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El rabinato de Israel refleja la ola racista del país

Fuentes: 972mag.com

Traducido para Rebelión por J. M.

El pueblo de Israel ha recibido lo que se merece: un rabino que es un fiel reflejo de la actual y amplia ola racista que envuelve todo el espectro de la sociedad israelí, desde las calles del sur de Tel Aviv hasta las cámaras de la Knesset.

Miembros de la comunidad hebrea negra en una ceremonia dej Ejército (Foto: Taahmenyah)

El nuevo Gran Rabino Ashkenazi de Israel, David Lau, no perdió tiempo para hacer una metida de pata supuestamente utilizando el equivalente en hebreo de la «palabra N» (hebreo) para castigar a un grupo de jóvenes ortodoxos por ver un partido de baloncesto televisado. El nuevo Gran Rabino sefardí Yitzhak Yosef adelantó a su homólogo, al parecer con las mismas invectivas antes de su elección (también en relación con el baloncesto, que parece haber ocasionado recientemente injustas críticas por parte de los rabinos).

No debe haber engaños acerca de este tema. Si los rabinos siguen lanzando sus insultos racistas o sus líderes desacreditando sin reservas ni cuidando «la elección de las palabras,» está claro cuales son sus intenciones. Ninguna pretensión de civilización nos convencerá de un cambio milagroso de intenciones. Sus comentarios reflejan el núcleo del problema que enfrenta el judaísmo eurocéntrico: la negación obstinada de sus raíces africanas. Yo argumenté que «la presunción de que los hijos de los antepasados de Israel eran blancos es fundamentalmente defectuosa» y advertí de las «políticas erróneas y peores» en Haaretz el año pasado. Desde entonces, ha sido sin duda el «peor».

Para mí, no hay ninguna esperanza de un «bondadoso y gentil» rabinato en el personaje del rabino David Stav que se haya materializado. En una entrevista en Haaretz, Stav afirmó su «respeto a todas las personas aunque sean árabes». ¡¿Aunque?! En la misma entrevista, abogó por «la preservación de una especie de tejido común de la sociedad israelí. No en el plano cultural, pero si en el nivel étnico. ¿Es la «opción de Israel» elegir una plataforma para ejemplificar y mostrar una etnia superior o una cultura y forma de vida superior? Las listas electorales del rabinato reflejan cuán «democrático» se ha vuelto: una opción irrelevante entre las dos caras de la misma irrelevante moneda.

¿Por qué deberían las personas a las que se niega su derecho a la identidad judía/hebraica, ya sea falashmura, ibo o judía/hebrea negra israelita de África, que sean más propensos a tolerar la insolencia del rabinato que se manifiesta en la forma de un «amable y gentil» estrangulamiento? ¿Podrían los enfermos terminales encontrar una forma de manifestarse siendo «amables y gentiles»? ¡No, gracias! Me quedo con Lau y sus neandertales modales. Al igual que el fanatismo practicado en-su-cara por muchos habitantes del «Viejo Sur» de los Estados Unidos, por lo menos conocemos donde están parados. Prefiero mi racismo «frontal, no casher»!

Criterios bíblicos para la elección de los líderes

Los que se atreven a sugerir que el nuevo rabino jefe no entendía el contexto negativo de la palabra están una vez más en la negación o en connivencia con el peor de los enemigos y fanáticos. Yo puedo estar de acuerdo en que hay poca relevancia contemporánea en lo histórico o cultural del siglo XVI en el aspecto de la cultura europea Ashkenazi, pero afirmar -como hizo Yaacov Lozowick- que es víctima de «su total desconexión con el universo cultural más amplio de la mayoría de los israelíes» es ridículo. «Kushi» es un término despectivo. Incluso los niños israelíes están bien versados en los puntos más finos de la connotación, donde el uso aceptable de kushi/m comienza y termina. Cualquier africano que se ha encontrado en algunos barrios judíos lo sabe muy bien.

«Para él, kushim es un término bíblico», dijo Lozowick, director del archivo de Israel, y exdirector de Yad Vashem, en defensa de Lau. Es cierto, pero el contexto es todo en la interpretación de pasajes bíblicos. He aquí una lección de la Torá que el rabino aparentemente olvidó: cuando Moisés delegó su autoridad a sus «jefes de millares, centenas, de cincuenta y de diez,» les dio criterios que permitieran garantizar la legitimidad moral de los que gobernarían sobre Israel. Los hombres (y mujeres) que liderarían Israel tenían que ser «hombres sabios, entendidos, reputados, temerosos de Dios, hombres de verdad y enemigos de la avaricia» (Deuteronomio 01:13 y Éxodo 18:21)

Obviamente, los electores de los guardianes de la judeidad de Israel de la próxima década no aplicaron estos criterios en la elección de Lau y Yosef. (O quizás sí los vieron, dados los criterios racistas de estos dos rabinos que eran, sin duda, «conocidos») El pueblo de Israel ha recibido lo que se merece: un rabino que es un fiel reflejo de la actual ola racista que envuelve a todo el espectro de la sociedad israelí, desde las calles del sur de Tel Aviv hasta las cámaras de la Knesset. Pero para que esa discriminación esté tan profundamente arraigada en las instituciones del judaísmo y tan visiblemente expuesta por sus supuestos hombres santos la hipocresía es muy grande.

Una revolución se aproxima

Según como lo ve Lozowick, Israel sufre de un caso menor de «manchas y verrugas» en comparación con otras naciones. «Israel no tiene el tremendo bagaje cultural de las leyes Jim Crow con respecto de la segregación». Me gustaría pensar que la experiencia del Holocausto se puede catalogar como un «horrible bagaje cultural » con el peso suficiente para ser un recordatorio constante -y disuasorio- de la inclinación de la humanidad por la crueldad. No, aquí nos estamos enfrentando a mucho más que «verrugas y manchas». Las espinillas y erupciones son síntomas de una condición mucho más siniestra y sistémica, por lo que una cura «amable y gentil» es, lamentablemente, inadecuada. La podredumbre deshumanizadora del racismo sólo puede removerse a través de la cirugía radical, con la esperanza de dar paso a la regeneración de los tejidos sanos.

Pero no hay una revolución al estilo «Panteras Negras» en puertas (ya sea en la variedad estadounidense o israelí). Tampoco un David para hacer frente a la amenaza de un Goliat que se avecina, siquiera uno que podamos reconocer. El reticente concepto del «demonio étnico» frente a un racismo persistente no tiene un asesino en el horizonte. No es más un enemigo desconocido, lo que es problemático cuando está bajo asalto. Como Yossi Klein escribió recientemente en Haaretz: «En mi opinión nos enfrentamos a un demonio débil y gastado que ya no asusta a nadie». De hecho las protestas sociales del año pasado se han esfumado.

Seamos francos. Quienes hablan de un «Estado judío democrático» sólo hablan. A nivel mundial, cada vez más personas se están dando cuenta de que la «democracia» -y su asfixiante capitalismo asistencial- no ha sido poco más que propaganda. Verdaderamente, un buen gobierno es más que la celebración de «elecciones libres» (sería digno séñalar que en la antigua Atenas, considerada «la base de la democracia occidental», sólo el 6% de sus habitantes tenían la consideración de ciudadanos). Al igual que el resto de la cultura estadounidense a la que somos tan aficionados, la desigualdad es una realidad de las masas populares. A pesar de ser uno de los países más ricos, los Estados Unidos están siempre en el piso de los indicadores socioeconómicos (al lado de los llamados países del «Tercer Mundo»). En general, la vida humana -y toda la vida para el caso- se ha devaluado. Como el profesor Yossi Yonah señaló, «los dirigentes del país proclaman la importancia del pueblo de Israel… pero la existencia de este pueblo, aquí y ahora, está fallando.» Si la visión se ha debilitado, es porque los líderes han fallado.

Malcolm X invade Israel

El líder afroamericano Malcolm X -crítico de la práctica de la democracia estadounidense, en comparación con los principios enunciados de esa democracia- la llamó «nada más que hipocresía encubierta.» Mientras Israel se vio inundado de refrescantes «X» que colgaban de los retrovisores de los vehículos que transitaban por todo el Estado y los territorios judíos, la mayoría no tienen ni idea de lo que representa la «X». Simboliza lo desconocido, una identidad que fue negada o brutalmente arrebatada durante el deshumanizador comercio de esclavos africanos. Cada pocos años, las ideas de Malcolm X resurgen en la comunidad afroestadounidense y por supuesto todo lo popular presenta una oportunidad de explotación comercial. De ahí la «X» en camisetas, carteles y ambientadores. Como todas las modas (que aparentemente incluyen todo lo bienintencionado, incluidos los movimientos de protesta social profundamente conflictivos), la popularidad se desvaneció. Mientras tanto, algunos emprendedores de negocios israelíes han cometido una «matanza» con un superávit de artificios baratos que enmascara los malos olores. Si solo tuviéramos algo para el hedor del racismo, la avaricia y la desigualdad que está superando nuestra sociedad, algo a largo plazo. Sin la fuerza de una base moral y espiritual es imposible que alguien pueda tener sus raíces en algo por mucho tiempo.

¿Dónde están los que como Isaías, «clamarán en voz alta, y sin detenerse»? Al igual que Haggai, para exigir enérgicamente que «consideramos nuestros caminos»? Un silencio similar cayó sobre la Norteamérica negra tras el asesinato del doctor Martin Luther King, con lecciones claras para la sociedad israelí. Un penetrante punto de vista viene de Derek P. Reeves: «Una de las razones de este silencio es que muchos de los que se beneficiaron de las ganancias limitadas del movimiento de derechos civiles se han inclinado a juzgar el éxito general del movimiento de cara a su propia escala ascendente en la movilidad social y por lo tanto han salido de esa cultura en silencio para entrar en el lujo de la condición de la clase media estadounidense». (Más allá del río Jordán. Ensayo sobre la continuidad de la Tradición Profética Negra, Derek P. Reeves, La Revista de pensamiento religioso [Howard Escuela Universitaria de la Divinidad]. Vol. 47, No. 2, invierno-primavera 1990/91, p. 52) Sin embargo, en la medida en que se desvanece el sueño americano y la existencia de la clase media se erosiona, podemos estar seguros de que las voces de las masas que sufren seguirán aumentando en un caótico crescendo.

Otro icono de la cultura afroestadounidense, el fallecido poeta y músico Gil Scott-Heron, quizás fue mejor conocido porque su «revolución no será televisada». Estaba en lo cierto: esta revolución no se está cubriendo en IBA, Canal 10 o CNN para el caso. La revolución es destruir a través del cambio. Nosotros que somos parte del cambio no estamos asustados o desalentados por la potencia aparente de los que obstinadamente se resisten al cambio. El cambio al que Israel está destinado está en marcha. Lamentablemente, Scott-Heron cedió a la presión del movimiento BDS en la víspera de una visita planificada. Nos habría encantado compartir nuestra visión de desarrollo para el verdadero, amable y gentil Israel.

La venida del real nuevo orden mundial

En su último libro, Chaos or Community: Where Do We Go from Here ? King instó a los afroestadounidenses a ser como «aquellos disidentes creativos que darán a nuestra amada nación un destino más alto, un nuevo nivel, de hecho, una expresión más noble de la humanidad». Palabras revolucionarias sin medida, entonces y ahora. Pero muy pocos entienden realmente las ideas revolucionarias que Martin Luther King defendía, a pesar de su póstumo reconocimiento universal como «rock star«. Joseph Chilton Pearce fue muy crítico con la forma en que la cultura estadounidense mató a Martin Luther King Jr.

«Se construyó un monumento sobre su tumba también, haciendo de él un santo, nombrando calles, avenidas, escuelas, e instituciones por él, permitiendo al mismo tiempo el deterioro de la condición de su pueblo de manera constante con nuevas palabras que cubrían la misma parodia cultural. La corrección política, al tiempo que parece promover la sensibilidad racial, es una forma de mentira social acordada, dentro de la cual se pueden expresar con zalamería la parcialidad y los prejuicios con unción las palabras adecuadas y así encubrir nuestros ancestrales patrones destructivos». (Joseph Chilton Pearce, The Biology of Transcendence: A Blueprint of the Human Spirit, pp. 167-168)

Mientras tanto, aquí en la «Tierra Prometida», tenemos la oportunidad de hacer realmente de Israel «una luz para las naciones». Una vez más, el retorno a nuestras raíces africanas podría ser lo que nos devuelva a nuestra misión profética. Los europeos no presumen realmente de ser superiores a los africanos y a otros no blancos. Presumen de que su dominio es el que está destinado a durar para siempre y que no hay nada que alguien pueda hacer al respecto. Pero ahí es donde se equivocan. La historia y la profecía bíblicas están llenas de referencias a un vuelco de los imperios y dominios del mundo en favor de los justos. Los rabinos debería saber eso.

«El mundo del mañana será negro y justo», profetizó Malcolm X. «En el mundo blanco no ha habido otra cosa que la esclavitud, el sufrimiento, la muerte y el colonialismo. En el mundo negro del mañana, habrá verdadera libertad, justicia e igualdad para todos. Y ese día viene antes de lo que crees» (Murray Fisher, ed, Alex Haley: Las entrevistas Playboy, p 45.). Eso fue inevitablemente concedido durante mucho tiempo a los más altos niveles de liderazgo occidental. En el año 1978 en un artículo del New York Times, el entonces presidente del Consejo de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, se expresó de esta manera: «Estados Unidos ahora admite que lo que se llama la «era eurocéntrica» del mundo ha terminado. A finales de siglo, el 85% por ciento de la población mundial estará en Asia, África y América Latina… Los Estados Unidos, añade Brzezinski no están tratando de construir represas contra de las fuerzas de la historia, sino más bien para canalizar estas fuerzas en una dirección positiva. (Brzezinski en Argel para el aniversario, Planes de Seguridad en la guerra del Sahara, New York Times, 1 de noviembre de 1979). Las ideas de los Estados Unidos para una canalización «positiva» de «estas fuerzas» claramente no están funcionando; ¿qué se traerá Israel entre manos?

Cuando los africanos recuperen el timón de los asuntos del mundo, algo certero ocurrirá: no podríamos hacer nada peor de lo que se ha hecho durante los últimos 500 años. La buena noticia para Israel es que todos somos africanos. Y una vez que nos volvamos a conectar con África como en los tiempos antiguos, no vamos a cantar en Eurovisión o jugar en la liga europea, lo cual por supuesto minimizaría la posibilidad de más insultos por parte de los principales rabinos. La mala noticia es que la dislocación psicogeográfica de Israel puede endurecer un corazón ya esclerótico y llegar a ser su mayor amenaza existencial.

Ahmadiel Ben Yehuda es un portavoz de los hebreos israelitas de Dimona y miembro de la Sociedad Internacional para el Estudio del judaísmo africano.

Fuente: http://972mag.com/israels-rabbinate-the-rot-of-racism-and-a-return-to-african-roots/77476/

rCR