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Vox y la derecha española

Fuentes: Rebelión

Junto con Portugal e Irlanda, España representaba una excepción europea en relación con el avance de la derecha radical populista y xenófoba (DRPX). No es que en España no hayan existido desde el inicio de la democracia partidos de la extrema derecha, pues en la actualidad hay unas veinte organizaciones de esa familia, se trata […]

Junto con Portugal e Irlanda, España representaba una excepción europea en relación con el avance de la derecha radical populista y xenófoba (DRPX). No es que en España no hayan existido desde el inicio de la democracia partidos de la extrema derecha, pues en la actualidad hay unas veinte organizaciones de esa familia, se trata más bien que hasta recientemente España no siguió algunos de los tres modelos que utilizó la extrema derecha en Europa para hacerse un hueco importante en la política nacional. El primer modelo fue el italiano, dónde el Movimiento Social Italiano (MSI) «modernizó» su discurso e imagen hasta terminar desembocando en Alianza Nacional, aunque la versión de la DRPX que terminó triunfando, La Liga, no derivó de esa evolución. El segundo modelo fue el francés del Frente Nacional (actualmente Reagrupamiento Nacional), que aglutinó a las dispersas organizaciones de extrema derecha existentes desde el fin de la segunda guerra mundial para presentar una organización política hegemónica capaz de avanzar electoralmente. El tercer modelo es el de otros países europeos dónde la DRPX nació más recientemente sin vinculaciones con la vieja extrema derecha de raíz fascista, a partir de nuevos problemas como la oposición a la fiscalidad, a la inmigración o la globalización.

En los primeros años de la reinstaurada democracia española, la extrema derecha estuvo muy vinculada al franquismo, al que seguía tomando como modelo político de referencia, pero ya en esos momentos aparecieron otros partidos más sólidos y más desvinculados de la dictadura anterior, sobretodo Alianza Popular (AP), que terminaron por atraer los cuadros y los votos mayoritarios de quienes habían estado vinculados o apoyando al franquismo. Forzando las comparaciones con el caso italiano podríamos decir que la principal formación de la extrema derecha entonces, Fuerza Nueva, representaba lo que el MSI italiano, pero la evolución del MSI hasta Alianza Nacional lo representaba ya en España AP que de esta manera segaba la hierba bajo los pies a Fuerza Nueva, la redujo a la marginalidad, y a su desaparición en 1982.

Pero AP no era tampoco exactamente el equivalente de la AN italiana, pues representaba el intento de aglutinar a la derecha española desde los conservadores a la extrema derecha -los cuadros y las bases sociales procedentes del franquismo- en un solo partido. Inicialmente este objetivo fue imposible de conseguir por la existencia de otro partido de la derecha, la UCD, más exitosa electoralmente, con el que AP se dividió el electorado, atrayendo a aquél más derechista y vinculado al franquismo. Tuvo que esperar a la implosión de la UCD para que AP se reconvirtiese en el actual PP, haciendo efectivo su objetivo de ser el partido-contenedor de toda la derecha española en toda su extensión.

Esta situación bloqueó el crecimiento de otros partidos de la extrema derecha que siempre existieron con carácter marginal y fragmentario, nos referimos a organizaciones como Falange Española de las JONS, Democracia Nacional, Alianza por la Unidad Nacional, luego Alianza Nacional, el Movimiento Social Republicano, o Plataforma por Cataluña, entre otros. Como muestra de la marginalidad de estas organizaciones se pueden señalar los resultados que los cinco principales partidos de la extrema derecha obtuvieron en total en las elecciones europeas de 2014, 78.009 votos que representaban el 0,4% del electorado.

En España existían algunos de los elementos que habían hecho crecer a la DRPX en otros países europeos, especialmente las tensiones migratorias derivadas de la situación geográfica de la península y las actitudes xenófobas en una parte de la población, pero el PP adoptó posiciones duras contra la inmigración con lo cual este tema no pudo ser aprovechado por los partidos de la extrema derecha para despegar. Por otro lado, cuando se expresaron con fuerza las tensiones sociales derivadas de la crisis económica de 2008, y de la globalización, no lo hicieron a través de un partido populista de derechas, como en otras partes de Europa, sino de uno de izquierdas, Podemos, que se convirtió en el modelo característico de un partido populista de izquierdas con cierto éxito, aunque no consiguió exportar su modelo al resto de Europa, con la excepción de la Francia Insumisa de Mélenchon.

Así pues, todo parecía indicar que España seguiría siendo una excepción en Europa en cuanto a la existencia de partidos exitosos de la DRPX hasta que en el período de 2017-2018 dos acontecimientos llevaron a crear las condiciones para romper esa excepcionalidad. Por tanto, se puede sostener que cuando cobra una fuerza electoral importante un partido de la DRPX en España, Vox, lo va a hacer siguiendo el tercero de los modelos que hemos señalado. No se origina en la evolución de algún precedente partido fascista, ni surge como el reagrupamiento de otras fuerzas pre-existentes de la derecha radical o la extrema derecha, sino que toma como elementos de impulso problemas relativamente nuevos en la sociedad española, especialmente el conflicto identitario, que proviene de la agudización del independentismo partidario de la secesión unilateral de Cataluña y, en segundo lugar, de la inmigración.

El primer acontecimiento que ayudaría a acabar con la excepcionalidad española en cuanto a la ausencia de partidos de la DRPX con cierto peso lo representó, efectivamente, el conflicto catalán, dónde las fuerzas políticas independentistas ensayaron en septiembre-octubre de 2017 llevar a cabo una secesión unilateral que fue derrotada. Este enfrentamiento sirvió para que se inflamase un nacionalismo español siempre latente como respuesta a la actividad virulenta del nacionalismo independentista catalán, y esa excitación del nacionalismo español fue aprovechada e impulsada por la derecha española ante una situación de desconcierto y bloqueo por parte de la izquierda, que bien se situó en una posición equidistante, o bien buscó vías de negociación con el independentismo catalán. La izquierda persistió en resaltar el eje de enfrentamiento derecha-izquierda de base socioeconómica cuando el eje de enfrentamiento había basculado bruscamente hacia posiciones identitarias-culturales de base nacionalista.

El segundo acontecimiento lo representó la ruptura de la unidad de la derecha española en torno a un único partido político, el PP. Esta ruptura tuvo un primer acto en la aparición de Ciudadanos, un partido originalmente de ámbito catalán que, con las consecuencias de la crisis económica y los casos de corrupción del PP, saltó a la escena nacional y consiguió postularse como una alternativa de reemplazo al propio PP. Este proceso de ruptura conoció un punto de inflexión cuando en 2018 el PP fue condenado como tal partido por corrupción en el caso Gürtel y, como consecuencia, una moción de censura de un minoritario PSOE llevó a que este partido reemplazase al PP al frente del gobierno. Una vez en la oposición, el PP se enfrentaba casi en condiciones de igualdad a Ciudadanos, emprendía una deriva más derechista y, sobretodo, propiciaba que apareciese exitosamente un partido de la DRPX con éxito electoral.

Este partido ya existía previamente, Vox, y estaba formado por antiguos cuadros del PP que tenían las posiciones más extremistas. Sin embargo, durante muchos años fue un partido marginal más, la fuerza centrípeta del PP seguía atrayendo a la mayoría de la base social de la derecha, desde los moderados hasta los radicales. Y esta situación es la que se rompió con los dos acontecimientos señalados antes, el conflicto nacionalista originado en Cataluña, y la profunda corrupción y desgaste del PP. Existía una temática fácilmente explotable por la derecha más radical y estaba abierta la posibilidad para que ésta se expresase en un nuevo partido, no encerrado como una tendencia en el seno de otro más grande.

Las elecciones autonómicas celebradas en Andalucía en el otoño de 2018 fueron la ocasión para la aparición con fuerza electoral de Vox que consiguió casi 400.000 votos y 12 diputados en el parlamento andaluz. Estas elecciones eran las primeras que se celebraban en España tras el clímax de los acontecimientos catalanes que tuvieron lugar entre septiembre-diciembre de 2017, a los que siguieron una campaña continua de gestos desafiantes por parte del independentismo catalán y un gobierno minoritario del PSOE apoyado en dicho independentismo.

El papel de la inmigración ilegal en el ascenso de Vox ha sido más secundario y, en todo caso, indirecto. Andalucía es la comunidad autónoma que por su posición geográfica recibe más inmigrantes ilegales. Esta última situación no es nueva ni en España ni en Andalucía, y ya hemos señalado las políticas inflexibles del PP al respecto. La preocupación por la inmigración ilegal entre los españoles, recogidas en las encuestas del CIS y otras, muestran que ha variado en función de acontecimientos puntuales. El máximo punto de preocupación por este tema se alcanzó en septiembre de 2006 con ocasión de la crisis de los cayucos en las islas Canarias, posteriormente esa preocupación fue declinando y se mantuvo desde 2012 en cifras alrededor del 5%, es decir marginales, aunque volvió a superar el 10% después de junio de 2018 coincidiendo con la acogida del barco Aquarius y el aumento de inmigrantes a las costas españolas. En todo caso un porcentaje de poco peso explicativo en los resultados de Vox en Andalucía. Si esta problemática hubiese sido determinante para la aparición o el crecimiento de un partido de la DRPX como en Europa, ello tendría que haber tenido lugar entre finales de 2005 y principios de 2008, cuando la preocupación por la inmigración osciló entre el 30% y el 60%.

Así pues, lo novedoso, en todo caso, es el eco de las políticas anti-inmigratorias de los partidos de la DRPX europea, sobretodo a partir de la crisis migratoria de 2015, y el éxito de estos partidos en sus países. Por tanto, se puede suponer que las actitudes anti-inmigración y xenófobas presentes en una parte de la sociedad española han sido estimuladas por las políticas adoptadas en Europa y que han encontrado un vehículo político disponible, Vox, para transformarlas en apoyos electorales.

En encuestas posteriores[1] sobre el voto recogido por Vox en Andalucía se confirmaron las causas de su ascenso, en ellas aparecía que el 41,6% del voto se debió a su discurso anti-inmigración, el 33,7% por defender la unidad de España, y un 28% les votaron para frenar a los independentistas.

Entre los puntos de su programa destacan algunos que responden específicamente a la problemática española, como la supresión del actual Estado de las autonomías y la actitud más inflexible de la derecha contra el independentismo catalán para el que llega a pedir la ilegalización; pero en otros puntos hay una clara sintonía con los programas de la DRPX europea, como la deportación de inmigrantes y las políticas de asimilación rechazando el multiculturalismo; la supresión de la ley de violencia de género, la oposición al feminismo, y la defensa de la familia y valores más tradicionales; la reducción radical de impuestos, un reforzamiento de los mecanismos coactivos de la ley y el orden y; en relación con Europa se sitúan en línea con las propuestas del grupo de Visegrado, de una Europa basada en Estados nacionales que recuperen la soberanía e independencia.

España es un país que ha pasado de un bipartidismo imperfecto desde el fin de la dictadura a un multipartidismo que se ha abierto paso conforme se han abierto ventanas de oportunidad en los últimos años. La primera ventana de oportunidad se abrió con ocasión de la crisis económica iniciada en 2008 cuando, al calor de las movilizaciones del movimiento 15-M iniciadas en 2011, apareció un partido populista de izquierda, Podemos, hoy un partido declinante electoralmente pero que no parece que vaya a desaparecer. La segunda ventana de oportunidad fue para un partido de derecha liberal, Ciudadanos, que ascendiendo en la misma época que Podemos, encontró su ventana de oportunidad con el clímax del conflicto catalán en las elecciones de esa comunidad autónoma dónde en diciembre de 2017 se convirtió en el partido más votado. Hoy disputa la hegemonía de la derecha al PP. La tercera ventana de oportunidad se ha abierto ahora para Vox, el partido de la DRPX en España. Su ventana se ha abierto también, como hemos señalado, con motivo del conflicto catalán y el problema migratorio. Si los dos primeros casos ya han pasado por varias pruebas electorales que les han consolidado como opciones en el sistema político español, en el caso de Vox habrá que esperar hasta mayo de 2019 cuando la confluencia de elecciones europeas, municipales y autonómicas confirmen o no su consolidación como partido con un cierto peso nacional.

Entretanto, y en relación con la formación de gobierno en Andalucía se ha planteado una situación ya familiar en otras partes de Europa, la de la actitud que adoptarán los partidos establecidos respecto a la nueva formación de la DRPX que se abre hueco en el sistema político español. En Europa hubo una etapa inicial respecto a este tipo de partidos en la que los partidos establecidos adoptaron una política de cordón sanitario, negándose a establecer pactos con ellos y evitando ser contaminados por sus programas. Pero en una segunda etapa posterior en varios países europeos se apartó esa política del cordón sanitario en torno a la DRPX y empezaron a construirse coaliciones, especialmente por los partidos liberal-conservadores, para formar gobiernos. Igualmente los partidos establecidos fueron contaminados por los programas de la DRPX, adoptando parte de sus objetivos para mantener la parte del electorado que basculaba su voto hacia las nuevas formaciones políticas. El resultado ha sido el avance electoral continuo de la DRPX y su acceso al gobierno en varios países . La próxima gran batalla que prepara la DRPX europea está centrada en las elecciones al parlamento europeo de 2019. Tradicionalmente estas elecciones son las que mejor recogen el voto protesta en Europa y ya en las celebradas en 2014 la DRPX experimentó un importante avance.

En Andalucía, efectivamente, se ha creado una situación similar a otras vividas en Europa, las formaciones de derecha, en este caso el PP y Ciudadanos, podrían desbancar del gobierno autonómico al PSOE con la condición de que obtuvieran el apoyo parlamentario de Vox. Lo que se pone en juego no es solamente el color del próximo gobierno andaluz, sino si la aparición con fuerza electoral de Vox es seguida por el rechazo de la política de cordón sanitario y, por el contrario, este partido de la DRPX es aceptado como aliado para formar gobierno contribuyendo a la «normalización» de sus principios y programas por parte de la derecha.

La posición más favorable a la alianza con Vox, y esto no tiene por qué suponer que Vox entre en el gobierno andaluz, es la del PP. Hay tres datos que le predisponen a ello, primero la deriva derechista de su nuevo líder, Pablo Casado; segundo la consideración por el propio PP de Vox como una escisión en su seno al que habría que tratar como «parte de la familia»; y tercero la actitud del PP respecto a la DRPX en Europa, no solamente porque el grupo parlamentario europeo al que pertenece el PP (PPE) también acoge a uno de los partidos de la DRPX en el gobierno, el Fidesz húngaro, sino que cuando el septiembre de 2018 el Parlamento Europeo votó recomendando aplicar sanciones a Hungría por la deriva antidemocrática de sus gobierno, el PP se dividió entre la abstención y el apoyo a Orbán. Toda una declaración de intenciones del PP respecto a la DRPX que ahora seguramente va a revalidar respecto a Vox.

Queda por despejar si la actitud de Ciudadanos se inclinará por el cordón sanitario respecto a Vox o si finalmente seguirá la estela del PP de ayudar a «normalizar» los objetivos y programa de Vox. De momento este partido ha encontrado un eco formidable a partir de sus resultados en las elecciones andaluzas, ahora está presionando para situarse como un elemento imprescindible para formar gobierno en Andalucía por parte de la derecha y, finalmente, busca que tanto PP como Ciudadanos le sirvan de padrinos para su presencia como un partido más del sistema político. Éstas son las actitudes que propician el avance de la DRPX, solo hay que mirar lo que ha pasado en Europa.

Nota:

[1] «Las razones de los votantes de Vox: la inmigración y la unidad de España», http://elpais.com/politica/2018/12/08/actualidad/1544290748_522216.html

Jesús Sánchez Rodríguez. Licenciado y Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED. Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog: http://miradacrtica.blogspot.com/