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El canto del cisne de la energía nuclear

Fuentes:

No queda mucho tiempo para que el Gobierno decida si alarga la vida de la central de Garoña o si por el contrario se mantiene fiel a su promesa antinuclear. Y de todo esto es consciente la poderosa industria nuclear. Esta energía tiene sus días contados, y lo saben. Asistimos desde distintos puntos de la […]

No queda mucho tiempo para que el Gobierno decida si alarga la vida de la central de Garoña o si por el contrario se mantiene fiel a su promesa antinuclear. Y de todo esto es consciente la poderosa industria nuclear.

Esta energía tiene sus días contados, y lo saben. Asistimos desde distintos puntos de la sociedad, al maravilloso canto del cisne del lobby nuclear que promete todo aquello que no ha sido capaz de demostrarnos nunca: Energía barata, limpia y segura. Pero esta vez bajo una apariencia nueva, la verde.

Nada ha cambiado desde la desgraciada etapa de desarrollo nuclear que vivieron nuestros padres. Nos prometieron que no tardaríamos en ver una solución para los residuos nucleares. Desde entonces se han invertido miles de millones en investigación para que a día de hoy sigamos como siempre, sin que se sepa qué hacer con esos peligrosos residuos cuya radiotoxicidad amenazará a los seres vivos durante decenas de miles de años. Ningún país del mundo ha encontrado una solución técnica satisfactoria para estos residuos. A pesar de las falsas promesas de la industria nuclear, éste sigue siendo un problema irresoluble. Nos prometieron riesgo cero, pero no nos sentimos seguros cuando se registran incidentes que nadie había previsto. Nos prometieron una energía barata, pero no nos dijeron que el Estado tendría que subvencionarla de forma millonaria ni tampoco quién costearía sus residuos durante miles y miles de años.

Por todo esto, los jóvenes de hoy ya no creemos en una energía a la que consideramos obsoleta y del pasado. Han aprendido la lección, y ahora se empeñan en hacernos creer que están preocupados por el medio ambiente. Pero tras sus palabras se esconde el mismo lobo de siempre. Un lobo al que no le interesa lo más mínimo el cambio climático, sino hacer rentable su industria. ¿Cómo puede hacer frente al cambio climático una fuente que sólo es capaz satisfacer el 6% de la energía primaria y que sólo es capaz de inyectar electricidad a la red eléctrica? ¿Qué hacemos con el sector del transporte, la calefacción u otros usos industriales en los que sería absurdo, por su alto coste económico y sus inconvenientes medioambientales, utilizar la energía nuclear? Todavía no han dado respuestas reales y que demuestren que pueden extenderse a la escala requerida y en el plazo limitado que resta para salvar el clima. ¿Merece la pena entonces invertir en una fuente energética que irá en detrimento de opciones más eficaces y adecuadas para salvar el clima y reverdecer la economía y la sociedad?

Los jóvenes de hoy y del mañana, no queremos un mundo construido con las viejas recetas de siempre que han fracasado y que hipotecan nuestro futuro. Somos parte de los mismos que dieron a conocer la crisis ecológica del planeta, y pocos fueron los que les creyeron cuando advirtieron sobre el cambio climático; ahora son aquellos que no les creían quienes hacen bandera del cambio climático para salvar lo que queda de su modelo en ruinas. Por eso los jóvenes decimos «basta», y proponemos un modelo verde, basado en una economía local, descentralizada, de pequeña escala y que apuesta por decrecer, es decir, consumir lo necesario y aumentar el ahorro y la eficiencia. Por lo que este modelo sostenible es incompatible con la energía nuclear.

Este nuevo modelo que proponemos, no es solo el modelo ideal sino que es el modelo más sensato y realista. Las acciones encaminadas al ahorro de energía según un informe del Grupo Verde en el Parlamento Europeo «resultan de cinco a diez veces menos caras que la producción de electricidad centralizada basada en la energía nuclear u otras fuentes». Y además de resultar menos caras, su beneficio social es mayor. Por cada millón de euros invertido en energías renovables el ahorro y la eficiencia energética se crean 23 puestos de trabajo, mientras que en el sector nuclear solo se crean 7. En un país como Francia altamente nuclear, el sindicato de energías renovables estima que su sector podría pasar de 38.900 empleados en 2004, a 115.000 en 2010, que es el doble del número de empleados de la industria nuclear francesa.

La energía nuclear, para que prospere esta economía verde ha de ir viendo reducido su potencial y su inversión. No basta con mirar hacia otro lado y dejar que las centrales nucleares sigan envejeciendo. No queremos que gasten en parches millones de euros. Preferimos que costeen su desmantelamiento con todo ese dinero que dicen que genera este tipo de centrales. Disculpad, me olvidaba de que cuando se trata de costear el tratamiento de los residuos durante miles y miles de años, esconden la cabeza. Como jóvenes, consideramos intolerable que se nos pase la factura de las más de 6.700 toneladas de residuos de alta actividad que hoy en día se están produciendo en España.

El gobierno debe decretar el cierre de Garoña para afirmar que la única solución viable y más eficaz pasa tan solo por el ahorro, la eficiencia energética y las energías renovables. De lo contrario, el lobby nuclear seguiría debilitando la lucha contra el cambio climático y la apuesta por un mundo más seguro, más justo y más limpio.


    Daniel Hernández Ruiz, Coordinador de Jóvenes Verdes