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Crónicas desde Cisjordania Ocupada: Parte III

Al Jalil

Fuentes: Hispan TV

Allí, donde las montañas que surcan la Cisjordania ocupada se unen al árido desierto, la segunda ciudad más poblada del West Bank se alza como símbolo de una ocupación que debe terminar: Al Jalil – amigo o compañero en árabe – una ciudad donde el bandidaje sionista se expresa en toda su dimensión. Al Jalil: […]

Allí, donde las montañas que surcan la Cisjordania ocupada se unen al árido desierto, la segunda ciudad más poblada del West Bank se alza como símbolo de una ocupación que debe terminar: Al Jalil – amigo o compañero en árabe – una ciudad donde el bandidaje sionista se expresa en toda su dimensión.

Al Jalil: Una Ciudad Fantasma

Tras visitar Al Quds y el retorno a Ramalá, convertido en cuartel general de esta visita a Palestina, el próximo paso no podía ser otro que conocer la realidad de Al Jalil, la segunda ciudad palestina más poblada de la Cisjordania y donde la ocupación sionista se deja sentir con toda intensidad. Salimos a Al Jalil, situada a 30 kilómetros al sur de Al Quds, con la idea de cruzar por el punto de control de su lado sur, pues la idea era ahorrar algo de tiempo, visto que la salida del check point de Qalandia, más cercano a nuestro destino, parecía estar colapsado.

El camino al destino trazado no es largo, sólo 45 kilómetros, si utilizáramos para ello las modernas carreteras israelitas para uso solo de sus ciudadanos, tal vez en 40 minutos podríamos haber estado allá. Sin embargo, el camino para los palestinos está diseñado para generar la mayor incomodidad posible: controles militares fijos, como también móviles. Atascos y rodear Ramalá por el sur, para luego salir por el norte.

En el camino, la visión que se impone a lo largo del trayecto son los denominados bloques de asentamientos, que es hablar de las colonias sionistas en tierras palestinas, mas las áreas adyacentes bajo control militar israelí. Las mejores tierras, las mejores vistas, las zonas en alturas, las napas de agua dulce. Todo ello entregado a colonos judíos, que suelen llegar desde el extranjero con beneficios que los convierten en los más fieros defensores de la ocupación sionista de Palestina: viviendas a bajo costo, educación y salud subsidiadas, protección militar exclusiva, carreteras que los conectan con Al Quds y Tel Aviv, como también entre asentamientos.

Bajo el régimen de Netanyahu esta política del despojo contra el pueblo palestino se ha intensificado, sobre todo con el sometimiento a los sectores más extremos de su alianza política, que incluye la presencia de ministros, como el de Defensa – Avigdor Lieberman – y el de Agricultura, Uri Aiel, que son colonos y miembros activos del sionismo más extremo. El Camino a Al Jalil muestra constante presencia militar israelí, una zona plagada de bases del ejército y la constatación, que quienes están en los check points, jovencitos, hombres y mujeres imberbes, dotados del «derecho que les otorga el estado sionista para matar» son peligrosos seres humanos, que en toda su arrogancia no respetan a nadie.

Llegamos a Al Jalil tras una hora y media de viaje, para constatar que siempre el agresor puede intensificar sus métodos de ocupación, refinar la humillación y el maltrato. Reconocer en Al Jalil, así como se ha descrito para Gaza, la Varsovia de Palestina «un gran campo de concentración para los palestinos» como lo sostuvo el sociólogo y Profesor de Estudios Económicos Judío William Robinson de la Universidad de Santa Bárbara en California.

En Al Jalil la opresión y la barbarie se presentan e impactan apenas se ve. Una ciudad dotada de 163.142 habitantes, para una Gobernación dotada de 700 mil palestinos repartidos en 17 municipalidades. Considerada una de las ciudades más permanentemente habitadas del Levante Mediterráneo. Zona rica en agua y dotada de una agricultura donde las uvas, los olivos, las higueras, manzanas, granadas y melones se dan con abundancia. La presencia de piedra caliza y trabajos en cerámica le han dado renombre por siglos.

El año 1994 comenzó en Al Jalil, su más férrea fase de ocupación. Tras el proceso de invasión y sometimiento de Al Jalil tras la guerra árabe-israelí del año 1967, la historia de esta ocupación tendrá un punto de inflexión trágico y sangriento el año 1994. Ese año, el día 25 de febrero, el judío ortodoxo y fundamentalista de origen estadounidense, miembro del terrorista grupo fascista Kach, Baruch Goldstein – habitante del asentamiento ilegal de Kiryat Arba – ingresó a la Mezquita de Ibrahimi, asesinando a 29 palestinos e hiriendo a otros 120, que rezaban en aquel recinto religioso. Los testigos del hecho lincharon al colono, lo que generó la decisión del gobierno de Tel Aviv de intensificar la política de coerción contra los habitantes de la ciudad y cerrar la calle Al Shuhada – Calle de los mártires en árabe -.

Goldstein, enterrado en el asentamiento de Kiryat Arba y su historial de crímenes, es considerado un héroe por los colonos bajo el título de «el venerado» y su tumba es hoy un lugar de peregrinaje, para lo más nefasto del extremismo sionista. Tras el atentado se estableció el entramado de vallas, controles, sitios de control de los habitantes de Al Jalil y la construcción de barreras de separación, que oficialmente comenzó a dividir la ciudad en la forma que hoy se visualiza.

Desde el año 1967, los fundamentalistas judíos han entrado en Al Jalil y segregado a los musulmanes, demostrando a todas luces la intención del régimen israelí de convertir un tema político en un tema religioso. Han derribado sitios sagrados del Islam prohibiendo a sus fieles practicar sus ritos. Tal como sucede en la Mezquita de Ibrahimi, el usar este pretexto religioso les permite generar el compromiso de tener a cientos de hombres y mujeres extremistas, dispuesto a instalarse en medio de decenas de miles de palestinos a punta de fuego y metralla. El objetivo en Al Jalil es el mismo en Jerusalén: «judaizar las ciudades palestinas». Para el régimen sionista el hecho que la zona donde se ubica la Mezquita de Ibrahimi sea considerado sagrado por las tres principales religiones denominadas Abrahámicas: el islam, el cristianismo y el judaísmo, no tiene ningún significado en su afán de apropiarse del territorio.

Para Antonio Basallote Marín, en un interesante trabajo titulado «Hebrón: la Otra Jerusalén» sostiene que tal como ha sucedido con Al Quds – Jerusalén – Al Jalil – Hebrón – ha constituido siempre (al menos hasta la segunda intifada) un centro económico, religioso y cultural fundamental y prestigioso en toda Palestina. En ese sentido, hay que destacar la tradicional ruta Al Quds-Bethlehem-Al Jalil – de norte a sur. La vida espiritual, cultural y económica de Hebrón ha estado históricamente ligada a la de Jerusalén, a tan sólo 37 km. Hoy, el muro que aprisiona Al Quds, Bethlehem y la Gobernación de Al Jalil, además de las decenas de colonias y checkpoints, reducen la funcionalidad de aquel camino al recuerdo.

El denominado Protocolo de Al Jalil – Hebrón – firmado en enero del año 1997 por el otrora entonces Presidente de la ANP, el fallecido líder Yaser Arafat, y el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu – quien hoy también dirige los destinos de Israel – dividió la ciudad en dos zonas: el sector H1 que quedaría, con el 80% del territorio y 140 mil habitantes, bajo la autoridad palestina y el sector H2, con un 20% dl territorio bajo la ocupación israelí, con 30 mil palestinos y unos 600 colonos repartidos en cuatro asentamientos: Beit Hadassah, Avrahan Avinu, Beit Romano y Tel Rumeida. Al que se unen otros 7 mil colonos residentes en el adyacente e ilegal asentamiento de Kiryat Arba, cuna de lo más extremista de los colonos sionistas en Al Jalil. La Zona H1 – que incluye la Mezquita de Ibrahimi, los asentamientos de colonos israelitas en el casco antiguo, así como la principal calle comercial de Al Jalil – la calle Shuhada – cuyo mercado y comercios fueron clausurados, sus puestas y ventanas soldadas, de tal forma de impedir cualquier presencia de palestinos en el área.

La calle Al Shuhada, que hasta el año 2000 fue la principal vía pública de Hebrón, desde el punto de vista social y comercial, unía el norte con el sur de la ciudad, recorriendo en su trayecto los principales mercados de la ciudad. Hoy, la calle Al Shuhada es denominada la calle «estéril» por los militares israelitas. Y, los pocos palestinos que viven en ella se ven obligados a subirse al techo y las ventanas, usar escaleras para arribar a sus hogares, sometidos a insultos, vejámenes y violencia crónica por parte de los extremistas israelíes. Los colonos judíos, sin embargo, pueden acceder y caminar libremente por esa calle vedada a los palestinos. La Casba, que alguna vez tuviera en su seno el animado mercado central de Al Jalil, es hoy sitio de tránsito permanente de las tropas de ocupación, destinadas a mostrar su presencia, de tal manera de ejercer el control y terror contra la población palestina.

Lo mismo acontece con el barrio de Bab al-Khan, que se sitúa entre la Mezquita de Ibrahimi y la calle Al Shuhada. Hace un par de lustros Bab al-Khan se presentaba como un vecindario lleno de vida, próspero, animado. Hoy, sólo algunas familias, entre ellas la familia Al Sharabati, duramente castigada y acosada por los colonos, permanece en el lugar. Ni una sola tienda tiene sus puertas abiertas hoy en Bab al-Kham, todas ellas tienen sus puertas cerradas y soldadas. Las paredes del lugar tienen escritos tales como «Árabes a las cámaras de gas» dibujados por los mismos hijos y descendientes, que dicen haber sufrido los crímenes del régimen nazi y que ha sido uno de los argumentos para apoyar el establecimiento del pueblo judío en tierras palestinas.

Esos escritos irracionales no dejan de llamar la atención proviniendo de estos fanáticos y extremistas religiosos, que han sido denominados por sectores críticos al sionismo, de la propia sociedad israelita como «Nazis Judíos». Un país que no acepta ningún partido político que se oponga a la existencia de un supuesto Estado de Israel como el estado del pueblo judío. Israel, por tanto, no es una democracia ni siquiera para los mismos judíos y menos aún para los árabes que son ciudadanos de ese país. El documento de identidad israelí no señala «israelí» como nacionalidad sino que «judía» o «árabe» por tanto, de qué democracia de rinete medio estamos hablando.

En Al Jalil, el casco antiguo tenía, hasta hace una década, 20 mil habitantes, hoy solo quedan 5 mil palestinos. De 1.800 negocios las tropas ocupantes han clausurado 550 dejando zonas de la ciudad como un campo muerto, sin vida, impidiendo a sus habitantes transitar por allí, excepto para los colonos que suelen campear a sus anchas e incluso invadiendo otras zonas del casco viejo, con la idea de seguir expandiendo su presencia. Son estos individuos los que obligan a los habitantes de casas palestinas que lindan con la zona ocupada, a proteger sus casas con rejas y planchas, para impedir que las piedras, basura, ácido, cloro entre otras inmundicias lanzadas por los extremistas perjudiquen sus hogares. Veinte de los antiguos accesos al casco antiguo fueron cerrados y colocados allí check point, que se unen a las 140 zonas de restricción existentes en la ciudad, con calles exclusivas para el tránsito de peatones y vehículos de judíos.

Colonos fanáticos y extremistas

Recorrer el casco antiguo es constatar que las fuerzas ocupantes han decidido convertir a Al Jalil en una ciudad fantasma, en eliminar toda presencia palestina, judaizar la zona, aunque ello implique negar el acceso al cementerio musulmán, cerrar escuelas, impedir la actividad social, política, reprimir toda expresión de la cultura palestina. Así lo pudimos comprobar, junto a parlamentarios chilenos de visita en la zona invitados por la Federación Palestina de Chile, junto a diputados palestinos, en una jornada de conocimiento por el sector, que incluso significó una fuerte escaramuza con encolerizados colonos judíos. Estos exigían a los militares israelitas que nos expulsaran de un territorio que, según sus palabras, en un perfecto castellano, pues parte de ellos eran de origen argentino y español, «es de los judíos por razones históricas y religiosas» y sobre todo se desalojara a funcionarios y políticos palestinos que nos acompañaban. Con violencia y fuerte cruce de palabras, que estuvo a punto de llegar a las manos, estos colonos son los principales responsables de los golpes, atentados contra propiedades palestinas e incluso el asesinato de habitantes de la ciudad, actos debidamente documentados pero de los cuales siempre han salido indemnes.

Tristemente célebre es la colona Anat Cohen, quien estuvo presente en la descrita escaramuza. Una mujer calificada por nuestros guías como una de las colonas más extremistas de Al Jalil y quien suele ensañarse preferentemente contra niños y mujeres palestinas, contra quienes arremete con su vehículo. Cohen, junto a un par de colonos, se mantuvo a distancia vigilando nuestro desplazamiento. Esta colona, agresivamente azuzaba a los militares a sacarnos del lugar. A la distancia fue posible también observar la presencia de otro de los colonos, consignado, por las organizaciones de defensa de los derechos humanos, como uno de los más extremistas: Ofer Yohanna. Conductor de ambulancia y quien saltó a la palestra el pasado mes de marzo del 2016 cuando gracias a un video grabado por el palestino Emad Abu Shamsiya y difundido por la ONG israelí BT selem, se observa a este fanático en la escena del crimen a sangre fría del joven palestino Abed al Fatah a Sharif de 21 años, rematado en el suelo por un soldado israelí.

Ofer Yohanna negó el auxilio médico y ayudó en el asesinato de Abed al Fatah. Se le observa en las grabaciones palmoteando la espalda del soldado, dando a entender que se había hecho un buen trabajo. Labor en la cual tuvo un papel fundamental, pues la investigación sobre el crimen, dada a conocer por un Fiscal Militar israelí al medio también israelita Maarev. demostraría que el fundamentalista judío Yohanna pateó el cuchillo hacia el cuerpo de Al Sharif tras su asesinato, para de esa forma justificar el disparo a quemarropa. Este tipo de acciones donde se manipula la escena del ajusticiamiento del joven palestino, expresa el trabajo conjunto entre colonos y el ejército.

Al Jalil es una ciudad, hasta hace pocos años pujante, animada, llena de vida y que hoy, al recorrer su casco antiguo puede ser asimilada, perfectamente, a una ciudad fantasma. Plagada de rejas, torres de vigilancia. Invadida por unos cuantos cientos de colonos y la protección otorgada por un millar de soldados del ejército ocupante israelí, que han determinado, bajo órdenes del gobierno de Benjamín Netanyahu, cercar el área, construir muros y vallas, multiplicar los check point, impedir la entrada a los palestinos, cerrar sus comercios y apoderarse de parte importante de la sagrada Mezquita de Ibrahim – bajo el pretexto que allí se encuentra la Tumba de los Patriarcas y por tanto cedida para esos pocos cientos de colonos, considerados los más extremistas y violentos de la Cisjordania ocupada. 650 colonos sectarios y exaltados, generalmente ex miembros del ilegalizado movimiento fascista Kach, que determinan la vida de 163.000 mil palestinos en una realidad tan surrealista como perversa.

Estos judíos, de ideología sionista, fundamentalistas, principalmente de origen ruso, argentino, francés y estadounidense, que se dedican a apedrear, humillar, golpear y perseguir a los palestinos en razzias cotidianas, apoyados en esa acción por los militares asentados en el lugar, con órdenes claras de proteger a los colonos en sus andanzas violentas. Protegerlos de qué, se preguntan los palestinos con los cuales tuve la oportunidad de conversar y que han tenido que abandonar el casco antiguo, testigos de asesinatos, del robo de tierras, de la construcción de muros y vallas que le impiden transitar por su ciudad, la prohibición de ejercer su derecho a visitar sus centros sagrados, de asistir a sus escuelas, de comerciar, de hacer una vida normal.

Es el uso del lenguaje sibilino por parte del gobierno israelí de llamar protección a la complicidad criminal. Denominar protección a una política de agresión bajo la excusa que todo el proceso de ocupación y sus herramientas represivas, están destinadas a preservar la seguridad de los colonos judíos y mantener la paz, tratando de hacer responsable al pueblo palestino del actual estado de cosas. Resulta intolerable, inmoral y criminal el pedirle al pueblo sometido, ocupado, humillado, exigirle a los asesinados, a los torturados, a los exiliados, a quien se persigue, a los que se les destruye sus hogares y se les controla como animales. Resulta una vergüenza el pedirle a aquellos que sufren las consecuencias de una política genocida, que sean los responsables principales de la paz.

Para el régimen israelí el eliminar la presencia palestina les ha resultado una tarea que día a día se les dificulta pues el factor demográfico, a diferencia de otras zonas, los obliga a pensar en estrategias distintas a la que llevan a cabo en aldeas y pueblos pequeños. En Al Jalil los palestinos están decididos a combatir al invasor, que a su vez se empeña en expulsar a todo aquel que no sea judío así sean ellos 650 colonos, mil soldados y el resto 700 mil palestinos. Esta ocupación es contra los derechos más básicos que pueda tener cualquier persona. No se puede seguir tolerando el asesinato crónico de hombres y mujeres, que desde septiembre del año 2015 a la fecha ha significado el asesinato de 30 palestinos, la mayoría de ellos en la calle Al Shuhada y Tel Rumeida, con activa participación de colonos. Al Jalil es una herida abierta, una realidad que nos debe avergonzar. Analizar nuestra condición humana al no ser capaces de detener a hordas de fundamentalistas, fanáticos religiosos, que amparados en la fuerza humillan a miles de seres humanos.

Al Jalil es la muestra que Israel hace y deshace porque se lo permiten países como Estados Unidos, organismos internacionales como la ONU y la traición de países árabes que se han arrodillado ante el sionismo. Una ciudad histórica en todo el sentido de la palabra. Ocupada el año 1967 como el resto de Palestina y Gaza. Al Jalil es una ciudad dividida en dos partes desde el año 1994, con una ocupación enfocada en la ciudad antigua pero que día a día pretende alcanzar mayores cotas de terreno. Al Jalil y su casco antiguo es la expresión surrealista al bandidaje sionista.

Salí de Al Jalil con el pecho oprimido, con un nudo en la garganta, con el estómago deshecho pero con más rabia e indignación que antes. Con el convencimiento que más temprano que tarde el invasor será expulsado, que la paz llegará a ese territorio y que a diferencia del extremismo sionista, el pueblo palestino será capaz de aceptar, como lo hizo siempre, que las diversas culturas sean una amalgama de esta ciudad que ha sido un crisol distintivo de una sociedad tolerante. Salí de Al Jalil, con la claridad que su pueblo, tal como lo expresaban jóvenes, viejos y niños no se rendirá y que el invasor deberá abandonar un territorio que no le pertenece.

Salí de Al Jalil convencido, igualmente que una sociedad, como la israelí, que vota por partidos políticos extremistas para dirigir el país, una sociedad que tolera el maltrato contra sus semejantes, que lo avala y esgrime como un asunto de seguridad, una sociedad que no se levanta contra un gobierno criminal, racista y genocida, que aplaude a soldados y colonos que asesinan niños, mujeres, ancianos, que cierra escuelas, que impide el acceso a hospitales, que erige muros de la vergüenza, que atropella los derechos humanos del pueblo palestino. Una sociedad que entrega ramas de olivos a sus criminales, los protege y premia, a los venera como héroes no merece respeto alguno y son cómplices de los violaciones cometidas por su gobierno.

Al final del día, al llegar al lugar donde me alojaba fui testigo de la celebración de la boda de dos jóvenes palestinos. Él, habitante de Ramalá, ella, habitante de una aldea cercana, quien tuvo que pedir permiso para ingresar a la ciudad y poder desposarse. Este acontecimiento, en medio de la ocupación, me hizo pensar me hizo pensar que al final del día, a pesar de la violencia, del extremismo sionista, de los vejámenes, de la presencia de una potencia ocupante, el palestino ama la vida y la celebra, con alegría, exultante en una boda que une dos seres humanos, que no abandonarán su tierra y entregarán más vida en un cultura de muerte que se les ha impuesto. Esa boda, así como la alegría del pueblo palestino, es parte también de su resistencia al invasor.

Fuente original: http://www.hispantv.com/noticias/opinion/284223/cisjordania-ocupada-israel-represion-palestinos

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.