Hace cuarenta y siete años, tras de un milenio de gobierno monárquico, Irán reinventó su sistema político. La República Islámica nació con la Revolución de 1979 y se considera uno de los acontecimientos históricos más trascendentes de la época actual.
La revolución iraní alteró profundamente el paisaje geopolítico de Asia Occidental. Al destituir al sha, los iraníes derribaron uno de los pilares de la hegemonía regional estadounidense. Con la revolución Irán dejó de ser un aliado cercano de Israel para transformarse en uno de sus principales adversarios. También cambió la causa palestina que pasó de ser una lucha de liberación nacional (en gran medida laica) contra el colonialismo de asentamiento, a ser una resistencia más islamista, un imperativo islámico y político. La liberación de al-Quds (Jerusalén) se convirtió en un pilar central de la identidad islámica antiimperialista del gobierno.
En agosto de 1979 el primer líder supremo del Irán, el ayatollah Ruhollah Khomeini, declaró el día de Al-Quds para reafirmar a Palestina como un principio unificador. El día internacional, celebrado anualmente, se conmemora en el último viernes del mes de ayuno del Ramadán. Se celebran grandes manifestaciones destinadas a expresar solidaridad con los palestinos y palestinas, y para oponerse a la ocupación israelí de Jerusalén y de toda Palestina. Desde entonces ha servido como símbolo de resistencia.
Además, para contrarrestar la hegemonía estadounidense e israelí, Irán estableció una red de aliados que ha vinculado la libertad palestina a una estrategia regional. Teherán nunca ha vacilado en proporcionar apoyo material (estimado en miles de millones) a los grupos de resistencia palestinos, apoyo que les ha permitido continuar su lucha por la liberación y la autodeterminación.
Durante los últimos 47 años Irán, un país no árabe, ha mantenido su compromiso con Palestina como pilar central de su política exterior antiimperialista y antisionista. Ningún país árabe o nación musulmana puede decir lo mismo. Debido a ello, Israel Estados Unidos y los países occidentales han amedrentado económica y militarmente, y castigado al país por un programa de armas nucleares que no existe.
El Irán revolucionario ha desempeñado un papel fundamental en hacer de Palestina una prueba decisiva de libertad y justicia en Asia Occidental y más allá. En palabras de Abbas Araghchi, ministro de Relaciones Exteriores del Irán, «Palestina es la brújula estratégica y moral de nuestra región. Es una prueba para demostrar si tiene sentido el derecho internacional, si los derechos humanos tienen un valor universal y si existen instituciones globales para proteger a las personas débiles o si simplemente existen para servir al poder de los fuertes».
Debido a la negativa de Irán a aceptar la injusticia y a ceder su soberanía nacional, Estados Unidos inflige desde la década de 1950 un sufrimiento sistemático a Irán. Como Irán rechaza sus imposiciones, Washington ha adoptado unas políticas y medidas que incluyen:
- derrocar al gobierno iraní democráticamente elegido en 1953.
- sostener la brutal dictadura del sha durante 26 años.
- patrocinar la guerra de ocho años contra Irak y el uso de armas químicas contra los iraníes
- colaborar con Israel en su campaña para matar a científicos iraníes.
- destruir infraestructura industrial y atacar instalaciones nucleares pacíficas.
- mantenerunas sanciones devastadoras que han paralizado la economía, contribuido a la degradación ambiental e infligido unas penurias significativas a la población
Tel Aviv considera que eliminar completamente la oposición regional es un requisito previo para su dominio y para la reestructuración del área a su propia imagen. Irán, la Resistencia palestina, el Hezbollah libanés, las Fuerzas de Movilización Popular en Irak y Ansarallah en Yemen son los obstáculos que quedan para que Estados Unidos e Israel logren una subyugación completa.
Israel ha trabajado durante décadas para retratar a Irán como un actor maligno. Ha desarrollado y perfeccionado una poderosa red de propaganda prosionista, instituciones educativas, medios de comunicación y grupos de presión que buscan condicionar a los estadounidenses para que consideren a Irán un agresor, una amenaza y un país a cuyos líderes son de temer.
Hay numerosos ejemplos, a menudo sutiles, de cómo ha funcionado la campaña estadounidense-israelí para socavar y “alterizar” a Irán, esto es, para tratarlo como algo ajeno, entre otros:
- denominar «régimen» a la república constitucional de Irán.
- las protestas reciben una amplia cobertura mediática junto con un discurso antiiraní en los medios corporativos, mientras que el genocidio de Israel contra el pueblo palestino se minimiza o justifica como defensa.
- mostrar como oprimidas a las mujeres iraníes, aunque se encuentran entre las más educadas del mundo (el 97% están alfabetizadas y el 65% de los estudiantes universitarios son mujeres).
- se retrata negativamente a los líderes de Irán, a menudo como siniestros, intransigentes e irracionales, mientras que los teócratas israelíes de línea dura, los militaristas y conservadores de derecha se presentan como racionales y democráticos.
Cada vez es más evidente que, para obligar a Teherán a someterse, Washington y Tel Aviv han empleado sanciones económicas ilegales y amenazas infundadas sobre armas nucleares, como herramientas políticas.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha pasado más de 34 años fabricando sistemáticamente una crisis nuclear inexistente, haciendo sonar la alarma sobre que a Irán le faltan semanas o meses para un lograr un gran avance nuclear, un relato recurrente que se utiliza para construir argumentos a favor de una acción militar.
Poco después de que el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), el acuerdo nuclear multilateral, se finalizara el 14 de julio de 2015, Netanyahu hizo de su destrucción un elemento fundamental de sus objetivos bélicos.
Es importante recordar que, con la esperanza de lograr una solución diplomática duradera, Irán aceptó a aceptar el JCPOA las restricciones más estrictas jamás impuestas a un programa nuclear civil. El acuerdo nuclear incluía las siguientes limitaciones al programa pacífico de Irán: el enriquecimiento de uranio se limitó a un 3,67 % (se necesita un 90 % para fabricar una bomba), las reservas de uranio enriquecido se redujeron en un 98 % y el programa quedó bajo total vigilancia del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Aunque Irán cumplió las condiciones del acuerdo nuclear, Israel y sus partidarios estadounidenses aplaudieron a Trump cuando en 2018 retiró unilateralmente a Estados Unidos del JCPOA e inició una campaña de «máxima presión».
La guerra financiera librada por Estados Unidos e Israel no ha producido el cambio de «régimen» deseado, sino que ha acelerado la integración de Irán en una alianza estratégica con China y Rusia.
Además, desde la década de 1990 Netanyahu y sus aliados en Washington han pedido repetidamente una acción militar contra Irán e intentado persistentemente que Estados Unidos ataque. Finalmente concretó su plan en junio de 2025, cuando Israel lanzó, con apoyo militar estadounidense, la guerra de 12 días, un ataque que tuvo lugar bajo el manto de las negociaciones.
Es interesante observar que tras el asesinato del general iraní Qassem Soleimani en 2020 por parte de Estados Unidos, Trump se quejara en privado de que Netanyahu estaba «dispuesto a luchar contra Irán hasta el último soldado estadounidense». Su frustración provenía de su creencia de que Netanyahu involucraría directamente a Israel en la operación.
Irán y Palestina siempre han estado en la mira de Washington y Tel Aviv: Irán por su importante historia y ubicación geopolítica, sus riquezas de petróleo, gas y otros minerales; Palestina por su fuerza religiosa y su presencia histórica en el corazón del mundo islámico; y ambos por su perseverancia y firmeza de principios.
Los estadounidenses no han comprendido a la compleja nación iraní debido a los medios corporativos y las redes sociales prosionistas, a comentarios de iraníes de la diáspora antigubernamental y de los denominados expertos en Irán. Desprovistas de antecedentes históricos, ambas naciones centenarias han sido reducidas a engañosas citas breves.
Los miembros de la case dirigente política, de la política exterior y de los medios de comunicación rara vez (si es que lo hacen alguna vez) examinan la necesidad, la eficacia o el clamor de una guerra contra Irán; por no hablar de cuestionar la moralidad de las acciones estadounidense-israelíes; en cambio, se toleran y a menudo aplauden la violencia y agresión tanto de Estados Unidos como de Israel.
A diferencia de muchos países del mundo árabe y occidental, la República Islámica se ha negado a abandonar al pueblo palestino y a doblegarse ante los peligrosos regímenes obstinados de Estados Unidos e Israel.
Frente a las ambiciones expansionistas de Israel, las familias petroleras árabes también tienen que tomar una decisión sobre su futuro en la región. Si desean seguir siendo soberanos, en lugar de vasallos de Estados Unidos e Israel, también deben apoyar a Palestina.
La ausencia de los Estados árabes en la batalla por Palestina no es simplemente cobardía moral, es una victoria para los sionistas y una rendición ante el plan imperialista estadounidense-israelí para la región. La irrelevancia, la hipocresía y la continua desestabilización son lo mejor que puede ofrecer Israel. La elección que tienen ante sí los Estados árabes es clara: unidad colectiva o subordinación.
Israel ha llegado erróneamente a la conclusión -como Washington le ha hecho creer- de que puede seguir viviendo y prosperando en la región a pesar de su guerra genocida contra los palestinos y palestinas, la agresión terrorista contra sus vecinos y el ataque al sistema legal internacional.
El eje belicoso Washington-Tel Aviv viene amenazando y construyendo una guerra contra Irán desde 1979. Lo que estamos presenciando hoy es el intento de Washington de instalar otro monarca cliente y obediente, como el difunto sha. Su guerra inventada y largamente deseada, impulsada por la equivocada convicción de que pondrá fin a la resistencia palestina y derribará al gobierno iraní, se puede convertir en una trágica realidad para la región y la comunidad global.
Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/from-tehran-to-gaza-frontlines-of- resistance/
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