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El maíz raticida de Monsanto

Fuentes: IPS

Maíz transgénico cultivado y comercializado en Estados Unidos y Canadá tuvo un efecto adverso al ser administrado a ratas de laboratorio, según un estudio reservado de la transnacional biotecnológica Monsanto revelado este mes por la justicia alemana

Científicos independientes y activistas europeos manifestaron su preocupación al tomar conocimiento de la investigación.
«Si este maíz es totalmente seguro, como afirma Monsanto, ¿por qué la firma trató de impedir que el informe sobre el experimento saliera a la luz?», se preguntó Éric Darier, de la filial canadiense de la organización ambientalista Greenpeace Internacional.

«¿Intentan, acaso, ocultar el hecho de que quizás no sea seguro?», inquirió Darier.

Un tribunal de la ciudad alemana de Colonia autorizó la difusión del informe científico de 1.139 páginas sobre la salubridad del maíz transgénico MON 863, después de desacreditar los argumentos de Monsanto en favor de la confidencialidad.

El estudio, concluido en 2002, indica que ratas de laboratorio a los que se suministró como alimento el maíz MON 863 durante 90 días terminaron con malformaciones en los riñones y elevados niveles de glóbulos blancos.

Pero Monsanto sostuvo que las «supuestas» anormalidades no se debían a la ingesta de su maíz, al que se le incorporó mediante ingeniería genética una proteína que mata a la larva del gusano que ataca la raíz de ese cultivo.

Este informe y otras investigaciones fueron elevadas a la Autoridad Europea de Sanidad Alimenticia.

El vicepresidente de Monsanto para regulaciones alimenticias mundiales, Jerry Hjelle, dijo que el organismo europeo había concluido que el MON 863 «no tendría, al parecer, un efecto adverso sobre la salud humana o animal o sobre el ambiente».

El producto cumplió con todos los trámites obligatorios para su cultivo y consumo en Estados Unidos y Canadá, donde se lo produce desde 2003, informó Hjelle.

Pero estas declaraciones no dieron tranquilidad al público, según Darier. Años de recortes presupuestarios en los dos países norteamericanos agotaron los recursos humanos de los laboratorios científicos estatales.

Peor aun: el control de la salubridad de los alimentos pasó a ser responsabilidad de las propias empresas, aseguró el activista.

Funcionarios de la sanidad alimenticia canadienses afirman que no realizaron sus propias investigaciones en torno del maíz MON 863, por lo que el producto permanecerá en el mercado, según informes de prensa.

Los organismos reguladores rara vez verifican los resultados de estudios realizados por firmas como Monsanto, pues no reiteran las pruebas apelando a científicos independientes o gubernamentales, dijo Darier.

El estudio de Monsanto sobre el maíz MON 863 «es el primero difundido al público», sostuvo el activista.

Los científicos que revisaron el análisis consideraron que obliga a una mayor investigación.

«Si un experimento produce resultados tan chocantes, debe ser repetido», dijo Gilles-Eric Séralini, de la Comisión de Ingeniería Biomolecular, organismo del gobierno francés a cargo de evaluar los riesgos de los productos transgénicos.

De cualquier manera, el maíz cuestionado «no debería contar con autorización para ser destinado a alimento o pienso», según Séralini.

El científico Arpad Pusztai, quien revisó el estudio de Monsanto para el gobierno alemán, dijo que su realización y presentación tenían muchos problemas.

«Los científicos expertos en nutrición y las revistas especializadas no aceptarían estos errores y malinterpretaciones flagrantes», dijo Pusztai. «¿Cómo los reguladores pueden aceptarlos para un nuevo alimento genéticamente modificado?», inquirió.

Reguladores canadienses y estadounidenses no analizaron este estudio, pues Monsanto sólo lo entregó a los reguladores alemanes, tal como lo disponen las normas de la Unión Europea (UE).

La gubernamental Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) no requiere estudios sobre los efectos de la ingesta de vegetales transgénicos, explicó el científico Doug Gurian-Sherman, del no gubernamental Centro de Sanidad Alimenticia (CFS) con sede en Washington.

«La FDA asume que todos los cultivos transgénicos son perfectamente seguros», dijo Gurian-Sherman a IPS.

De hecho, la FDA no requiere ningún estudio en absoluto y solo realiza recomendaciones y sugerencias. «El proceso regulatorio de los cultivos transgénicos es conducido por las empresas», explicó.

Las versiones sobre efectos adversos del maíz transgénico de Monsanto comenzaron a circular hace más de un año en Europa, pero ninguna agencia regulatoria del gobierno estadounidense procuró obtener el estudio completo.

El CFS aseguró haberlo obtenido el año pasado, dijo Gurian-Sherman. Los organismos reguladores del gobierno estadounidense «están dispuestos a asumir ciertos riesgos para alentar la tecnología», ironizó.

Los ministros de Ambiente de la Unión Europea acordaron levantar ocho prohibiciones nacionales a la colza y el maíz transgénicos. El maíz MON 863 parece haber escapado a la prohibición, pero si se lo aprueba sólo podrá ser utilizado como alimento para animales.

Representantes de Monsanto se negaron a comentar estas informaciones. (FIN/2005)