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Desplegando el mapa electoral israelí

Fuentes: Al Ahram Weekly

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Apenas una semana antes de las elecciones [28 de marzo], el mapa político israelí ha cristalizado en cinco bloques fundamentales. Un centro nacionalista, representado por el Partido Kadima de Ariel Sharon; una derecha nacionalista, representada por el Likud y las coaliciones que apoyan a los colonos, como la Unión Nacional/Partido Religioso Nacional (UN-NRP, en sus siglas en inglés); la izquierda sionista, representada por el Partido Laborista de Amir Peretz y el Meretz; los partidos religiosos ortodoxos como el movimiento sefardí Shas y la coalición askenazi del Judaísmo Unido de la Torah (UTJ, en sus siglas en inglés); y los partidos árabes anti-sionistas.

 

Queda por ver qué alineamientos podrían emerger entre los diversos partidos tras las elecciones para poder llegar a formar el próximo gobierno israelí. Está claro lo que los divide. Como siempre en la política israelí, la fisura principal no se produce por diferencias en las políticas culturales, económicas y sociales, aunque tengan un cierto peso, sino por la posición respecto a la lucha nacional con los palestinos y el destino de los territorios ocupados.

 

KADIMA, EL CENTRO NACIONALISTA: Formado por Sharon a finales del pasado año, Kadima ha jurado permanecer fiel a su legado. Esto se reduce a dos presuntos imperativos: la necesidad de determinar las fronteras permanentes de Israel para preservar su carácter de estado «judío y democrático»; y, si fuera necesario, hacerlo de forma unilateral a falta de de un «socio palestino», veto que le fue aplicado a Yaser Arafat en el pasado, actualmente se le aplica al Presidente Mahmud Abbas y en el futuro se le impondrá a un gobierno de la Autoridad palestina dirigido por Hamas.

 

Sharon fue siempre cauteloso respecto al futuro. Su sucesor como líder de Kadima (y primer ministro en funciones), Ehud Olmert, lo es menos. En una serie de entrevistas con la prensa israelí hace unos días, trazó la estrategia política de cualquier futuro gobierno que estuviera dirigido por él.

 

En principio, le daría un tiempo al gobierno de Hamas para que cumpliera sus «condiciones de entrada» para reanudar los contactos israelo-palestinos, que son: reconocimiento de Israel como estado judío; desarme de todas las facciones de la resistencia palestina; y adhesión a todos los acuerdos anteriores entre Israel y la OLP, incluidos los Acuerdos de Oslo de 1993 y la Hoja de Ruta «hacia la paz» de 2003.

 

En el probable incumplimiento de Hamas de esas condiciones, Olmert ha dicho que Israel determinará su frontera oriental en 2010 – es decir, dentro del mandato del próximo gobierno. La línea de separación será, en su mayor parte, el muro levantado en Cisjordania, que actualmente se está anexionando alrededor del 10% del territorio palestino ocupado. Un futuro Israel incluirá los bloques del asentamiento de Maale Adumin, Ariel y Gush Etzion, así como la Ciudad Vieja de Jerusalén «y las barriadas adyacentes [judías]» en el ocupado Jerusalén Este. Olmert asegurará también la contigüidad territorial y residencial entre el Oeste de Jerusalén y Maale Adumim, seis kilómetros en el interior de Cisjordania. Finalmente, Israel conservará el «control de seguridad» sobre el Valle del Jordán.

 

El «desenganche» israelí de Gaza del pasado verano tuvo un apoyo mayoritario entre los israelíes. No está claro si una retirada unilateral de Cisjordania tendría igual popularidad, especialmente porque implicaría la evacuación unos cuantos miles más de colonos. Ni tampoco se conoce cuánta unanimidad, dentro de Kadima, tiene el plan de «separación» de Olmert.

 

El anterior líder laborista, Simón Peres, aboga todavía por cierta forma de negociaciones con la Autoridad Palestina, o al menos con la parte de la AP encabezada por Abbas. Olmert ha rechazado como «artificial» cualquier diferenciación entre una «presidencia de Fatah» y un «parlamento de Hamas». El antiguo jefe del Shin Bet, Avi Dichter, ha dicho que cualquier retirada futura de Cisjordania será una «retirada civil» no militar: i.e. aunque los colonos serían agrupados en bloques, el ejército retendría el control del territorio evacuado. El Ministro de Defensa, Shaul Mofaz, dijo que prefería una retirada militar, semejante a la de Gaza.

 

Sin embargo, por ahora, Kadima va en primer lugar en las predicciones. Aunque ha caído un poco en las encuestas recientes, todavía proyecta conseguir 37 escaños en una Knesset [parlamento] de 120 miembros, 19 escaños por delante de su contrincante más próximo. Sería casi un milagro -o un desastre grave- para Kadima no ser el grupo más numeroso en el próximo parlamento.

 

LIKUD, LA DERECHA NACIONALISTA: El Likud sigue todavía tambaleándose desde su oposición al desenganche de Gaza y la deserción de muchas de sus personalidades importantes (Olmert, Mofaz, Tipsi Livni) hacia las filas de Kadima. Tampoco le sirve de ayuda el odio existente entre su líder Benjamín Netanyahu y Sharon, especialmente cuando el primer ministro israelí sigue aún comatoso en un hospital de Jerusalén Oeste.

 

El batacazo se refleja en las encuestas. De ser el partido dirigente en el pasado gobierno, apenas se espera actualmente que el Likud consiga 15 escaños. Netanyahu ha decidido ganar el terreno perdido dando bandazos hacia la derecha.

 

El programa electoral del Likud se compone de una serie de negativas: no a cualquier otra retirada; no a las negociaciones con la AP (al contrario, «combatiremos a Hamas»); no a cualquier transferencia de fondos palestinos; no a la Hoja de Ruta; no al estado palestino; y no a la presencia de cualquier trabajador palestino dentro de Israel. Netanyahu ha dicho incluso no a cualquier futura coalición de gobierno con Kadima, una decisión que sorprendió a algunos de sus colegas del Likud, ya que el tema aún no se había discutido en el partido. De hecho, la única política activa es una promesa de Netanyahu de correr el muro hacia el este, i.e., más adentro aún de Cisjordania.

 

El negativismo ha creado ya alguna fisura en el apoyo de Kadima. Si los resultados de las elecciones del 28 de marzo reflejan lo apuntado por las actuales encuestas, Netanyahu estará al final de su vida política y, quizá, también podría estarlo el Likud.

 

El resto de la derecha nacionalista está dividido entre el UN-NRP y el Partido Israel Beiteinu del inmigrante ruso Aviador Lieberman. La circunscripción electoral del UN-NRP son los colonos, con los dos partidos resueltamente opuestos a cualquier retirada más, ya sea civil o militar. La posición de Lieberman es menos previsible. Defiende una «transferencia suave» allá donde haya asentamientos anexionados a Israel a cambio de las zonas palestinas en Israel (como Um al-Fahim) formando parte de la AP. «No creo en la co-existencia», ha dicho. Yisrael Beitenu tiene previsto ganar entre 8 a 10 escaños y podría bien formar parte de una coalición de gobierno.

 

PARTIDO LABORISTA Y MERETZ, LA IZQUIERDA SIONISTA: Las esperanzas palestinas aumentaron cuando Amir Peretz ganó el liderazgo del Partido Laborista el pasado noviembre. Esto no sólo fue porque por primera vez el Laborismo había elegido como presidente a un activista de la clase obrera de orígenes marroquíes. Tenía que ver también con el historial de Peretz en el camino a la paz: había sido partidario del proceso de Oslo, un signatario del virtual acuerdo de paz de Ginebra y un fundador de la primera organización de derechos humanos de Israel en los territorios ocupados, Btselem.

 

Actualmente, se pueden ver muy escasos vestigios de esa trayectoria. Tan pronto como Peretz cambió su carnet del sindicato por el traje de político empezó a deslizarse hacia la derecha, jurando que él nunca «dividiría Jerusalén» o toleraría el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Desde la elección de Hamas, no ha parado de repetir los mantras de Olmert sobre reconocimiento, desarme y adhesión. Se ha reunido con Abbas y prefiere las negociaciones al dictado para determinar el status final de los territorios ocupados. Pero ahora, la prioridad de Peretz es su agenda social: ha condicionado la participación del Laborismo en un futuro gobierno de Kadima no a la paz sino a un aumento en el salario mínimo y en las «pensiones para todos los ciudadanos».

 

Eso aún puede beneficiarle mucho. El objetivo del Partido Laborista es conseguir 25 escaños. Nada menos; si no, su más atípico líder puede que sea también el que menos dure.

 

El otro partido sionista de izquierdas es Meretz, encabezado por el anterior Ministro de Justicia Yossi Beilin. Apoyó los Acuerdos de Ginebra como solución al conflicto israelo-palestino, y hay que decir en su honor que dirige una campaña electoral con el slogan «Meretz dividirá Jerusalén». Pero si se cumplen los sondeos electorales de tan sólo 5 escaños, poco debe esperar influir Meretz en el próximo gobierno, especialmente si lo encabeza Kadima.

 

LOS PARTIDOS ORTODOXOS: Se espera que Shas y UTJ ganen entre los dos unos 15 escaños. La UTJ se unirá a cualquier gobierno que preserve su control sobre los colegios e instituciones religiosas. Shas se oponía, y se opone, violentamente a la política económica neo-liberal de Netanyahu, que perjudica a su base conformada por clase obrera sefardí. Pero podría fácilmente unirse a un gobierno dirigido por Olmert. Es agnóstico acerca de nuevas retiradas de Cisjordania y se opone a cualquier trato con la AP hasta que Hamas reconozca el derecho de Israel a existir como estado judío.

 

LOS PARTIDOS ARABES: El más de un millón de ciudadanos palestinos de Israel están representados por tres partidos. La Lista Arabe Unida (UAL, en sus siglas en inglés), apoyada por la «tendencia meridional» del movimiento islamista en Israel; la coalición laica Hadash, apoyada por el Partido Comunista de Israel; y el movimiento nacionalista Al-Balad, dirigido por Azmi Bishara.

 

Los tres defienden políticas que persiguen la igualdad civil y política así como que los palestinos obtengan derechos colectivos como minoría nacional reconocida en Israel. Hadas y UAL apoyan una solución de dos estados para el conflicto israelo-palestino y la vuelta a las negociaciones sobre la base de la Hoja de Ruta. Balad apoya un estado palestino en Cisjordania y en la Franja de Gaza como solución intermedia. Su objetivo último es un estado binacional «para todos sus ciudadanos», árabes y judíos por igual.

 

Se espera que los partidos árabes consigan ocho escaños. Puede que Balad no logre superar el umbral electoral. Ninguno ha declarado que se uniría a una coalición basada en una retirada unilateral. Peretz ha dicho que invitaría a los partidos árabes a unirse a una coalición dirigida por él. Olmert se opone a la presencia de cualquier ministro árabe en su gabinete. De hecho, no hay ni un solo palestino entre los primeros cincuenta candidatos de Kadima.

 

Texto original en inglés:

http://weekly.ahram.org.eg/2006/786/re4.htm