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Año Nuevo sin resoluciones para el cambio climático

Fuentes: Zmag

Traducido por Ulises Juárez Polanco (www.juarezpolanco.com) y revisado por Caty R.

Con el dramático cierre de la conferencia de Bali sobre el cambio climático, el año 2007 está a punto de terminar. Tenemos ahora siete cortos años -hasta 2015- para revertir el aumento de las emisiones de gas invernadero y evitar un incremento de la temperatura global en dos grados Celsius. El consenso científico de todo el mundo señala que sobrepasar ese incremento de dos grados traería los peores efectos del cambio climático. Imaginemos otras 200 millones de personas desplazadas por inundaciones y unas 600 millones adicionales sufriendo de hambre.

El hecho es que este futuro digno del Apocalipsis puede cambiar, el cambio climático puede controlarse. A pesar de los retos, los mayores obstáculos no son científicos ni técnicos, ni siquiera financieros, son políticos. Esto nunca había sido tan evidente como lo fue la semana pasada en Bali.

«Si no vas a colaborar, apártate del camino»

Desde el comienzo de las negociaciones de Bali, la delegación estadounidense obstruyó la solución clave del cambio climático: límites legales para las emisiones de gas invernadero. Insistieron en que la conferencia sólo elaborase un borrador para futuras negociaciones, en vez de perfilar las medidas de emergencia necesarias de inmediato. EEUU repitió su argumento estándar, es decir, que el crecimiento económico no debía conocer obstáculos, en especial en forma de límites de emisiones de gas invernadero para las industrias estadounidenses.

Sin embargo el crecimiento económico sólo es otra manera de medir el consumo de los recursos naturales, consumo (particularmente de combustibles fósiles y bosques) que está originando el cambio climático. La fantasía de la administración Bush del crecimiento económico infinito nos está poniendo rumbo a una colisión con la realidad. La realidad es que el planeta tiene sus límites y nos acercamos a ellos rápidamente. Eso significa que la política económica necesita moldearse dentro de un marco de políticas ambientales, no a la inversa. En otras palabras, el enfoque estadounidense necesita voltearse.

Peor aún, gracias a la intransigencia estadounidense respaldada por Canadá y Japón, el recorte del 25-40% en las emisiones propuesto por la Unión Europea se dejó fuera del «Plan de acción de Bali» final. Y la Unión Europea no había adivinado esos porcentajes. El dato del 25-40% sale del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el mayor grupo especialista cuyos números, si acaso, son conservadores. EEUU se aseguró de que el Plan de Acción de Bali ignorara esos descubrimientos.

La frustración por la obstinación estadounidense llegó a un punto crítico el último día de las negociaciones. Mientras EEUU socavaba el borrador del documento final, la presión sobre los delegados estadounidenses se mostró cada vez más ruidosa, con un representante de Papúa Nueva Guinea declarando: «si no vas a colaborar, apártate del camino».

Justicia climática

Papúa Nueva Guinea, cuyos representantes llenaron primeras planas el último día de la conferencia, es uno de tantos países en desarrollo donde las horrendas predicciones sobre el cambio climático ya están aconteciendo. En algunas áreas de Papúa Nueva Guinea, el crecimiento de las aguas del mar está destruyendo hogares y comunidades. Países en desarrollo con grandes poblaciones vulnerables a desastres como sequías e inundaciones obtienen poca atención o dinero de los países desarrollados para ayudarles a sobrellevar la tragedia. En Bali, el consenso alcanzado por los gobiernos africanos subrayó la necesidad de más fondos para lidiar con las catástrofes climáticas.

De hecho, una bifurcación creciente entre países desarrollados y en desarrollo fue muy evidente en Bali, con los representantes de los países en desarrollo, como Munir Akram de Pakistán, manifestando las críticas más fuertes a las acciones estadounidenses. Por ejemplo, además de amurallar cualquier progreso real en el Plan de Acción de Bali, EEUU trabajó para llevar el debate lejos de su propia culpabilidad por el cambio climático (EEUU, siendo la economía mundial más grande, es también el mayor contaminante de carbono), dirigiéndola a los países en desarrollo. Según Akram, algunos países ricos (aunque rechazó dar nombres) amenazaron a los países pobres con sanciones comerciales si no se comprometían en el Plan de Acción a recortar sus emisiones.

Los países en desarrollo, de hecho, sí tienen la obligación de evitar el mismo camino peligroso de desarrollo a base de carbono de los países industrializados. Simplemente no hay más espacio en la atmósfera para emisiones de carbono. Los países ricos lo han usado todo a través del mismo proceso de industrialización que, para empezar, los hizo ricos. Esta clara dinámica injusta deja a los países industrializados con la responsabilidad primaria no sólo de reducir sus vastas contaminaciones de carbono, sino también de proveer la «transferencia de tecnología» (como se denomina en el Plan de Acción) para permitir a los países pobres que se desarrollen económicamente sin hacer más daño a la atmósfera. Para finalizar, los países desarrollados necesitan cargar el peso de la «adaptación» como el Plan de Acción se refiere a ellas, es decir, las medidas requeridas para permitir a los países pobres sobrevivir y ajustarse a la crisis climática que los ricos han creado. Estos imperativos fluyen directamente de la letra de «las responsabilidades comunes pero diferenciadas» en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992, de la cual formaron parte las conversaciones de Bali.

Justicia de género

Bali fue una oportunidad para que los países en desarrollo remarcaran las formas en que los pobres del mundo son los primeros y peor afectados por el cambio climático. Pero ningún gobierno, del Norte o del Sur, enfatizó el hecho de que, globalmente, el 70% de los pobres son mujeres. Tampoco hubo una perspectiva sobre la importancia del conocimiento y habilidades de la mujer para la supervivencia de comunidades pobres frente al cambio climático. Son las mujeres rurales, después de todo, quienes históricamente desarrollaron y ejecutaron soluciones a los cambios ecológicos que necesitamos adaptar y aplicar hoy día. Por todo el mundo, las mujeres de las comunidades son responsables de desarrollar agricultura sostenible, preservar la biodiversidad, asegurar los suministros de agua potable, construir casas resistentes al viento, etcétera. Estos tipos de soluciones locales y una perspectiva de género más extensa deben integrarse en la política del clima en todos los ámbitos.

¿Qué sigue?

Gracias en gran parte a la presión aportada por otros delegados, los representantes de EEUU finalmente firmaron el Plan de Acción de Bali. Pero, ¿qué tipo de plan es éste? Lo mejor que los delegados en estas negociaciones sobre cambio climático lograron expresar es que el camino está abierto para el progreso en 2009, cuando una presunta administración estadounidense más responsable esté en el poder. A corto plazo, el Plan de Acción de Bali representa el mínimo común denominador de posiciones gubernamentales y apenas avanza en la agenda climática.

Las Naciones Unidas ya han programado cuatro sesiones de negociación sobre el cambio climático para 2008. Pero hace falta un giro significativo antes de que estas sesiones puedan generar un cambio positivo. En cuanto a políticas climáticas globales se refiere, EEUU es claramente un estado-paria. Pero incluso gobiernos que no son subsidiarios de la industria del petróleo tienden a estar formados por personas con intereses creados en el statu quo económico. Todos los gobiernos necesitan sentir la presión del movimiento climático que demanda justicia económica y social como punto de partida para un nuevo régimen climático.

Original en ingles: http://www.zmag.org/content/print_article.cfm?itemID=14536&sectionID=57

Yifat Susskind es ciudadana israelí. Dirigió el Proyecto para los Presos Políticos Palestinos en la organización palestino-israelí Centro de Información Alternativa (Alternative Information Center). Desde hace cinco años es subdirectora de la organización internacional de mujeres por los derechos humanos MADRE, que trabaja en asociación con grupos basados en comunidades de mujeres en áreas de conflicto en todo el mundo. Sus programas se dirigen a cuestiones de desarrollo sostenible, mejoras comunitarias y salud de la mujer; a la violencia y la guerra; a la discriminación y el racismo; a la autodeterminación y los derechos colectivos; a la promoción activa de las mujeres en el desarrollo; y a la educación para los derechos humanos. Madre, igualmente, proporciona formación y recursos para que otras organizaciones similares puedan satisfacer sus necesidades inmediatas en sus comunidades y desarrollar soluciones duraderas a las crisis a las que hacen frente.

Diana Duarte es la coordinadora de prensa de la organización MADRE.

Ulises Juárez Polanco y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a las autoras, al traductor y la fuente.