Recomiendo:
3

Entrevista al escritor Juan Tomás Ávila Laurel

«Hay mucha relación entre el poder de Guinea y gente de bastante poder en España»

Fuentes: El Salto

El escritor Juan Tomás Ávila Laurel nació en Guinea Ecuatorial cuando era una colonia española. En 2011, después de significarse en su oposición a Obiang, se exilió a Barcelona, desde donde sigue señalando la corrupción del gobierno guineano.

Nacido en Malabo, Juan Tomás Ávila Laurel, empezó a interesarse por los libros siendo un niño hasta llegar a convertirse en uno de los escritores más importantes de “un país sin librerías”, como se llama el documental del que es uno de los protagonistas. Recuerda la época colonial como un periodo de sumisión que todavía no ha terminado debido a las relaciones que aún hoy mantienen personajes influyentes de España con el régimen de Obiang.

Exiliado en Barcelona después de iniciar una huelga de hambre durante la Primavera Árabe, se muestra crítico con los beneficios que algunos gobiernos africanos han sacado de su supuesta oposición a la colonización. Renunció al asilo político porque no quería encontrarse “en un estado en el que se me impidiese volver a Guinea”.

Foto: Josep Gutiérrez

Miembro del Pen Club catalán, una asociación de escritores catalanes, hoy sigue escribiendo y es conferenciante en multitud de actos.

¿Dónde naciste?

Nací en Malabo, en 1966. Entonces Malabo no tenía mucha gente. Todavía había autobuses y algún parque infantil en la ciudad. En el tiempo de Macías, el primer presidente, empezamos a ver el rigor y todo eso desapareció. Los parques habitualmente se hacen de hierro y, habiendo tanta humedad, no tardaron en desaparecer. Recuerdo un sitio que se llamaba Plaza Segui o algo parecido donde había un parque que luego dejó de existir.

Yo en aquel tiempo, antes de ir a Annobón, no había ido a la escuela porque nunca aparenté la edad que tenía.

¿Por qué no ibas a la escuela?

Porque no tenía edad. En aquel tiempo, la gente iba a la escuela cuando tenía cierta edad o, si no se sabía la edad, cuando tenía cierta altura. Un señor ponía la mano a una altura de la puerta, el que pasaba por encima, entraba, y el que no, todavía no entraba. Sin tener en cuenta que podía ser un niño de una edad, pero con más altura. No había ningún otro criterio entonces para escolarizar a la gente, porque era muy difícil saber la edad exacta de alguien. Yo en Malabo no alcancé la edad o la altura para ir a la escuela. Después, el marido de mi abuela, que era aduanero, fue destinando a la frontera con Gabón y nos mudamos allí. Más tarde, como a mi abuela no le gustaba el sitio, nos llevó a Annobón. Cogimos un barco desde Bata, porque entonces se iba exclusivamente en barco. En Annobón estuve desde los siete hasta los 13 años. Antes de terminar vino una tía mía y me llevó con ella hasta Malabo, donde estuve hasta que me hice mayor.

Precisamente tú tienes un libro que se llama “Cuando a Guinea se iba por mar”…

Sí, el libro trata sobre uno que vivía en Malabo, cogía un barco para ir a la parte continental del país y de ahí se movía en autobús. En ese libro cuento las relaciones coloniales, entre españoles y guineanos y entre guineanos entre sí, con la excusa de que un español empieza a recorrer diferentes puntos de la colonia.

¿Cómo fue la época colonial en Guinea?

El colonialismo se hizo con criterios raciales, claramente. En lugares de convivencia entre negros y blancos había un apartheid. El marido de mi abuela se cansó de trabajar en una casa en la que estaba como cocinero porque no le permitían sentarse. En aquel año era normal que, si ibas andando por una acera y te cruzabas con un europeo, te bajaras para dejarle pasar. En toda la Guinea española, como se llamaba entonces, era normal que un blanco tuviera relaciones con una mujer nativa pero no a la inversa. Fue más tarde y en otro contexto en el que ese hecho se pudo producir, ya en España, cuando los guineanos venían a estudiar. Si se hubiera dado entonces, se hubiera castigado al hombre. Puede ser que uno de esos potentados de los fernandinos, con el poder que tenían, se hubiera juntado con una europea, pero era una excepción.

Por lo que me estás diciendo, ese era un tiempo de sumisión total.

Sí, la colonización era eso, efectivamente. Quizás hubiera algún sentimiento de rebeldía en algún corazón, o en todos los corazones, pero no se manifestaba. Lo correcto en aquel tiempo era que se hiciera lo que mandaban los jefes y los jefes eran los blancos. Podía darse que un negro llegara al puesto de capataz, que era un puesto alto, pero se hacía lo que mandaban los jefes.

Antes has hablado del período de tu infancia que pasaste en Annobón. Basado en la vida en Annobón tienes un libro que se llama “Arde el monte de noche”.

Ese libro está ambientado en un tiempo posterior, cuando ya no había blancos en toda Guinea, en la época de Macías. Se da la circunstancia de que Macías, cuando se estaban realizando las primeras elecciones, supo que en Annobón nadie le había votado. Eso lo supo después y fue la razón por la cual mantuvo a Annobón en aislamiento durante todo su régimen. Lo que se cuenta en ese libro es la historia de escasez que pesaba sobre la isla porque no llegaba el barco de la capital y la gente pasaba “las de Caín”, literalmente.

Yo recuerdo de ese libro la anécdota de ir a pedir fuego a casa de la vecina, ¿era tal que así?

Sí, si te levantabas y, si en tu fogón ya se había apagado la leña, ibas a casa de la vecina, o no tan vecina, que creías que sí que tenía fuego y lo que te daba era un cuenco de coco con unas brasas dentro. Aunque estamos en otro tiempo, yo creo que eso todavía se hace hoy en día.

¿Tú viviste todo ese tiempo de aislamiento?

Sí, necesitabas petróleo, necesitabas jabón… Entonces no había nada de eso, ni tampoco medicinas o ropa. Imagínate mucho tiempo sin que llegase el barco con todas esas cosas. Pero ten en cuenta que yo era un niño, no lo percibía en toda su dureza porque no era yo el que debía hacer frente a todas esas carencias. Los niños se conforman con poca cosa. Annobón es un sitio que tiene playa y nos íbamos ahí a jugar o a aprender a pescar, pero la realidad es que fuimos unas personas criadas en una extrema escasez.

Eso es en parte por el aislamiento de la isla y por el aislamiento al que le sometió Macías, ¿no?

Efectivamente, Macías reforzaba todo ese aislamiento castigando a los habitantes porque sabía que no le habían votado.

¿Crees que Annobón sigue todavía en ese nivel de aislamiento?

El aislamiento no se ha roto porque Annobón no tiene un barco propio asignado. De esa forma se sabría que ese barco saldría cada cierto tiempo y los que quisiesen ir allí podrían desplazarse. Desde que Guinea Ecuatorial es país independiente no se ha dado eso, desde la época de Macías hay un barco que va de Malabo a Bata y, de vez en cuando, pasa por Annobón. Además, como Guinea no tiene demasiados barcos, tampoco eso puede suplirse.

Cuando llega el barco, cada tres meses o más, es cuando se lleva todo lo que se necesita, como el cemento. Es entonces cuando los annoboneses embarcan todo lo que necesitan tener y que no está presente en la isla. Ahora hay una especie de barcaza preparada para llevar materiales, pero no pasajeros. Hubo un tiempo en el que iba un ferry, pero nunca fue suficiente para los annoboneses que necesitan llevar más cosas a su isla y no sólo cosas pequeñas. Teniendo en cuenta que el grueso de los guineoecuatorianos no lo pasan bien, los annoboneses lo pasan aún peor.

¿Tú recuerdas el llamado entonces “Golpe de la Libertad” que dio Obiang contra Macías?

Sí, estaba yo en Malabo en aquel tiempo y ejercía a cierta hora del día de vendedor ambulante de dulces diversos que elaboraba mi tía. El anuncio del golpe se produjo de noche, pero al día siguiente hubo expresiones de alegría y júbilo. Recuerdo que yo escuché parte del juicio a Macías porque alrededor del Cine Marfil, donde se le juzgaba, pusieron altavoces porque la sala no era lo suficientemente grande para la gente que quería vivir el hecho y yo escuché parte de lo que decía el hombre.

¿Cuándo empezaste con la escritura?

Empecé a escribir cuando estudiaba cuarto de promoción. Es importante decir que, cuando te preguntan eso, sueles contestar en relación al primer libro que sacaste. Si antes estabas escribiendo y no llegas a publicar nada, nadie te pregunta esto. Pero la realidad es que uno que escribe empieza a escribir mucho antes. En cuarto de promoción yo ya escribía poemas porque todos los escritores empiezan escribiendo poesía.

Mi interés por los libros viene desde que yo era bebé. Siendo un bebé, si me encontraba frente a un libro no hacía como los otros niños. Cuando tenía delante un libro, le daba un buen trato.

Además, cuando yo hacía promoción, los libros eran tan atractivos para mí que iba a los alumnos de los cursos superiores para que me los prestaran. Antes de empezar la primaria ya sabía leer porque mi madre me había enseñado. En mi casa siempre había un tomo de enciclopedia, que no sé de quién podría ser, puede ser que de alguno de los hijos de mi abuela. Cuando yo estudiaba todas las asignaturas estaban recogidas en un solo libro, recuerdo que era de edición Álvarez, ese libro estaba en mi casa, yo no sabía leer muy bien pero ya le prestaba atención. Ese hecho de haber ido a la escuela sabiendo leer me dio también una cierta ventaja respecto a mis compañeros.

Puedo decirte que ha influido en el hecho de ser escritor que los libros siempre me han atraído. Recuerdo una monja que se llamaba Dulce María que me pilló escribiendo, entendió que yo estaba perdiendo el tiempo y me castigó.

A partir del año 81 se abrió en Malabo el Centro Cultural Hispano-Guineano, que yo descubrí 10 años más tarde. El Centro Cultural tuvo algo que ver con que yo sea escritor porque en ese sitio se organizaban concursos literarios. Al ver que otros guineanos no participaban en otros géneros, me presentaba a todos. Los responsables se empezaron a fijar en mí y, recogiendo todos mis trabajos premiados en varios certámenes, sacaron mi primer libro en el año 94, que se titulaba “Poemas”.

¿Era importante la influencia del Centro Cultural Hispano-Guineano en esos momentos?

Sí, porque había libros. Nosotros no crecimos en una sociedad en que hubiera libros en las casas de los ecuatoguineanos. Incluso ahora mismo los guineanos no tienen libros en casa. Vas creciendo y te dicen que en el centro puedes acceder a libros gratis. Para gente que no haya leído nunca eso no supone nada, pero sí para la gente a la que le gustan y tiene atracción por los libros.

Además, me dio la oportunidad de que se supiera que yo podía escribir.

Participaste en el documental de Marc Serena “El escritor de un país sin librerías”, ¿qué supone para un país el no tener librerías?

La gente se aborrega. Es importante escribir y escribir haciendo un esfuerzo para que esté bien escrito, porque los que mandan en Guinea son personas que no tienen esa formación y ellos quieren que los que les sigan sean como ellos. Yo quiero que la gente que va después de mi tenga esa formación, no que dentro del grupo de escritores haya gente que no sabe nada, gente que escribe cosas que no tienen ni pies ni cabeza.

Lo que siempre digo, y lo he dejado escrito, es que la literatura permitirá que en un grupo de guineanos escritores no haya intrusos, personas que no saben escribir pero que están ahí. Los que han vivido en según qué años tienen la excusa para tener dificultades con el español, porque durante todo el tiempo de Macías no se daba importancia a las cuestiones lingüísticas ni a las matemáticas, sino a la exaltación del poder de Macías. La asignatura más importante era una que se llamaba “Educación cívico social” en la que nos hacían recitar barbaridades. Los que vengan después, habiendo hecho el bachiller, deberían saber manejar el español con soltura. Obiang tampoco ha hecho mucho por la educación, así que vamos creciendo sabiendo que hay cuestiones que no han sido reparadas.

¿Cuáles serían esas cuestiones?

La educación, la sanidad, las cuestiones legales, el respeto por los derechos humanos, las cuestiones ciudadanas. La ciudad debería tener librerías o parques infantiles, no solo bares. Los niños de Guinea son muchos para dos o tres columpios que puedas tener. Una cosa que sucede también en Guinea es la necesidad de que la gente sepa que las cosas se deben hacer bien. Cualquiera puede hablar de que hay corrupción en Guinea, pero hay muchísima gente que, yendo a una oficina y dando un dinero extra, consigue que se le haga algo que se merece de manera legal. Si yo tengo derecho a que, pagando la tasa correspondiente, se me haga un trámite en un tiempo determinado, no debería ser normal que deba pagar a uno para que me de la seguridad de que se me va a realizar. En Guinea hemos normalizado el hecho de que te pare el policía de tráfico y, hablando con él, lleguéis a un acuerdo y haga caso omiso a las razones por las cuales te paró.

¿A qué está dedicado y qué cuestiones tratas en tu blog Frontera D?

Ese blog me lo propusieron viviendo todavía en Guinea, en torno a 2006, cuando iban a tener lugar unas elecciones. Me dijeron que podría contar desde Guinea lo que me apeteciese. Desde entonces me he centrado en las cuestiones que tienen que ver en nuestra vida bajo una dictadura, la de Obiang, en la que nos falta el agua, cómo están las escuelas, cómo nos maltratan. Ahí también he denunciado el caso del libro que había escrito y del que se han apropiado para hacer un cómic. Ha habido un intento para que quitara esos últimos artículos, pero se han repuesto de nuevo.

¿Cuándo llegaste a España?

Viviendo en Guinea yo ya era crítico. Viendo los últimos autobuses de la época colonial ya sabía que había apartheid, después fui a Annobón y supe que había carestía y luego fui a Malabo y vi la desolación, la falta de humanidad. Más tarde subió Obiang al poder y vi que las cosas no habían cambiado tanto respecto del trato que se daba a la gente en la calle.

Viendo todo esto empezó lo que se llamó la Primavera Árabe, de la que la televisión de Guinea no informó, y llegó una comitiva de personalidades españolas, del Parlamento de España, a prestar apoyo a Obiang porque entendían que estaría asustado porque en el norte de África se estuviera echando a los dictadores. Eso me afectó mucho e inicié una huelga de hambre y estuve en Malabo así unos días, pero cuando vi que, si me pasaba algo, los países que teóricamente defendían la democracia en el mundo se hubieran lavado las manos, salí de Guinea y me vine a Barcelona.

Desde que llegué aquí hice lo posible para que tuviéramos una voz común para denunciar lo que estaba pasando en Guinea. Pero lo que vi es que los que llevaban mucho tiempo en España preferían que un partido, el que fuera, les diera dinero para que ellos fueran tirando mientras hablaban de lo mal que se estaba en Guinea. Pero eso no era lo que yo creía que se tenía que hacer. Hacer esto no es lo que yo esperaba. Hice un esfuerzo para hablar con guineanos, hasta hicimos una formación que se llamó Ceiba en el pasado, pero al final no llegamos a nada. Claro que, viendo la relación que tiene el poder de España con Guinea, se comprende que es muy difícil enfrentarse al poder y más cuando ese poder está en relación con otros más poderosos que él.

¿Por qué crees que esto es así? ¿Por la relación que tiene España con Guinea?

Aparentemente Guinea sigue siendo materia reservada, las cosas oficiales no se tratan oficialmente aquí. Pero sí que hay mucha relación entre el poder de Guinea y gente de bastante poder e influencia aquí en España. Esa gente que fue en ese momento que yo inicié mi huelga de hambre, ya sea junta o separada, ha seguido yendo a Guinea. Gente como José Bono, Rodríguez Zapatero o Moratinos suelen hacer trabajos y limpiezas de imagen para Obiang. Cuando alguien de ese nivel va a Guinea, no tiene una agenda anónima, tiene una agenda oficial, le recibe un ministro y acaba viéndose con el presidente.

Aparentemente no hay mucha fluidez en las relaciones hispano-guineanas, pero sí que la hay. Hay gente que se une para ver cómo puede mantener el gobierno de Obiang. Este movimiento de amigos de Obiang está mantenido por personas influyentes españolas. Imagínate gente de un país teóricamente demócrata, como España, haciendo este juego sucio para nuestro perjuicio. Cuando una persona que debería ser denostada, como Obiang, es alabada por gente como Moratinos, la gente pensará que no está del todo mal. Hay que tener en cuenta que Guinea fue un país colonizado y en los países colonizados al europeo se le sigue viendo como una persona importante.

¿Crees entonces que la relación de Guinea con España sigue siendo de subordinación?

Oficialmente, no. Oficialmente es de enfrentamiento. Obiang es una persona que tiene dos agendas. Todos los familiares de Obiang tienen casas en España, pero no un pisito que cualquier trabajador puede tener con hipoteca.

No tiene sentido que cuando yo vaya a Guinea me pregunten o abran o escaneen para saber qué es lo que llevo, porque no puedes salir con más de 10.000€, y esos señores entren con el dinero suficiente como para comprar un chalet de 4 plantas. Cuando hablamos de relaciones de poder, también hablamos de esto.

Un hermano pequeño de la primera mujer de Obiang tenía un castillo en Villaviciosa de Odón, una chica a la que conocía tenía una amiga en ese palacio que decía que a esa casa llegaba mensualmente 100.000€ desde Guinea. Entonces, yo me pregunto: ¿cómo llega esa cantidad de dinero a España? Llegan y conocen con quién hay que hablar para que, bajo mano, uno se compre uno de esos castillos.

Muchas veces Obiang o su hijo hacen declaraciones sobre que están muy cansados de la intromisión de España en los asuntos de Guinea, como si oficialmente hubiera tirantez, pero nosotros entendemos que son juegos diplomáticos, otra vez que, por alguna vía, tienen acceso a España con esa cantidad de dinero. A nosotros no nos engañan.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/en-el-margen/juan-tomas-avila-laurel-hay-mucha-relacion-poder-guinea-gente-bastante-poder-espana