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China gris. Las consecuencias ambientales de un desenfrenado crecimiento industrial

Fuentes: Ecoportal.net

Al tercer o cuarto día de estar en China comienzas a decirte que aquello no puede ser normal. Al principio no te importa porque el calor es espantoso en el mes de agosto en la China. Este agosto además, dicen que fue el más caluroso de los últimos 50 años. De modo que con casi […]

Al tercer o cuarto día de estar en China comienzas a decirte que aquello no puede ser normal. Al principio no te importa porque el calor es espantoso en el mes de agosto en la China. Este agosto además, dicen que fue el más caluroso de los últimos 50 años. De modo que con casi 40 grados de temperatura y un índice de humedad de 89%, a un turista le viene bien que el día esté nublado. Pero después de varios días y de haber recorrido unos mil kilómetros en tren en medio de aquel gris permanente, aquello no puede ser normal.

¡Cómo es posible que nunca hubiera oído hablar antes de esa bruma constante que cubre no sólo las ciudades sino los campos, las montañas y, quién sabe, una buena parte del país quizás, que no es precisamente pequeño! Antes de ir a China sabía que los niveles de contaminación del aire eran altos, pero tuve que ir para saber cómo se traduce esto en la práctica. La capa de smog que genera la contaminación es como un techo que no deja ver el cielo, no deja ver el sol, ni las nubes. Si usted está en China y quiere ver un cielo azul, o quiere ver nubes blancas entonces tiene que subirse a un avión y sobrepasar cierta altura. En los 17 días que estuve en China, esa fue la única manera de ver el azul del cielo, en un vuelo entre Shangai y Guilin.

El desenfrenado crecimiento industrial de la China, que ha subido el stándard de vida de 300 millones de chinos, ha puesto también a vivir a mil millones de chinos en un ambiente grisáceo, y a respirar el aire más polucionado del planeta. Y aunque esto debe ser sin duda causa de preocupación para las autoridades, por lo visto las medidas que se toman no están ni de lejos a la altura de las dimensiones del problema.

¿Qué tan en serio se están tomando los chinos este problema? Cuando uno sólo está de turista por unos días la impresión que le queda es que nadie se da cuenta de nada. La vida de millones de personas se desarrolla en las ciudades chinas como si no pasara nada, como si fuera normal estar bajo aquella bruma permanente. Caminando por las calles de Xian o de Pekín, yo tenía la impresión de que la gente parecía haberse acostumbrado a tal punto a quella niebla que ya ni la veía. Que a la gente parecía no importarle no ver nunca un cielo azul, no ver nunca los cúmulos, nimbos, y cirros que se forman en los cielos, ni que el sol en China es apenas una borrosa forma circular tras el celaje.

No sé si esa niebla se queda todo el año en China o es solamente en el verano. Tampoco sé cuántos años hace que comenzó, pero no puedo evitar pensar que en la China está creciendo toda una generación de gente que nunca ha visto el cielo de verdad. Los niños menores de diez años que nunca hayan salido de su país, habrán tenido que verlas en películas para representarse la formas de las nubes.

¿No es eso una pesadilla? Pero en la China todo el mundo parece perfectamente adaptado, o estarse adaptando, a esta pesadilla. Es increíble cómo se adapta el ser humano tan fácilmente hasta a las cosas más terribles. Todavía en la primera parte de nuestro viaje, en la ciudad de Xian le preguntamos un día a un hombre que hablaba inglés, ¿alguna vez se puede ver aquí el cielo azul? Y él se rió, «No, para eso hay que ir al sur», nos contestó de una manera natural, sin el más mínimo dejo de nostalgia. Pues bien, unos días más tarde fuimos al sur. Todavía tengo presente como si la acabara de ver, la vista gris y enorme desde el barco en el que atravesábamos el delta del río Pearl que nos llevaba a Hong Kong. La misma bruma, el mismo gris del norte. Esperábamos ver el skyline de Hong Kong, pero no fue realmente posible. Algunos dicen que desde el último piso de la torre más alta de Hong Kong se puede ver el cielo. Pero no nos consta.

La China en agosto tiene una atmósfera fantasmal. Hace poco vi una película interesante, «China Blue», del cineasta israelí Micha Peled, sobre las condiciones en que trabajan las obreras de una fábrica de bluyines en una ciudad china. Pero de azul la China no tiene sino los bluyines producidos masivamente y a bajo costo para el consumo en occidente. Aparte de esto la China es gris.