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Generación espontánea en Palestina

Fuentes: The Conversation

Traducido del francés por A. d P.

Ni «tercera Intifada», ni simple yuxtaposición de altercados aislados, lo que está estallando en los territorios palestinos desde principios del mes de octubre es una nueva sublevación. El efecto sorpresa o, más bien, alucinante, que parece haberse apoderado de algunos de los observadores de este estallido de la juventud, merece su nombre.

¿Pensábamos de verdad que unos jóvenes que han padecido la opresión y la discriminación cotidianamente y desde su más tierna infancia, en Jerusalén y en Cisjordania, iban a quedarse callados eternamente? Una nueva generación palestina se está sublevando contra la ocupación y hemos de observar, cuando se cumplió el 11 de noviembre el undécimo aniversario de la muerte de Yasser Arafat, el dirigente histórico de la OLP (Organización de Liberación Palestina), que estos jóvenes no se identifican con ningún líder y no reivindican ninguna pertenencia partidista.

Los futuros líderes están en la calle

La historia palestina la jalonan periodos de movilización a medida que las generaciones se suceden y toman conciencia de las injusticias padecidas: desde la «generación de la expulsión» de 1948, que fundó Fatah con los años 1960 y tomó las armas en 1965, hasta la «generación del muro», que se está rebelando hoy ante nuestros ojos, pasando por la «generación de la ocupación» de 1967, principal protagonista de la Intifada de 1987.

Así, se han ido formando generaciones políticas, en el sentido de las «unidades de generación» definidas por el sociólogo Karl Mannheim: «Un conjunto generacional se constituye cuando individuos que dependen de la misma situación de generación participan en un destino común y en los contenidos que de éste dependen y que se vinculan al mismo. Pueden, entonces, surgir unidades de generación particulares en el interior de esta comunidad de destino».

Es lo que no entienden aquellos que quieren explicar la revuelta actual por medio de la acción de las facciones políticas o que se ponen a buscar -desesperadamente- a los «dirigentes de la sublevación». Los jóvenes que perpetran ataques con puñales o se manifiestan delante de las posiciones militares israelíes no obedecen a nadie. Los líderes de la juventud que se está rebelando actualmente no se conocen todavía. Están en las calles o en prisión.

La historia de las movilizaciones sociales y políticas nos enseña, en efecto, que sigue siendo en el transcurso -o, incluso, al término- de experiencias de enfrentamiento de gran magnitud cuando surgen los líderes. Los jóvenes palestinos que se están sublevando hoy no conocieron la OLP de Arafat y buena parte de ellos no sabe quién es Marwan Barghouthi, salvo que se trata de un prisionero palestino un poco más famoso que los otros 6000.

Las corrientes tradicionales superadas

No hay ninguna razón, por lo tanto, para que obedezcan a los llamamientos de lucha o a las órdenes de unos o de otros, aunque algunas facciones, por razones que dependen ante todo de la correlación de fuerzas entre grupos palestinos, intenten aparecer al mando -incluido Hamas, que no tiene ningún control de los acontecimientos y sí, al contrario, más tendencia a correr detrás la juventud que a arrastrarla.

Los acontecimientos actuales son la última transformación de la crisis de liderazgo que está atravesando el movimiento palestino desde principios del 2000 y de la incapacidad de las principales corrientes (izquierda, Hamas, Yihad Islámico, Fatah) para proponer un marco y unas perspectivas a la juventud. Presas del programa de Oslo y controladas por responsables envejecidos, están completamente desfasadas respecto a unos jóvenes que, al contrario de sus «dirigentes», no tienen nada que perder.

Décadas de ocupación han generado, efectivamente, lógicas de adaptación que, con los años, se han convertido en fines en sí y ya no son una manera de «aguantar»: a fuerza de vivir a pesar de la ocupación, uno acaba por vivir con la ocupación, aunque los discursos sigan siendo vengativos. Por lo tanto, entre los palestinos, muchos son aquellos que tendrían algo que perder con un rebrote de tensión duradero, a fortiori si es incontrolable y, por ello, no se puede «negociar» con la ocupación israelí.

La ocupación prolongada y la ausencia de cualquier perspectiva de resolución del «conflicto» han producido dinámicas institucionales conservadoras, incluso en el movimiento de liberación. Pensamos, por ejemplo, en la «dialéctica de las conquistas parciales», de la que hablaba el economista Ernest Mandel a propósito de la burocratización de las organizaciones obreras, cuando señalaba « [ a aquellos que ] se comportan como si cualquier nueva conquista del movimiento obrero debiera subordinarse de manera absoluta e imperativa a la defensa de lo que existe».

Los principales grupos y dirigentes palestinos comparten, así, una visión de defensa, e incluso de consolidación, de un espacio en el seno de un dispositivo de poder regido por los acuerdos de Oslo, con la existencia de «zonas autónomas» autoadministradas cuyo control se ha convertido en un fin en sí mismo, mientras que, al principio, se consideraban como un simple paso antes del surgimiento de un Estado. Un control tanto más codiciado cuanto que permite desarrollar una base en el seno de la población, en primer lugar entre aquellos que ejercen un empleo en la administración.

La industria del «proceso de paz»

Las continuas crisis y las divisiones en el seno del movimiento nacional son consecuencia de los nuevos retos, que han evolucionado desde la liberación nacional hacia un seudo aparato de Estado que ofrece ventajas materiales (ayuda internacional, sueldos, etc.) y simbólicas (contactos internacionales, puestos de «responsabilidad», etc.). Así, aunque el proceso de Oslo se haya quedado obsoleto, las estructuras nacidas del mismo siguen ofreciendo ventajas a las élites políticas y administrativas, lo que las hace reticentes a cualquier transformación de gran magnitud.

Los jóvenes palestinos que se rebelan «no tienen nada más que perder que sus cadenas». La mayoría de ellos no tiene una situación profesional que preservar, una familia que alimentar o una carrera que construir. «Nada que perder», «nada que aguardar», «nada que esperar»: estas fórmulas se repiten como una trágica cantinela en todos los reportajes recientes. La «generación del muro» no hará caso del llamamiento a la «calma» de los beneficiarios de la industria del «proceso de paz», a los que motiva más la defensa de sus intereses que la liberación colectiva, incapaces de hacer el balance de sus fracasos y que rechazan pasar el testigo a las nuevas generaciones.

Como último análisis, la sublevación actual está siendo la expresión de lo insostenible de un «status quo» que no es tal y de un callejón sin salida en un «proceso de paz» que sólo ha sido una reorganización del dispositivo de ocupación. La incapacidad de liderazgo palestino para ofrecer un marco y unas perspectivas políticas a la juventud rebelde forma parte de una crisis mucho más profunda en el ámbito político palestino, que sólo podrá empezar a resolverse cuando se ratifique definitivamente la muerte del «proceso de paz» y el fracaso de la estrategia de las negociaciones, entre fuerzas desiguales, para la constitución de un improbable Estado Palestino cuyas bases materiales desparecieron hace mucho tiempo.

Julien Salingue es doctor en Ciencias Políticas, Universidad de Paris 8, Vincenne Saint-Denis.

Fuente: https://theconversation.com/generation-spontanee-en-palestine-50362