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«Colonialismo e imperialismo es explotación más mentira»*

Fuentes: La pupila insomne

Está circulando en la Feria del libro el título de Omar Pérez Salomón Fidel Castro, soldado de las ideas. Tecnologías y medios de comunicación, una compilación que reúne las ideas del líder de la Revolución cubana acerca de estos temas. Este es el prólogo que escribí para ese volumen. Escribiendo sobre un diálogo sostenido por […]

Está circulando en la Feria del libro el título de Omar Pérez Salomón Fidel Castro, soldado de las ideas. Tecnologías y medios de comunicación, una compilación que reúne las ideas del líder de la Revolución cubana acerca de estos temas. Este es el prólogo que escribí para ese volumen.

Escribiendo sobre un diálogo sostenido por Fidel con periodistas venezolanos, recordaba el discurso que este pronunciara a través de Radio Rebelde el 18 de agosto de 1958, con posterioridad a la victoria estratégica de las fuerzas revolucionarias sobre el ejército de la tiranía. En esa alocución, el líder de la Revolución cubana revelaba los tres objetivos fundamentales concebidos para derrotar la llamada «Ofensiva de Verano» de la dictadura, el segundo de los cuales era «mantener en el aire la Emisora Rebelde que se ha convertido en factor de primerísima importancia». Más de cincuenta años después, en su encuentro con tres reporteros llegados desde Caracas, y en medio de una compleja situación internacional que tiende a agravarse, el hombre que derrotó aquella ofensiva y la convirtió en el preludio del triunfo del primero de enero de 1959, planteaba que las armas para hacer Revolución están hoy en «divulgar la realidad de lo que va a ocurrir».

La temprana creación por la Revolución triunfante de la emisora Radio Habana Cuba y de la agencia Prensa Latina -con fundadores como Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh, Jorge Ricardo Massetti y el Comandante Ernesto Ché Guevara- prueban la coherencia del pensamiento de Fidel en ese terreno. Las citadas acciones eran parte de una estrategia para enfrentar lo que en 1961, el líder revolucionario advertía: «Por eso, la gran aliada del imperialismo y del colonialismo es la mentira. Colonialismo e imperialismo, es explotación más mentira, precisamente para confundir, precisamente para engañar. Por eso los imperialistas y los colonialistas tienen agencias cablegráficas. Por eso los imperialistas y los colonialistas tienen cadenas de periódicos, cadenas de estaciones de radio, cadenas de televisión».[1]

En los días que corren, la hegemonía de Estados Unidos sobre el planeta ha entrado en una profunda crisis tanto en el terreno económico como ideológico y sólo puede mantenerse apoyándose en acciones militares que necesitan cada vez más de la manipulación mediática. En ese declive se refuerza, como dijera Ignacio Ramonet, «la maquinaria de manipulación de mentes, de manipulación de almas; toda la maquinaria ideológica que trata de convencernos de que la globalización y el neoliberalismo abren un nuevo paraíso terrenal».[2]

Pero en realidad, como ha dicho el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, se trata de una crisis ideológica que ha llevado a un «resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía». Y es que para que esas ideas se hayan establecido contra toda lógica, la expansión en la circulación de la información, siendo en general un proceso objetivamente inevitable y positivo en el desarrollo de la humanidad, se ha integrado a los instrumentos de dominación de clases. La carrera en pos de ganancias y el empeño por tener el control político de la sociedad son los dos resortes principales de desarrollo de la información en las condiciones del capitalismo. Si alguien lo duda, el reciente escándalo -rápidamente apagado- alrededor de las escuchas ilegales que envuelve al poderoso clan mediático Murdoch lo sintetiza de un modo insuperable.

En la época en que vivimos, el poder se traduce en controlar las infraestructuras, el diseño y producción de tecnologías de comunicaciones, y los medios de comunicación masiva. ¿Pero quién ejerce ese control? Prácticamente todos los satélites, proveedores de servicios de Internet, fabricantes de tecnologías, periódicos, revistas, estudios de producción y salas de cine, casi toda la producción de papel, medios digitales y las estaciones de radio y televisión, están en manos del capital privado o, para ser más exactos, de unas decenas de grandes monopolios. La inmensa mayoría de los periodistas del mundo capitalista trabajan al servicio de esos «monopolios de la palabra» y siguen la línea política de sus dueños. Como se dice en el béisbol, el cuadro está cerrado cuando propietarios, anunciantes y fuentes del llamado «Cuarto poder», pertenecen a la misma clase social que controla los otros tres.

Sin embargo, este asunto no se limita sólo a la monopolización de los medios de información dentro de algunos países capitalistas. Un puñado de corporaciones transnacionales son las que definen los contenidos informativos y de entretenimiento que se divulgan en las naciones del Tercer Mundo.

En este contexto, resulta de mucho valor el volumen que presentamos; una excelente selección de materiales extraídos de discursos e intervenciones de Fidel Castro sobre las tecnologías y los medios de comunicación, cuidadosamente ordenados y clasificados cronológicamente.

Son conceptos, reflexiones y apreciaciones de Fidel sobre asuntos sometidos a discusión y debate dentro y fuera de Cuba. Temas como la libre expresión, la publicidad comercial, el acceso y difusión de contenidos en Internet, la brecha digital, el robo de cerebros, la industria de la recreación y otros, aparecen aquí con una perspectiva descolonizadora que quizás sea su mayor aporte.

Aparecen acá citas de documentos de gran trascendencia, tales como, Palabras a los intelectuales, que al decir de Miguel Barnet, «abrió un camino nuevo en la cultura cubana, con una incidencia directa en la población, depositaria de un patrimonio vivo que era necesario rescatar» [3]; de las entrevistas concedidas por Fidel a Frei Betto, Fidel y la Religión, y Tomás Borge, Un grano de maíz; de comparecencias en actos públicos en Cuba, en el exterior y en la televisión cubana y de las reflexiones publicadas a partir del año 2007.

Cualquier análisis sobre acontecimientos enmarcados en la Revolución Cubana, no puede verse separado de las agresiones de que ha sido objeto la mayor de las Antillas. Durante más de dos siglos, un largo diferendo histórico se ha mantenido, entre el destino que Estados Unidos reservara durante ese período de tiempo a Cuba y aquel por el cual nuestro pueblo ha luchado por sí mismo y para otros pueblos. Como ha dicho Silvio Rodríguez, «Cuba no sólo es lo que ha escogido ser; también es lo que ha podido ser, y esto ha sido gracias a la marcada enemistad de un poder exterior grande y cercano

No es ocioso recordar que los yanquis ambicionaron a Cuba mucho antes de pensar en Luisiana y de robar la mitad del territorio mexicano; que para John Quincy Adams fuimos aquella manzana que indefectiblemente caería en sus manos; que para Whitelaw Reid algún día seríamos de Estados Unidos como las islas Sándwich, y que en el reporte del general Leonardo Wood, Gobernador Militar de Cuba durante el Gobierno Interventor en 1902, se establece que la misión era: «edificar una república anglo-sajona en un país latino donde aproximadamente el 70% de la población era analfabeta; en resumen, establecer en poco más de tres años, en una colonia militar latina, una república calcada exactamente de nuestra gran república».

Para enfrentarse a la actitud hostil y agresiva de Estados Unidos hacia Cuba, que abarca toda la gama de las presiones, coerciones y violaciones de las normas internacionales, y sobre todo mentiras, la Revolución cubana ha salido victoriosa asumiendo el ideario del más iluminado de los hijos de esta isla, José Martí, el que estableció: «trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra». Fidel, su mejor discípulo, ha dicho:

«Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas.

Ningún pueblo se hace revolucionario por la fuerza. Quienes siembran ideas no necesitan jamás reprimir al pueblo. Las armas, en manos de ese mismo pueblo, son para luchar contra los que desde el exterior intenten arrebatarle sus conquistas.»[4].

La implicación de esta obra en la lucha ideológica contemporánea va a ser intensa e inmediata, no sólo entre quienes ejercen la crítica a los fenómenos antes mencionados, sino sobre todo en la creación de alternativas. Varios artículos publicados por el compilador en medios digitales, como Globalización y Comunicaciones: Un acercamiento al pensamiento de Fidel Castro; Ideas de Fidel sobre Internet; Fidel y la libre expresión, entre otros, ya han suscitado interesantes debates.

La compilación Fidel Castro, soldado de las ideas, de Omar Pérez Salomón, es un cuidadoso trabajo que constituye un texto de referencia para los interesados en estos asuntos y un aporte en un tema estratégico que llega en un momento crítico para la acción de los revolucionarios en Cuba y en el mundo. Sea bienvenida.

*Prólogo al libro Fidel Castro, soldado de las ideas. Tecnologías y medios de comunicación


[1] Clausura del Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes, 8 de junio de 1961. Ediciones OR, 1961, pp. 47-48.

[2] Ignacio Ramonet: Un delicioso despotismo. La Habana, febrero de 2002, p.6.

[3] Miguel Barnet: Palabras en la Gala por el Aniversario 50 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), La Habana, 20 de agosto de 2011. Sitio Digital CUBADEBATE.

[4] Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999. Editora Política, La Habana, 1999. p.7.

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/02/22/colonialismo-e-imperialismo-es-explotacion-mas-mentira/