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¿Solidaridad o lavado de imagen?

El papel de la hasbará sionista

Fuentes: Rebelión

El viernes 10 de julio, la embajadora de Israel en Chile, la cientista política israelí nacida en Argentina, Marina Rosemberg, concurrió hasta la Central Nacional de Abastecimiento (Cenabast) dependiente del Ministerio de Salud, para hacer entrega de una donación de 1,5 toneladas de elementos de protección personal (EPP) para la lucha contra el Covid 19, la cual fue recibida por el ministro de Salud Dr. Enrique Paris.

La donación, en ese día del mes de julio, consistió en 15,000 mascarillas, 1,500 mascarillas N 95, 25,000 guantes, 2,500 camisolines hidrorepelentes, 700 protectores faciales y 20 termómetros electrónicos. El ministro Enrique París, consignaron las notas de prensa, señaló frente a esta donación que “este aporte, que agradecemos de todo corazón, es fundamental para el mejor manejo de la pandemia”.

Hasta ahí todo normal, hasta sería posible- para un despistado en materia de política internacional – aplaudir a un régimen, que es capaz de solidarizar con la sociedad chilena, a pesar de los enormes problemas que tiene el gobierno de Netanyahu, para un manejo adecuado del rebrote del Covid 19. El propio presidente israelí, Reuven Rivlin criticó a la dupla Netanyahu-Gantz por “la ausencia de una estrategia clara de combate a la enfermedad y de lucha contra sus efectos. Recordemos que la sociedad israelí, principalmente desempleados, personas independientes, comerciantes se han movilizado para exigir apoyo, ante los problemas sanitarios y económicos derivados del Covid 19, principalmente en la ciudad de Tel Aviv, ubicada en la Palestina histórica ocupada.

Lo extraño es que esta donación en Chile, a la cual hacía referencia, amplificada comunicacionalmente, es la misma que se entregó el día 27 de junio dada a conocer por la Embajadora Rosemberg y que fue agradecida, en ese momento, por el subsecretario de redes asistenciales Arturo Zúñiga. Una donación que al parecer, para la Embajada israelí, pasó sin pena ni gloría en momentos que las sociedades del mundo y en especial en Chile existía una fuerte campaña de denuncia contra la entidad sionista, por su decisión de anexionar el 30% del territorio de Cisjordania. En mi caso particular tal hecho me generó una profunda sospecha, tal como sucedió también en noviembre del año 2018 cuando la Embajada de Israel, para opacar la conmemoración del Día internacional del refugiado palestino (creado por la ONU) diseñó su propia recreación falsaria – como suelen ser sus mitos fundacionales – de un supuesto Día Internacional del refugiado judío. Y para ello no encontró mejor aliado que la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) cuya sede fue lugar para llevar a cabo este acto innoble y fuera de todo respeto, con la complicidad y posterior silencio de este organismo dependiente de la ONU.

La Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Liga árabe, cancillerías como la de Francia, Alemania, como también senadores estadounidenses alzaron la voz contra una decisión que parecía marchar sin contratiempos, hasta que el mundo pudo darse cuenta, que no se podía seguir en una impunidad perpetua por parte de un régimen, que ha violado todas las leyes internacionales que se puedan violar, contando para ello con la complicidad de su padre putativo. La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó con firmeza: “La anexión de Cisjordania es ilegal. Punto. Cualquier anexión. Ya sea el 30 % de Cisjordania, o el 5%. Insto a Israel a escuchar a sus propios ex altos funcionarios y generales, así como a la multitud de voces de todo el mundo, advirtiéndole que no proceda por este peligroso camino». Incluso, el senado chileno, con 29 votos a favor, 0 voto en contra y seis abstenciones exigió detener los planes de anexión sionista. Además, solicitó revisar todos los tratados entre Chile e Israel, para asegurar de que ellos incluyen referencia específica a las fronteras de Israel, reconocidas como las fronteras anteriores a la guerra de junio de 1967.

Con un mundo en contra, el régimen israelí gobernado por la dupla Netanyahu y Gantz, frenó a regañadientes la decisión de impulsar la nueva anexión de tierras palestinas, fijada para el 1 de julio. Comenzó así, toda una campaña de limpieza de imagen, para revertir la pésima y negativa visión que tiene el mundo de la entidad sionista. Ello en un marco de una crisis económica y sanitaria, que lo tiene con un 23% de cesantía, protestas sociales por el mal manejo de la pandemia y un rebrote del Covid 19 que hace temblar al naciente gobierno.

Tras el duro golpe político del 1 de julio, que mostró a Israel  como un paria en su posición de violador del derecho internacional, había que comenzar a buscar todo mecanismo que le permitiera seguir mostrando sus supuestos logros en diversas materias, que para la estrategia de la hasbará le sirve como lavado de imagen en un trabajo mancomunado  entre el Ministerio de Información israelí que tiene un presupuesto millonario, junto a empresas de relaciones públicas internacionales, que han colocado el nombre de Israel como una especie de referente científico, de sociedad gayfriendly, la mayor democracia de oriente medio y otros clichés, que de nada sirven a la hora de develar lo que es: una entidad colonialista, ocupante, racista y criminal.

Repetir un acto de donación (el primero el 27 de junio y luego su réplica el 10 de julio) para ser usado como elemento propagandístico, de maquillaje, de lavado de imagen es vergonzoso y repugnante pues revela, que el objetivo no fue nunca mostrar una generosidad desinteresada. Resulta claro que no se trató de una acción solidaria, sino que tratar de echar tierra a las denuncias de políticos, artistas, y la sociedad civil chilena, que demanda a Israel el cese total de las violaciones a los derechos humanos del pueblo palestino. Lo cierto es que la entidad sionista, siempre estará marcado por intereses propios de una ideología que desprecia al goyim, que se enmarca en una política racista, segregacionista, destinada a invisibilizar al pueblo palestino y limpiar su imagen., como parte de una tarea asumida como cotidiana.

Para esa limpieza utiliza técnicas de propaganda, esclarecimiento[1] es el concepto usado por el sionismo, que se imparten en  programas como el llamado Hasbara Fellowship destinado a capacitar a estudiantes «para abogar por Israel ofreciendo herramientas de promoción y prácticas exclusivas, accesibles e interactivas para empoderar a los estudiantes a lidera en su campus.Estamos aquí para capacitar a nuestra comunidad de estudiantes para abogar por Israel. A través de programas de capacitación dentro y fuera de la entidad sionista, ofreciendo herramientas de promoción prácticas exclusivas, accesibles e interactivas para empoderar a los estudiantes como líderes de opinión en defensa de la política de colonización y ocupación de los territorios palestinos.»

El trabajo, en este campo del lavado de imagen, incluye para el sionismo, copar las redes sociales de tal manera de atacar a todo aquel que denuncie al sionismo. En la llamada visión general de este programa financiado por privados y el propio gobierno sionista se afirma “Hasbara Fellowships se enorgullece de ofrecer una pasantía de promoción de redes sociales para brindar a los estudiantes seleccionados la experiencia, el conocimiento y las herramientas para convertirse en recursos expertos en redes sociales para Israel y la comunidad judía. Los estudiantes calificados reciben capacitación especializada con el equipo de redes sociales de hasbará y trabajan con el personal regional de hasbará para lograr objetivos personalizados de redes sociales”.

Hasbara Fellowships cuenta con un programa de entrenamiento en los territorios ocupados en defensa de Israel por 16 días enfocado en ofrecer a los líderes estudiantiles proisraelíes la oportunidad de adquirir habilidades de liderazgo, y viajar a lugares estratégicos: la frontera siria, la frontera de Gaza, los puntos de referencia clave de Jerusalén y las ciudades palestinas. Visitar organizaciones humanitarias israelíes, empresas de alta tecnología, la Knéset y la Corte Suprema. Reunirse con líderes e influyentes israelíes, incluidos periodistas, diplomáticos, líderes militares y académicos. Recibir capacitación práctica en oratoria, creación y administración de contenido de redes sociales y otras formas efectivas de derrotar campañas anti-Israel. Aprenden a crear planes de impacto estratégico; comunicarse de manera efectiva sobre Israel, construir relaciones con otros grupos de estudiantes, planificar y organizar iniciativas en el campus, y responder las preguntas difíciles sobre Israel. A lo que hay que unir entrenamiento militar básico.

Es evidente, que en ese marco en que el sionismo pretende desmentir las acusaciones que pesan sobre su régimen resulta, a lo menos impropio que el Ministerio de Salud de Chile se preste para una operación de maquillaje de este tipo del cual somos testigos. ¿Si ya se había anunciada la donación el día 27 de junio – 4 días antes del día que se supone se generaría la anexión del 30% del territorio cisjordano – por qué se vuelve a entregar la misma donación el día 10 de julio?

Resulta evidente, que a la Embajada de Israel y a la Sra. Rosemberg en específico, no le fue suficiente contar con el subsecretario Zúñiga, seguramente porque que el funcionario estatal y su repartición no promovía esta acción, para los fines de la representante israelí en Chile. Se necesitaba más y que mejor, que la máxima autoridad del Ministerio de Salud estuviera junto a la representante sionista en un déjá vu, que deja ese sabor amargo de la broma que se repite una y otra vez, que al final termina sacando risas fingidas. El MINSAL y el ministro Paris nos debe una explicación y un llamado de atención a aquellos que lo suben a un carro de maquillaje político.


[1] Hasbará. Se deriva del verbo hebreo lehasbir, que suele traducirse como “Explicar” o “esclarecer”. Es el campo de trabajo destinado por el sionismo a maquillar y lavar la imagen de un régimen colonialista y ocupante del territorio palestino. La idea de esta hasbará, empleada como programa de propaganda es dar a conocer la versión israelí o más bien distorsionar, manipular y desinformar sobre lo que acontece tanto en palestina como en Asia occidental.

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