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El momento de la verdad para Israel

Fuentes: Newstatesman

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

La farsa de la cumbre de clima en Copenhague ratificó una guerra mundial emprendida por los ricos contra la mayoría de la humanidad. También sacó a la luz una resistencia que crece quizá como nunca hasta ahora: un internacionalismo que une la justicia para el planeta con los derechos humanos y la justicia criminal contra aquellos que invaden y desposeen con impunidad. Y las mejores noticias vienen de Palestina.

La resistencia palestina contra el robo de su país alcanzó un momento crítico en 2001 cuando una conferencia sobre el racismo celebrada en Durban, Sudáfrica, identificó a Israel como un Estado de apartheid. Para Nelson Mandela, la justicia para los palestinos es «la principal cuestión moral de nuestra era». El 9 de julio de 2005 se emitió el llamamiento de la sociedad civil palestina al boicot, la desinversión y las sanciones [a Israel] (BDS) que volvía a reunir de hecho al gran movimiento no violento que arrastró al mundo y provocó el desmoronamiento del andamiaje del apartheid sudafricano.

«A lo largo de decenios de ocupación y de desposesión», escribió Mustafa Barghouti, una voz sabia de la política palestina, «el 90% de la lucha palestina ha sido no violenta… Una nueva generación de dirigentes palestinos [habla ahora] al mundo exactamente como habló Martin Luther King. El mismo mundo que rechaza todo uso de violencia palestina, incluso cuando es claramente en defensa propia, seguramente no debería poner objeción alguna a que empleáramos los mismos métodos empleados por hombres como [Martin Luther] King y Gandhi».

El «tabú Israel» ha dejado de existir

En Estados Unidos y Europa, sindicatos, iglesias de las principales confesiones y asociaciones académicas han recuperado las estrategias que se utilizaron contra el apartheid sudafricano. En una resolución adoptada por 431 votos frente a 62 la Iglesia Presbiteriana estadounidense votó a favor de un proceso de «desinversión en fases y selectiva» en las corporaciones multinacionales que hacen negocios con Israel. Esta decisión siguió a la opinión consultiva emitida por el Tribunal Internacional de Justicia de que el Muro de Israel y sus asentamientos para «colonos» [judíos] eran ilegales. Una declaración similar por parte del Tribunal en 1971 denunciando la ocupación de Namibia por parte de Sudáfrica prendió la mecha del boicot internacional.

Al igual que en la campaña de Sudáfrica, la cuestión de la legalidad es clave. A ningún país se le permite desacatar abiertamente el derecho internacional de forma tan deliberada como se le permite a Israel. En 1990 la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que exigía Sadam Husein salir de Kuwait era la misma, palabra a palabra, que la que exigía a Israel salir de Cisjordania. Iraq fue expulsado, mientras que a Israel se le ha compensado reiteradamente. El 11 de diciembre Barack Obama anunció 2.800 millones de dólares en «ayuda» a Israel, una parte de los 30.000 millones de dólares que durante esta década los contribuyente estadounidenses regalarán de su maltrecha economía.

En Estados Unidos ahora se comprende bien esta hipocresía. Una campaña llamada «Belleza robada» contra los cosméticos Ahava, que se elaboran en «asentamientos» ilegales en Cisjordania, obligó el pasado otoño a la compañía a renunciar a su «embajadora» Kristin Davis, una estrella de [la serie de televisión] Sexo en Nueva York. En Gran Bretaña se presiona a Sainsbury’s y Tesco para que identifiquen los productos de los «asentamientos» cuyas ventas contravienen las disposiciones de derechos humanos del acuerdo comercial de la Unión Europea con Israel.

En Australia un consorcio dirigido por la empresa Veolia perdió el concurso público valorado en mil millones de dólares para crear una planta desalinizadora tras una campaña que sacó a la luz un plan, en el que está implicada Francia, de construir un tren ligero que conecta Jerusalén con los «asentamientos». En Noruega el fondo de pensiones del gobierno ha retirado su inversión de la empresa israelí de alta tecnología Elbit Systems, que ayudó a construir el muro por toda Palestina. Este es el primer boicot oficial por parte de un país occidental.

En 2005 la Asociación de Profesores Universitarios (AUT, en sus siglas en inglés) de Gran Bretaña votó boicotear a las instituciones académicas israelíes cómplices de la opresión de los palestinos. La AUT fue obligada a dar marcha atrás cuando el lobby de Israel desató una tormenta de difamaciones y de acusaciones de antisemitismo. El escritor y activista [palestino] Omar Barghouti lo denominó «terrorismo intelectual»: una perversión de la moralidad y de la lógica que afirma que estar contra el racismo hacia los palestinos convierte a una persona en antisemita. Sin embargo, el ataque israelí a Gaza del 27 de diciembre 2008 cambió casi todo. Se creó la Campaña Estadounidense para el Boicot Académico y Cultural a Israel, con Desmond Tutu en su consejo asesor. En 2009 el Congreso de Sindicatos de Gran Bretaña votó a favor de un boicot de consumidores. El «tabú Israel» ha dejado de existir.

Crímenes contra la humanidad

Complementario a esto es la rápida evolución del derecho penal criminal desde el caso de Pinochet en 1998-99, cuando el ex dictador chileno fue detenido en Gran Bretaña. Los instigadores de la guerra israelíes se enfrentan ahora a procesos similares en países en los que hay leyes de «jurisdicción universal». En Gran Bretaña el Acta de las Convenciones de Ginebra de 1957 ha sido reforzada por el informe de Naciones Unidas sobre Gaza elaborado por el juez Richard Goldstone, que en diciembre obligó a un magistrado de Londres a emitir una orden de detención contra Tzipi Livni, ex ministra israelí de Asuntos Exteriores, por crímenes contra la humanidad. Y en septiembre sólo una artificiosa inmunidad diplomática libró a Ehud Barak, ministro de Defensa de Israel durante el ataque a Gaza, de ser detenido por Scotland Yard.

Hace ahora un año 1.400 personas indefensas de Gaza fueron asesinadas por los israelíes. El 29 de diciembre Mohamed Jassier se convirtió en el gazatí número 367 que moría debido a que no se permite salir de Gaza ni siquiera a aquellas personas que necesitan un tratamiento médico vital. Tengan esto presente la próxima vez que vean a la BBC «equiparar» este sufrimiento con las huidizas protestas de los opresores.

Ahora hay un claro impulso. Para marcar el primer aniversario de la atrocidad de Gaza convergió en Egipto una procesión humanitaria formada por personas procedentes de 42 países (musulmanas, judías, cristianas, ateas, jóvenes y mayores, sindicalistas, escritoras, artistas, músicas y quienes dirigía los convoyes de comida y medicinas). Y aunque la dictadura sobornada por Estados Unidos de El Cairo impidió a la mayoría de ellas entrar en Gaza, la gente en esta prisión a cielo abierto sabía que no estaba sola, y los niños subieron a lo alto de los muros y agitaron las banderas palestinas. Y esto es sólo un comienzo.

Fuente: http://www.newstatesman.com/international-politics/2010/01/pilger-israel-palestinian-gaza