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¿Está dirigiendo el país un antiguo general no electo?

El Mefistófeles del ejército israelí

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

 No resulta muy sorprendente que Amos Gilad, un general israelí que una vez entabló una demanda contra su propio gobierno por los «daños mentales irreversibles» que le había causado su papel en la invasión del Líbano de 1982, esté buscando públicamente de nuevo la controversia.

El lunes, Ehud Olmert, el primer ministro saliente de Israel, suspendió como enviado suyo en Egipto al Sr. Gilad, que tenía la responsabilidad de negociar un alto el fuego con Hamas, cuando calificó de «demenciales» las condiciones del primer ministro para alcanzar la tregua.

El comentario amenazó con desencadenar una tormenta política en Israel. Ehud Barak, ministro de defensa y durante largo tiempo aliado del Sr. Gilad, se apresuró a denunciar la decisión del Sr. Olmert. Insistió en que el Sr. Gilad, oficial del ministerio de defensa encargado de cuestiones diplomáticas y de seguridad, continuaría ocupándose del resto de sus tareas.

Pueden encontrarse las huellas del Sr. Gilad en la mayoría de las políticas más duras aprobadas por los dirigentes políticos israelíes desde el comienzo de la intifada de 2000, incluyendo la emasculación de la Autoridad Palestina, el «desenganche» de Gaza y el fomento de la guerra civil entre Hamas y Fatah.

En un intento por subrayar el carácter indispensable del Sr. Gilad, se forzó al Sr. Olmert a que hiciera una embarazosa rectificación dos días después y a reinstaurar al caprichoso oficial una vez que el Sr. Gilad presentó disculpas por escrito.

Los comentaristas israelíes han señalado que el Sr. Gilad ha tratado de socavar a lo largo de los años la distinción entre influencia política y militar. Akiva Eldar, en sus escritos en el periódico Haaretz, ha venido acusando al Sr. Gilad de ser «un Mefisto con y sin uniforme» que ha acabado convirtiendo su departamento «en uno de los más importantes centros de poder del país».

Conocido popularmente como el «Explicador Nacional», el Sr. Gilad abrió la pasada semana el enfrentamiento con el Sr. Olmert cuando concedió una entrevista a Maariv, otro periódico diario, para explicar su papel en la negociación de un nuevo alto el fuego con Hamas en Gaza.

Se dice que el Sr. Gilad, que medió en la tregua de seis meses que precedió a la reciente ofensiva de tres semanas de Israel contra Gaza, creía que tenía ya al alcance de la mano un acuerdo en el que Hamas pondría fin tanto al contrabando de armas como al disparo de cohetes desde Gaza a cambio de la apertura de los cruces de frontera.

Enfadado de que el Sr. Olmert atascara las negociaciones en el último momento al vincular el alto el fuego también a la liberación de Gilad Shalit, un soldado israelí capturado en 2006, el Sr. Gilad dijo al periódico: «No entiendo qué es lo que intentan hacer. ¿Insultar a los egipcios?… Esto es demencial, sencillamente demencial».

Hasta hace poco, las conversaciones para la liberación del sargento Shalit se habían centrado en un intercambio de prisioneros en el que Hamas pedía la libertad para cientos de palestinos encarcelados.

Cuando el Sr. Gilad se negó a disculparse, el Sr. Olmert le suspendió como enviado y presentó una queja ante la Comisión del Servicio Civil. El movimiento de Olmert, en los días previos a dejar el poder, amenazó con enfrentarle a los oficiales de la defensa, que parecían estar dispuestos a acordar un alto el fuego de larga duración con Hamas.

El gabinete del Sr. Barak emitió una severa reprimenda al primer ministro, advirtiéndole que Israel «sufriría las consecuencias». El mismo Barak denominó la decisión como «vergonzosa» y describió al Sr. Gilad como «funcionario entregado y sobresaliente».

Los estrechos vínculos de Barak con Gilad datan de su cargo de primer ministro, cuando Gilad le informaba como director del departamento de investigación de la inteligencia militar.

Contrariamente a la pragmática y casi suave imagen que ha adquirido ahora dentro de Israel, el Sr. Gilad ha sido tradicionalmente considerado como un halcón ultra.

Fueron sus informes en la época de Camp David del 2000, en los que afirmaba que el dirigente palestino, Yaser Arafat, estaba determinado a utilizar la segunda intifada para destruir a Israel, los que le dieron consistencia al eslogan del Sr. Barak: «No hay socio para la paz».

Cuatro años después, en junio de 2004, una serie de oficiales del ejército revelaron que el Sr. Gilad había amañado los informes de la inteligencia y presentado un cuadro falseado a los políticos.

En realidad, según el director de la inteligencia militar Amos Malka, las pruebas mostraban que Arafat quería llegar a un acuerdo con Israel y que le había cogido por sorpresa la fuerza del levantamiento popular palestino.

En respuesta, el Sr. Gilad defendió sus informes, tildando a Arafat de «increíblemente peligroso» y comparándole con Adolf Hitler.

Al mismo tiempo, consiguió una prestación por incapacidad del ministerio de defensa por haber desarrollado una diabetes tras lo que él llamó «fuertes presiones emocionales» durante la guerra del Líbano de 1982, que le había dejado psicológicamente marcado.

Algunos analistas israelíes culpan a Gilad de promover las políticas más agresivas de Israel durante la segunda intifada.

En unos comentarios efectuados en 2004, Roni Ben Efrat señaló que la falsa inteligencia proporcionada por Gilad había proporcionado la justificación política «para aislar a Arafat e intentar sustituirle por Abu Mazen [Mahmoud Abbas]. Es lo que aún subyace en la raíz del plan de desenganche unilateral de Gaza».

Sin embargo, las falsas revelaciones de inteligencia, así como las proclamas de discapacidad mental, apenas hicieron mella en la posterior influencia del Sr. Gilad. Siguió avanzando hasta convertirse en coordinador del ejército en los territorios ocupados y ayudó al sucesor de Barak, Ariel Sharon, a urdir la reocupación de Cisjordania y a aplastar a la Autoridad Palestina.

También promovió el punto de vista de que Israel estaba en primera línea en la «guerra contra el terror». En febrero de 2003, un mes antes de la invasión estadounidense de Iraq, afirmó que el Sr. Arafat y el dictador de Iraq Saddam Hussein, «confiaban en la misma vía, la vía del terror, para acabar con Israel».

Cuando asumió cuestiones de seguridad y diplomáticas en el ministerio de defensa en mayo de 2003, Reuven Pedatzur, un analista del ejército, advirtió que el nombramiento marcaba «otro paso más en el proceso de militarización de la sociedad israelí». Añadió: «Los civiles -y los puntos de vista civiles- han sido totalmente excluidos de cualquier implicación o influencia en el proceso diplomático».

Teniendo en cuenta la dimisión efectiva de Olmert en septiembre por acusaciones de corrupción, y como Israel sigue esperando aún que se designe un nuevo primer ministro, los funcionarios gubernamentales se han quejado de que, a pesar de no haber sido elegido, el Sr. Gilad está prácticamente «dirigiendo el país».

Jonathan Cook es escritor y periodista. Vive en Nazaret (Israel). Sus libros más recientes son: «Israel and the Clash of Civilizations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East» (Pluto Press) y «Disappearing Palestina: Israel’s Experiments in Human Despair» (Zed Books). Su página en Internet es: www.jkcook.net. La versión original de este artículo apareció publicada en The National, en Abu Dhabi (www.thenational.ae).

Enlace con texto original en inglés:

http://www.counterpunch.org/cook02262009.html