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Gaza: ¿Mogadishu o Dubai?

Fuentes: Asia Times

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El senador demócrata y candidato presidencial Barack Obama fue la semana pasada a la reunión del dinámico Comité Estadounidense Israel de Asuntos Públicos (AIPAC) en Washington y dijo, sin ambages, que Jerusalén debería ser la capital «indivisa» de Israel. El auditorio abarrotado podría haber estallado de alegría. La opinión pública en el mundo árabe – donde existe una inmensa buena

voluntad hacia Obama – se sintió desanimada, si no horrorizada.

Pero luego fue la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, la que puede haber lanzado la verdadera bomba en AIPAC. Sonando en todo como el candidato presidencial republicano John McCain, castigó severamente a Irán, a Hezbolá chií en el Líbano y a Hamás en Palestina. Luego, en la mitad de su discurso, dijo:

«La expansión de la violencia en Oriente Próximo hace más urgente, y no menos, el establecimiento de un Estado palestino pacífico.

«La oportunidad actual no es de ninguna manera perfecta, pero es mejor que cualquier otra en los últimos años y tenemos que aprovecharla. Los israelíes han esperado demasiado tiempo la seguridad que desean y merecen, y los palestinos han esperado demasiado en medio de humillaciones diarias la dignidad de un Estado palestino.»

Se necesita mucho capital político para poder decir algo semejante frente a intransigentes partidarios de AIPAC, incluso si se es secretaria de estado de EE.UU. Previsiblemente, la dinámica audiencia cayó en un silencio de ultratumba.

Llega el Gulag

Y la gente desposeída que sufría esas humillaciones diarias a las que se refirió Rice, a medio mundo de distancia, ¿qué habrá pensado?

Gaza – esencialmente un inmenso Gulag – es ahora un sitio aún más desesperado que de costumbre. Israel ha prácticamente embargado la entrega de combustible. Una vez más es un castigo colectivo en acción – no sólo contra Hamás, que ha tenido el control de Gaza durante un año, sino contra la desesperada población civil de 1,5 millones.

Durante todo este tiempo, Gaza ha sido bombardeada y matada de hambre. Lo que queda de tierra productiva ha sido arrasada por el ejército israelí. Todo este sufrimiento tiene lugar esencialmente porque el pueblo de Gaza decidió ser dirigido por Hamás en una elección democrática en enero de 2005. Es algo que Washington y Jerusalén simplemente no pueden aceptar.

Israel acaba de estar a punto de invadir Gaza – una vez más. Al primer ministro Ehud Olmert – a la defensiva por un escándalo por corrupción – le habría encantado esa táctica de diversión. Al volver de Washington – donde asistió a la reunión de AIPAC y se encontró personalmente con el presidente George W Bush, en el intento de vender inteligencia israelí sobre Irán como mucho más al día que los datos del Cálculo Nacional de Inteligencia de EE.UU. – Olmert dijo: «Tal como se ven las cosas ahora, estamos más cerca de una operación militar en Gaza que de cualquier otro tipo de modalidad [diplomática].»

El ex primer ministro Ehud Barak, actual ministro de defensa israelí, estuvo de acuerdo. Y Barak no es tan belicista como Olmert. Barak es el personaje clave en el Knesset (parlamento) a favor de una tregua con Hamás que está siendo negociada por Egipto. Los términos son: si Israel detiene sus incursiones militares en Gaza y termina el actual cerco, Hamás deja de disparar sus burdos cohetes contra territorio israelí. Esos ataques con cohetes contra Israel siguen siendo el casus belli fundamental para una invasión israelí de Gaza.

Israel se refrena de invadir Gaza – por lo menos por el momento – no porque albergue alguna vaga preocupación humanitaria. No invade por temor a víctimas israelíes – y sobre todo porque no tiene una estrategia de salida. La invasión podría durar hasta seis meses – según expertos militares israelíes. ¿Y qué pasaría después?

En cuanto a la tregua, probablemente se vendrá abajo. Según sondeos, así lo ve la mayoría de los israelíes. Y luego la invasión será inevitable – una vez más. Y será Israel contra un Hamás equipado con mejores armas.

Yuval Diskin, jefe del Shin Bet, el servicio de seguridad israelí, está convencido de que Hamás se convertirá en una amenaza estratégica para Israel. El general Amos Yadlin, jefe de la seguridad militar israelí, se opone a todo tipo de cese al fuego. Cree que daría más poder a Hamás, no desde el punto de vista militar, sino sobre todo político.

La lógica es la misma vieja, imperial, de divide y vencerás. Israel y EE.UU. consienten hablar con el dirigente palestino Mahmud Abbas – considerado universalmente por la elite israelí como un «socio fiable». Pero al mismo tiempo Israel y EE.UU. no quieren que Abbas hable con Hamás – aunque todos son palestinos.

Llega el salvador

Mientras Rice se aferra desesperadamente al sueño de un plan de paz – tal vez la última esperanza de rescatar la desastrosa imagen histórica del gobierno de Bush – la elite israelí sigue bloqueada en modo bélico. Por ejemplo, Ephraim Sneh, quien muchos israelíes – y judíos estadounidenses – creen que debería ser el próximo primer ministro israelí. Sneh no es una paloma, pero tampoco es un fanático. Es ex ministro de defensa adjunto (1999-2001), general en retiro y un miembro laborista muy influyente del parlamento. Sneh se presentó activamente a la reunión de AIPAC como la persona con la máxima solución para Gaza.

Según Sneh: «El problema de Gaza es que allí hay un millón de personas que viven en la pobreza y ahora sin trabajo y sin esperanzas. Y si se quiere desarraigar a Hamás – algo que Israel deberá hacer un día – la manera de hacerlo no es sólo mediante la opción militar, que rompería la fuerza militar de Hamás, sino posibilitando que el gobierno legítimo del [primer ministro Salam] Fayyad restaure su autoridad, e inmediatamente después lanzar un plan de desarrollo económico para crear, mediante la empresa privada, 100.000 puestos de trabajo en Gaza.»

Sneh tiene una fórmula perfecta para vender su paquete: «Gaza es ahora como Mogadishu [capital de Somalia]. Puede ser Dubai [en los Emiratos Árabes Unidos]. Lo que se necesita es desarraigar a los terroristas y posibilitar que actúen las fuerzas democráticas.»

El problema de Sneh, a pesar de sus propuestas moderadas, es el mismo problema de la elite israelí: Hamás no es considerado como otra cosa que un montón de «terroristas» – mientras se niega por completo su atractivo popular.

Sneh podrá sonar incluso como algunos otros satanizadores (árabes) de Hamás, tales como la televisión al-Arabiya, un brazo mediático de facto de la Casa de Saud, cuyo culto de lo estrafalario incluye un informe intitulado «Israel preserva la opción de la estabilización pacífica en Gaza.»

Según Sneh, el atractivo popular de Hamás en Gaza es «otro cliché sin base. Hamás no es popular en Gaza. Hamás controla Gaza por la fuerza bruta – por cierto así tomó el poder en Gaza.» No es verdad: Hamás venció en una elección libre y justa en enero de 2005 controlada por observadores internacionales. Y Hamás es popular por su amplio trabajo de bienestar social y su ausencia de corrupción, a diferencia de Fatah de Abbas.

Sneh, a propósito, conoce bien a Abbas. Se reunieron «con bastante frecuencia.» Abbas es considerado «un hombre de paz» quien «representa a la mayoría del pueblo palestino, quien quiere normalidad y sabe que el terror es contraproducente.» El antiguo premier israelí Ariel Sharon solía decir las mismas cosas sobre Abbas.

Sneh desecha totalmente el resultado de la elección de Gaza: «No tuvieron la mayoría, pero utilizaron el sistema de distritos para capturar más escaños en el parlamento. Incluso cuando estuvieron en la cumbre de su influencia, eran sólo un 43% de toda la población palestina. Ahora son menos populares de lo que solían ser en el pasado.»

Los políticos en las democracias occidentales sólo pueden soñar con una tajada de un 43% de los votos. Los presidentes de EE.UU. son elegidos por menos de un cuarto de la población total. En enero de 2005, Hamás logró 75 de 118 escaños.

Sneh insiste en que Hamás «demostró que no puede solucionar el problema general en Gaza. No puede forjar estabilidad, no puede forjar prosperidad, no puede alimentar a los niños de Gaza con balas.» Podría agregar que nadie puede forjar algo en un Gulag bajo embargo total.

De modo que Gaza puede convertirse en un nuevo Dubai – pero primero hay que aplastar a Hamás. Quienquiera esté familiarizado con Gaza sabe que semejante propuesta esquizofrénica nunca funcionará – a menos que exterminen a 1,5 millones de personas. Parece que «Mogadishu» será algo permanente.

Pero todo el drama en Gaza va mucho más allá de Hamás. Está directamente relacionado con la más amplia confrontación Israel y EE.UU. contra Irán – y la inexorable campaña de satanización contra Irán de Israel y EE.UU.

La República Islámica apoya activamente a Siria, Hezbolá y Hamás. Aunque nunca es declarado en público, aplastar a Hamás e inhabilitar a Irán sería esencial para el ala sionista y militarista de las elites israelíes para hacer progresos con el proyecto más amplio de Eretz Israel. Este gran Israel incluiría la mayor parte, si no toda, Cisjordania, Gaza, las Alturas del Golán y el sur del Líbano hasta el río Litani, una fuente extremadamente preciosa de agua y un motivo clave para el ataque israelí contra el sur del Líbano en la guerra de 2006, frustrada por Hezbolá.

¿Así que hablamos de Dubai y Mogadishu?

Mucho más que eso, todo tiene que ver con Irán y agua.

Pepe Escobar es autor de «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007) y «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge.» Para contactos escriba a: [email protected]

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http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/JF14Ak02.html