Recomiendo:
0

Hipocresía europea

Fuentes: Electronic Intifada

Durante mi estancia en París hace unas semanas, siempre que discutía con alguien de la política en Oriente Próximo, me sentía abrumado con los tópicos del anti-americanismo clásico: «son incultos y se relacionan con el resto del mundo como si todos fueran unos ignorantes», «son inmorales en su política internacional», «hacen guerras por petróleo y […]

Durante mi estancia en París hace unas semanas, siempre que discutía con alguien de la política en Oriente Próximo, me sentía abrumado con los tópicos del anti-americanismo clásico: «son incultos y se relacionan con el resto del mundo como si todos fueran unos ignorantes», «son inmorales en su política internacional», «hacen guerras por petróleo y dinero», etc., con estereotipos estúpidos y demasiado simplistas. Inmediatamente a continuación empezaban con el cacareo orgulloso de la autosuficiencia: «los europeos somos distintos», «queremos que nuestra política exterior se base en principios morales», «intentamos promover la justicia en el mundo y arreglar los conflictos que originan los estadounidenses». Después, por lo general, se me decía algo sobre toda la ayuda que los europeos dan a los palestinos como prueba de la decencia europea en oposición a los fanáticos sionistas estadounidenses que donan miles de millones de dólares para financiar al asesino ejército israelí.

¡Ojalá fuera verdad!

La política europea respecto a Palestina/ Israel es tan racista, tan corta de miras, tan contraproducente e hipócrita que podría incluso superar a la estadounidense.

Cuando se analiza la actual situación en Palestina, cualquier observador se encontrará con la ilegal ocupación israelí que se prolonga desde hace cuarenta años, combinada con el establecimiento de colonias ilegales y racistas, construidas en territorio palestino expoliado; con una red de carreteras discriminatorias racialmente única en el mundo, donde muchos de sus trayectos son accesibles exclusivamente para los judíos. Con un muro del apartheid, considerado ilegal internacionalmente, que rodea ciudades y pueblos palestinos, no sólo separando a unas de otros, sino aislando a los campesinos de sus tierras; a los niños de sus escuelas; a los enfermos de sus hospitales y a los trabajadores de sus lugares de trabajo. Israel controla todas las salidas de los palestinos al resto del mundo, asfixiando no sólo su libertad de movimientos sino también su economía y comercio. El ejército israelí (uno de los más poderosos del mundo) ataca regularmente a la población civil de Palestina, asesinando a miles de personas y matando a niños inocentes con total impunidad. El gobierno israelí tiene como vice-presidente a un fascista desvergonzado, que pública y regularmente hace llamamientos a la limpieza étnica y al asesinato en masa de los árabes como solución al conflicto. Israel sigue negando a millones de palestinos su legítimo derecho al retorno a sus hogares, de donde fueron expulsados en la limpieza étnica de 1948; continúa restringiendo el acceso a la propiedad de la tierra exclusivamente a los judíos, y tiene leyes discriminatorias racistas en innumerables situaciones, desde el matrimonio a la inmigración.

Ante esta parodia de justicia, ¿qué es lo único que hacen los europeos? : Pedir que los oprimidos, es decir los palestinos, a los únicos partidos políticos electos, que «reconozcan el derecho de Israel a existir» como condición previa para sentarse a negociar qué hacer con todas esas parodias.

En primer lugar, tengamos en cuenta que la idea de que Hamás- o cualquier otro partido político palestino, en realidad- reconozca «el derecho de Israel a existir» es algo tan carente de sentido como si el Manchester Club de Fútbol reconociera el «derecho a existir» de Tanzania. En ninguna parte está escrito que una nación estado tenga «el derecho a existir» por sí misma. Lo que significa «reconocer» en términos internacionales es lo que ocurre cuando dos países intercambian embajadas y establecen relaciones diplomáticas. En parte alguna, salvo en Palestina se mantiene la idea de que una entidad sin Estado reconozca a otro Estado; ni tan siquiera se discute sobre ello seriamente. Es más, los imbéciles que repiten esta artimaña ignoran por conveniencia que Israel no se limita a no reconocer «el derecho a la existencia de Palestina sino que de forma activa, deliberada y total está destruyendo cualquier posibilidad de que jamás exista un Estado palestino. Pero, a los europeos, moralmente superiores, el reconocimiento de Israel por parte de Hamás es el asunto que más les preocupa en la situación actual de Palestina e Israel, y no los crímenes mencionados más arriba. El peligro es no sólo, por supuesto, que se trata de una postura moral y lógica absurda sino que son las actuaciones israelíes la causa del conflicto y no el que Hamás reconozca a Israel. Este reconocimiento no cambiaría nada la situación y no afectaría a las vidas de nadie en manera alguna, pero los muros, las colonias, los asesinatos, los puestos de control y las políticas racistas de Israel, sí lo hacen. Sólo cuando todos esos [crímenes] hayan cesado podrá haber paz, con independencia de que Hamás «reconozca o no» a Israel.

Todos los crímenes ya mencionados de Israel constituyen claras violaciones de las condiciones que preconiza la política de la UE para el establecimiento de acuerdos de asociación que permiten el acceso preferencial a sus mercados y otras numerosas ventajas y beneficios. La UE se sirve regularmente de su influencia económica y política para intentar disuadir a ciertos países de llevar a cabo políticas racistas: establece acuerdos dependiendo de la mejora de los derechos humanos, de trabajo y de las minorías; el acceso de Turquía a la UE depende de su referencias sobre el respeto a los derechos humanos en el país, y ha impedido a Austria que entrara en el Gobierno Jorg Haider. Sin embargo, lejos de tomar alguna medida de presión contra Israel para que deje de cometer crímenes en Palestina, la UE ha optado cobardemente por la política de recompensar sus violaciones con más zanahorias, e Israel continúa disfrutando de generosos y enormes beneficios en sus relaciones con los países europeos, mucho de los cuales incluso le venden armas.

Lo trágico de la política de Europa hacia Palestina en la actualidad no es sólo que resulta prácticamente igual que la de EEUU sino que está impregnada del fariseísmo y la firme convicción de que no sólo es la política correcta sino que también es infinitamente superior a cualquiera otra. La ayuda financiera que concede Europa es la principal razón de su engreimiento.

Mientras la UE sigue sin hacer nada para impedir que Israel siga destruyendo los medios de vida del pueblo palestinos, tira de chequera y aplaca su conciencia donando dinero a los palestinos. Antes de la elección de Hamás, este dinero iba destinado a apoyar a la cada vez más impopular Autoridad Palestina para garantizar su supervivencia y la continuación del penoso statu quo. Tras la victoria de Hamás, intentaron puentear a la AP enviando el dinero a través de mecanismos cada vez más complejos, ineficaces y, por lo general, contraproducentes.

Veamos el microcosmos en que se desenvuelve esta locura: Una ciudad palestina rodeada por todas parte por un Muro que impide a los anteriormente prósperos campesinos acceder a sus tierras; a los enfermos ir a consultar a sus médicos; y a los niños acudir a la escuela. Naturalmente, la ciudad está devastada. Y entonces es cuando la Unión Europea envía para tranquilizar su conciencia y su tranquilidad moral a «expertos» para «salvar» la ciudad mientras durante todo el proceso exime a Israel de cualquier responsabilidad sobre las consecuencias de sus crímenes. Suministran a los campesinos alimentos que remplazan a los que ellos por sí mismos podrían producir, y llevan a cabo proyectos para enseñar a los palestinos «industrias alternativas», «modelos de nuevas empresas», «buenas prácticas de gobierno local», «desarrollo participativo», «técnicas educativas creativas » y otras innumerables chácharas sin sentido a las que los palestinos renunciarían con mucho gusto ante la desaparición del Muro, un Estado independiente y alguna normalidad en sus vidas. Como es natural, esos proyectos tienen una corta duración: la financiación se acaba pronto, los «expertos» se marchan y el muro del apartheid sigue allí, los medios de subsistencia de una ciudad entera quedan devastados y el milagro de la independencia de Palestina cada vez está más lejano. Y lo peor de todo: la próxima vez que un desgraciado palestino como yo visite París, se verá bombardeado con el listado arrogante de los innumerables micro-proyectos de esa clase, y se esperará de él que admita la enorme diferencia de la moral europea.

Un alto porcentaje de los ciudadanos europeos tiene un buen conocimiento del conflicto y les gustaría ver una política mejor y una solución justa. Un gran número de europeos invierte mucho tiempo y dinero en ayudar a los palestinos, muchos van allí como voluntarios para proteger a los palestinos y protestar y dar testimonio de la ocupación. Esas gentes valientes se encuentran entre mis héroes personales. Existen también muchos políticos europeos sinceros y honrados que se han opuesto a esas políticas y yo no dudo de la sinceridad de muchos de quienes quieren de verdad mejorar las vidas de los palestinos y les estoy muy agradecido personalmente. Pero la combinación de la indiferencia por parte de muchos y de la malicia de los dirigentes que se doblegan ante Estados Unidos, pone en marcha esas políticas criminales, y envían mucha ayuda para apaciguar a quienes están preocupados. Los europeos tienen que reconocer que la única manera de que las cosas mejoren no es por medio de la caridad, sino con actuaciones políticas adecuadas basadas en principios.

Es cierto que Europa ha demostrado una política exterior hacia muchos países basada en principios y en acciones humanitarias. Pero puede aumentar su ayuda, enviar a más pacificadores y estableces más acuerdos de paz que los estadounidenses, y han mejorado mucho en su forma de tratar con el mundo en las últimas décadas. No obstante, con independencia de lo que hace, su complicidad en la horrenda opresión de los palestinos seguirá invalidando cualquier presunción de tener autoridad moral. Al fin y al cabo, sólo se es ético en la medida en que las acciones que uno lleva a cabo lo son.


Saifedean Ammous, natural de Ramala, Palestina, está doctorándose en Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia en Nueva York. Tiene un blog en TheSaifHouse.wordpress.com. Este artículo se publicó originalmente en la Rootless Cosmopolitan website: http://tonykaron.com.

Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre