Recomiendo:
0

El cíclope israelí

Fuentes: La estrella digital

Por muy rechazable que sea la política exterior del Reino Unido, sobre todo en su ciego apoyo a la ilegal invasión de Iraq y en su contribución a los engaños que la hicieron posible, hay que estar de acuerdo con su ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw, cuando en el congreso del Partido Laborista manifestó […]

Por muy rechazable que sea la política exterior del Reino Unido, sobre todo en su ciego apoyo a la ilegal invasión de Iraq y en su contribución a los engaños que la hicieron posible, hay que estar de acuerdo con su ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw, cuando en el congreso del Partido Laborista manifestó el pasado jueves que «el mayor desafío al orden internacional es el terrible conflicto entre israelíes y palestinos».

Habría que exigirle a él -y a muchos otros gobernantes, analistas políticos y creadores de opinión- que, si realmente cree lo que dice, dedique la mayor parte de sus esfuerzos a intentar resolver ese conflicto. Y que, por el contrario, no siga estérilmente enredado en la paranoica guerra contra el terrorismo desencadenada por la Casa Blanca y dirigida de modo tan irresponsable y contraproducente por Bush y su camarilla. Bueno es que alguien, situado en puesto tan relevante como la dirección del Foreign Office, sepa ordenar bien la estremecedora lista de conflictos que perturban a la comunidad internacional, decidiendo, al menos, cuál es el que ocupa el primer lugar en orden de gravedad.

Convendría, sin embargo, matizar la expresión utilizada por Straw al hablar de «conflicto entre israelíes y palestinos», como si se tratara de dos partes comparables enfrentadas entre sí. No olvidemos que es Israel quien ilegalmente ocupa todavía los territorios palestinos invadidos por su ejército, y que es el pueblo palestino el que sufre un ya largo pasado de opresión, humillación, exterminio y desintegración política y social. Ni siquiera se observa en el actual enfrentamiento fuerza comparable entre ambos bandos: un moderno ejército ataca y bombardea sin piedad, a veces recurriendo a acciones que entran en la categoría de terrorismo de estado, a un pueblo que se defiende con piedras, armas improvisadas y acciones desesperadas de terrorismo suicida. Ambas partes causan y, a la vez, sufren, innumerables víctimas inocentes, no justificables como secuelas inevitables de una guerra justa, sino resultado de un odio asesino que embarga a amplios sectores de ambos pueblos. Es un camino cerrado que carece de futuro.

Por otro lado, es cada vez más evidente la inutilidad de los esfuerzos de Washington por ocultar a la opinión pública mundial -y a la suya, en especial- el hecho incontrovertible de que el firme y continuado apoyo que Washington presta a Israel es el eje central en torno al que gira gran parte de la conflictividad en Oriente Próximo y el rechazo casi generalizado que en el mundo árabe y musulmán se experimenta hacia la política de EEUU y sus aliados.

En tales circunstancias hay que observar con especial preocupación la noticia de que EEUU va a entregar a Israel 4.500 bombas teledirigidas de penetración profunda, de las llamadas «antibúnker». No son nuevas en el arsenal israelí y el pueblo palestino ya ha experimentado sus letales efectos. Según informa Jewish Voice for Peace, hace dos años una de ellas impactó en un bloque de apartamentos en Gaza donde, además de los presuntos terroristas contra los que estaba dirigido el artefacto, murieron muchos otros habitantes inocentes del edificio.

Israel viene practicando una especial guerra preventiva desde antes de que Bush mostrara su entusiasmo por ella. En junio de 1981, aviones israelíes destruyeron, en territorio iraquí, un reactor nuclear construido por Francia, so pretexto de que podía servir para producir armas nucleares. Fue una de las pocas ocasiones en que EEUU no se atrevió a vetar la resolución de condena a Israel del Consejo de Seguridad de la ONU. También ahora las bombas antibúnker parecen tener destinatario: Irán. Informes de los servicios secretos filtrados a la prensa anuncian que el Pentágono juzgaría un ataque israelí a Irán como algo propio de «esos locos aviadores judíos», pero se frotaría las manos de contento si la operación tuviera éxito.

La realidad es que Israel posee hoy día el quinto o sexto arsenal nuclear del mundo (algunos centenares de armas y sus vectores de lanzamiento), no declarado oficialmente y con el visto bueno de EEUU, donde, por otra parte, se excita a la opinión pública mundial contra Irán, arguyendo que este país no cumple con lo exigido por la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En Los Angeles Times se leía: «Israel posee misiles americanos de crucero, modificados para lanzar armas nucleares desde submarinos, con lo que posee capacidad para atacar nuclearmente desde tierra, aire y bajo el mar». Es la única potencia nuclear con tal capacidad en Oriente Próximo y en el Mediterráneo.

Los países árabes acusan con razón a EEUU de usar una doble vara de medir, al soslayar las armas israelíes y a la vez insistir en que otros estados (Iraq antes de ser invadido, Irán y Siria) son una amenaza para la paz internacional por poseer armas de destrucción masiva. En este lúgubre panorama, conviene reflexionar sobre lo que la periodista de origen sirio Rana Kabbani escribía en The Guardian: «EEUU e Israel se las han arreglado para hacerse hoy más odiados que nunca en el mundo. Tienen entre sus manos más insubordinación y más caos del que pueden manejar. Pero siguen actuando como los nuevos cíclopes ciegos, buscando a tientas más enemigos para matar. Atacar a Siria, como Israel acaba de hacer, o a Irán, como amenaza EEUU, no es la respuesta. Los signos escritos en el muro dicen: la ocupación nunca perdurará». El ciego cíclope israelí, provisto de armas de destrucción masiva, dirigido por iluminados dirigentes mesiánicos y habituado a desdeñar la legislación internacional, todavía puede hacer mucho daño a la humanidad antes de que recobre la vista y vuelva a la razón.

* General de Artillería en la Reserva. Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)