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Tenerife, portaaviones de la CIA

Vuelos secretos unían los aeropuertos tinerfeños con capitales africanas

Fuentes: La Verdad de Canarias

A pesar de la alarma mediática y social que ha causado la reciente revelación de la utilización de los aeropuertos tinerfeños por vuelos de la CIA, no es la primera vez que el devenir de la historia y su situación geoestratégica han convertido a Tenerife en plataforma de actuación de los diferentes servicios secretos internacionales. […]

A pesar de la alarma mediática y social que ha causado la reciente revelación de la utilización de los aeropuertos tinerfeños por vuelos de la CIA, no es la primera vez que el devenir de la historia y su situación geoestratégica han convertido a Tenerife en plataforma de actuación de los diferentes servicios secretos internacionales.

Ya en 1898, cuando agonizaba el llamado imperio español de ultramar, Estados Unidos amenazó a España con la toma por la fuerza de Canarias y Baleares si no abandonaba la férrea resistencia militar que mantenía en Cuba contra el entonces emergente imperio mundial. El Archipiélago se convirtió así en destino y residencia de numerosos agentes al servicio de las principales potencias del momento.

En las dos guerras mundiales, los servicios de información internacionales volvieron. A la posición privilegiada de Canarias como punto de avituallamiento, primero de carbón y después de diferentes materiales, se unió entonces la extensión de los enfrentamientos en Europa y la apertura de frentes de batalla en las que eran colonias africanas. Los mensajes cifrados fueron así los que, procedentes del continente vecino y con destino a todo el mundo, rebotaban en el territorio insular. La existencia de importantes colonias de ciudadanos europeos, ingleses y alemanes mayoritariamente, facilitó las operaciones.

En los 60 y los 70, el régimen franquista salía de su aislamiento al ser aceptado unos años antes en la ONU y firmar importantes acuerdos defensivos con Estados Unidos. Misteriosos buques, con bandera de conveniencia en la mayoría de los casos, atracaban en los muelles de Santa Cruz de Tenerife y, durante varios días, seleccionaban posibles agentes para su infiltración en la Cuba castrista. Los emigrantes canarios retornados tras la revolución caribeña eran su principal objetivo.

Desde la transición y tras la ocupación militar del Sahara Occidental, son los agentes marroquíes los más numerosos y activos de los que operan en las Islas. El diario Canarias 7 los cifraba en «cientos» a finales de 2005 y diversas fuentes confirman que, por ejemplo, en los vuelos que la compañía canaria Binter realiza con El Aaiún, capital saharaui, «viajan agentes alauís sistemáticamente que vigilan los posibles contactos de los viajeros con la población originaria del territorio y el acceso de periodistas».

Ahora, las operaciones aéreas desarrolladas por aparatos fletados presuntamente por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana ponen de nuevo a Canarias en el teatro de operaciones de los servicios de información internacionales. Así lo confirma la documentación que obra en poder de la Fiscalía de la Audiencia Provincial y a la que ha tenido acceso La Verdad de Canarias.

Dicha información, solicitada por el Ministerio Público tinerfeño formando parte de las diligencias preliminares de su investigación a finales de 2005, es fruto de las pesquisas realizadas por los servicios de seguridad españoles y establece que al menos cinco vuelos hicieron escala en el aeropuerto Reina Sofía entre mayo de 2003 y octubre de 2004 con destino u origen en el aeropuerto norteamericano de Dulles (Washingon), «en cuyas cercanías supuestamente se ubican las sedes del Pentágono y la CIA».

Los documentos indican también que en los cinco casos de lo que denominan «escala técnica» se trataba de aparatos «jet Gulfstream V» y «Gulfstream IV» e identifican como propietario de uno de los aparatos a «la compañia privada Richmor Aviation». También señalan que, de los vuelos que hicieron escala en el aeropuerto del sur tinerfeño, cuatro se dirigían o procedían de Rabat, Marruecos, y otro terminaba en Entebbe, Uganda.

«En cuanto a si estos vuelos fueron contratados por la CIA, el motivo, si transportaban presos (…) no se tiene constancia», indican los autores del informe. Sin embargo, los agentes de las fuerzas de seguridad española reconocen que en el único vuelo sobre cuyos ocupantes obtuvieron algún dato, el vuelo N-85-VM del 2 de agosto de 2004, procedente de Rabat, viajaban seis pasajeros, «si bien se ignora su identidad y condición». Esta falta de datos es importante ya que el aparato permaneció en el Reina Sofía desde 15,14 h. del día 2 hasta la 01,17 h. del 3. Es decir, durante 9 horas y 53 minutos, los citados seis pasajeros no abandonaron el aparato ya que si no, habrían sido identificados. Los motores permanecieron apagados y la temperatura casi alcanzó los 30 grados centígrados.

El vuelo N-227-SV, procedente de Dulles (EE.UU.) y con destino a Rabat, fue el que más tiempo permaneció en las instalaciones aeroportuarias tinerfeñas, unas 19 horas, ya que llegó el 30 de septiembre de 2004 a las 07,40 h. y despegó el 1 de octubre a las 02,45 h. Nadie abandonó el aparato. Al menos no se dispone de datos sobre el posible traslado de sus ocupantes a ninguna instalación hotelera, lo que sí sucede en los vuelos similares identificados en Mallorca.

Fuentes cercanas a los hechos a las que ha tenido acceso este Periódico matizaron al respecto que «las pesquisas llevadas a cabo por los servicios españoles de seguridad se limitaron en la mayoría de los casos a recopilar las declaraciones del personal de tierra de los aeropuertos o servicios aeroportuarios del norte y el sur de Tenerife». También manifestaron que «ni siquiera el personal de las empresas de cattering tuvo acceso a los aparatos que aterrizaron en la Isla y por eso no hay casi datos sobre sus ocupantes y las condiciones de su traslado».

Sin embargo, los detalles escasos de la investigación llevada a cabo en Tenerife no parecen sino confirmar las informaciones reveladas en un primer momento y durante el último año por el Diario de Mallorca, rotativo que destapó el caso en España, y en las que adelantaba detalles sobre las escalas de los aparatos fletados por la CIA en los aeropuertos tinerfeños de Los Rodeos y Reina Sofía, señalando que podían usarse para el «traslado ilegal de sospechosos vinculados al terrorismo islamista desde las bases instaladas por Washington en diferentes lugares del mundo».

No sólo eso, el periódico balear afirmaba hace tan sólo unos días, el 23 de marzo, que los primeros vuelos de este tipo que hicieron escala en España lo hicieron en Tenerife ya que sólo tres meses después de la caída de las Torres Gemelas, el 11 de diciembre de 2001, «aterrizaba en la Isla un Hércules C-130, de matrícula N-2189-M» y procedente de Bermudas. Aseguraba que su propiedad correspondía a «la empresa norteamericana Tepper Aviation, una firma fantasma controlada por la CIA, dentro de la maraña descifrada por The New York Times».

Tenerife, puente con África

En el caso canario, las escalas pueden remontarse a fechas muy anteriores a la actual «guerra contra el terror», en la que Washington se encuentra envuelto, opinan los investigadores. La actividad de los aviones de la CIA en Canarias adquiere entonces una importancia creciente pero el Archipiélago era ya antes «un punto habitual de escala de aparatos procedentes o con destino a África».

Stephen Grey es un periodista británico que ha investigado para New Yok Times «la red de prisiones conectadas por vuelos» de la que dispone Estados Unidos para mantener y trasladar a sospechosos de terrorismo desde poco después del 11-S. Grey declaró a finales de marzo ante la comisión temporal del Parlamento Europeo establecida para investigar las actividades de la CIA en Europa «no tener dudas» de que Washington «dispone de centros de detención secretos en varios países».

Dentro de este entramado, existe un programa de los denominados extraordinary renditions o «entregas extraordinarias» por el que Washington traslada a presuntos islamistas a países en los que no existen garantías ni interferencias judiciales y «para su captura recurrre a secuestros que camufla gracias a una maraña empresarial utilizada por su servicio de espionaje», reveló el periodista británico.

Los aeropuertos tinerfeños y los mallorquines serían así un punto de enlace entre Washington, «en las inmediaciones del Pentágono y la CIA», o sea Dulles, y las ciudades en las que se sospecha que existen estas prisiones y centros de detención. «Estas cosas suceden y lo sé porque personas implicadas, que las han organizado, me han hablado de ellas», dijo al referirse a sus fuentes.

Sin embargo, mientras los vuelos que utilizaron Tenerife en sus escalas unían EE.UU. o el Caribe con localidades africanas, mayoritariamente Rabat, los trayectos que pasaban por Baleares comenzaban o finalizaban en puntos tan diversos como Guantánamo, Afganistán, Libia o Egipto tocando en ocasiones otros puntos de Europa que se investigan.

Poca colaboración española

España ha sido advertida ya por el Consejo Europeo de que será requerida para aportar más información sobre la utilización de su territorio para las escalas de los vuelos de la CIA tras haber necesitado una prórroga en el plazo dado a los Estados miembros de la UE a los que se han solicitado datos concretos. Es decir, el Consejo Europeo, encargado de vigilar y velar por los derechos humanos, considera las explicaciones aportadas por Madrid insuficientes.

El secretario general del organismo, Terry Davis, al presentar el pasado 1 de marzo las conclusiones de tres meses de investigación de la comisión dirigida por el fiscal suizo Dick Marty en Estrasburgo, denunció la escasísima colaboración prestada por sus 46 estados miembros. Estados Unidos acusó a los autores del informe de basarse en material periodístico y rumores y rechazó sus conclusiones.

El 21 de marzo, tras finalizar el último plazo dado a los miembros de la UE, Davis declaró que Italia, San Marino, Bélgica, Bosnia-Herzegovina y Georgia «transgredieron la Convención Europea de Derechos Humanos por guardar silencio sobre la información solicitada». Polonia y Albania enviaron respuestas «decepcionantes» a las preguntas hechas.

Por su parte, el Gobierno español forma parte del grupo de 15 gobiernos que mostraron «escasa colaboración con la investigación», aportando en algunos casos información incompleta, y en otros, no contestando siquiera a algunas de las preguntas. En ese grupo figuran también Francia, Noruega, Suiza, Licechtenstein, Mónaco, Rusia, Eslovaquia, Turquía, Lituania, Andorra, Serbia y Montenegro, Croacia y Azerbaiyán.

Para el máximo responsable de la iniciativa del Consejo de Europa, su secretario general, Terry Davis, «es nuestro desafío pero también nuestra firme convicción que la lucha contra el terrorismo sólo puede tener credibilidad si respeta los derechos humanos y las libertades fundamentales. Este no es un desafío fácil».

El ministro español de Justicia, el canario Juan Fernando López Aguilar, admitía en una entrevista ofrecida a la cadena televisiva británica BBC el 22 de marzo ignorar cuántos vuelos secretos de la CIA han podido operar en España para el presunto traslado de supuestos terroristas.

«No lo sabemos», respondió López Aguilar. «¿No lo sabe?», insistó la periodista. «¿Usted no sabe cuántos vuelos secretos americanos ha habido en su territorio? ¿Ni siquiera les informan de lo que hacen ellos (EE.UU.)?». «No, eso no es lo que yo he respondido. Hemos pedido muy recientemente a nuestros aliados americanos toda esta información que ha sido revelada y aceptamos la información que nos han suministrado ya». «Aceptamos nuestra relación bilateral con Estados Unidos como una relación amistosa», aseguró el ministro. En su opinión, Washington respondió «que no ha habido violación alguna de las normas internacionales o nacionales a ese respecto. Estamos dispuestos a cumplir con el orden constitucional (español) y el sistema legal internacional», dijo el responsable socialista.