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Crisis, ese gran atraco: culpables de dentro y de fuera

Fuentes: Rebelión

Somos muchos los que estamos hartos de oír ese soniquete que responsabiliza a los españoles de vivir por encima de sus posibilidades, y hartos es poco cuando sabemos los sueldos que por aquí cobra el común y las horas que echa al día en servir a dios y a usted, señor del dinero. Pero hemos […]

Somos muchos los que estamos hartos de oír ese soniquete que responsabiliza a los españoles de vivir por encima de sus posibilidades, y hartos es poco cuando sabemos los sueldos que por aquí cobra el común y las horas que echa al día en servir a dios y a usted, señor del dinero. Pero hemos de entender que ese pestilente soniquete no es fruto de la casualidad, sino una argucia de los que han provocado esta fantástica estafa para responsabilizar de ella a las personas más humildes y trabajadoras de este país y de muchos otros. Sí, es cierto, aquí ha habido gente o gentuza que ha vivido despilfarrando y mofándose al mismo tiempo de todo el mundo, llevando su dinero a paraísos fiscales sin que nadie se diese por enterado, otorgándose pensiones cuyo montante avergonzaría al más ratero de entre los rateros, llevando una vida de lujo y despilfarro que para sí la quisiera el mismísimo dios en su paraíso, pero no, esos no han sido los trabajadores, porque durante toda la vorágine ladrillera, durante esa década de esplendor sobre la yerba artificial, aquí un funcionario medio de la Administración central ganaba mil doscientos euros, muchos currantes de Zara y tiendas similares no superaban los mil, tampoco los repartidores de grandes almacenes, ni los chicos de las pizzas, ni los becarios, ni los trabajadores de las subcontratas, ni los cuidadores de ancianos y niños, ni los cajeros de supermercados, ni los bedeles, ni siquiera muchos de los que se dejaban la salud en las fábricas de mármol, las canteras, las ladrilleras o las cocinas de los restaurantes de menú a ocho euros, tampoco la inmensa mayoría de los pensionistas que reciben cada mes entre quinientos y setecientos euros. No, esos, nada tienen que ver con la crisis, con el atraco, con la orgía, sin embargo se pretende, se exige que sean ellos quienes paguen los platos rotos del más grande festín que se ha celebrado en el mundo desde que Calígula nombró Cónsul a su caballo. Y es ahí donde fallan muchos de los análisis que se hacen sobre los orígenes y posibles salidas de esto que eufemísticamente llaman crisis y no es más que un atraco de proporciones globales.

Es un atraco social, político y económico porque colocando a los Estados y los ciudadanos que los integran contra las cuerdas, quienes organizaron este desastre han logrado, gracias a los dineros y a los medios de comunicación que manejan, presentarse como los únicos capaces de apagar el fuego que ellos prendieron aplicando millones de toneladas de gasolina sobre los sistemas productivos. Y es posible que lo consigan si no somos capaces entre todos de dar un golpe en la mesa y amenazar con el fuego del infierno, ese que no se apaga jamás, a quienes sigan pregonando las recetas neoconservadoras que pretenden crear un inmenso ejército de esclavos en toda la faz de la tierra. Porque esas recetas son tan sencillas y tan viejas como la vida misma, tan comprensibles que ni hasta, fíjense ustedes, un alma tan alejada de lo mundano como el señor Rouco Varela podría entenderlas sin la iluminación del Espíritu Santo: Si renunciamos a los derechos sociales y rebajamos nuestros salarios a la mitad en toda Europa, si hacemos propósito de enmienda y dejamos de exigir convenios colectivos accediendo a negociar particularmente con el empresario, que es el que cuida de nosotros, si nos negamos a cobrar pensión alguna hasta el día anterior a nuestro deceso, todos los problemas de los capitalistas, que son los que mandan y quienes los crean, habrán desaparecido, por tanto, también los nuestros.

Se ha dicho hasta la saciedad que todos somos responsables de esta crisis porque compramos pisos que no podíamos pagar, etc., etc., etc., pero claro la inmensa mayoría de la gente no hubiese comprado nunca un piso de treinta millones de pesetas si el banco no hubiese valorado tal cosa en cuarenta y le hubiese dado un préstamo sabiendo que la nómina familiar no superaba los mil quinientos euros. Mire usted, yo no tengo un banco, yo voy al banco porque quiero comprarme un piso, si esos señores tan listos que dirigen el mundo me dan un préstamo mayor de lo que vale la vivienda que quiero comprar -noventa metros, no hablamos de otras cosas- y al mismo tiempo entrega otros a promotores y constructores para que construyan dónde les salga amparándose en las leyes ad hoc elaboradas por Aznar y Rato, qué quiere que le diga, yo sólo he ido a pedir un préstamo, lo demás no es de mi competencia, sino del juzgado de guardia, de la fiscalía o del susum cordam, es decir, de eso que llaman organismos supervisores del mercado, que deberían haber mandado a la cárcel, o al menos a la mismísima mierda, a esa pandilla de mangantes antes de que la cosa hubiese llegado a estos extremos. Pero claro, me dirá usted, ¿quién va a enchironar a los gobernantes que pergeñaron aquella impresionante estafa? ¿Los magistrados del Tribunal Supremo? ¿Quién a los jefes de los bancos españoles si ellos pedían a su vez dinero a Francia o Alemania y se lo daban sin mirar siquiera si habían pagado el recibo de la luz? ¿El titular del juzgado número 3 de Torrevieja, provincia de Alicante? Vamos hombre.

Y ahora, cuando el castillo de naipes construido sobre la nada se viene abajo, cuando el tejido productivo de media Europa está deshecho, cuando la deuda generada por los particulares y por las gigantescas ayudas a los bancos de todo el continente aprietan a los Estados otrora modélicos, Alemania se pone farruca, saca pecho y presume de datos. Mientras las economías del viejo continente siguen paradas, nosotros crecemos y creamos empleo, pero es precisamente por eso, porque las otras siguen paradas, porque eso es lo que ustedes, señora Merkel, desean, que sigan paradas, atemorizadas y entregadas a la resignación recortadora, porque sin darnos cuenta usted y los suyos han encontrado una salida particular y a corto plazo a la crisis, que es precisamente esa, usar la deuda y el Euro -que cuando se implantó por los patriotas Aznar y Rato por cojones hizo subir la cesta de la compra, aunque no lo reflejara el IPC, en un ciento por ciento, empobreciendo a la mayoría de la población- para desarmar la Unión Europea despojándola de cualquier matiz político y social, y convertirla en un mercado de trabadores baratos para su economía, en un mercado completamente dependiente de las decisiones que tome su banco, que no son los bancos alemanes, tan tocados como los demás o más, sino el Banco Central Europeo, que con sus políticas restrictivas, su negativa a comprar deuda y a devaluar de una vez por todas el valor del euro, pone a casi todos los países de esa unión de mercaderes y tahúres a los pies de los caballos, lo cual nos importaría un bledo, de no ser porque en esos países viven millones de personas que nada tienen que ver con toda esta mierda, aunque si el deber de hacérselas pagar todas a usted y a quienes con usted viajan.

Es más que evidente, señora Merkel, usted maneja los hilos porque así lo decidieron los patriotas europeos al crear el euro, y usted con el euro hace lo que le da la gana porque el pueblo no habla, y a los pocos que hablan, se les ponen grilletes y en paz, pero usted inefable Merkel, nada supo de la que se nos venía encima cuando muchos ya llevábamos -por sentido común, no por conocimientos- años diciendo que el modelo del ladrillo no era viable, que no podíamos seguir dejando circular libremente a los capitales, que había que suprimir todos los paraísos fiscales, incluso ese tan amado de Liechtenstein, que no se podía seguir derivando la economía productiva hacia países esclavistas. No, ni usted, ni sus consejeros, ni los consejeros de Bush, ni los grandes sabios de las finanzas, ni Morgan Stanley, ni Firts o como quiera que se llame, ni ninguna de las agencias calificadoras de riesgos, ni los bancos centrales, ni la reserva federal, ni los premios nobel de economía, ni el zahorí de Tamarite de Litera, supieron nada de lo que venía porque según el catecismo que ustedes manejaban habíamos llegado a la era del crecimiento continuo, o sea, que habían encontrado la tan ansiada piedra filosofal. Entonces, ustedes, el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, las Agencias decían que España e Irlanda eran países modélicos, que era envidiable lo que estaba ocurriendo en esos dos países. Ahora nos llaman PIGS, ustedes y los del Caballo de Troya, los de la Gran Bretaña, que están tan mal como los otros, pero aspiran a vivir al rebufo de ustedes y de los yanquis, a ver si les sale otra vez la jugada. Pero quedan advertidos por este humilde escribiente, en la tierra yerma no crecen yerbas que den de comer a las vacas.

Ustedes y sus parientes sigan jugando a la especulación, sigan exigiendo el desmantelamiento del Estado del Bienestar, sigan empobreciendo, sigan explotando sin consideración, sigan buscando la forma más rápida de recortar derechos para poder competir con China: Allá en el lodo nos vamos a encontrar, no lo dude. Aunque, sinceramente, están apretando tanto, tantísimo que ojalá pase algo que les borre de pronto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.