Recomiendo:
0

Bush invierte la riqueza nacional en muerte y destrucción

Fuentes: Progreso Semanal

«Porque donde esté tu riqueza, también estará tu corazón», dijo Jesús según Mateo, 6:19-21. Estados Unidos, la nación más cristiana de la Tierra, ha colocado su riqueza en destrucción y muerte. Según reporta Dan Morgan, de Associated Press (12 de junio de 2004, en Tallahassee Democrat), el Pentágono «planea gastar mucho más de $1 billón […]

«Porque donde esté tu riqueza, también estará tu corazón», dijo Jesús según Mateo, 6:19-21. Estados Unidos, la nación más cristiana de la Tierra, ha colocado su riqueza en destrucción y muerte. Según reporta Dan Morgan, de Associated Press (12 de junio de 2004, en Tallahassee Democrat), el Pentágono «planea gastar mucho más de $1 billón (millón de millones) durante la próxima década en un arsenal de avios, barcos y armas futuristas que tienen poco que ver con la guerra en Irak o con la guerra global al terrorismo».

El presupuesto de defensa del 2005 -la palabra «defensa se ha convertido en un chiste en el mundo posterior a la Guerra Fría- llegará a $500 billones (incluyendo a la CIA), $50 billones más que en 2004. La Oficina Congresional del Presupuesto estima que durante los próximos diez años la armada de aviones, barcos y juguetes asesinos costarán más de $770 billones por encima del estimado de Bush para la defensa a largo plazo.

Morgan reporta que Bush quiere $68 billones para investigación y desarrollo -20 por ciento más que los niveles pico del histórico crecimiento de defensa en época de Reagan. Otros diez billones provenientes de una cuenta de $76 billones para equipamiento se utilizarán en sistemas de armamentos de alta tecnología para combatir a algún adversario aún desconocido y comparable con la antigua Unión Soviética».

La mantra que se escucha en el Congreso -«no podemos mostrar debilidad frente al terrorismo»-

no toma en cuenta el hecho de que cuando los secuestradores de aviones atacaron el 11/9, los militares de EEUU -los más poderosos del mundo- no pudieran evitar los ataques. Así que es lógico que uno se pregunte, ¿cómo se defiende un caza a reacción futurista de los enemigos contemporáneos, como los del jihad, que podrían introducir explosivos en una estación de trenes o en un centro comercial abarrotado?

En vez de enfrentarse a los desagradables hechos de la corrupción cancerosa, que se traduce inmediatamente como la obtención de ganancias ilegales de guerra en Irak, la clase política acepta la defensa über alles como un axioma. El Congreso acepta esta dudosa suposición y luego derrocha el dinero de los contribuyentes y el corazón de Estados Unidos en inútiles armas de destrucción masiva.

El Congreso, siguiendo el liderazgo del Presidente, endurece el corazón de Estados Unidos al hacer de las armas una prioridad por encima de las viviendas, salud, educación y empleos. El presupuesto que aprueban cada año concede billones de dólares a corporaciones desfalcadoras que producen instrumentos letales: General Dynamics, Lockheed y otros nombres familiares de producción masiva de armas. Piénsese en las fortunas de los parásitos que le vendieron al difunto Presidente Reagan la Iniciativa de Defensa Estratégica. O la forma en que Reagan tomó el dinero de los hambrientos y sin hogar -«de ellos depende», dijo Reagan- y lo entregó a los faquires que pretendían detener a los misiles atacantes.

La presidencia de Bush ha llevado el gasto (derroche) militar a nuevas alturas (profundidades). Más atemorizante aún, ha surgido una cultura militar que incluye el lenguaje militar en cada discurso -sí, señor. La rama militar, que tenía poco prestigio social hasta la 2da. Guerra Mundial, se ha convertido en una institución muy respetada. Sus reclutadores son ubicuos en las escuelas secundarias y los campus universitarios como la hiedra en las paredes. En las ceremonias de graduación, algunos administradores de escuelas secundarias aparecen en atuendo militar junto a aquellos que llevan la tradicional toga negra. ¡Pero, un momento! En una república los militares profesionales merecen un status mínimo. Es más, las repúblicas necesitan una milicia de ciudadanos, no ejércitos permanentes, en momentos en que ningún estado extranjero significa una amenaza inmediata para la seguridad de EEUU.

Ciertamente el Vice Presidente Dick Cheney, guerrerista, mentiroso y que rehuyó el servicio militar -«tenía cosas más importantes que hacer» que servir en Viet Nam- representa el nuevo corazón de la nación. Sin presentar su evidencia, continúa insistiendo en que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva y vínculos con Al-Qaeda, y mantiene en secreto las minutas de sus reuniones -privilegio ejecutivo- con deshonestos funcionarios de Enron, uno de los cuales se burla de haber cobrado de más a «esas pobres abuelas» en California. El Fiscal General de California Bill Lockyer, que usará tal evidencia grabada para llevar a juicio a funcionarios de Enron por haber manipulado los precios de la energía para estafar a los californianos, asegura que «esta una evidencia más de la arrogancia que fue tan fundamental para la práctica comercial de Enron y otros piratas de la energía que actuaron de manera tan voraz». (Business Report, 6/6/04).

Para Cheney la voracidad es tan norteamericana como el pastel de manzana. Es más, Cheney pertenece a Créalo o no lo Crea de Ripley: puede que haya sido el primer hombre en sufrir varios infartos sin tener corazón. Cheney es una referencia alegórica a la moralidad de la nación en los inicios del siglo 21.

El Vice Presidente Cheney, aunque lo niega, ha cuidado los intereses de su antigua compañía. Como Director General de Halliburton desde 1995 hasta 2000, Cheney hizo su fortuna y la de su compañía en la arena de seguridad nacional-energía, esa oscura zona que se ha librado de la rendición de cuentas. Es más, el Congreso no controla claramente cientos de billones de dólares militares. Se dedican diez billones de dólares sencillamente para «defensa de misiles». Detrás de tal autorización los militares demandan: «confíen en nosotros». Los Padres Fundadores se hubieran burlado de cualquiera que hubiera pronunciado esas palabras -especialmente cuando se trata de dinero.

Con el ruido de los escándalos de decenas de billones de dólares aún reverberando en los oídos del público, ¿por qué el Congreso va a ceder al Pentágono su función de supervisión? El aparato militar, una máquina de matar, es símbolo de insensibilidad por naturaleza. Y la Administración Bush y sus voceros militares le han dado un mal nombre hasta a la palabra «prevaricar». Del Presidente hasta los miembros clave del gabinete, los bushistas vinculan simulación con insensibilidad, como si fueran los proverbiales coche y caballo. Bajo Bush, a la mentira también le han crecido profundas raíces institucionales.

El 29 de abril, el Departamento de Estado emitió un informe acerca de los Patrones del Terrorismo Global. En el informe los investigadores del Departamento plantearon la aseveración de que en 2003 los ataques terroristas habían descendido a 190, la cifra más baja desde 1969. De hecho, como sabía cualquier que supiera contar, el número de ataques había aumentado dramáticamente.

«Es un gran error», reconoció el Secretario de Estado Colin Powell el 13 de junio en el programa This Week de ABC. «Y no estamos felices con este gran error». Como era de esperar, Powell negó que hubiera motivos políticos tras este informe color de rosa, el cual hubiera apoyado la aseveración de Bush de que estaba ganando la «guerra contra el terrorismo». «No se han falseado las cifras», dijo Powell.

Pero Powell había dicho una sarta de mentiras al Consejo de Seguridad da la ONU. El 5 de febrero de 2003, él presentó una conferencia de mentiras acerca de la localización de ADM iraquíes, presentando como evidencia irrefutable cada embuste que dijo.

Las exigencias militares de las guerras de Irak y Afganistán han oscurecido las necesidades desesperadas de esta era. El archicristiano George W. Bush ordena al Congreso que dilapide las riquezas de la nación en destrucción y muerte, mientras exalta el «valor de la vida humana» en sus campañas para evitar la investigación en células madres y el aborto. Ofrece poco para aliviar el hambre, la carencia de hogar y las enfermedades, e ignora o exacerba el deterioro del medio ambiente. ¿Cómo heredarán la Tierra los humildes si se mueren de hambre, si mueren de exposición, metralla de bombas o toxicidad del medio ambiente? ¿O es que Bush cree que heredar la Tierra significa que lo entierren a uno a seis pies de profundidad?

El mundo de Bush significa publicidad para la imagen de un hombre bien macho, como aterrizar con un reactor militar en un portaaviones, tal como hizo en mayo de 2003, cuando tuvo su sesión de fotos vestido de piloto a bordo del Abraham Lincoln. Significa que él posee un derecho inherente a encarcelar, torturar y matar a quien quiera, mientras hace cumplir selectivamente el derecho internacional. Él explicó airadamente que tuvo que usar la fuerza en contra de Irak para implementar resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, pero evita la coerción aunque sea de palabra para presionar a Israel para que cumpla las resoluciones de la ONU relacionadas con las acciones hacia los palestinos y rechaza la Convención de Ginebra en relación con cualquier cosa relacionada con Estados Unidos. Bush se presenta en público como un hombre decidido, pero que no lee ni reflexiona. Asegura ser humilde ante Dios, pero se comporta con arrogancia ante otros hombres y mujeres y ha ejercido un poder sin precedentes -en el nombre de Jesús.

Bush representa al imperio de Estados Unidos, una era en que se acelera el gasto militar y disminuye el gasto social, en la que el Presidente y el Fiscal General ejercen la fórmula de que «el poder da la razón» para burlar las libertades básicas con referencia a los «combatientes enemigos» -incluyendo a ciudadanos norteamericanos- y acuerdos internacionales. Las primeras tres palabras de la Regla de Oro dictan las políticas de Bush y Ashcroft: «Haced a los demás…» Sin embargo, un buen porcentaje del público tanto aquí como en el exterior han comenzado a preocuparse cada vez más acerca de lo que otros nos harán a nosotros. En Arabia Saudí aparentemente han secuestrado a un ingeniero norteamericano en venganza por el tratamiento que EE.UU. dio a los detenidos árabes en la prisión iraquí de Abu Ghraib.

Tales hechos puede que inclinen el corazón de los electores; puede que decidan que no quieren continuar siguiendo el tesoro militar de Bush.

El nuevo libro de Landau es El negocio de Estados Unidos: cómo los consumidores han reemplazado a los ciudadanos y de qué manera podemos invertir la tendencia. Su nuevo filme es Siria; entre Irak y un lugar difícil, distribuido por Cinema Guild (800-723-5522).