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Cuestiones difíciles para Hamás

Fuentes: Electronic Intifada

Traducido para Rebelión por Loles Oliván

La victoria de Hamás en las elecciones al Consejo Legislativo Palestino de 2006 sorprendió a todos, incluso a sus propios miembros y dirigentes. Asimismo, muchos activistas locales e internacionales se sintieron aliviados porque la victoria constituía un golpe contra la doctrina de Bush en Oriente Próximo. Igualmente, fue una prueba de la credibilidad del enfoque democrático liberal y de sus aplicaciones en la región.

Este artículo no se refiere a las reacciones nacionales o extranjeras ni a los intentos de derrocar la única experiencia democrática del mundo árabe. Por el contrario, aborda el fracaso de Hamás al no estar a la altura de sus propios compromisos con sus electores, muchos de los cuales no eran necesariamente partidarios del movimiento. También examina el grado de credibilidad de Hamás en el compromiso con el contrato social que las grandes democracias cumplen en términos de respeto de los ciudadanos individuales y de la salvaguardia de su dignidad. Dicho contrato afecta no sólo a los ciudadanos sino también a las ciudadanas.

En primer lugar, se debe reiterar el hecho de que Hamás forma parte del campo de la resistencia. Además de los enormes sacrificios que muchos de sus dirigentes y cuadros han hecho, si se invierten de forma creativa, las acciones de Hamás apoyan en última instancia los intereses de la causa palestina. Ello implica la siguiente pregunta: ¿Ha sido capaz Hámas de construir realmente ese alto nivel de compromiso y sacrificio no sólo en nombre del movimiento sino de los palestinos en general?

A pesar de sus declaraciones en algún modo acaloradas, el impulso de Hamás y la voluntad de hacer frente a las propuestas estadounidenses son realmente sorprendentes. Por lo que yo sé, se enviaron dos cartas a la nueva Administración de Obama después de haber concluido el término del ex presidente de Estados Unidos George W. Bush. Los estadounidenses hicieron hincapié en que se habían negado a aceptar la primera carta. Pero lo significativo es el contenido de las cartas y cómo se reflejan en ellas las aspiraciones de los palestinos -tanto en toda la Palestina histórica como en la diáspora.

El contenido de esas cartas, junto con declaraciones de altos dirigentes de Hámas, indican a Estados Unidos la aceptación y el compromiso por parte de Hámas con la solución de dos Estados, es decir, con la creación de un Estado palestino independiente en los territorios ocupados por Israel en 1967. Sin embargo, muchos dirigentes de Hámas recalcan, al mismo tiempo, su negativa a reconocer al Estado de Israel y a aceptar la solución de dos Estados. En pocas palabras, los líderes palestinos elegidos por la mayoría de un tercio del pueblo palestino, es decir, la población de Cisjordania y de la Franja de Gaza, han anunciado su compromiso con una solución racista que no tiene en cuenta los derechos de entre seis y siete millones de refugiados palestinos, ni los derechos nacionales y culturales de 1,4 millones de palestinos en Israel.

 

El grave peligro que subyace en esta posición radica en el hecho de que sigue la trayectoria a la baja de la derecha laica dominante en el liderazgo palestino desde la década de 1960. Sigue asimismo la caída de la izquierda estalinista palestina, cuyo liderazgo fue cooptado por el sector de las organizaciones no gubernamentales y por la Autoridad Palestina, apropiándose de la toma de decisiones internas de las respectivas organizaciones palestinas. Ello condujo a la adopción de posiciones que eran radicalmente diferentes de las que habían defendido históricamente. De hecho, tales posiciones se abandonaron con justificaciones pragmáticas, que son la antítesis de las cuestiones a las que la izquierda debe ser capaz de dar respuesta de manera creativa, como la solución de dos Estados y la pertenencia a la secuestrada y desacreditada OLP de la era de Oslo.

Por lo tanto, muchos simpatizantes internacionales y activistas palestinos opuestos a los Acuerdos de Oslo, o a la segunda Nakba, como el difunto Edward Said se refería a ellos, han exagerado la «esperanza». El triunfo de Hamás en las elecciones de 2006 se debió principalmente al hecho de que el movimiento nacional palestino no consiguió cumplir sus objetivos declarados, a que abandonó el «programa provisional» y a que aceptó una solución excepcionalmente racista que niega derechos históricos internacionalmente legitimados. Sin embargo, la aceptación de Hamás de la solución de dos Estados, o de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, como se la llama a menudo, no está reñida políticamente ni con la izquierda ni con la derecha del movimiento nacional.

¿Pero qué significa este Estado?, y ¿tiene Hamás una alternativa a la solución de de dos Estados, o dos prisiones, que ya se ha convertido en imposible de alcanzar?

La experiencia del gobierno de Hamás en la Franja de Gaza ofrece un modelo en miniatura de Estado islámico, mientras que Cisjordania se mantiene como el estado de los bantustanes que se debería declarar en noviembre de 2011. Es de conocimiento público que Gaza ha sido objeto recientemente de transformaciones sociales ideológicas mediante leyes que se aplican sin ser promulgadas. Tales leyes tienen por objeto las libertades individuales, especialmente las de las mujeres, que ya no pueden fumar la pipa de agua en público o ir detrás de sus esposos en las motocicletas. Asimismo, las estudiantes se ven obligadas a llevar yilbab y hiyab, al igual que las abogadas que deben llevar hiyab. Por supuesto, esas prácticas pretenden «proteger nuestras costumbres y tradiciones» pero ¿existe algún texto tradicional que impida a las mujeres, por ejemplo, fumar? La democracia que sirvió de base para las elecciones de 2006 se basa en garantizar las libertades individuales. Muchas declaraciones hechas por los líderes de Hamás dentro y fuera de Gaza antes de las elecciones hacían hincapié en que respetarían tales libertades si eran elegidos.

La transformación de muchos miembros de la resistencia, dispuestos a sacrificar sus vidas por su patria y que ejercieron notables esfuerzos para defender Gaza en 2009, en policías religiosos como los de Arabia Saudí exige una seria revisión y crítica por parte de Hamás.

Por consiguiente, es obvio que Hamás no es capaz de darse cuenta de que la guerra en Gaza en 2009 ha creado una nueva realidad política por la que Israel ha apretado el gatillo de la solución racista de dos Estados/dos prisiones. Hamás insiste en adoptar este enfoque y afirma que es una táctica temporal hasta que cambie el equilibrio de poder, asumiendo el movimiento que ello ocurrirá dentro del período de tregua de diez ó veinte años. Durante ese tiempo, planea construir un Estado siguiendo su modelo de Gaza. Eso no indica más que la falta de una clara visión estratégica para poner fin al conflicto, una visión basada en las luchas globales del pasado contra el colonialismo, en particular contra el abominable régimen de apartheid de Sudáfrica que se derrumbó estrepitosamente en 1994.

Desafortunadamente, no ha habido indicios, según lo que yo he leído en muchas declaraciones hechas por los dirigentes de Hamás, de una clara comprensión dentro del movimiento, ni de la naturaleza de apartheid del Estado de Israel ni de las herramientas utilizadas por el movimiento sudafricano contra aquél; una de esas herramientas es la campaña de boicot internacional sin la cual no se habría puesto fin al régimen de apartheid. Ello demuestra que Hamás no ha logrado entender el papel del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Como indica un reciente informe del Instituto Reut, con sede en Israel, incluso los propios israelíes están preocupados por el impulso que está ganando el movimiento BDS. No hay declaración alguna, ya sea en los discursos públicos de los funcionarios de Hamás o en sus escritos políticos, que indique una comprensión de tales esfuerzos que, como afirma Reut, servirían para «deslegitimar a Israel» y «suponen una amenaza para su propia existencia».

De forma similar al movimiento de boicot contra el régimen de apartheid de Sudáfrica, el movimiento BDS está conducido por un comité nacional de boicot, el Comité Nacional de BDS (CNB), en particular la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI, en sus siglas en inglés). La diferencia entre las dos experiencias es que en Sudáfrica, el Frente Democrático Unido (UDF) -una amplia coalición de grupos de la sociedad civil que luchaba contra el apartheid en Sudáfrica- fundó su movimiento vinculando la resistencia popular de base con la solidaridad internacional. Ello fue particularmente cierto en la campaña de boicot. El fallo de la dirección palestina, tanto en el sector nacionalista como en el islamista, de no estudiar, aprovechar y vincular esa experiencia con la historia de la resistencia palestina debe ser asimismo corregido de inmediato.

Sin embargo, es evidente que el desarrollo de un liderazgo alternativo no puede esperar. Como punto de referencia en la historia de la lucha palestina, la formación del Comité Nacional del Bloqueo así como sus principales objetivos han vuelto a conectar a los distintos sectores del pueblo palestino para mantenerse frente a la ocupación, la colonización y la racista discriminación institucionalizada contra los ciudadanos palestinos de Israel, y para reclamar el regreso de los refugiados. Estas exigencias indivisibles distinguen la nueva estrategia alternativa palestina. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿está Gaza dispuesta a interactuar de manera constructiva en esa evolución positiva de la lucha palestina, con franqueza hacia los restantes actores nacionales y sin estrechas visiones partidistas?

* Haidar Eid es profesor asociado de Literatura postcolonial y postmoderna en la Universidad Al-Aqsa, en Gaza, y asesor político en Al-Shabaka, Red de Política Palestina. Este artículo ha sido publicado originalmente en árabe por la Agencia de Noticas Ma’an.

Fuente: http://electronicintifada.net/v2/article11605.shtml