Recomiendo:
0

Castigo colectivo

Fuentes: Hebdo L’Anticapitaliste

Los palestinos de Cisjordania están sufriendo un castigo colectivo a gran escala que comienza a parecerse a la operación «Defensive shield» (Escudo defensivo) de 2002, cuando los israelíes reocuparon todas las ciudades de Cisjordania. Oficialmente, se trata de encontrar a los tres colonos secuestrados. Las calles de Ramala, de Jenin y de otras ciudades están […]

Los palestinos de Cisjordania están sufriendo un castigo colectivo a gran escala que comienza a parecerse a la operación «Defensive shield» (Escudo defensivo) de 2002, cuando los israelíes reocuparon todas las ciudades de Cisjordania. Oficialmente, se trata de encontrar a los tres colonos secuestrados.

Las calles de Ramala, de Jenin y de otras ciudades están rebosantes de soldados que entran por la fuerza en las casas, rompen todo a su paso o golpean a los ciudadanos. Hebrón está literalmente en estado de sitio. Ya han sido abatidos fríamente cuatro palestinos, entre ellos un niño de 14 años, que solo iban armados con su rabia. Centenares han sido detenidos, de ellos 50 expresos que habían sido liberados en el intercambio por Gilad Shalit a finales de 2011. Ya han sido pronunciadas decenas de órdenes de detención administrativa, sinónimo de encarcelamiento sin derechos ni juicio.

También han sido detenidos nueve diputados, entre ellos el presidente del Parlamento palestino, miembro de Hamas. Se registran las asociaciones y los centros culturales y se destruyen sus equipos. En Belén, el centro cultural IBDAA del campo de refugiados de Deheishe ha sido invadido y su director Khaled atado con los ojos vendados; se han llevado los ordenadores y han destrozado los trofeos deportivos que eran el orgullo del centro. Aún cuando es evidente que esos centros no tienen ninguna relación, ni de cerca ni de lejos, con el secuestro de los colonos. Cerca de Ramala, la Universidad de Birzeit ha sido también invadida y sus locales arrasados… sin reacción por parte de las universidades israelíes. Gaza sufre bombardeos diarios que aterrorizan a la población.

Por si aún fuera necesario decirlo, los acuerdos de Oslo de 1993, con su Zona A supuestamente bajo control palestino, están bien muertos y enterrados.

Un pretexto

El primer ministro israelí, y su entorno de extrema derecha como Avigdor Lieberman, estaban furiosos desde hacía meses. En abril, Fatah firnmó un acuerdo de reconciliación con Hamas y se creó un gobierno de unidad nacional. Desde entonces, Hamas, la «organización terrorista» cuya elección en 2006 había servido de pretexto para el bloqueo de la banda de Gaza, forma parte de sus interlocutores. Algo inaceptable para el gobierno israelí, que no quiere negociar con la Autoridad Palestina (AP).

Pero Netanyahu tiene otra espina clavada en el pie: la diplomacia estadounidense, durante mucho tiempo totalmente a su lado y apoyo indefectible de todas las brutalidades de Israel, ¡ha comenzado a emitir tímidas reservas! Las críticas sobre la ampliación de la colonización y la ausencia de progresos en las negociaciones han sido violentamente rechazadas por Netanyahu.

El asunto del secuestro ha proporcionado una ocasión cogida al vuelo para intentar romper la nueva y frágil unidad palestina, designando inmediatamente a Hamas como responsable, aunque Hamas no haya reivindicado en ningún momento dicho secuestro. También coloca a la AP en una posición más que delicada. Tras haber ofrecido toda su cooperación para encontrar a los colonos, la policía palestina ha puesto a disposición del ejército ocupante un puesto de policía en Ramalá, lo que ha indignado a muchos palestinos, que han apedreado el local.

Huelga de hambre

La agresión israelí se desarrolla cuando alrededor de 200 personas presas, algunos de ellas en su 58º día de huelga de hambre, se encuentran en un estado crítico. Y mientras la Cruz Roja Internacional (CICR) guarda un profundo silencio, lo que exaspera a las asociaciones de apoyo a las personas presas y Europa mira a otra parte sin hacer nada, el Parlamento israelí actúa: se plantea votar con urgencia una ley que autorice a las autoridades penitenciarias alimentar por la fuerza a los huelguistas de hambre, a pesar de los acuerdos internacionales que lo prohíben.

Entre tanto, la AP se dedica a impedir y reprimir las manifestaciones de apoyo a las y los presos, lo que en el contexto actual de reocupación no va a dejar de volverse insostenible para ella.

Palestinos de Israel

Tras haber explicado sin ambigüedades que estaba personalmente en contra de los secuestros, la diputada en la Knesset Haneen Zoabi, elegida por el Balad (partido político árabe-israelí. ndt) ha puesto las cosas en su sitio: «no es incomprensible que en una situación de ocupación, cuando Israel secuestra todos los días a palestinos detenidos, haya secuestros. Eso forma parte de la lucha contra la ocupación, que es legítima». Ha añadido: «Hago recaer toda la responsabilidad de estos secuestros sobre el gobierno israelí». Lo que no ha evitado que la derecha y la extrema derecha de la Knesset expresaran toda su furia. Lieberman la ha tratado de terrorista, precisamente cuando el ejército de Israel acaba de secuestrar a centenares de miembros y supuestos simpatizantes de Hamas.

Como escribe Michel Warchawski en un artículo de apoyo a Haneen Zoabi: «Repetimos con Haneen Zoabi: la ocupación provoca la resistencia y la resistencia no solo es un derecho, es un deber. Se puede estar en desacuerdo con el método del secuestro, pero eso forma parte de la lucha legítima contra la ocupación colonial».

Fuente original: http://www.npa2009.org/

 Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur