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Enriqueta Farré Díaz-Maroto (1919-2016). In memoriam

Con el espíritu y los valores republicanos como marco general de vida y compromiso

Fuentes: Rebelión

Una enfermera republicana de larga y comprometida vida, Enriqueta Farré Díaz-Maroto, nos ha dejado recientemente, el 30 de septiembre de 2016. Nacida en una familia trabajadora de Barcelona, estudia enfermería y se compromete con el ideario y valores de la II República. Joven, muy joven, conoce en plena guerra civil a un capitán médico-republicano madrileño, […]

Una enfermera republicana de larga y comprometida vida, Enriqueta Farré Díaz-Maroto, nos ha dejado recientemente, el 30 de septiembre de 2016.

Nacida en una familia trabajadora de Barcelona, estudia enfermería y se compromete con el ideario y valores de la II República. Joven, muy joven, conoce en plena guerra civil a un capitán médico-republicano madrileño, Eduardo Rodríguez Gálvez, un inspector médico en el Frente de Valencia que participará poco después en la batalla del Ebro. Se casan y como tantas otras familias se ven obligadas a exiliarse ante la próxima llegada de las tropas fascistas a Barcelona en enero de 1939.

Por senderos diferentes no menos penosos, llegan ambos al campo de Argelès donde se reencuentran y trabajan incansablemente, en muy difíciles circunstancias, cuidando la salud de aquel colectivo de hombres y mujeres desesperados asolados por mil peligros y enfermedades. En 1941, nace su hijo Eduard Rodríguez Farré, un gran científico barcelonés, un médico, tan republicano como sus padres, fuertemente comprometido en la lucha antinuclear.

Poco después, en 1942 abandonan el campo y llegan a Perpignan, donde Eduardo Rodríguez Gálvez será médico de la prefectura. Enfermo, decide volver a España para morir en su país. El fascismo, por supuesto, no tuvo piedad alguna y encarceló al médico republicano. Murió en 1945, a los 36 años de edad.

Enriqueta tuvo que rehacer su vida y seguir cuidando a su hijo. No fue fácil. Estudió de nuevo enfermería, sus estudios republicanos no fueron convalidados, opositando tiempo después. Consiguió plaza en el dispensario de la calle Manso de Barcelona, donde trabajó durante muchos años.

Volvió a casarse. Un hijo del nuevo matrimonio falleció en 2001 y un segundo, Julián, les acompañó, a ella y a Eduard, durante muchos años con el espíritu y los valores republicanos como marco general de vida y compromiso.

Tras la muerte de Franco, Enriqueta pudo relacionarse abiertamente con amigos y compañeros suyos de juventud. Teresa Pàmies y Gregorio López Raimundo, el que fuera secretario general del PSUC, entre otros.

La historiadora y antropóloga Mary Nash le hizo una larga entrevista -unos 80 minutos- en 1982 que hoy puede consultarse en el catálogo colectivo de las universidades de Cataluña, dentro del proyecto «Historia de la familia a Cataluña en los años 30».

Esta enfermera republicana nos ha dejado machadaniamente, ligera de equipaje, serena, casi desnuda, como los hijos y las hijas de la mar, de un mar, el Mediterráneo, que ella amó a pesar de haber sufrido tanto en sus cercanías.

¡Que en paz descanse! ¡Para que no habite en ella nuestro olvido! Gracias, compañera, gracias por el ejemplo. Gracias porque nos has dicho y nos ha enseñado que el ser humano es noble. Poco importa que tan pocos (que ya son muchos) lo sean; un solo ejemplo basta, el tuyo, como testigo irrefutable de toda la grandeza humana. Hasta siempre compañera.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.