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Entrevista a Rocío Simón, coordinadora de actividades de enfermería de Médicos Sin Fronteras

«Lamentablemente, Gaza se está convirtiendo en una crisis olvidada»

Fuentes: Naiz

Rocío Simón, enfermera responsable de actividades de MSF, fue una de las últimas trabajadoras internacionales de la ONG en salir de Gaza el 24 de febrero de 2026, después de que Israel cancelase el registro de 37 organizaciones no gubernamentales que trabajan en los territorios palestinos ocupados.

La enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF) Rocío Simón salió de Gaza el 24 de febrero de 2026 tras una misión de casi cuatro meses. El pasado 1 de enero, Israel denegó el registro a 37 organizaciones no gubernamentales y les dio de plazo hasta el 28 de febrero para evacuar a todo su personal internacional de la Franja.

«Pero las restricciones comenzaron ese mismo 1 de enero. Desde ese día ya no se nos permitía la entrada de nuevos compañeros, ni de medicinas ni de ningún otro tipo de suministro o material como, por ejemplo, piezas para los generadores y los ventiladores que se emplean en la unidad de cuidados intensivos», denuncia Simón en entrevista con NAIZ. Fue una de las últimas trabajadoras internacionales de la ONG en salir de la Franja, donde ya había estado entre noviembre y diciembre de 2024.

¿Cómo describiría la Gaza que vio en esta segunda misión?

Entrar en Gaza es como sumergirte en una película de ciencia ficción; cuesta creer que lo que están viendo tus ojos sea cierto. La destrucción va más allá de lo imaginable. No es lo mismo verlo en imágenes que tenerlo frente a ti. Y todavía es más impresionante si cabe cuando tienes imágenes previas con las que comparar porque esta era mi segunda misión.

La primera fue en noviembre de 2024. Aquella vez me quedé solo mes y medio. Si comparamos ambas misiones, en la de ahora todavía quedaban menos edificios en pie y el hacinamiento era mayor en un espacio menor. Israel ha ido extendiendo su ‘línea amarilla’, reduciendo aún más el espacio físico para la población. Esto hace la vida de los gazatíes muy difícil.

Pese al supuesto alto el fuego, las hostilidades no paran. Sigue habiendo bombardeos, heridos y asesinados. El ruido de los drones es constante las 24 horas del día. Es un zumbido que se te mete hasta dentro de los oídos. La ausencia de un lugar seguro es algo que nunca había vivido hasta estar allí.

A lo de Gaza no se le puede llamar vida, están en modo supervivencia. Es muy frustrante ver que a nivel mediático Gaza ha perdido interés pese a que las necesidades siguen siendo tremendamente grandes.

Lamentablemente, se está convirtiendo en una crisis olvidada. Israel está aprovechando la guerra contra Irán para desviar la atención de Palestina e intensificar aún más sus operaciones militares. Por ello, debemos seguir creando espacios para hablar de Cisjordania y Gaza, y ejerciendo presión. No debemos olvidarnos del sufrimiento de los palestinos.  

En esta segunda misión, ¿qué tipo de casos ha tenido?

Las principales enfermedades que atendimos fueron todas aquellas relacionadas con infecciones respiratorias –neumonía, bronquiolitis en los niños…–, gastroenteritis agudas por las precarias condiciones de saneamiento y enfermedades de la piel causadas por el hacinamiento y la falta de higiene.

A ello se suman situaciones normales que ocurren en toda sociedad, pero que en un contexto como el de Gaza se convierten en un reto, por ejemplo, los controles prenatales a las embarazadas o los partos. MSF atiende dos de cada tres nacimientos en toda la Franja. No debemos olvidarnos de que sigue habiendo heridos por metralla. Hacemos una media de 900 curas por semana. Muchas de estas heridas tienen meses de antigüedad y nunca cicatrizaron correctamente.

Israel sigue sin permitir la entrada ilimitada y masiva de ayuda humanitaria que se requiere para atender las acuciantes necesidades de la Franja, la cantidad de camiones que entran no son suficientes. Además, la guerra de Irán ha triplicado los precios. Ello, junto al cierre de fronteras, va a generar un aumento de la malnutrición. Es frustrante ver tal dimensión de necesidades y no tener capacidad ni medios para atenderlas.

¿Cómo han vivido tener que salir de Gaza en estas circunstancias?

Ha sido realmente difícil. Todo aquel que ha tenido la oportunidad de trabajar en Gaza sale con un nudo en la garganta y dejando allí medio corazón. Es urgente que haya un alto el fuego real, que se abran los pasos fronterizos y se permita la entrada de todos los suministros de primera necesidad, y que no se limite la ayuda humanitaria.

La salida de las 37 ONG a las que no se nos ha permitido renovar nuestro registro para 2026 nos deja totalmente consternados y llenos de preocupación, porque el sistema sanitario en Gaza está absolutamente destruido y colapsado; los hospitales, centros de salud… están reducidos a escombros.

Sin la ayuda de las ONG internacionales y sin apoyo externo no pueden cubrir todas las necesidades de la población. ¿Qué va a ser de la población? MSF va a seguir intentando trabajar hasta el final, pero los recursos no son infinitos e Israel no nos permite meter nuevos medicamentos o materiales.

De momento, podemos seguir trabajando sin la presencia de personal internacional sobre el terreno. Pero no es lo mismo estar ahí que comunicarte con tus compañeros en remoto. La preocupación entre el personal local por el mañana y por la posibilidad de que MSF tenga que cerrar definitivamente y pierdan sus puestos de trabajo y, con ello, su único sustento es inmensa. En Gaza se han quedado más de 1.200 compañeros gazatíes trabajando.

Si bien la fecha límite para la salida del personal internacional se fijó el 28 de febrero, desde el 1 de enero Israel ya no permitía el reemplazo de compañeros, de medicinas ni de ningún otro tipo de suministros como gasas, desinfectantes, piezas para los generadores de luz o los ventiladores que empleamos en la unidad de cuidados intensivos… No sabemos cuándo se nos van a acabar las medicinas ni si podremos meter más.

¿Qué consecuencias están teniendo estas restricciones?

Las actividades médicas irremediablemente se están viendo afectadas y reducidas. Hemos tenido que dejar de prestar apoyo a centros de salud gestionados por el Ministerio de Sanidad gazatí. Si la población cada vez tiene menos centros de salud a donde acudir, vamos a ver un aumento de todo tipo de enfermedades.

Si no se consigue meter suministros, va a haber un aumento de la mortalidad. Imagínate el nivel de infecciones que puede haber si no se permite la entrada de antisépticos, gasas… Los niños con malnutrición pueden empeorar e, incluso, morir si no se permite la entrada de suplementos alimenticios.

¿Y qué repercusiones tiene la no presencia de personal internacional sobre el terreno?

Al excluir al personal internacional, se está retirando una mirada objetiva, imparcial y denunciante de lo que está ocurriendo. Al no haber personal internacional que luego pueda contar lo que ha visto con sus ojos, el relato se reduce muchísimo porque, desgraciadamente, no tiene la misma repercusión el testimonio de un gazatí que lo está contando desde su red social.

¿Cómo fue tener que transmitirles a sus compañeros gazatíes la salida de todo el persona internacional?

No me gusta poner el foco en el personal internacional porque somos una minoría, el 95% de los trabajadores son palestinos. Ellos son los verdaderos valientes, llevan más de dos años en primera línea entregándose al 100%. No se puede explicar con palabras su fuerza, valentía y compromiso. Ha sido muy doloroso. Esto les genera aún más incertidumbre y aumenta el estado de hipervigilancia en el que viven. No pueden bajar la guardia ni un segundo porque en cualquier momento pueden asesinar a sus familiares, amigos… o a ellos mismos.

A ello se suma la obligada salida del personal internacional que les brindaba apoyo y protección porque, en cierta forma, ejercíamos de escudos humanos. Me gustaría subrayar que en medio de tanta oscuridad, guerra, destrucción y horror, también he encontrado luz, esperanza y amor gracias al carácter de los palestinos. Es un pueblo fuerte y resiliente. No es un tópico. Cuando los conoces, te das cuentas de ello.

Ha sido un honor haber estado en Gaza, solo tengo palabras de agradecimiento. Ellos no quieren la guerra; decir que todas estas personas son de Hamas forma parte del relato que nos quieren vender para legitimar la limpieza étnica y el genocidio.

Debemos explicar cómo es el pueblo palestino y dotarle de esa humanidad que le han querido quitar. Son personas que, como tú y como yo, tenían un proyecto de vida, sueños… Se nos olvida de que detrás de esos números hay personas con una vida.

En su despedida, el comisionado general de la Unrwa, Philippe Lazzarini, denunció que «no es una excepción y que el extraordinario nivel de impunidades que hemos tolerado en este contexto ahora se está expandiendo». ¿Gaza ha supuesto un punto de inflexión?

Una de las cosas que más me preocupa es que estamos ante un escenario de no normas y de impunidad; parece que se puede hacer cualquier cosa porque no hay repercusiones legales. Antes había más respeto por ciertos lugares y símbolos. He perdido la cuenta de cuántas veces han atacado el hospital Nasser. Esto sienta un precedente que me llena de terror, porque incluso la guerra tiene sus leyes.

Me pregunto hacia qué futuro nos encaminamos. Viendo cómo están avanzando las tropas israelíes y cómo está siendo desplazada la población, Líbano va a ser una segunda Gaza.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260412/lamentablemente-gaza-se-esta-convirtiendo-en-una-crisis-olvidada