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El mayor país atómico comienza a invertir en renovables

Francia intenta adelgazar el ‘sobrepeso’ de la industria atómica

Fuentes: SanchoPanzaLab

Francia aparentó serenidad esta semana ante el anuncio del cierre de las centrales nucleares alemanas. Pero poco duró esa compostura ante la fuerte onda expansiva de la decisión. Francia se prepara ya para exportar más una electricidad, que será más cara, durante el periodo de transición alemán. Y, para el medio plazo, gana la idea […]

Francia aparentó serenidad esta semana ante el anuncio del cierre de las centrales nucleares alemanas. Pero poco duró esa compostura ante la fuerte onda expansiva de la decisión. Francia se prepara ya para exportar más una electricidad, que será más cara, durante el periodo de transición alemán. Y, para el medio plazo, gana la idea de reducir, también en Francia, el peso hasta ahora aplastante del sector electronuclear.

El primer ministro francés, François Fillon, se ha limitado a afirmar que «respeta» la decisión alemana y que esta no interfiere en los planes franceses. Pero la declaración más clara y sin confusión, viniendo de conservadores hasta ahora defensores a ultranza del átomo, fue la del canciller Alain Juppé, peso pesado de los dinosaurios del gaullismo.

«Creemos que, al menos en un plazo de algunas décadas, no podemos prescindir de la energía nuclear», dijo. Y luego sí aclaró: «Pero eso no quiere decir que no haya que desarrollar las energías alternativas. Hay que apostar fuerte por el sector eólico, solar, la biomasa y la geotermia».

El anuncio de Juppé corrobora que la decisión de Alemania ha exacerbado las tensiones en París. La que existe, desde hace cinco años, entre los partidarios de una gestión razonable del mix energético francés para irlo acercando a la media europea, y quienes siguen apegados al dogma del general Charles de Gaulle, de una energía que proporciona en torno al 80% de la electricidad del país.

De hecho, en Francia, los anuncios de «renacer nuclear» van escasamente seguidos de efecto. En este país sigue habiendo sólo un reactor nuclear en construcción en cerca de una década (frente a los diez por año que se construían en los ochenta). Pese a las estruendosas declaraciones del presidente Nicolas Sarkozy, el país se apresta a nadar y guardar la ropa.

Y es que Francia, para poder financiarse necesita seguir exportando todo lo referente al átomo, desde reciclaje de residuos hasta fabricación de componentes pasando por materia gris, kilowatios de origen nuclear o equipos de descontaminación para Fukushima, así que las declaraciones públicas proatómicas son cada vez más altisonantes.

No así las privadas. En junio de 2009, en un discreto foro de la industria, de puertas para adentro, Sarkozy declaró: «Vamos a efectuar, en las energías renovables, un giro tan importante como el del general De Gaulle para el sector nuclear en los sesenta».

Invertir en investigación

De hecho, desde 2010, el CEA se llama Comisariado de la Energía Atómica y las Energías Alternativas. Dentro de los 2.400 millones de presupuesto de su sector civil, cada euro destinado a investigación fundamental sobre el átomo tiene un euro gemelo para investigación fundamental en renovables.

La idea de una reducción del sector nuclear ha ganado adeptos en el PS, donde la primera secretaria, Martine Aubry, ha roto con la línea pronuclear tradicional. En el Frente de Izquierdas también hay cambios: el Partido de Izquierdas de Jean-Luc Mélenchon empieza a convencer al PCF, gran pilar pronuclear, de que las energías renovables crearían más empleos.

www.sanchopanza.net

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.