombre aparece una y otra vez en los listados Forbes o similares de las mayores fortunas mundiales) y si ¡por fin!, se decide a emitir pensamiento con pretensiones de profundidad, éste no deja de ser una añeja colección de lugares comunes.

En esta categoría entraría de lleno la aseveración que leyó hace unos días en la comida oficial de despedida ofrecida al gobierno del genuflexo vocacional Zapatero. La perla llegó en forma de advertencia: «vienen tiempos muy duros».

Y aunque en una primera lectura superficial podría compartirse parte de la idea, automáticamente se desecha si a renglón seguido profundizamos y a la dureza de los tiempos venideros añadimos un necesario «¿ésta será igual para todos?» o, tal como estamos viendo en su evolución, la crisis actual está planeada contra la clase trabajadora pero teniendo a la vez exquisito cuidado en no tocar los «sagrados intereses de la oligarquía».

Vuelve nuevamente la idea orwelliana de «todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros».

El pasado sábado 10 de diciembre, cuando celebrábamos una nutrida asamblea constitutiva de las Mesas de Convergencia y Acción Ciudadana en Córdoba, nuestro amigo Pedro Montes, excelente economista crítico -de los que aciertan con sus previsiones a priori, no de los que se suben al carro de lo obvio y encarnan la voz de su amo, prestos a morder cualquier mano que no sea la que les da de comer-, nos «regaló»los siguientes datos.

Además de dejarnos temblando ante el negro futuro, remachan con rotundidad hasta donde es capaz de llevarnos la oligarquía dominante, en la defensa de sus privilegios de clase.

Tomando como base cálculos del Banco de España sobre la posición exterior de nuestro país, los números resultaban reveladores.

Así en 1998, año anterior a la entrada virtual del euro (1 de enero del 99, la efectiva se haría realidad en enero de 2002), el endeudamiento exterior de una España que aún mantenía el control sobre su moneda equivalía a unos 155.400 millones de euros y el 28.8% del PIB.

Doce años después, 2010, con una serie de gobernantes que renunciaron a la independencia económica escudándose en las «obligaciones que imponían los tratados europeos suscritos» y entregaron la gestión económica a un Banco Central Europeo antidemocrático, en manos de falsos burócratas provenientes de las grandes empresas de calificación o de las multinacionales bancarias,el déficit exterior se elevaba a 903.800 millones de euros,el 85.1% del PIB y una variación de + 748.400 millones con respecto a la primera cifra.

Los cálculos muestran a día de hoy un país en quiebra técnica y, lo que es peor, sin autonomía para explorar vías de salida, ni voluntad de los dirigentes políticos del nuevo turnismo (PP-PSOE-CiU) para intentarlo siquiera.

Y siendo tal la magnitud de la deuda, a nadie se le escapa el nulo sentido económico de las reformas acometidas.

Su único fin ha sido cercenar pensiones o sueldos de funcionarios (tomados como chivos expiatorios por una demagogia cada vez más ramplona) y socavar pilares fundamentales como la sanidad o la educación públicas, vistas no como servicios para la comunidad, sino como negocio.

Hasta la persona más lerda en matemáticas entiende que si a una familia le colocan una deuda de un millón de euros (provocada la mayor parte de ella por la mala gestión de personajes ajenos que eluden el estropicio sin coste alguno) y le ofrecen como única salida recortar unos cientos de euros en sus gastos de comida, luz, agua y ropa, se pueda decir que tras la propuesta no hay intención alguna de arreglar la situación, sino de humillar y doblegar.

Y es exactamente esa voluntad política, no económica como escribíamos antes, de doblegar a la clase trabajadora española, anulándola a la vez que le suprimen sus derechos básicos, la que la oligarquía del país, coordinada con el resto de las plutocracias mundiales, ha puesto en marcha.

Si realmente se tratase de un esfuerzo colectivo exigible a toda la sociedad para superar lo más rápido posible la crisis, se habrían buscado medidas como la equidad fiscal,el esfuerzo contributivo de los que más tienen, la penalización de las ganancias exorbitantes y un riguroso control del fraude.

Pero nada de ello está ocurriendo. Mientras que se le exige a las capas populares un nuevo apretón de un cinturón ya sin agujeros disponibles, crece exponencialmente el consumo de productos de lujo.

Mientras que se anulan convenios o se precariza el empleo hasta niveles de subsistencia, pasando los antaño despreciados mileuristas a la situación de aristocracia salarial,se han mantenido los beneficios empresariales, brindándose en los despachos de los grandes banqueros a la vez por las ganancias venideras (seguramente socializarán las perdidas del ladrillo con la próxima creación del ansiado banco malo y privatizarán los beneficios metiéndole mano a la Seguridad Social) y por los indultos a la carta que «limpian, fijan y devuelven el perdido honor».

Por ello resulta especialmente insultante el discurso del «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca pagar los gastos de la fiesta». Es absolutamente falso y lo saben.

El pensionista de 600 euros al mes, el trabajador dado de alta, el funcionario de nómina secuestrada, el autónomo honesto, el pequeño empresario que no esperaba enriquecerse en dos días no han vivido en el despilfarro. Y somos mayoría.

Sí lo han hecho, aunque en gradaciones distintas, los amantes de la factura en negro,los que se creyeron «brokers»de medio pelo, los especuladores, los sobornadores, los sobornados, los que abdicaron del control de la economía, quienes llegaron a la política como paso obligado para colocar a los suyos o camino hacia un extraordinariamente retribuido Consejo de Administración, los que miraban para otro lado esperando la migaja…

No estamos pues ante un tiempo duro que nos afecta a todos de manera uniforme. La mayoría de la ciudadanía está viviendo momentos muy dificiles provocados por la misma minoría que, otra vez, vuelve a sacar tajada.

El señor Botín no está en crisis, ni el dueño de Zara, ni los grupos de presión empresarial que han hecho pingües negocios, tanto con Zapatero como con las comunidades del PP. Y esperan seguir haciéndolos con Rajoy.

Ni quienes prorrateaban regalos (desde yates a corbatas) para los mandamases de turno.

Ni quienes ayer eran presidentes de patronales que desean privatizar la Sanidad y hoy, sin rubor, fomentan empresas de » gestión privada de los recursos públicos» o incluso son Consejeros de Sanidad.

Ni la Conferencia Episcopal sostenida por el erario público sin recortes a la vista, ni las organizaciones empresariales partidarias de que el mejor derecho laboral es aquel que no existe.

Ni quienes tienen a trabajadores sin contrato. Ni los que se han lucrado -prototipo la Casa de Alba- con las subvenciones europeas-.

Sí estamos en crisis los que no hemos sido capaces de abrir paso a una respuesta progresista para la actual situación.

Aún más quienes enmascararon su falta de alternativas desde la izquierda tragándose todas las imposiciones venidas de Europa. O quienes renunciaron al pensamiento político sin advertir que su contrincante de clase todo lo hace desde una óptica ideológica.

O los que levantaron las manos y prefirieron entregarse sin pelear.

A todos ellos, a todos nosotros, nos esperan tiempos duros, aunque tenemos en las manos (debate, reflexión, convergencia,luchar y sumar…) los instrumentos que pueden acortar los plazos del sacrificio.

Juan Rivera del Colectivo Prometeo de Córdoba

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.