El aumento de los precios de los fertilizantes originado por la guerra de EEUU e Israel contra Irán ha sido un duro recordatorio de cuán dependiente es el sistema alimentario de este insumo químico. Una vez realmente bloqueado el estrecho de Ormuz, de pronto, el mundo perdió una de sus fuentes más importantes de exportación de fertilizantes, como también de azufre y del gas natural necesario para producir fertilizantes en otras latitudes. En consecuencia, los precios de los fertilizantes aumentaron fuertemente, originando temores de una crisis alimentaria, que podría afectar a millones de personas que actualmente sufren inseguridad alimentaria (Ver Gráfico 1).[1]
Cuando el precio internacional de los fertilizantes se dispara, existe la tendencia a que los niveles más altos se alcancen en África.[2] Durante la última alza en 2021, las compañías de fertilizantes aumentaron sus precios en África a niveles que estaban sobre aquellos de los mercados internacionales y se mantuvieron en ese nivel hasta 2023, cuando los precios disminuyeron en otras lugares.[3] Esta vez, la situación podría ser peor, dada la dependencia de los países africanos frente a los fertilizantes provenientes del Golfo Pérsico (Ver Recuadro).
Sin embargo, los sistemas alimentarios en la mayor parte de África han estado protegidos contra los efectos de estos vaivenes de los precios y de la escasez de fertilizantes. Esto es porque el uso de fertilizantes es mucho más bajo aquí que en otras partes del mundo. Los fertilizantes químicos rara vez son usados en los cultivos alimenticios tradicionales como la mandioca o yuca en África Occidental, el sorgo en el Sahel o la banana alrededor de los Grandes Lagos. Tampoco las razas nativas de aves de corral o de ganado bovino son alimentadas con piensos comerciales provenientes de cultivos altamente fertilizados. Los fertilizantes tienden a ser usados principalmente en cultivos comerciales como el algodón o la caña de azúcar. En consecuencia, un aumento global de los precios de los fertilizantes no necesariamente se traduce en precios más altos de los alimentos en África, al menos para los alimentos producidos localmente.
Sin embargo, esta situación está cambiando. Durante las últimas dos décadas, los gobiernos africanos y los donantes han entregado miles de millones de dólares mediante sistemas de subsidios y programas de desarrollo para aumentar el uso de fertilizantes por parte de pequeñas y pequeños productores. El uso ha aumentado a casi el doble que hace veinte años atrás (ver Gráfico 2).[4] Sin embargo, solamente 15 países representan casi el 90 por ciento del consumo de fertilizantes en África. Solamente cuatro – Egipto, Sudáfrica, Etiopía y Nigeria – representan dos tercios (ver Mapa 1).[5]


