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Alto a la impunidad

Boicot a Israel

Fuentes: Socialismo21

Dolidos como estamos al ver las imágenes del genocidio diario en Gaza, la mayor prisión del mundo a cielo abierto para un millón y medio de palestinos, nos sobrecoge ahora la imagen de soldados israelíes descolgándose desde los helicópteros de combate y disparando sus armas contra pacifistas indefensos. Son imágenes obscenas, sin parangón en la […]

Dolidos como estamos al ver las imágenes del genocidio diario en Gaza, la mayor prisión del mundo a cielo abierto para un millón y medio de palestinos, nos sobrecoge ahora la imagen de soldados israelíes descolgándose desde los helicópteros de combate y disparando sus armas contra pacifistas indefensos. Son imágenes obscenas, sin parangón en la historia internacional reciente. Es un peldaño más en el ascenso del Estado de Israel hacia la barbarie y que lo equipara al gobierno que promovió el Holocausto. Israel, con este acto de piratería internacional, se pone fuera de la comunidad de naciones mínimamente democráticas.

El asalto a la flotilla de la paz, la matanza a bordo del Mavi Marmara, que transportaba 1.000 toneladas de ayuda humanitaria, no habrían tenido lugar sin el apoyo directo o indirecto de los países e instituciones occidentales. Los militares israelíes contaban con la complicidad y comprensión del gobierno de Obama que, por boca de la señora Clinton, calificó la matanza de «incidente» en términos donde se proclamaba la necesidad de la defensa de Israel. ¿Defensa contra qué? las únicas armas de los cooperantes eran la palabra, la solidaridad y el deseo de paz. Es impensable la reivindicación del derecho a la existencia por medio del asesinato. Desde la aceptación en 1948 del estado de Israel por las Naciones Unidas hemos asistido a un catalogo interminable de atrocidades. No es de extrañar ya que su propia génesis como Estado se base en la utilización del terror. Israel ha perdido el derecho a cualquier afirmación de legalidad; es por eso que palabras como paz o solidaridad son sus formidables enemigos a abatir.

¿Para qué esta matanza? Israel no lucha por su autodefensa: mata porque se siente impune, mata para perpetuar la continuación de un régimen de castigo colectivo calculado para destruir al pueblo palestino. La impunidad del Gobierno de Israel se ve sostenida por la incapacidad de la ONU para aplicar las sanciones que ella misma propone; por el reconocimiento internacional que representa la incorporación a las diferentes instituciones económicas entre ellas la OCDE. Como miembro activo de esta organización, se le ha permitido alcanzar niveles de intercambio con Europa impensables en otros momentos. Hace pocas semanas el Tribunal Russell, reunido en Barcelona, denunciaba las inversiones económicas promovidas desde la democrática Europa en la financiación y construcción de los asentamientos ilegales en Cisjordania o el muro. La impunidad de este Estado racista se acrecienta desde la cobardía de una UE, condescendiente con los sucesivos gobiernos de este país e incapaz de condenar la acción israelí y aún menos de tomar las medidas adecuadas. Nadie puede olvidar el implacable bombardeo de una población civil prisionera del conflicto durante la última guerra de Israel contra Gaza, la masacre de las columnas de refugiados que ondeaban banderas blancas. ¿Quién puede esperar persuadir a Israel ahora, si no se le aplicaron entonces sanciones ejemplarizantes?

Pronto las declaraciones rimbombantes de condena, quedarán olvidadas dejando paso de nuevo a la Realpolitik (la política de la realidad). Esta visión se fundamenta en la importancia que para el capitalismo neoliberal tiene este Estado: transformado en ariete básico de su implementación en Oriente Medio, su nivel de penetración económica en los países de su entorno, como Egipto y Jordania, se ve reforzado por el aumento de su capacidad militar tras la compra a Alemania de submarinos con capacidad nuclear cuyo objetivo es, evidentemente, Irán. El acuerdo para el aprovechamiento nuclear entre Brasil, Turquía e Irán, está ayudando a reconfigurar la situación geopolítica en Oriente medio. Un acuerdo similar al que deseaban los propios EEUU, pero que queda lejos de su control, y sobre todo, quita el argumento central de la presión sobre Irán: el rearme nuclear de este país. El nerviosismo de Israel se ha transformado en el asesinato de muchos solidarios turcos en la flotilla de la libertad. La ruptura con el único país árabe con el que mantenía relaciones en la zona está servida. Para Israel, la presión militar sobre Irán es uno de los ejes centrales de su política nacional e internacional; por ello, el acuerdo alcanzado entre los tres países ha enfurecido a los militares y políticos de extrema derecha en el país.

El Estado israelí juega, por otra parte, un papel muy importante en la intervención militar en los diferentes frentes que tiene hoy abiertos el neoliberalismo a nivel internacional, desde Honduras, donde asesores del ejército israelí ayudaban al asedio de la embajada de Brasil con el presidente Zelaya encerrado, hasta la implicación directa en la guerra de Afganistán e Iraq o el apoyo a las tropas estadounidenses desplegadas en Colombia. Israel se convierte en el ariete militar de los EEUU en zonas de conflicto y el principal enemigo para la paz en Oriente Medio y en todo el mundo.

Israel perdió la batalla de la opinión pública internacional hace mucho tiempo. Parece que no le importa, se siente seguro. Sus actos por muy abominables que sean no tendrán consecuencias políticas. Los Estados europeos ahora por boca de los representantes de la política internacional, claman de forma retórica. Dentro de poco reemprenderán los contactos económicos, después los cantantes, los equipos deportivos de Israel volverán a pasear por Europa. Esta impunidad acrecienta un hecho muy preocupante: la facistización progresiva del país; por otra parte la neutralización de la diplomacia por los militares y los servicios de inteligencia es un elemento en extremo preocupante. Los halcones de un país lleno de halcones acrecientan aún más su influencia en el convencimiento de que pronto todo se olvida, de que EEUU los preferirá como aliados incómodos pero amigos a un mundo árabe aún no controlado del todo. A pesar de ello la izquierda ha conseguido sacar en Tel Aviv a miles de personas contra el ataque a la flotilla pacifista.

Hay dos grandes vías de intervención social en el conflicto. La primera es la movilización social contra un Estado que viola las normas más elementales de la convivencia internacional: los gobiernos occidentales son aún sensibles a la presión social; se hace por ello imprescindible seguir articulando y ampliando los movimientos en solidaridad con el pueblo palestino. La segunda consecuencia, derivada de la primera, es la necesidad de ampliar e imponer un boicot a los productos israelíes, puesto que el Estado de Israel es, sin duda, en estos momentos el mayor enemigo de la paz en Oriente Medio y en el mundo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR