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Dos nuevos libros sobre el genocidio en Gaza

El genocidio sí tiene quien le escriba

Fuentes: Naiz

Publicados prácticamente en paralelo por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, la suma de los volúmenes ‘Maneras de ser Palestina’ y ‘Gaza: poemas contra el genocidio’ significa una aproximación a las voces poéticas palestinas que configuran un mapa creativo influido por la masacre israelí.

El arte ha demostrado a lo largo de los años que es capaz de arraigar hasta en el terreno menos óptimo para su floración. Del mismo modo, su expresión no puede, y diríamos que tampoco debe, sentirse ajena al paisaje que le rodea. Por eso, Palestina, uno de los epicentros del sufrimiento continuado durante las últimas décadas, no es solo un símbolo de resistencia, es también, a pesar del constante ruido de la hoz sionista intentando cercenar su  vida, el elogiable origen de voces poéticas que, inevitablemente, nacen bajo versos de carácter trágico pero igualmente enuncian un intento por deslegitimar la rima de las bombas.

Escribir frente a la muerte

Publicados prácticamente en paralelo, y por lo tanto ejerciendo de amplia radiografía, ‘Gaza: poemas contra el genocidio’ y ‘Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas’, son artefactos de valor artístico en sí mismos pero todavía resultan más estimables por su trascendencia humana. Sus páginas, al margen del contenido creativo, caleidoscópica herencia de una tradición que abarca de Mahmud Darwish a Fadwa Tuqan, significan la heroica determinación por exhibir un arte que se niega a esperar al futuro para que dicte sentencia; sus protagonistas escriben en presente y les va la vida en cada palabra.

Caprichosamente instalados por la aleatoria pirueta del destino en un lugar y un tiempo funesto, la firma de muchos de ellos quedará para la posteridad pero su descendencia literaria actual ha sido interrumpida por los colmillos de un gigante sionista que les ha arrebatado la vida. Son los casos, por ejemplo, de Salem Al-Naffar, reconocido escritor matado junto a su mujer, o Hiba Abu Nada, que conocer su fatal desenlace convierte los versos ‘te protejo/ con la sonrisa de los niños./ Saben cómo desviar su trayectoria,/ la del misil,/ antes de que caiga’ en una estremecedora paradoja. Listado de desaparecidos a los que hay sumar el no menos extenso número de represaliados, incluyendo el paso por las cárceles del intelectual Al-Mutawakkil Taha, el paradero desconocido en el que se encuentra desde los años noventa Ghada Shafii o la desgarradora historia de Alaa Al Qatrawi, quien tuvo que esperar varios días hasta que los escombros revelaran un botín sangriento, el de sus cuatro hijos. Un mapa hecho de palabras silenciadas, cuerpos inertes o vidas enjauladas que sin embargo nunca guardarán silencio mientras haya interesados en conocer su legado.

Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe «La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior», representa la realidad

Bajo este desolador paisaje la inspiración está llamada a crecer amamantada por el estruendo de las balas y los llantos, un escenario donde las mortajas y las despedidas eternas toman el protagonismo que otros rapsodas han cedido a sus ensoñaciones románticas o al bohemio existencialismo. Aquí no hay metáforas ni simbolismos, por lo que cuando Doha Kahlout escribe ‘La guerra se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, un fuego que lejos de consumirse, crepita, tozudo, en nuestro interior’, representa la realidad, al igual que la elegía funeraria de Amal Abu Assi, ‘llevamos nuestra patria a hombros,/ corriendo por caminos en busca de nuevos cementerios’. Palabras que no necesitan traducción ni encomendarse a ninfas o figuras retóricas, su fuerza radica precisamente en significar el lírico testimonio de una existencia en constante riesgo.

Retrato del ‘aquí’ y el ‘ahora’

Un campo de batalla cotidiano reiteradamente aludido y también señalado en cuanto a la procedencia de su naturaleza, porque lejos de designios divinos o cháchara geopolítica, Ali Al Ameri convierte sus versos en juicio rotundo hacia los instigadores: ‘La Casa Blanca está llena  de hollines de guerra/ y condecoraciones ciegas’. Revelaciones de culpas internacionales que sin embargo siempre desembocan en ese mismo lugar que irónicamente alude Maya Abu Al-Hayat: ‘¿Conocéis un camino que no acabe en un asentamiento/ de colonos?’. Un relato histórico interesado que ya extiende durante demasiadas décadas su manto mortuorio sobre un territorio que resiste, también, a través de la palabra escrita, como la contenida en la clarividente rebeldía de Al-Mutawakkil Taha, que transforma su poética en sentencia: ‘Solo los ignorantes/ o los mercenarios de la verdad / se abstienen de revisar con atención /el confuso texto de la supuesta revelación’.

La poeta palestina Doha Al Kahlout. (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

Al igual que el grito popular contra la masacre israelí se ha escuchado en ciudades de todo el mundo, son muchas también las firmas que, sin eludir su compromiso particular, han logrado que su verbo se internacionalice. Mosab Abu Toha, quien ha logrado incluso el entorchado del premio Pulitzer, y Maryam Qawsh han recogido reconocimientos artísticos desde múltiples lugares del mapa, mientras que la obra de Nasser Rabah ha podido ser degustada en variados idiomas. Logros que más allá de servir como regocijo profesional, suponen que sus instantáneas de un territorio asediado golpeen en la conciencia lejos de sus fronteras.

Vivir el presente; soñar el futuro

Si importante es la labor de los involuntarios notarios poéticos del presente, papel a veces supeditado al comprensible y dramático enquistamiento creativo que ha reconocido sufrir Samar Abd Al-Jaber, incapaz de trasladar lo observado a papel, tampoco es desdeñable quienes alargan su mirada al día después, a la huella de un genocidio sobre el que Mona Musaddar recapitulará: ‘Le pediré a mi padre que cuente los olivos que han salvado/ de las excavadoras de la desolación’. Un horizonte repleto en la actualidad de humo que la activista multidisciplinar Dareen Tatour está dispuesta a atravesar: ‘Seguiré soñando mientras viva/ tanto como quiera y pueda’.

Y es que el futuro siempre termina siendo una conjugación del presente, por eso conviene ponderar como se merece a quienes, al ejercicio de supervivencia en el que se ha convertido la existencia en Palestina, añaden la necesidad de exportar esa situación al ámbito literario. Son voces que, recogidas encomiablemente en este par de libros, suman a su condición de sufridores habitantes la de ‘reporteros líricos’ del asfixiante entorno padecido. Una tarea sobre la que Hind Joudah exclama, ‘Ay, Señor,/ no quiero ser poeta en tiempo de guerra’, porque al igual que a otras tantas, nadie les preguntó si querían nacer entre las fauces de una insaciable fiera ni pudieron escoger otro destino que no fuera traducir a palabras la barbarie. Por eso, aunque tampoco lo hayamos elegido, debemos aceptar la responsabilidad de ser lectores en tiempo de guerra, olvidar nuestra condición de testigos mudos y proceder a salvar a la Historia.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260222/el-genocidio-si-tiene-quien-le-escriba