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Abandonar la energía nuclear disminuirá la dependencia energética española del exterior

Fuentes: Greenpeace

La peligrosidad de las centrales nucleares se incrementa ante fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático, como durante la ola de calor de 2003

El abandono de la energía nuclear en España permitiría disminuir significativamente nuestra dependencia energética del exterior, que es del 100% en este sector. Dejando al margen el origen de la tecnología de las centrales nucleares (100% extranjera: estadounidense, alemana o francesa), España depende en cerca de un 80% de otros países en la producción de mineral de uranio y un 100% en el enriquecimiento de éste (proceso básico para la posterior fabricación del combustible de las centrales nucleares).

Basándose en datos del Instituto Geológico y Minero de España y de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, Greenpeace recuerda que la producción minera nacional de combustibles nucleares aportó sólo el 20% de las necesidades de éstos en nuestro país, consiguiéndose el resto en Níger.

A esta situación de dependencia del exterior hay que añadir que este mineral de uranio obtenido en España debe exportarse para su conversión y enriquecimiento en uranio para su uso en centrales nucleares, enviándose a EEUU, Rusia, Reino Unido, Países Bajos, Alemania y Francia, proceso en el que España depende por tanto al 100% del exterior.

«Es deleznable que la industria nuclear, aprovechando el actual momento de inestabilidad de los precios del petróleo, pretenda engañar a la opinión pública diciendo que el grado de autoabastecimiento en energía nuclear es del 100%, cuando lo cierto es todo lo contrario» -ha declarado Carlos Bravo, responsable de la campaña nuclear de Greenpeace- «Las únicas fuentes que garantizarían una total independencia energética son las energías renovables y el ahorro energético. Abandonar la energía nuclear en España, eliminaría importantes obstáculos para ser más autosuficientes energéticamente».

La industria nuclear está intentando promover su negocio ante un grave problema al que nos enfrentamos como es el cambio climático. Sin embargo, diversos fenómenos meteorológicos extremos que sufrimos en Europa durante 2003 afectaron al funcionamiento de varias centrales nucleares que tuvieron que ser paradas u obligadas a reducir su factor de potencia.

En España, durante la ola de calor de verano de 2003, la central nuclear de Ascó (Tarragona) sufrió problemas de funcionamiento por proliferación excesiva de algas debido a la alta temperatura del agua del río Ebro. Así mismo, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) autorizó una modificación permanente de las Especificaciones Técnicas de Funcionamiento de la central de Zorita (Guadalajara) para permitir que la temperatura del agua de su sistema de refrigeración fuera mas alta de lo que estaba determinado en su diseño inicial.

Así mismo, las intensas lluvias caídas en el Sur de Francia a principios de diciembre de 2003 causaron la inundación de la región afectando a varias centrales nucleares en Cruas y Tricastin, provocando la parada de cuatro de sus reactores por el bloqueo de sus sistemas de refrigeración. Así, el 2 de diciembre, Electricité de France (EDF) tuvo que parar «preventivamente» dos de sus reactores en Cruas y en la mañana del día 3, otros dos se pararon automáticamente en la central nuclear de Tricastin. Por otro lado, el complejo nuclear de Marcoule quedó completamente rodeado por el agua. Esta situación ya ocurrió en 1999, cuando hubo una inundación en el reactor de Blayais, también en Francia, que tuvo que ser parado.

«Es evidente que la energía nuclear no sólo no es una solución al cambio climático, como ha quedado patente siendo excluida del Protocolo de Kioto, sino que, debido a las alteraciones del clima que provoca este problema, las centrales nucleares se convierten en un factor de riesgo cada vez mayor para el medio ambiente y la salud»-añadió Emilio Rull, responsable de cambio climático de Greenpeace-«Disponemos de tecnologías renovables y limpias suficientes para evitar el cambio climático producido por los combustibles fósiles y el peligro nuclear. El crecimiento de las energías renovables dependerá de la voluntad política y el apoyo económico que reciban».


 

Mayor información:
Emilio Rull, responsable de energía de Greenpeace España 626 99 82 45
Carlos Bravo, responsable de energía nuclear de Greenpeace España 626 99 82 41