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Elude el tema de Palestina-Israel y limita las causas del terrorismo

El informe del 11-S y su pusilánime consenso

Fuentes: CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El capítulo 12 del informe de la Comisión del 11-S, intitulado «¿Qué hacer? Una estrategia global», es el núcleo filosófico de todo el informe. Es ciertamente el capítulo más importante para los que creen que nada que pueda hacer EE.UU. en la expansión y reorganización de sus aparatos militares y de inteligencia contribuirá algo de valor a la futura paz y estabilidad del mundo. Si son implementadas, las recomendaciones de este capítulo, en vez de lograr ese objetivo, llevarán la política exterior de EE.UU. precisamente por las rutas equivocadas – rutas que conducirán a menos paz y a mayor inestabilidad tanto en Estados Unidos como en todo el globo.

Todos han visto sin duda, si no lo han leído, el volumen de 567 páginas – tal vez del tamaño de la mitad de la Biblia – publicado el 23 de julio, y parece que la comisión espera que el libro logrará por lo menos la mitad de la importancia que los buenos cristianos otorgan a la Biblia. El resumen ejecutivo, un documento separado no incluido en la reimpresión del informe en venta por 10 dólares en las librerías en todo el país, comienza con dos pesadas declaraciones que le dan un tono autosuficiente a la comisión. Sobre el 11 de septiembre, la comisión declara: «Estados Unidos se convirtió en una nación transformada». A renglón seguido, la comisión se felicita por haber logrado unidad en estos tiempos difíciles: «Diez comisionados – cinco republicanos y cinco demócratas escogidos por líderes elegidos de la capital de nuestra nación en un tiempo de gran división partidaria, se han reunido para presentar sin disenso este informe».

El capítulo 12, que nos preocupa en este artículo, cubre casi 40 páginas. Al comienzo del capítulo, en lo que podría ser el pasaje clave del informe, los comisionados subrayan que: «El enemigo no es sólo el ‘terrorismo’, algún mal genérico… Es la amenaza presentada por el terrorismo islamista… [El Islam extremista] es alimentado además por los motivos de queja enfatizados por Bin Laden y que son ampliamente sentidos en todo el mundo musulmán – contra la presencia militar de EE.UU. en el Medio Oriente, contra políticas percibidas como anti-árabes y anti-musulmanas, y su apoyo a Israel. Bin Laden y los terroristas islamistas quieren decir exactamente lo que dicen: para ellos EE.UU. es la fuente de todo mal, la ‘cabeza de la serpiente’, y debe ser convertido o destruido».

Hasta ahora todo va bien, pero en este punto del informe, todos los diez comisionados aprobaron la siguiente aserción de su extrema miopía. La posición islamista antes mencionada, dicen: «no es una posición con la que los estadounidenses pueden regatear o negociar. Con su existencia no existe una base común – ni siquiera el respeto a la vida – que sirva para iniciar un diálogo. Sólo puede ser destruida o totalmente aislada». La declaración se pronuncia como si creyera que la noción que «cura» esta situación debe provenir «desde dentro de las sociedades musulmanas mismas», pero subraya que «este proceso probablemente debe ser medido en décadas, no años». Luego dicen de los dientes para afuera que, desde luego: «El enemigo no es el Islam. No es sinónimo de terror».

Pero en general, las categóricas declaraciones de la comisión pintan un cuadro sombrío, al describir una situación que supuestamente no puede mejorar durante decenios. Muchos de nosotros argumentaríamos todo lo contrario, que si EE.UU. cambiara realmente sus políticas externas, considerara seriamente los legítimos motivos de queja de árabes y musulmanes en la cuestión Palestina-Israel, y cesara su impulso hacia la dominación política y económica sobre áreas del mundo – exactamente los motivos de queja que la comisión reconoce que son generales en el mundo musulmán – podríamos reducir la amenaza de terrorismo contra nosotros en mucho menos tiempo. Además, somos muchos los que creemos que, a menos que EE.UU. cambie sus políticas externas, la amenaza, y la realidad, de un nivel elevado de terrorismo, y probablemente también de guerra nuclear, contra nosotros y nuestros aliados persistirá durante mucho tiempo más que sólo décadas. Si se considera que menos de 300 millones de personas viven actualmente en EE.UU., mientras que el resto de la población del mundo, con 6.000 millones, es 20 veces mayor, los líderes estadounidenses actuales juegan una mano que no puede ganar y su ofensiva por la dominación global está condenada más allá del horizonte más inmediato.

En una forma bastante altisonante, el informe señala en más de un sitio: «El actual peligro transnacional es el terrorismo islamista». ¿Peligro para quién? Si fueras musulmán, ¿no podrías pensar al contrario que el «presente peligro transnacional» para ti es el extremismo fundamentalista cristiano, en vista de algunas declaraciones sobre el Islam hechas recientemente por ciertos líderes fundamentalistas en EE.UU.? ¿O podrías creer que el peligro transnacional proviene de la alianza de los fundamentalismos cristiano y judío que apunta contra tu mundo? No es útil para el futuro de la paz y de la estabilidad globales que un equipo de dirigentes republicanos y demócratas de EE.UU. presente un informe tan egocéntrico, y luego ensalce su propio logro de unidad por haberlo hecho.

El egocentrismo de EE.UU. es exhibido también en las recomendaciones del informe. Una recomendación en el capítulo 12, es que EE.UU. «debe identificar y priorizar santuarios terroristas reales o potenciales. Para cada uno, debería haber una estrategia realista para que los posibles terroristas se sientan inseguros y perseguidos, utilizando todos los elementos del poder nacional… Ofrecemos tres ejemplos que son particularmente válidos en la actualidad, en 2004: Pakistán, Afganistán y Arabia Saudí». ¿Por qué no mencionaron a Israel? ¿Acaso no es Israel un santuario potencial o real para terroristas que apuntan a los palestinos? ¿No cometen jamás actos de terrorismo los colonos? ¿No cometen los soldados israelíes actos de terrorismo estatal?

Hay más aún en el capítulo 12 que demuestra la parcialidad del informe. Al hablar de Arabia Saudí, el informe dice, sin matices: «La noción occidental de la separación del deber civil y religioso no existe en las culturas islámicas». Esto requiere, por lo menos, algo de discusión. La declaración podrá ser aplicable a Arabia Saudí, pero no es enteramente exacta respecto a estados árabes que fueron o son sobre todo laicos, como Irak y Siria. Fue y tampoco es enteramente aplicable, a la Autoridad Palestina, aunque los aspectos laicos de ese organismo han sido ciertamente debilitados en los últimos años bajo la presión de la ocupación.

Otra recomendación de esta comisión tan parcial: «Los problemas en la relación EE.UU./Arabia Saudí deben ser confrontados, abiertamente… [Debería hacerse un esfuerzo por trabajar hacia] un interés compartido por mayor tolerancia y respeto cultural, que se traduzca en un compromiso para combatir a los extremistas violentos que fomentan el odio». ¿No deberían confrontarse los problemas en la relación entre EE.UU. e Israel con la misma claridad? Si fueras musulmán, ¿no considerarías igual de importante para la paz mundial y la estabilidad el que EE.UU. trabaje por la tolerancia y el respeto cultural tanto en EE.UU. como en Israel, y que trabaje para que se traduzcan en un compromiso para combatir a los extremistas que fomentan el odio al Islam en ambas naciones?

Un breve párrafo del capítulo 12 dice: «En breve, Estados Unidos tiene que ayudar a derrotar una ideología, no sólo a un grupo de personas, y debemos hacerlo bajo circunstancias difíciles. ¿Cómo puede Estados Unidos ayudar a los musulmanes moderados a combatir las ideas extremistas?» El informe desperdicia unos cientos de palabras en el intento de responder a la pregunta, pero no menciona ni discute siquiera la posibilidad de que EE.UU. podría – sólo podría – desarrollar políticas hacia Palestina que sean más justas que las que hemos desarrollado en el pasado. Si es verdad que EE.UU. «tiene que ayudar a derrotar» una ideología islámica apoyada por una minoría de musulmanes, ¿no sería el mejor camino si ayudara a derrotar otra ideología – la ideología de una minoría de judíos de que «Judea y Samaria» deberían pertenecer por entero y exclusivamente a Israel? Si se sugiriera esto podría significar una tercera vía de la política estadounidense, pero no es un argumento que persuadiría a muchos musulmanes moderados a los que supuestamente EE.UU. desea influenciar.

Cualquiera puede encontrar numerosos ejemplos más en el capítulo 12; todos llevan a conclusiones similares. Sólo vale la pena llegar a una conclusión más: El resumen ejecutivo del informe de la comisión, que no entregan por los diez dólares pero que es lo que muchos líderes gubernamentales probablemente leerán en todo el mundo, no contiene ni una sola vez las palabras «Israel» o «israelí» – o, no sorprenderá a nadie, palabras como «palestino» u «opresión» o «injusticia». Esto da por cierto a los lectores de alto nivel precisamente el tipo de perspectiva de lo que ocurre en el mundo que los líderes de ambos principales partidos políticos de EE.UU., y los dirigentes del actual gobierno de Israel, desean que el mundo crea. Es evidentemente una perspectiva que no es ni justa ni exacta.

Bill Christison fue un alto funcionario de la CIA. Sirvió como Oficial Nacional de Inteligencia y como Director de la Oficina de Análisis Regional y Político de la CIA. Ha colaborado con «Imperial Crusades» la nueva historia de CounterPunch de las guerras en Irak y Afganistán.


Kathleen Christison, ex analista política de la CIA, es autora de «Perceptions of Palestine: Their Influence on U.S. Middle East Policy» y de «The Wound of Dispossession: Telling the Palestinian Story». Su correo es: [email protected].