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Esas gentes tan encantadoras

Washington apuesta por las monarquías del Golfo

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

El pasado marzo, Hillary Clinton viajó a Riad, capital del Reino de Arabia Saudí. Allí se reunió con el rey Abdullah, el primus inter pares de la Península Arábiga. Poco después inauguró el Foro de Cooperación Estratégica EEUU-CCG. El CCG es el Consejo de Cooperación del Golfo, la OTAN árabe, cuyos miembros son Arabia Saudí, Qatar, Bahrein, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Cada uno de ellos es una monarquía, con los EAU disimulando a la familia real tras una federación y con los saudíes extasiados de proclamar los beneficios del linaje real. Pretenden que su gran enemigo es Irán, pero en realidad es la noción de Democracia. Las realezas del Golfo Arábigo, por todos los medios a su alcance, se aseguran de que cualquier conversación acerca de posibles reformas quede reservada para los breves dramas teatrales que representan en presencia de los políticos estadounidenses que les visitan, bien dispuestos a congratularse ante la visión de futuro de los benévolos monarcas. Cuando aumentan los llamamientos a favor de las reformas, como ocurrió en Arabia Saudí en marzo de 2011, esas voces quedan silenciadas, y a menudo literalmente, como en el caso de Faisal Ahmed Abdul-Ahadwas, de 27 años de edad, asesinado de un tiro el 2 de marzo cerca de su hogar, una semana antes de los Días de la Rabia que prometió iban a organizarse en su página de Facebook. Es a estos Jardines de la Primavera Árabe donde la Secretaria Clinton llevó toda la fuerza de su compromiso con los Derechos Humanos y la Democracia.

Cuando las protestas se intensificaron el pasado año en Túnez y Egipto, los saudíes y las realezas del Golfo Arábigo se reunieron para hacer un balance de la situación e informaron a EEUU que no sentían demasiado entusiasmo ante tales desarrollos. El enviado del Presidente Barack Obama ante Mubarak, Frank Wisner Jr., indicó que el Departamento de Estado había tenido en cuenta los consejos de Arabia Saudí sobre el proceso hacia la democracia en Egipto. Cuando las protestas prendieron en Yemen y Bahrein, esto ya se hizo intolerable para los monarcas. La rebelión es algo no permitido en la Península Arábiga ; una rebelión que tuviera éxito sería algo terrible, ya que implicaría la falibilidad de los monarcas. Ansiosos de aplastar especialmente a los rebeldes de Bahrein, los saudíes convocaron una reunión de la Liga Árabe. Solo se presentó la mitad de los integrantes de la Liga, la mayoría de ellos miembros del CCG, y votaron a favor de una intervención de la ONU (OTAN) en Libia. Mientras los bombarderos calentaban motores, el ala militar del CCG, los Yasira o Escudo de la Península marcharon hacia Bahrein y desencadenaron la Contrarrevolución. El dinero fluyó de Riad y Doha hacia el Norte de África, atiborrando las cuentas bancarias de los islamistas políticos, con el anteriormente exiliado y en gran medida empobrecido Partido Ennahda, de Túnez, mudándose velozmente a una nueva sede en la bien equipada barriada Montplaisir en Túnez. Qatar se dedicó a financiar a grupos estilo Hermanos Musulmanes, mientras los saudíes prefirieron enviar su dinero a grupos tales como el partido salafí Al-Nur de Egipto. Mediante el aplastamiento armado (en Bahrein) o con apoyos financieros (en el Norte de África), los monarcas del Golfo intentaron apoderarse de la Primavera Árabe.

Pero las cosas no acaecieron tal y como se planearon. Los miembros ausentes de la Liga Árabe se sintieron indignados por los abusos del CCG en los preparativos de la guerra libia. Cuando Amr Musa dejó la presidencia de la Liga en mayo de 2011, los qataríes presentaron a la elección a uno de los suyos, el jefe del CCG, Abdelrahman bin Hammad al-Attiya. Se le rechazó. En su lugar, el puesto se le dio al ministro de asuntos exteriores de Egipto, Nabil el-Araby. En la reunión de la Liga Árabe en Bagdad a finales de marzo de 2012, los monarcas del Golfo Arábigo no se presentaron (enviaron al emir de Kuwait, Sabah al-Ahmad Al-Jaber al-Sabah, cuyo hermano había sido emir en el anterior cumbre de la Liga Árabe en Bagdad, en 1990, y cuyo país fue invadido por Iraq a finales de ese año). Los árabes del Golfo están furiosos de que los iraquíes continúen permitiendo a la aviación iraní sobrevolar su país hacia Siria. Los que no son monarcas de entre los estados árabes no están ya muy ansiosos por actuar al dictado del rey de Arabia Saudí y no están recibiendo bien la estrategia militar preferida por las realezas del Golfo Arábigo para la Primavera Árabe. Esas realezas del Golfo están dispuestas a armar a los rebeldes en Siria y permitir que el país se desangre en una muerte lenta en un escenario parecido al afgano. A los monarcas les convendría que los levantamientos en gran medida pacíficos de la Primavera Árabe entraran en el «modo guerra», lo que les permitiría apalancar sus propios intereses y eclipsar los anhelos de la gente de a pie de ser los artífices de su propio destino.

De esta forma, las realezas del Golfo Arábigo se mantienen verdaderamente fieles a la potencia estadounidense, que también siente alergia ante la verdadera democracia, prefiriendo taparse las vergüenzas (o no, como en el caso de las realezas del Golfo Arábigo). En Riad, Clinton y el CCG mantuvieron la I Reunión Ministerial del Foro de Cooperación Estratégica EEUU-CCG. Los enemigos de la nueva alianza son Irán, Siria y los piratas somalíes. Para contrarrestar tales amenazas, las realezas del Golfo Arábigo se comprometieron a integrarse en los deseos obsesivos de EEUU de construir mini-bases para albergar su escudo de misiles y celebrar mayores ejercicios militares conjuntos, que probablemente tendrán lugar cerca del Estrecho de Ormuz, en el patio delantero de Irán. Como EEUU está inundando a los árabes del Golfo con su tecnología y sus misiles, Frank Rose, del Departamento de Estado, dijo en un simposio en Abu Dhabi que EEUU «estaba trabajando duro para evitar la proliferación de misiles». A los no iniciados en las artes de la diplomacia, tal hipocresía puede resultarles descorazonadora. Lo que significa en esencia es que los Chicos Buenos (los monarcas) pueden tener misiles, pero los Chicos Malos (los iraníes) no.

En la conferencia de prensa que cerró la reunión, el ministro saudí de asuntos exteriores, el Príncipe Saud al-Faisal dijo: «En cuanto a los acuerdos sobre la seguridad y estabilidad de la región, los países del CCG se inclinan por proteger su seguridad y estabilidad interna porque se consideran parte integral de la seguridad de la región». Las palabras claves ahí son «estabilidad interna». Lo que vienen a significar es que la Democracia es el Mal, la mayor de las amenazas que podría emanar a través del Golfo Pérsico. El príncipe Saud al-Faisal es el ministro de asuntos exteriores que más años lleva en ese puesto en el mundo. Accedió a él en 1975. No es tan duro como su tío, el príncipe heredero Nayef bin Abdul-Aziz al-Saud, cuya experiencia como ministro del interior modeló con puño de hierro su inminente reinado. El ministro de exteriores, sentado junto a Hillary Clinton, no podía hablar de las cosas que Nayef hace. Se refugió en el execrable vocabulario del liberalismo, con los monarcas del Golfo Arábigo ahora comprometidos con «la política de serias reformas y desarrollo sostenible para servir mejor a sus sociedades y pueblos».

Pocos días después, el ministro de defensa saudí, el príncipe Salman bin Abdulaziz voló a Washington para reunirse con el secretario de defensa de EEUU Leon Panetta (y con Obama). Todo lo que dijeron es que las discusiones trataron sobre Siria y sobre la cooperación saudí-estadounidense en materia de defensa. Es probable que el mensaje sea similar al enviado a Yemen, donde al régimen del presidente Hadi se le había dado carte blanche para perseguir la rebelión, etiquetada por EEUU y régimen de Hadi como la obra de al-Qaida. Fuentes del gobierno de Hadi dicen que el director del FBI Robert Mueller le dijo a Hadi en Sanaa el 24 de abril que EEUU apoyaría a Yemen «con toda su fuerza». Mientras Mueller se reunía con Hadi, Mohammed Said al-Um era asesinado en Maarib probablemente en un ataque de un avión no tripulado estadounidense. EEUU ha aumentado también el apoyo monetario al ejército yemení a 1.200 millones de dólares equiparándose a la beca anual estadounidense al ejército egipcio. Se está intentando instalar a Hadi como el nuevo Mubarak del mundo árabe.

Mientras EEUU y la OTAN árabe profundizan sus lazos, una página de Internet saudí (elaph.com) señala que Arabia Saudí y Bahrein anunciarán la formación de una Unión del Golfo Arábigo (UGA) en una cumbre consultiva que se celebrará en Riad el próximo mes. Esto significa que Bahrein se disolverá en Arabia Saudí. La UGA dará la bienvenida a otras monarquías del Golfo Arábigo, pero que no esperen a nadie más que a Bahrein, las otras siguen siendo cautas. Esta nueva Unión será una federación de las monarquías, que les permitirá conservar sus prejuicios feudales, lo que les obligará a coordinar su propia Contrarrevolución con mucha más eficacia. En alguna fecha futura, Hillary Clinton o su sucesor viajarán a Riad para la I Reunión Ministerial del Foro de Cooperación Estratégica EEUU-UGA. Cualquiera que sea su nombre, este Foro es la sede de la Contrarrevolución en el Norte de África y Asia Occidental. Y se dedicará a jugar con los sueños de quienes verdaderamente desean la libertad, ya sea en las calles de Bengasi o en Homs.

Vijay Prashad es profesor y director de Estudios Internacionales en el Trinity College, Hartford, Ct. Su ultimo libro publicado es Arab Spring, Libyan Winter (AK Press). Es también autor de Darker Nations: A People’s History of the Third World (New Press), con el que en 2009 ganó el premio Muzaffar Ahmed Book. Será uno de los principales oradores en la Contra-Cumbre de la OTAN que se celebrará en Chicago los días 18 y 19 de mayo, interviniendo también en la manifestación programada para el 20 de mayo.

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2012/04/26/washington-bets-on-the-gulf-royals/