Se habla mucho del colapso: del colapso económico, natural, social, energético… pero no suelo leer a nadie que hable de qué pasará con la cultura, con la información de la actual civilización. De hecho, suelo ver lo contrario: artículos que intentan imaginar un futuro de decrecimiento y organización social con huertas, animalicos, un portátil y […]
Se habla mucho del colapso: del colapso económico, natural, social, energético… pero no suelo leer a nadie que hable de qué pasará con la cultura, con la información de la actual civilización. De hecho, suelo ver lo contrario: artículos que intentan imaginar un futuro de decrecimiento y organización social con huertas, animalicos, un portátil y unas redes telemáticas comunitarias para no perder las buenas costumbres de la época BAU. Así, he leído cómo ya planean crear redes en ecoaldeas y cosas así. En un futuro artículo hablaré del proyecto RetroShare que se basa en la idea de un internet descentralizado F2F ( friend-to-friend ) e incensurable, dentro de una red WAN o LAN, sin necesariamente tener conexión con todo el mundo y que, en teoría, usa menos energía que un internet cliente-servidor normal. Porque es probable que después de leer este artículo te plantees un futuro sin internet ni ordenadores.
Lamento dar la mala noticia: toda la informática, incluida toda la información que almacena, serán uno de los primeros peones en caer en un colapso o guerra probablemente próximos, y os voy a explicar por qué.
Muchos aceptamos -a la vista de los datos- que la era del petróleo se acaba, y que pronto habrá una reorganización a nivel mundial de todas las civilizaciones y formas productivas, pero algunos piensan que de alguna mágica manera podremos tener ordenadores, internet y blogs donde hablar de la transición o donde ver películas después de un duro día de trabajo.
Fotografía Documol. Fuente: Pixabay
Un ordenador o un móvil son prácticamente los objetos que más tecnología punta tienen de entre todos los objetos que un humano de nuestra era puede comprar con su trabajo. Tiene procesadores, memorias, pantallas, antenas, bateria, todo tipo de sensores, dispositivos de posicionamiento por satélite, micrófonos y altavoces y solo tienen sentido con internet funcionando para ellos. Y esto no implica precisamente poca energía: casi diría que hace falta extraer materia y energía de todos los rincones del planeta para fabricar un sólo móvil u ordenador (y los gadgets modernos que son básicamente ordenadores, como las televisiones, reproductores multimedia, videoconsolas, circuiteria de coches, enchufes inteligentes y todo tipo de electrodomésticos que tengam la palabra smart ).
Una lavadora, un lavavajillas, una nevera, un radiador… también a dia de hoy contienen chips de memoria y procesadores, con lo que necesitan al igual que los ordenadores y móviles todo el planeta a su servicio. No obstante, la mayoría podrían decrecer tecnológicamente y volver a fabricarse en el país quitando chips y sustituyendo todo por componentes más sencillos y fabricables con materiales más cercanos y -sobre todo- tecnología fabricada en el país. Por contra, un ordenador, un router o un móvil, una televisión actual necesitan un procesador y un chip de memoria porque son básicamente eso: dispositivos de procesamiento y almacenamiento de datos.
Pero para enfocar el tema vamos a centrarnos en estas dos piezas que considero las más importantes: procesadores y almacenamiento . Realmente podríamos ampliar el análisis a otras piezas de alta tecnología que son parte de un teléfono móvil o un ordenador, pero solo con estas dos tenemos los dos ejes que necesito para llegar a donde quiero en este artículo y en los próximos de esta serie.
Un procesador a día de hoy tiene un proceso de fabricación tan complejo que necesita de países enteros y sociedades hipercomplejas para poder fabricarse. Actualmente los procesadores competitivos se fabrican solo en unos 5 países del mundo. Estamos hablando de productos que fabrican piezas del tamaño de entre 4 y 15 nanómetros.
Para entendernos: un átomo tiene un grosor de 0,32 nanómetros, una celula del tipo glóbulo rojo tiene un tamaño de 7000 nanómetros, el diámetro de un cabello humano son unos 75.000 nanometros. Es decir estamos hablando de empresas que hacen transistores poco más grandes que 20 – 30 átomos juntos . Pronto además nos encontraremos con el límite de no poder hacer transistores mas pequeños, porque por ahora solo somos capaces de crear objetos con átomos y no se pueden hacer casas del tamaño de un ladrillo con ladrillos.
Poder manipular la materia a este nivel es algo que, como digo, solo pueden hacer en fundiciones muy específicas en cinco de los 194 países que existen. El resto de países simplemente dependen del comercio y la política exterior para poder acceder a estos bienes. Ello ya muestra, sin entrar todavía en detalles energéticos, la fragilidad estratégica de nuestra sociedad de la información.


