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Andalucía

25M y el día después

Fuentes: Sistema Digital

A la vista de los recortes de derechos sociales que está llevando a cabo el PP en otras comunidades y en el gobierno central puede pensarse con bastante seguridad que su victoria electoral en Andalucía conllevaría pasos atrás muy considerables en los avances que se han hecho en las últimas tres décadas. El Partido Popular […]

A la vista de los recortes de derechos sociales que está llevando a cabo el PP en otras comunidades y en el gobierno central puede pensarse con bastante seguridad que su victoria electoral en Andalucía conllevaría pasos atrás muy considerables en los avances que se han hecho en las últimas tres décadas. El Partido Popular está empeñado en llevar a cabo una radical contrarreforma, no solo respecto a lo hecho por el último gobierno socialista, sino de buena parte de los presupuestos en los que está asentada nuestra ya de por sí débil democracia. Una pretensión que ya ha empezado a manifestarse en las normas que está imponiendo y en el anuncio de otras que van a seguirle y orientadas no solo a modificar aspectos económicos puntuales sino las bases del tejido institucional del Estado, las reglas de juego que hasta ahora se habían dado por buenas o incluso el disfrute de derechos individuales y sociales, como el de huelga, que se propone limitar. Y el sentido estratégico de sus reformas está quedando bien claro: fortalecer el poder oligárquico de los grupos de interés más poderosos, quizá modificar el equilibrio territorial entre las diferentes autonomías, y hacer desaparecer el carácter universal del mayor número posible de derechos sociales para poner su provisión en manos de la iniciativa privada sin renunciar, si hace falta para ello, a debilitar el ejercicio de derechos políticos básicos de los que depende la capacidad de decisión e intervención de los grupos sociales interesados en impedirlo.

No sabemos lo que pasará el domingo, pero además de saber lo que está haciendo el PP en otros lugares, hemos podido comprobar lo que ha ocurrido en nuestra tierra en los últimos años.

Por un lado, el PSOE ha liderado el que posiblemente ha sido el mayor cambio histórico de nuestra historia. Es evidente que este cambio ni ha sido quizá tan profundo como hubiera sido deseable ni ha permitido que cambie la posición de subalternidad de Andalucía respecto a otros territorios e intereses sociales. Pero es una evidencia que en Andalucía se ha registrado un cambio social sin precedentes: basta comprobar cómo vivían los andaluces hace 30 o 35 años y cómo viven ahora, los servicios con los que cuentan, el porcentaje de población que va a escuelas, institutos o universidades, el alcance de los servicios sanitarios, el porcentaje de población que recibe pensiones o el tipo de actividad económica en el que están ocupados y los ingresos que reciben las familias andaluzas y, por encima de todo ello, la dignidad con la que pueden vivir ahora incluso los más desfavorecidos.

Insisto en que nada de ello debe llevar al conformismo, o a creer que Andalucía tiene todo resuelto porque no es así: perviven muchos de los problemas de siempre, desde la propiedad y el tipo de uso que se hace de la tierra hasta la falta de actividades económicas capaces de proporcionar el suficiente ingreso y valor añadido como para evitar el desempleo masivo o el trabajo demasiado precario, nuestra desvertebración económica y social, las desigualdades, las cifras espantosas de nuestro desempleo juvenil o las de fracaso escolar, que ya es, más que un simple riesgo, un peligro cierto de problemas graves en los años venideros…

Es verdad que queda mucho por resolver pero a poco que los andaluces seamos consciente de dónde venimos y de la herencia que ha dejado el poder reaccionario que hemos padecido durante generaciones podremos apreciar la magnitud y el valor de lo que hemos conquistado.

Sería injusto y ajeno a la realidad no reconocer que estos avances se han hecho siendo gobernada Andalucía por el Partido Socialista. Y es importante tener esto presente porque lo significativo es que disfrutamos de derechos y de condiciones de vida, a pesar de ser más pobres y de venir de una situación originariamente peor que la de otras comunidades, iguales o en mucho casos mejores que los de otros territorios gobernados por la derecha.

Sin embargo, también hay que tener presente que el propio Partido Socialista ha llegado al día de hoy como cansado, sin brío, y para colmo envuelto en escándalos, realmente no tan numerosos ni graves como los protagonizados por el PP o incluso por los nacionalistas catalanes en otras comunidades, pero suficientes como para generar un profundo rechazo en su base social y electoral. El PSOE andaluz se muestra derrotado e incapaz de darle la vuelta a los episodios de corrupción (aunque haya sido la propia Junta de Andalucía la que primero los haya combatido y pedido que se actúe contra sus responsables) o a una gestión de la crisis que no responde a los principios que inspiran su ideario. Y es eso, más que las propuestas del PP -que nadie ha podido conocer con mínima concreción- lo que ha producido en la sociedad andaluza un generalizado deseo de cambio.

En lugar de hacer frente a esta situación de desafecto con decisión, ni siquiera después de haber sufrido dos derrotas electorales estrepitosas, el Partido Socialista ha renunciando a la crítica de su propio comportamiento político y se empeña en ofrecer un discurso anodino y cansado en el que su base electoral no puede encontrar signo alguno de regeneración estratégica. Y aquí es donde radica la duda de lo que pueda pasar el 25M porque una parte de su base electoral rechaza este comportamiento del PSOE pero, al mismo tiempo, tiene miedo del PP puesto que sabe cada vez con más claridad que un gobierno en Andalucía como el de Moncloa, Valencia, Madrid o Galicia supondría que los andaluces perdieran derechos y conquistas sociales quizá ya para siempre.

Por otro lado, Izquierda Unida, a pesar de haber superado afortunadamente la fase de constantes conflictos internos, no ha conseguido impedir la deriva a la derecha del PSOE (algo que, en contra de lo que piensan algunos de sus dirigentes no le conviene a IU sino que le perjudica porque con ella es toda la sociedad la que se desplaza), no ha sido capaz de forjar liderazgos sociales que la hagan más atractiva al electorado de izquierdas, no ha logrado aumentar con fuerza su base electoral a pesar de la debacle socialista y ni siquiera termina de encontrarse con los nuevos movimientos sociales de rebeldía e indignación o de convergencia que se han generado en los últimos tiempos.

Un mal escenario porque, a pesar de esta situación, ambas fuerzas políticas son imprescindibles para evitar la catástrofe que supondría que ganase el PP por desidia electoral del voto de izquierdas.

No será lo mismo, como ya he dejado claro que es mi opinión, que este domingo gane el PP o que no. Todo lo contrario. Pero, pase lo que pase, creo que tanto el PSOE como IU tienen ante sí un compromiso esencial a partir del día 26.

Con independencia del resultado, deberían mirarse a sí mismos y reconocer que necesitan un profundo cambio de actitud política, de discurso y de proyección social. En mi opinión, deberían asumir un compromiso concreto y operativo de regenerarse y de regenerar la vida política en Andalucía y de avanzar juntos en su transformación socioeconómica. Deberían comprometerse a ayudar a la consolidación de nuevos espacios y protagonistas de la vida política, abriendo un amplio debate social y relacionándose más amigablemente con la ciudadanía. Y tienen la obligación de poner en negro sobre blanco un proyecto político con propuestas concretas que haga frente a todo lo que está pasando sin renunciar a derechos sociales y al bienestar conseguido pero que, al mismo tiempo, combata todas nuestras debilidades: la incapacidad de generar, como he dicho, la suficiente actividad e ingreso, al conformismo con el fracaso o el retraso social, nuestra dependencia frente a intereses extraños o frente a nuestra propia tendencia a dejarnos gobernar o subvencionar sin demasiadas exigencias, o nuestra falta de inteligencia o voluntad para evitar que el modelo de expolio natural y depredación urbanística se convierta en motor del desarrollo (si es que a eso se le puede llamar así)… Y, por supuesto, deberían confabularse para decirle a la sociedad y asumir eso como un compromiso expreso, que se van a entregar a la limpieza de la vida pública y que van a evitar que en el futuro se de en Andalucía un solo caso más de corrupción.

Si gobierna finalmente el PP no me queda la más mínima duda de que será necesario que se forje una amplia convergencia de los de abajo para poner en marcha todo esto, puesto que solo un milagro que no cabe esperar haría que el PP no actuara en Andalucía con el mismo sentido antisocial de otros lugares. Y si el PSOE e IU, o además otras fuerzas progresistas, tienen la mayoría necesaria para gobernar sería también imprescindible pero con mucha más razón porque en esta coyuntura de emergencia política y económica es precisa la colaboración más estrecha de todos los partidos, los movimientos sociales y organizaciones cívicas, empresariales o sindicales opuestas al recorte brutal de derechos que viene de la mano del PP.

Ojalá que después del domingo próximo los andaluces no tengamos que arrepentirnos nunca de haber votado mal o de no haberlo hecho. Y si votamos bien, espero que las fuerzas progresistas estén a la altura de la responsabilidad unitaria que tenemos por delante.

Blog del autor: http://juantorreslopez.com/publicaciones/andalucia-25m-y-el-dia-despues/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.