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Entrevista al capitán de navío de la Armada español Manuel Ruiz Robles (I)

«Estaba en marcha un golpe duro para el 2 de mayo de 1981, organizado por el sector más fascista del Ejército»

Fuentes: Rebelión

Manuel Ruiz Robles es capitán de navío de la Armada (actualmente retirado), ingeniero de la Ecole Supériure d’Electricité (Supélec), DEA Physique de l’Energie de l’Université de Paris, Licenciado en Ciencias por la UAM, membre bienfaiteur de l’ACER (Amigos de los Combatientes en la España Republicana), adherent du Musée de la Résistance Nationale. Por si faltara […]

Manuel Ruiz Robles es capitán de navío de la Armada (actualmente retirado), ingeniero de la Ecole Supériure d’Electricité (Supélec), DEA Physique de l’Energie de l’Université de Paris, Licenciado en Ciencias por la UAM, membre bienfaiteur de l’ACER (Amigos de los Combatientes en la España Republicana), adherent du Musée de la Résistance Nationale. Por si faltara algo, Ruiz Robles fue también miembro de la Unión Militar Democrática (UMD).

***

Para ubicar el lector, permítame iniciar nuestra conversación con algunas referencias biográficas. Usted es capitán de navío retirado de la Armada. ¿Cuándo se incorporó al Ejército español? ¿Por qué razones?

Mi incorporación efectiva como alumno de la Escuela Naval fue el 1 de Agosto de 1960. Recibí mi despacho de oficial el 16 de julio de 1965. Algunos años después, tras un concurso de méritos académicos, ingresé en el cuerpo de ingenieros de la Armada. En él he desarrollado toda mi carrera militar.

No existían antecedentes militares en mi familia. Mi decisión, a la edad de 15 años, estuvo motivada por mi afición al mar. Mis tíos eran humildes pescadores. En mis vacaciones de verano pasé momentos inolvidables junto a ellos. Participaba en las duras tareas de pesca. A veces pasaba uno o dos días en la mar a bordo de una barca de vela y remos, entre redes y efectos navales, comiendo deliciosos pescados y pimientos. Los asábamos sobre un pequeño artilugio de carbón de leña. Sabores y olores que aún recuerdo con gran placer.

Las narraciones de mis dos primos -mucho más mayores que yo- de sus aventuras en la mar, durante su servicio militar obligatorio en la Marina, excitaban mi imaginación de niño. También me hacían soñar mis lecturas juveniles: «El viejo y el mar», «La isla del tesoro», «Raroia», «La balsa de la Kon-Tiki», «Veinte mil leguas de viaje submarino»… Nada trascendente.

Entro en materia. Le cito, tomando pie en un artículo suyo muy reciente: «En la primera parte de este testimonio militar recordaba la estrategia de terror llevada a cabo por el general Franco. Hice referencia al crimen de lesa humanidad perpetrado en Málaga por parte de la flota sublevada, y de la aviación alemana. El relato estremecido de aquel crimen lo oí, siendo niño, de los labios temblorosos de mi tía Encarnación. Ella, junto a mi tío José y sus tres primeros hijos, fueron supervivientes de aquel horror». ¿Nos describe brevemente ese horror?

A mis tíos, como a miles y miles de familias en Málaga, les llegaron noticias de las atrocidades que el ejército del general Franco estaba llevando a cabo en Andalucía. Concretamente los saqueos, violaciones y fusilamientos masivos. Vivían a unos 20 Km de la capital.

Ante la inminente llegada de las tropas fascistas, decidieron unirse al río humano que pasaba junto a ellos. Cerraron su modesta casa de pescadores y abandonaron su barca, varada sobre la playa. Sus tres hijos mayores estaban en edades comprendidas entre 1 y 4 años. Tenían un pequeño asno, negro y tierno como Platero, que les servía en sus desplazamientos. En sus serones acomodaron a los tres pequeños, añadieron provisiones para el camino e iniciaron el éxodo.

De día caminaban entre las explosiones de los obuses procedentes de la escuadra franquista, de las bombas y del ametrallamiento de la aviación. Auxiliaban en lo que podían a las personas agonizantes que encontraban en el camino. Narraba mi tía Encarnación, aun presa de terror, escenas terribles de niños, ancianos y personas adultas destrozados por la metralla. De noche se alojaban en cuevas que encontraban en los montes vecinos, en casas abandonadas o al borde de la carretera, cuando el agotamiento, el hambre y la sed les impedían continuar el camino.

Tras varios días interminables, entre el horror de los lamentos de gente herida o moribunda, llegaron a Almería. Allí permanecieron hasta el final de la contienda, sobreviviendo con la venta de deliciosas tortas, que ellos mismos cocinaban.

Relata usted así la muerte de Grimau: «Fue detenido el 7 de noviembre de 1962. Interrogado y torturado en la DGS situada en la Puerta del Sol de Madrid. Condenado en una farsa de consejo de guerra -condena aún no anulada- y fusilado el 20 de abril de 1963. El entonces ministro de información y turismo, Manuel Fraga Iribarne, dirigió una intensa campaña de intoxicación desinformativa. Intentaba dar cobertura al asesinato que el franquismo iba a perpetrar un cuarto de siglo después de finalizada la Guerra de España». ¿Cómo es posible entonces que a Manuel Fraga Iribarne, fallecido recientemente como sabe, se le despidiera, prácticamente, con honores de Estado?

La ruptura con el régimen de la Dictadura que reivindicaban las fuerzas democráticas no se llevó a efecto. Frente a esa pretensión legítima se alzaba el muro del Ejército, mayoritariamente franquista. Su distribución territorial recordaba a la de un ejército de ocupación. Era un arma de «negociación» incuestionable en manos del franquismo reinante. También de los poderes financieros que lo sostenían. Era su último «argumento».

Una correlación de fuerzas tan desfavorable posibilitó a la monarquía, y a los poderes fácticos que la sustentaban, desplazar a su favor la llamada transición política. Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España, fue presentado en sociedad por Manuel Fraga Iribarne. De aquellos polvos estos lodos.

Ha señalado usted en alguna ocasión que su activismo político se concretó en los años finales de la dictadura franquista y en los inicios del período que solemos llamar «transición política». Usted fue miembro de la Unión Militar Democrática, la UMD, una de las caras heroicas más injustamente olvidadas de aquellos años. ¿Qué fue la UMD? ¿Qué pretendían ustedes?

La UMD fue una pequeña organización de militares demócratas que, en su breve pero intenso periodo de existencia, consiguió que el poder militar franquista dudase de su capacidad para llevar a cabo con éxito un golpe de Estado. Sabían quienes y cuantos éramos, pero desconocían el alcance de nuestra influencia, de los simpatizantes.

Esa masa anónima militar era, y es, a mi juicio, la auténtica UMD. Fueron los que mojaron la pólvora del golpismo militar. La organización fue la que abrió la compuerta. La abrió para que penetrasen en el Ejército los valores de la riada humana que clamaba libertad. El pueblo español se enfrentó a la policía franquista, en manifiesta revuelta popular. En las calles, en los centros de trabajo, en las universidades.

El imperativo para nosotros era de tratar de evitar -por todos los medios a nuestro alcance- que el Ejército franquista actuase violentamente contra el pueblo.

Ha sido publicado recientemente un libro sobre la UMD cuyo autor es un militar en activo, intelectualmente muy capaz y muy cualificado. Sorprende por su juventud y conocimiento profundo de unos hechos que ocurrieron hace casi 40 años. También por su rigor histórico. Se trata de «Los militares olvidados por la democracia» de Fidel Gómez Rosa.

Déjeme insistir en este nudo: ¿era usted en aquellos años un «militar inconsciente»? ¿Sabía usted realmente lo que le podía pasar si llegaban a saber de su activismo? De hecho, creo decir bien, usted fue requerido de oficio por un juez militar en el Cuartel General de la Armada en 1977.

Mi toma de conciencia se inició en la propia Escuela Naval. En primer curso, con 17 años. Leí Nada, de Carmen Laforet. Quedé asombrado. Mi admiración no tuvo límites. Su lectura despertó en mí el deseo de nuevas lecturas que me mantuviesen en contacto con el mundo de la cultura. También el de entrar en contacto con el mundo universitario, compartiendo las inquietudes de las chicas y chicos de mi generación. Después vinieron otras lecturas.

Todos éramos conscientes. Conocíamos las duras penas del Código de Justicia Militar franquista para el delito del que podíamos ser injustamente acusados: rebelión militar. Las penas oscilaban desde largos años de prisión a pena de muerte.

En cuanto al requerimiento…

Sí, fui requerido en 1977 por un juez militar por escribir un artículo en un diario de alcance nacional, en el que reclamaba la amnistía para mis compañeros de la UMD. Habían sido detenidos, procesados en consejo de guerra, condenados a largos años y finalmente excarcelados pero no amnistiados.

Más sobre este punto: el poder militar franquista, ha comentado usted mismo, «había estudiado previamente la posibilidad de asesinar» a los compañeros detenidos de la UMD «mediante un comando de «operaciones especiales» que debería dejar falsas pruebas, inculpando a ETA. Finalmente la operación fue abortada…». ¿Es así? ¿Nos explica con algo más de detalle lo que sepa de esta operación abortada?

No tengo un conocimiento directo. Dudo que existan documentos al respecto. Sí sobre las informaciones que circularon verbalmente. Como dato interesante puedo decir que el general Jaime Milans del Bosch se opuso a tal operación y finalmente se decidió la detención y procesamiento en Consejo de Guerra de mis compañeros, dirigentes de la UMD.

También usted ha hecho referencia a la amnistía de 1977 en estos términos: «su objetivo inconfesable fue -y sigue siendo- la de cubrir con un manto de silencio los crímenes del franquismo, constituyendo de hecho una ilegítima «ley de punto final»». ¿Se ratifica en esa observación? ¿Es así? ¿Rige por tanto en España una (inadmisible) ley de punto final?

Desde mi punto de vista sí. Fue una falsa amnistía. Con ella no llego el perdón para los militares de la UMD. Esa es la prueba del 9. Los que hundieron al país en un baño de sangre, y mantuvieron una dictadura genocida que se prolongo durante cuarenta años, fueron amnistiados. Los militares de la UMD que propiciaron la llegada de la democracia por medios pacíficos no lo fueron.

Este hecho deslegitima tal ley y revela su sentido profundo. Es una ley de «punto final» análoga a la que se dicto al término de la sangrienta dictadura del general Videla. Después fue anulada. Videla, el asesino temeroso de Dios, ha muerto recientemente en prisión.

Le hablo ahora del 23-F. Aquella tarde/noche fue requerido con urgencia para que se presentase en su destino, un centro tecnológico militar dependiente del Cuartel General de la Armada. No sería fácil para usted, nada fácil. ¿Qué pasó realmente el 23-F? ¿Nos da su versión de lo sucedido?

Pocos minutos después de oír en directo por radio el asalto al Congreso, oí en otra emisora el bando del general Milans del Bosch. Mi impresión fue que se estaba consumando un golpe muy duro. En efecto, aquella noche no fue nada fácil para ningún demócrata, pensé que nunca más volvería a abrazar a mis seres queridos.

Puedo afirmar que estaba en marcha un golpe duro para el 2 de mayo de 1981, organizado por el sector más fascista del Ejército. También que el golpe del 23F fue un golpe palaciego, de inspiración monárquica, del que algunos políticos del arco parlamentario estaban al corriente y consideraban un golpe de «guante blanco» para «salvar la democracia».

Lo supe el mismo día en el que se desarrolló un acto público de protesta por la tortura y muerte de Joseba Arregui. Murió en prisión el 13 de febrero de 1981. Después de asistir al acto de protesta cené con una compañera de trabajo y dos conocidos parlamentarios. Pocos días después se producía el golpe.

Según pudimos oír en directo por radio, y en diferido por TV, aquello fue muy impactante. Probablemente asustó mucho a los que estaban advertidos, o incluso implicados. La forma tan violenta en la que se desarrolló el asalto al Congreso y su posterior secuestro, así como la toma de Valencia por los tanques de Milans del Bosch, no entraban en sus cálculos. El «golpe de guante blanco» para «salvar la democracia» les produjo pavor.

La finalidad evidente fue el famoso «golpe de timón» y el reforzamiento de la figura del monarca. Lo consiguieron con un coste altísimo para los incautos generales que se prestaron al juego. Así que: «aviso a navegantes».

Habla usted también de que nuevos acontecimientos militares se desarrollaron posteriormente al 23F. Señala, por ejemplo, que varios «oficiales españoles del Ejército y de la Armada fueron enviados a centros militares argentinos». A la ESMA entre ellos, al mayor centro de tortura y exterminio de la dictadura de Videla. ¿Es así? ¿Cuándo fue? ¿Quiénes tomaron esa decisión?

La información de que dispongo, y puedo revelar, es de dominio público. Tal información fue publicada en la prensa y transmitida por las cadenas de radio y televisión. Si mal no recuerdo, el juez Garzón tomó cartas en el asunto, e incluso hubo una interpelación parlamentaria al Gobierno por parte de un diputado de izquierda. Basta echar un vistazo en Google para llegar a la conclusión de que algo irregular y muy grave pudo haber ocurrido. Además, no fue investigado.

Tomo nota del «puedo revelar» Y «del no fue investigado». Creo que usted abandonó la actividad política directa a mediados de 1986. Sobre esto me gustaría preguntarle a continuación.

De acuerdo.

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.