Al menos 130 mujeres y niñas palestinas han sido detenidas en Cisjordania y Jerusalén ocupadas desde comienzos de 2026. Cerca de 800 han pasado por las cárceles de la ocupación desde el 7 de octubre de 2023. Entre ellas hay menores, madres, embarazadas, estudiantes, periodistas y mujeres enfermas. Las cifras no incluyen a las detenidas de Gaza, muchas de ellas sometidas a desaparición forzada y cuyo número continúa siendo desconocido.
La detención ha sido históricamente una de las herramientas de represión utilizadas por la ocupación israelí contra las mujeres palestinas. Desde comienzos de 2026, al menos 130 mujeres y niñas han sido detenidas en Cisjordania y Jerusalén ocupadas, según la última actualización del Centro Palestina de Estudios sobre los Presos, publicada el 23 de agosto.
La cifra forma parte de una escalada mucho mayor iniciada tras el 7 de octubre de 2023. Desde entonces, alrededor de 800 mujeres palestinas han sido detenidas. Muchas de ellas han sido perseguidas por publicaciones o expresiones realizadas en las redes sociales que la ocupación califica de «incitación», una categoría amplia utilizada para criminalizar la expresión política palestina.
Pero la detención de mujeres no puede entenderse únicamente como una sucesión de casos individuales. Madres, esposas y hermanas de presos y mártires han sido específicamente perseguidas, mostrando cómo el encarcelamiento se utiliza también para extender el castigo a las familias y comunidades palestinas.
Las mujeres desaparecidas de Gaza
Incluso las cifras disponibles ofrecen una imagen incompleta de la magnitud de la represión. Los recuentos no incluyen a las mujeres detenidas en la Franja de Gaza.
No existe una estimación fiable de cuántas han sido capturadas por las fuerzas israelíes desde el inicio del genocidio. La desaparición forzada impide conocer sus identidades, sus lugares de reclusión y las condiciones en las que permanecen detenidas. La liberación ocasional de mujeres procedentes de Gaza confirma, además, que siguen existiendo prisioneras cuya identidad y situación permanecen desconocidas.
Esta ausencia de nombres y cifras no debe convertirlas en invisibles. Detrás de ese vacío estadístico hay mujeres palestinas arrancadas de sus familias y mantenidas fuera de cualquier posibilidad efectiva de seguimiento y protección.
Detener a una mujer para castigar a toda una familia
La política de detenciones alcanza a mujeres de todas las edades y situaciones: menores, ancianas, estudiantes universitarias, periodistas, amas de casa, enfermas y embarazadas. Pero el informe señala también un patrón particularmente significativo: el arresto de esposas y hermanas de presos y mártires.
El pasado marzo se produjo la mayor campaña de detenciones contra mujeres registrada en lo que va de año. Treinta y una mujeres fueron arrestadas en un solo mes, la mayoría esposas de presos, mártires, presos liberados o palestinos deportados.
Muchas fueron liberadas después de permanecer durante horas sometidas a interrogatorio. Otras continuaron encarceladas. Una de ellas fue puesta en libertad después de diez días y detenida nuevamente apenas 24 horas más tarde, para ser posteriormente sometida a detención administrativa.
La práctica muestra cómo la prisión puede utilizarse no solamente contra una mujer por sus propias actividades, sino como mecanismo de presión, intimidación y castigo contra su entorno familiar.
Tres mujeres detenidas durante el embarazo
Uno de los ejemplos más extremos de esta política es el encarcelamiento de mujeres embarazadas.
Al menos tres han sido detenidas durante 2026. El Club de Prisioneros Palestinos documentó sus casos y advirtió de las duras condiciones en las que permanecían recluidas en la prisión de Damon.
Amina Shaher al-Tawil, de 37 años y residente en Qalqilia, estaba embarazada de cuatro meses cuando fue detenida el 18 de marzo. Es madre de cuatro hijos y esposa de un preso liberado que pasó un total de 19 años en las cárceles israelíes. Permaneció casi cuatro meses encarcelada antes de recuperar la libertad, según la última actualización del Centro Palestina.
Dana Anad Jouda, de 35 años y de Nablus, fue detenida el 18 de abril cuando se encontraba en el quinto mes de embarazo. Es madre de un niño y fue sometida a una orden de detención administrativa de seis meses: encarcelamiento sin acusación ni juicio.
Manar Ibrahim, de 28 años y de Ramala, fue detenida el 30 de abril cuando estaba embarazada de cuatro meses. Es madre de dos niños y permanecía detenida bajo la acusación israelí de «incitación» en redes sociales.
El encarcelamiento durante el embarazo añade riesgos específicos en un sistema penitenciario donde las organizaciones de presos denuncian falta de alimentación adecuada, negligencia médica y enormes dificultades para acceder a atención especializada.
Pero existe un caso que muestra hasta dónde puede llegar esta política.
Tahani Abu Samhan: dar a luz dentro de la prisión
Tahani Abu Samhan fue detenida en 2025 cuando se encontraba en el séptimo mes de embarazo, acusada de «incitación». Las autoridades israelíes rechazaron liberarla para que pudiera dar a luz fuera de la cárcel.
En septiembre de 2025 dio a luz mientras permanecía encarcelada en Damon. Su hijo, Yahya, comenzó así su vida dentro de una prisión israelí.
Según la actualización del Centro Palestina, Tahani continúa detenida junto a su bebé.
Su caso permite comprender algo que las estadísticas por sí solas no pueden expresar. Cuando una mujer embarazada es encarcelada, las consecuencias de la detención se extienden también al embarazo, al parto, a la maternidad y, en este caso, a los primeros meses de vida de un niño.
91 mujeres continúan encarceladas
Según la última actualización del Centro Palestina de Estudios sobre los Presos, 91 mujeres palestinas permanecen actualmente encarceladas. Entre ellas hay dos menores de 18 años y 35 madres con hijos e hijas de diferentes edades.
La cifra fluctúa constantemente debido a nuevas detenciones y liberaciones, pero las condiciones documentadas dentro de las prisiones muestran una realidad que permanece.
La mayoría de las presas se encuentra en Damon. Las organizaciones palestinas denuncian hambre, negligencia médica, hacinamiento, registros corporales con desnudo forzado, acoso sexual, vigilancia permanente, agresiones y violentas incursiones en las celdas. El Centro Palestina denuncia también el empleo de granadas aturdidoras y gas durante estas incursiones y la falta de ropa y otros productos básicos.
El Club de Prisioneros Palestinos ha denunciado además el aislamiento al que están sometidas las presas desde el comienzo del genocidio, con la prohibición de las visitas familiares y la imposibilidad de recibir visitas del Comité Internacional de la Cruz Roja.
La violencia comienza muchas veces antes de llegar a prisión. El Centro Palestina describe detenciones durante incursiones nocturnas en las viviendas, mujeres arrancadas de sus casas delante de sus hijos, esposadas, vendadas e insultadas antes de ser trasladadas a centros de interrogatorio, donde denuncia malos tratos, humillaciones y torturas.
Enfermas privadas de tratamiento
La situación resulta especialmente grave para las mujeres con enfermedades severas.
Fidaa Assaf, de 49 años, padece cáncer de la sangre y se encuentra encarcelada desde febrero de 2025. La Oficina de Información de los Prisioneros denunció en julio que los indicadores de su enfermedad habían aumentado considerablemente y que, pese a necesitar seguimiento especializado, recibía fundamentalmente analgésicos.
Suhair Zaaqiq, de 45 años, se encuentra en detención administrativa desde noviembre de 2025. Padece una enfermedad oncológica y tenía pendiente una intervención quirúrgica antes de ser detenida, pero las organizaciones palestinas denuncian que no ha recibido el tratamiento y seguimiento que necesita.
A ellas se suman otros casos graves. Fatima Yusuf, de 34 años, padece hepatitis C y una infección severa en la zona de una intervención quirúrgica. Según la Oficina de Información de los Prisioneros, había perdido alrededor de 22 kilos en pocos meses. Abir Odeh ha perdido parte del esófago y del intestino y presenta masas en el estómago. Ambas permanecen encarceladas en medio de denuncias de falta de atención médica adecuada.
Y está también Salwa Ghawadra, una mujer mayor de Yenín que presenta síntomas de alzhéimer. Informaciones publicadas sobre las condiciones de las presas de Damon señalan que su deterioro ha llegado al punto de que ya no recuerda correctamente su propia edad. Continúa encarcelada.
Son situaciones diferentes, pero todas muestran las consecuencias que puede tener la privación de atención sanitaria dentro de un régimen penitenciario caracterizado por las organizaciones palestinas por la negligencia médica sistemática.
Los derechos de las mujeres palestinas no pueden ser una excepción
La situación de las presas palestinas plantea también una pregunta inevitable sobre el discurso internacional acerca de los derechos de las mujeres.
Durante años, gobiernos e instituciones internacionales han presentado esos derechos como principios universales. Sin embargo, frente a las mujeres palestinas asistimos a detenciones arbitrarias, encarcelamiento sin juicio, desaparición forzada, torturas y malos tratos, mujeres embarazadas encarceladas, madres separadas de sus hijos y enfermas privadas de la atención médica que necesitan.
El Centro Palestina denuncia precisamente esta doble vara de medir y reclama a las instituciones internacionales que asuman sus responsabilidades frente a las violaciones cometidas contra las presas palestinas.
Pero para Alkarama la cuestión va más allá de reclamar mejores condiciones dentro de las cárceles.
La detención de mujeres palestinas no puede separarse del sistema colonial al que está sometido el conjunto del pueblo palestino. Cuando una madre es arrancada de su casa delante de sus hijos; cuando una mujer embarazada permanece encarcelada sin juicio; cuando se detiene a esposas y hermanas de presos y mártires; cuando una joven puede acabar en prisión por una publicación en internet, la cárcel funciona también como un instrumento para extender el castigo más allá de la persona detenida.
Golpea a las mujeres, pero pretende alcanzar a las familias, las comunidades y al conjunto de una sociedad que continúa resistiendo.
Por eso hablar de los derechos de las mujeres palestinas significa hablar también de las desaparecidas de Gaza, de las menores encarceladas, de las madres separadas de sus hijos, de las embarazadas detenidas, de las enfermas privadas de tratamiento y de todas las mujeres que permanecen tras los muros de las cárceles de la ocupación.
Sus derechos no terminan en la puerta de la prisión. Y nuestra exigencia no puede limitarse a que sus condiciones de encarcelamiento mejoren: exigimos su libertad.


