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Reseña del libro ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo, de bell hooks

¿Acaso no soy una mujer?

Fuentes: Rebelión [Imagen: Portada del libro ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo, de bell hooks. Créditos: editorial consonni]

Reseña del libro ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo (2020), un clásico de bell hooks, feminista y activista afroamericana y una abanderada de la interseccionalidad.

El objetivo principal de la tripulación de un barco negrero durante la travesía era el de transformar la personalidad de los hombres y de las mujeres libres que habían sido secuestrados y secuestradas en las costas africanas en los esclavos y las esclavas dóciles que serían vendidos en los puertos esclavistas de América, donde trabajarían en las plantaciones de azúcar, tabaco o algodón. Para lograr ese objetivo, es decir, quebrar la dignidad de esas personas, todo estaba permitido durante la travesía: maltratos y torturas motivados por diferentes causas, agrupación de personas de lenguas diferentes para mantener su incomunicación… indistintamente de si se trataba de hombres o mujeres. No obstante, el trato era diferente en cuanto a la movilidad por el navío: los hombres permanecían atados con grilletes para evitar su amotinamiento, pero las mujeres no. ¿Cuál era la razón de ese trato diferenciado? Las mujeres se encontraban en la más absoluta indefensión: no estaban materialmente encadenadas, pero eran obligadas a exhibir su cuerpo desnudo en todo momento y eran objeto de numerosos abusos sexuales y violaciones.

Una vez en las plantaciones, las mujeres seguían siendo sometidas a abusos sexuales y a violaciones y eran obligadas a trabajar en las mismas condiciones que los hombres. Paradójicamente, ese hecho hizo posible que algunas mujeres negras descubriesen que eran iguales a los hombres, pero también sirvió para que muchas mujeres -sobre todo blancas-, no las reconociesen como mujeres debido a que no respondían al estereotipo femenino que muchas mujeres -incluso aquellas comprometidas con la lucha feminista-, tenían de cómo debía ser una mujer. Por esa razón, mientras Sojourner Truth avanzaba por la platea del teatro donde se celebraba la II Convención anual del movimiento de defensa de los derechos de la mujer en Akron, tan sólo cuatro años después de la convención en que se aprobara la Declaración de Seneca Falls, las mujeres blancas que consideraban inadecuado que una mujer negra como ella hablara en un estrado público en su presencia gritaron: “No la dejen hablar”, “No la dejen hablar”, “No la dejen hablar”… Pero, ¿acaso Sojourner Truth no era una mujer? Sí, era una mujer: ‘a la que nunca ayudaron a subir a un carruaje ni a saltar un charco de barro ni le ofrecieron nunca el mejor asiento; una mujer que aró y cultivó y realizó todas las tareas agrícolas propias de una plantación; una mujer que aguantó los mismos latigazos que un hombre; una mujer que parió hijos, como todas las mujeres’ [este párrafo es una paráfrasis del discurso que pronunció Sojourner Truth].

Entonces, ¿cuál era el problema? Realmente eran dos los motivos: Sojourner Truth era negra y no respondía a los estereotipos de la mujer que el patriarcado había construido y que muchas mujeres blancas aceptaban… La reacción de algunas mujeres blancas a la presencia de Sojorner Truth en la sala, en ese sentido, anticipaba la ruptura que se habría de manifestar en el movimiento feminista norteamericano, cuando un sector de las sufragistas blancas emplearon como argumento favorable al derecho al voto para la mujer que con eso se contrarrestaría el número de votos procedentes de la población afroamericana que podría ejercer el derecho al voto (incluyendo a hombres y mujeres).

En ese contexto, en el que la mentalidad de las mujeres negras, por otra parte, se moldeó con crisoles machistas, mujeres negras como Sojourner Truth o Harriet Tubman, que lideraron un proyecto de emancipación antirracista y feminista, fueron excepcionales, tanto en el movimiento abolicionista, donde sí destacaron varones negros y algunas mujeres blancas, como en el feminista, ya que tuvieron que enfrentarse a mujeres blancas que defendían un feminismo estrechamente eurocéntrico -que solo incluía a las mujeres eurodescendientes- y circunscrito a las clases dominantes.

En los años de la segregación racial, las mujeres negras volvieron a estar en el centro de la batalla por la emancipación humana: por un lado, como negras les correspondía luchar por la igualdad racial; por otro lado, como mujeres les correspondía luchar por la igualdad de género… Sin embargo, ni el movimiento por la igualdad de derechos de la población afroamericana era feminista ni incorporaba las demandas feministas en su ideario como una prioridad, ni el movimiento feminista, dominado por mujeres blancas, sentía como una prioridad la causa de la igualdad racial. En este sentido, el movimiento feminista no llegó a representar a las mujeres negras, lo que provocó su distanciamiento a lo largo de los años centrales del siglo XX.

Finalmente, cuando en 1964 la población afroamericana conquistó la igualdad de derechos, lo que pudo ser una oportunidad para el reencuentro de luchas entre los movimientos antirracista y feminista…, el distanciamiento continuó. En esta ocasión, el motivo fue los nuevos rumbos que empezó a transitar el feminismo de la tercera generación, centrado en cuestiones que no abarcaban a las mujeres negras, quienes acababan de conquistar la igualdad racial, pero seguían sometidas al poder patriarcal, que no es sólo un privilegio de los hombres blancos de clase media y alta; sino que es un privilegio que poseen todo los hombres de una formación social determinada, independientemente de su pertenencia a una u otra clase o ‘raza’.

En este sentido, los discursos de opresión entrelazan estrechamente a todos los grupos oprimidos en un discurso coherente y bien cohesionado que sabe otorgar a cada grupo su rol social de modo que, al final, siempre se preserva el rol dominante absoluto y de máximo privilegio a los hombres eurodescendientes y burgueses. Así, el patriarcado, el racismo y el clasismo son los tres discursos ideológicos elaborados por las diferentes clases sociales dominantes -y más concretamente por el grupo social dominante, es decir, el que está formado por los hombres (varones), adultos, libres y autónomos ante su grupo de iguales-, para legitimar su rol papel dominante. Los tres discursos son absolutamente complementarios… e interactúan entre sí para garantizar la dominación de ese hombre, que en el mundo actual es heterosexual, europeodescendiente, adulto y empresario, aunque cabrían algunos atributos más.

bell hooks, pseudónimo adoptado por Gloria Jean Watkins, nacida en Hopkinsville (Kentucky), en 1952, en honor a su bisabuela, célebre por decir lo que pensaba.

Obviamente, en ese esquema, el patriarcado establece una jerarquía de género que sitúa a la mujer en un nivel inferior al hombre; el racismo distinguirá entre ‘razas’ para establecer una jerarquía racial en la que la mujer blanca es superior a la mujer negra; y, por último, el clasismo sitúa al trabajador en un peldaño inferior al que ocupa el empresario… En este sentido, la mujer negra y obrera ocupa el peldaño más bajo de la jerarquía social que sostiene el patriarcado, el racismo y el clasismo. Analizar los dispositivos empleados por estos tres discursos ideológicos para garantizar que los ‘amos’ del mundo lo sigan siendo, es el eje central del libro ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo (consonni, 2020), de la escritora bell hooks, quien centra su análisis en la evolución de los movimientos abolicionista, antirracista y feminista en los EE.UU. de los últimos 200 años.

Enlace relacionado: https://rebelion.org/acaso-no-soy-yo-una-mujer/

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