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Entrevista a Francisco Báez Baquet sobre "Amianto: un genocidio impune"

«Cuanto más ‘primitiva’ y ‘artesanal’ era la fabricación, más trabajadoras y más pésimas las condiciones de higiene industrial»

Fuentes: Rebelión

Francisco Báez, ex trabajador de Uralita en Sevilla, inició en los años 70 del pasado siglo la lucha contra este industria de la muerte desde las filas del sindicato de CCOO. Ha dedicado más de 40 años a la investigación sobre el amianto. Paco Puche, otro luchador imprescindible, reseñó su obra (escrito editado en las […]

Francisco Báez, ex trabajador de Uralita en Sevilla, inició en los años 70 del pasado siglo la lucha contra este industria de la muerte desde las filas del sindicato de CCOO. Ha dedicado más de 40 años a la investigación sobre el amianto. Paco Puche, otro luchador imprescindible, reseñó su obra (escrito editado en las páginas de Rebelión.org).

Estamos en el último capítulo del libro. Antes de entrar en él. Me ha enviado usted mismo esta referencia: Leong SL, Zainudin R, Kazan-Allen L, Robinson BW, Asbestos in Asia, Respirology. 2015 Mar 29. doi: 10.1111/resp.12517. [Epub ahead of print]. Su traducción del resumen: «El asbesto es un asesino global. A pesar de las lecciones aprendidas en el mundo desarrollado en la utilización del amianto y sus peligrosas consecuencias pulmonares, su uso sigue aumentando en Asia. Aunque algunos países, como Japón, Corea y Singapur han restringido el uso de este mineral, hay numerosos países de Asia que siguen a la suya, con la importación y el uso de esta fibra, particularmente China, que es uno de los mayores consumidores del mundo. Numerosos factores, que van desde la política y la economía, a la falta de comprensión del amianto y de la gestión de la enfermedad pulmonar relacionada con el amianto, son claves para la tendencia observada. El conocimiento de estos factores, combinados con la intervención temprana, puede evitar el predicho ‘tsunami’ de Asia de las enfermedades del amianto».  Sus comentarios:

1. Hablar, meramente, de «consecuencias pulmonares», es minimizar la extensión real del problema. (recuérdese, por ejemplo, el mesotelioma familiar, el mesotelioma peritoneal, el mesotelioma paratesticular, el mesotelioma pericárdico, el mesotelioma maligno primario, asentado en hígado, apéndice, bazo, páncreas, íleon, omento o epiplón mayor, el cáncer de laringe, el cáncer de ovarios, las metástasis extrapulmonares, los síndromes paraneoplásicos, la fibrosis retroperitoneal, las placas peritoneales, la fibrosis pericárdica, la acropaquia, los «cuernos cutáneos» o «callos del amianto», los padecimientos iatrogénicos originados por la terapia o el diagnóstico, etc., etc.: todas ellas, consecuencias extrapulmonares).

2. China, además de ser un gran consumidor, es también un gran productor, y exportador de productos fabricados con asbesto.

3. Ya es tarde, para preconizar, para países como, por ejemplo, Indonesia, una intervención temprana.

¿Le cito bien? ¿Algo que añadir?

Sólo deseo añadir que, pese a mis puntillosas objeciones, no me caben dudas sobre la calidad global del artículo; para mi concepto, el hecho de que Laurie Kazan-Allen (líder indiscutible de la lucha por la universalización del cese obligatorio del uso del amianto), esté entre los firmantes del trabajo, es toda una garantía de su honestidad, como mínimo. Como usted seguramente recordará, de esa autora ya hice mención en mis respuestas correspondientes a las entrevistas número treinta y uno, y treinta y cinco.

Pues aunque no lo crea, esta vez sí que me acuerdo de la autora que cita. ¿Alguna información de estos días que quiera destacar?

Pues yo señalaría, en primer lugar, el hecho de que el pasado día 15 de marzo tuvo lugar en París el acto de presentación de la edición, actualizada, del libro de los autores Annie Thébaud-Mony, Philippe Davezies, Laurent Vogel y Serge Volkoff, titulado Les risques du travail. Pour ne pas perdre sa vie à la gagner («Los riesgos del trabajo. Para no perder la vida, por ganársela»).

La reseña, facilitada por la editorial, en mi traducción más o menos libre, indica lo siguiente:

«Desde la década de 1990, las condiciones de trabajo se impusieron poco a poco en el debate social. No obstante, la situación sigue siendo crítica. Los riesgos tradicionales no han desaparecido: el trabajo pesado, la exposición ocupacional a agentes carcinógenos, ruidos o vibraciones, sigue estando muy extendida.

Además, algunas «mejoras» sólo han servido para mover y ocultar problemas, como con la externalización del riesgo, mediante la contratación externa. Al mismo tiempo, la transformación de los sistemas de trabajo y de gestión de la mano de obra, han debilitado a los trabajadores, mediante el aislamiento colectivo y el aumento de los empleados, lo que les lleva a un aumento visible del sufrimiento mental.

Ante estos acontecimientos, es más necesario que nunca que todos los interesados, especialmente los propios trabajadores y de sus representantes, y los empleados, un adecuado nivel de los conocimientos necesarios para mejorar la protección de la salud en el lugar de trabajo. Este es el propósito de este libro, que renueva por completo su primera edición en 1985, que fue un hito. Treinta años más tarde, este rediseño era necesario: este trabajo presenta, de una forma accesible, y a una audiencia más amplia, los conocimientos más recientes sobre los riesgos de trabajar, en todos los sectores. La movilización de un equipo internacional de especialistas, teniendo en cuenta las experiencias llevadas a cabo en muchos países, es a la vez una referencia y una invitación a pensar en el futuro de la prevención, y para ofrecer una herramienta práctica para la acción.

Tome el control de su propio trabajo, también para comenzar a recuperar el control del mundo».

Uno de los autores antes citados -autora, en este caso-, Annie Thébaud-Mony, sobre quien ya platicamos en nuestra entrevista número veintiséis (como seguramente usted recordará), ha sido y es una infatigable e importante luchadora contra los cánceres laborales, en general, y contra el amianto, en particular.

Pues también en este caso mi débil memoria ha acuñado bien su moneda. Sepa usted, seguro que ya lo sabe o se lo imagina, que soy un gran admirador de Annie Thébaud-Mony. Me escribió por cierto hace unos meses. Le he interrumpido antes.

Igualmente destacaría la publicación, el pasado 15 de marzo, de un «Editorial» de la revista «Respirology», signado por Paul Baas y Sjaak Burgers, y titulado «ASIA: Asbestos Stop In Asia». De dicho «Editorial», transcribimos seguidamente unos párrafos, que estimamos especialmente significativos:

«El mundo occidental ha tomado medidas contra la manipulación e importación de amianto en la mayoría de esos países, en los últimos años del pasado siglo 20. Las personas que han contraído enfermedades relacionadas con el amianto, son reembolsadas hoy por su sufrimiento en muchos países occidentales. Estos pacientes tienen derecho a reembolsos financieros de 20.000 a 200.000 euros por caso. Con un número total de habitantes, de 731 millones, y una incidencia estimada de 1,3/100.000 para mesotelioma pleural maligno solamente, probablemente ya tendrá que ser gastado en compensación de 200 a 2.000 millones de euros.

A pesar de las medidas europeas de control de la importación del amianto, la producción mundial de este material no ha disminuido. En 2013, alcanzó los 1,94 millones de toneladas. Los principales países productores de asbesto son Rusia, China y Kazajstán, y no han publicado  planes de cerrar sus sitios de excavación.» «… existe una diferencia significativa entre el mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial y Asia ahora. En concreto, ahora somos conscientes de los enormes riesgos asociados con la exposición al amianto.

¿Cómo podemos resolver esta bomba de tiempo retardado, el amianto, a la que Asia se enfrenta? ¿Debemos continuar con la extracción y exportación de amianto? ¿Hay que ir a por los beneficios a corto plazo, y aceptar los riesgos laborales? La miopía ya no es aceptable».

«El problema del amianto representa el inicio de un enfrentamiento entre la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Salud».

Respecto a lo ahí manifestado, permítasenos introducir, por nuestra parte, una importante matización.

Adelante con ella.

El hecho de que, como es lógico, ahora se sepa mucho más que antes, sobre la nocividad del amianto no significa, por supuesto, que entonces no existiera ningún conocimiento sobre ello. Sobre la responsabilidad derivable de ese conocimiento no nulo -y sí ya importante- de entonces, no podemos asimilarla, en metáfora, a como si se tratara de quien pudo haber confundido el frasco del agua oxigenada con el del agua regia.

Y todo ello, además, a veces sustentado por quienes, empeñados en reescribir la Historia, ahora quieren convencernos de que Guillermo Tell era estrábico.

Ya en la década de 1930, los ejecutivos de las empresas en las que se utilizó el amianto diariamente estaban encubriendo el hecho de que los empleados estaban siendo enfermados y muriendo a causa de enfermedades relacionadas con el asbesto. Se escondieron o destruyeron memorándums sobre los peligros del amianto, ignorando los informes de los médicos, y en silencio ofrecieron una indemnización a las personas afectadas por su trabajo diario con el mineral peligroso, haciéndoles prometer que nunca le dirían nada a sus compañeros de trabajo, acerca de su enfermedad.

La totalidad de las compañías de la industria del asbesto, coordinadas a través de su pertenencia al cartel SAIAC, fundado en 1929 (y del que ya nos ocupamos anteriormente, en nuestras entrevistas número siete, trece, y catorce, y al que también pertenecía la empresa Uralita), tuvieron oportunidad y obvio interés razonablemente presumible, en conocer toda esa situación. Véase, al respecto, el contenido de las páginas 294-408 de mi libro, correspondientes a los sub-capítulos titulados «Guerra sucia», «El lobby en acción: el cloro», «Filantrocapitalismo y amianto», «Chovinismo, hipocresía y dobles estándares», «En tiempos recientes», y «En España».

Y es que, mediante la oportuna remisión a las fuentes, a las afirmaciones extraordinarias, han de corresponderle también pruebas extraordinarias, para desasosiego y alboroto de «la carcunda de palacio», como diría Valle-Inclán.
No toda la responsabilidad cabe atribuírsela a los industriales del amianto sino que también habremos de incluir en ello a los propios gobiernos que, entre otras cosas, han mantenido a la población general en una ignorancia absoluta de los riesgos, sobre todo en regímenes dictatoriales, como el que en el pasado padecimos en España; porque, además, eso se enmarca dentro de una responsabilidad, nunca bastante demandada, por otro tipo de ignorancia, mucho más amplia: por un generalizado déficit cultural popular, que eventualmente se ha venido a manifestar individualmente en algo que afea tanto a la propia conversación, como son las expresiones incorrectas, tales como, por ejemplo, «unas fiebres palúrdicas», «un infanto de leocadio», o «lo dilató a la Guardia Civil», etc., etc…, pero regresemos, en fin, a lo que aquí es lo nuestro, que es todo lo relativo al amianto.

De acuerdo, regresemos a ese punto.

Si hubo tal déficit, con carácter general, tampoco puede sorprendernos que también lo hubiera, por lo que respecta a los peligros del asbesto.

Otra cuestión sobre la que actualmente se ha producido alguna novedad, está relacionada con la aplicabilidad del «Principio de Precaución» al uso de las nanotecnologías, por la similitud del rango dimensional de las partículas así fabricadas, respecto a las de las fibrillas elementales de la llamada «fracción respirable» del polvo del amianto. En concreto, la alarma actualmente lanzada, versa sobre la utilización de tales nano-partículas como ingredientes de los alimentos de producción industrializada que las incorporan.

El tema es importante desde luego.

El pasado 12 de marzo, la UITA, la federación internacional de sindicatos de trabajadores empleados en la preparación y producción de alimentos y bebidas, hacía unas recomendaciones políticas, emitidas en relación con el aumento del uso de nano-materiales en la industria alimentaria.

«Los productos de ingeniería, que contienen nano-partículas, se introducen rápidamente en la producción comercial, en todas las etapas de la cadena alimentaria, como se demuestra cuando hay un sistema específico adecuado, que está en el lugar oportuno, para evaluar el riesgo y proteger a los trabajadores, el público y el medio ambiente», dijo Ron Oswald, Secretario general de la UITA.

Dicen que un optimista es un ciudadano mal informado… y es que parece como si la Humanidad estuviera condenada a un eterno ritornello, cayendo siempre en «las mismas» osadías tecnológicas, que nos evocan al mito del eterno retorno de Mircea Eliade, al mito de Sísifo de Albert Camus, o que nos evocan igualmente a la obra de un Friedrich Nietzche, de un Milan Kundera, o a «La historia interminable».

¿Por qué afirma lo que acaba de apuntar?

Los nanotubos multi-vallados de carbono (formados por varias capas de grafeno, de un espesor monoatómico del citado elemento), ya se han evidenciado experimentalmente como susceptibles de desencadenar un mesotelioma (véase, por ejemplo: Donaldson et al. (2006), (2008) & (2010), Ichihara et al. (2008), Jaurand et al. (2009), Kane & Hurt (2008), Mossman et al. (2007), Muller et al. (2008), Peng et al. (2009), Poland et al. (2008), Sakamoto et al. (2009), Sánchez et al. (2006), Tabet et al. (2009), Takagi et al. (2008), Wang et al. (2012), Zhu et al. (2007).

Quedo a disposición de cualquier lector que pudiera estar interesado en esta cuestión: [email protected].

Gracias por la referencia. El capítulo 3 lleva por título: «Mesoteliona familiar: el asesino en serie» del delito corporativo». Está dividido en dos apartados. En los países industrializados, señala en la introducción, el 20% de los mesoteliomas diagnosticados corresponden a exposición no ocupacional. ¿Sigue siendo así? ¿El dato sigue siendo correcto?

En general, sí. Allí donde no hay prohibición del asbesto, y donde los registros y las prácticas de prevención son deficientes o inexistentes, junto con una intensa actuación de lobby de la industria del amianto, «casualmente» ese porcentaje de mesoteliomas supuestamente idiopáticos se eleva hasta cifras inverosímiles, habida cuenta de que, en la generalidad de las naciones que sí cuentan con esa prohibición, y con la implementación de los oportunos sistemas de registro, no es así.

Una duda: ¿ha habido muchas mujeres que hayan trabajado en España en fábricas de amianto? ¿Han sido hombres básicamente?

La utilización de mano de obra femenina, ha sido más intensa en la industria textil, y en la de la fabricación de productos de plástico (por ejemplo, de baquelita), en los que se incorporaba una carga de asbesto, para modificar las propiedades dieléctricas o de resistencia del producto final.

 En la industria del amianto-cemento, esa utilización fue tanto más intensa, cuanto más nos remontemos a épocas más pretéritas; cuando la fabricación no estaba todavía altamente mecanizada, utilizándose, por ejemplo, camas-molde, para la fabricación manual de placas onduladas, extendiendo uniformemente la pasta fresca sobre la cama-molde, eran mujeres quienes, en una alta proporción al menos, eran las contratadas para la realización de tal tarea.

Todo esto tiene una derivada añadida, y es que, cuanto más «primitiva» y «artesanal» era la fabricación, y por la índole de la propia empresa «pitufita», tanto más elevado era el porcentaje de trabajadoras, y más pésimas eran las condiciones de higiene industrial.

No obstante, y en términos generales, lo que ha predominado ha sido la mano de obra masculina.

¿Cuál es la referencia exacta de la expresión «mesotelioma familiar»?

Considero que la definición correcta ha de ser: dos o más miembros de una misma familia -con o sin consanguineidad entre sí- afectados por un mesotelioma.

Hay quienes pretenden restringir la expresión, a los casos en los que sí media la consanguineidad, atribuyéndolo todo a una mera predisposición genética de acogida.

 Sin embargo, los datos empíricos, en su generalidad, no avalan esa interpretación, y el principio metodológico, en Ciencia, de la «navaja de Ockham», nos señala que la presencia del amianto, por sí sola, en todos los casos, con o sin consanguineidad, basta para dar cumplida cuenta del nexo causal con el asbesto, respecto del efecto observado, el «mesotelioma familiar», sin necesidad de condiciones adicionales añadidas.

 Digamos, además, que no tratándose de una mera disquisición académica, hay de por medio en ello, sin duda, soterradas cuestiones de interés económico, que vienen a contaminar, una vez más, la serena discusión sobre los fundamentos metodológicos de la indagación científica de los fenómenos observados.

Un caso de mesotelioma familiar, específicamente asociado al amianto blanco o crisotilo, lo tendremos en la historia de la familia canadiense de Heidi von Palleske, relatada por la periodista Kristy Kirkup, en un reportaje titulado «Une «orpheline de l’amiante» en lutte contre Ottawa», y cuyo texto completo es accesible, a través del siguiente enlace: http://tvanouvelles.ca/lcn/infos/regional/archives/2011/11/20111124-205638.html

De mesotelioma, individual esta vez, se trata en el caso de Diane Turcotte, igualmente originado por el crisotilo, y que cuyo relato puede igualmente ser accedido, a través de esta otra dirección de enlace: http://leprofesseurmasque.blogspot.com.es/2012/01/quand-ton-milieu-de-travail-te-tue.html

¿Por qué la apelación a la predisposición genética puede o suele ser un pretexto para argucias procesales para intentar la exoneración de responsabilidades? ¿Es frecuente su uso en las batallas jurídicas?

Porque, en sede judicial, todo lo que venga supuestamente a desdibujar en lo más mínimo el nexo causal entre amianto y mesotelioma, indefectiblemente le servirá al juzgador como causa a considerar -yo me atrevería a decir «pretexto»-, para denegar la indemnización.

 En lo relativo a tales cuestiones u otras similares, en los juzgados -al menos en los españoles-, se han llegado a escuchar las más peregrinas afirmaciones, tanto por parte de las empresas demandadas como -mucho peor-, por parte de algunos jueces, para justificar una denegación del derecho a ser indemnizado por el daño causado.

 Lo que se ha hecho -y se sigue haciendo-, en algunos juzgados -no en la mayoría, afortunadamente-, con los trabajadores, y con la generalidad de las víctimas del asbesto, incluidas las no ocupacionales, no tiene nombre.

¿Es pertinente la distinción entre mesotelioma maligno y mesotelioma benigno? ¿Por qué?

Con matices, sí. Digo «con matices», porque no cabe descartar la transformación, a posteriori del diagnóstico, de un mesotelioma benigno, en maligno; de ello existe excepcional constancia, en la literatura médica.

Afortunadamente para el paciente, el mesotelioma benigno supone una prognosis netamente mejor. Además, entre ambas modalidades, existen consistentes diferencias histopatológicas, y es sólo el mesotelioma maligno, el que se evidencia que esté relacionado con la exposición al asbesto.

Por consiguiente, la distinción es coherente con la terminología utilizada, y es pertinente.

Apela usted, en un momento de su exposición, a la navaja de Occam. ¿A qué viene esa referencia metodológica?

Ya lo expliqué antes: donde basta una sola causa para poder atribuírsela al efecto observado, no hay justificación lógica ni necesidad fáctica, para invocar otras supuestas causas concurrentes, salvo que exista algún otro elemento adicional de contexto, que lo justifique.

Hay un artículo o ensayo, no sé exactamente, que usted recomienda decididamente al lector: Saracci & Simonato, 2001. ¿Por qué?

Se refiere usted al artículo: Saracci R, Simonato L, Familial malignant mesothelioma, Lancet. 2001 Nov 24; 358(9295): 1813-4

Exacto.

Atendiendo al contenido del texto completo, accesible mediante el enlace facilitado, se puede comprobar cómo los autores, en una crítica al trabajo de otros investigadores, señalan sus notorias deficiencias metodológicas y de razonamiento, en un trabajo que pretendía asegurar la realidad de una supuesta etiología, principal o exclusiva, de la predisposición genética, en el fenómeno epidemiológico del «mesotelioma familiar»; tras diversos argumentos de alto nivel técnico -y de dificultosa vulgarización, por tanto-, Saracci y Simonato concluyen: «Las conjeturas sobre un componente genético en la etiología de algunos mesoteliomas es una cosa, y demostrar su verdadero papel es otra, lo que requiere mucha más información que la publicada. Esta evidencia es científicamente esencial, y por las implicaciones de salud pública más amplias, dado el peso que un factor genético puede llevar, a la hora de debatir la responsabilidad en los mesoteliomas relacionados con el amianto».

No está mal la nota, nada  mal. ¿Por qué Australia, como usted indica, ha sido uno de los países más envueltos en la polución por amianto?

Por haber sido uno de los grandes productores, a nivel mundial, junto con Sudáfrica, del amianto azul, crocidolita, más cancerígeno que otras variedades comerciales de asbesto, y también por las muy deplorables condiciones de nula salubridad en las que se desarrolló su minería de la fibra asesina, dejando una pesada herencia de contaminación medioambiental. Todo lo cual, por supuesto, se ha venido reflejando, y así todavía continua, en unas altísimas tasas de mesotelioma, y, en menor grado, también de las otras patologías asbesto-relacionadas (cáncer de pulmón, asbestosis, cáncer de laringe, cáncer de ovarios, etc.).

¿Por qué es tan importante, como usted señala, el concepto de biodiversidad intraespecífica del Homo sapiens, de nuestra especie?

Porque no existen enfermedades, sino enfermos. Imagínese, por ejemplo, una persona que, por predisposición genética, es proclive a sufrir ataques de asma. Si esa persona, al propio tiempo, ha sido expuesta al amianto en un puesto de trabajo en el que tal riesgo no se identificó (los llamados «trabajadores espectadores», por haber realizado sus tareas en proximidad al lugar en el que otros operarios laboraban con asbesto), esa persona, a la hora de sufrir las consecuencias de una incipiente asbestosis, se verá abocada a padecer una insuficiencia respiratoria, mixta entre ambas etiologías, que no se verá reflejada en los protocolos estandarizados para el diagnóstico y valoración de la mera asbestosis. Si una anamnesis deficiente, por incompleta, no lo registró ¿Es tan poco probable, tan difícil de imaginar, que tal concurrencia de circunstancias se pueda presentar con cierta frecuencia en la praxis médica?… Claro que no.

Efectivamente: ¡claro que no! ¿Existe entonces o no existe, en su opinión, el concepto de normalidad sanitaria, de ser humano sano?

Haciendo de todo ello un uso prudente y realista, no hay inconveniente en que, por comodidad expositiva o metodológica, se pueda recurrir a tal representación abstracta del pensamiento experto; pero siempre teniendo presente sus limitaciones, y su insoslayable artificiosidad.

Hasta aquí hemos llegado. Le sigo molestando en breve.

Nunca será molestia, sino más bien «el orgasmo dialéctico».

Si es así, si la cosa produce estos efectos, le preguntaré muy rápidamente.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.