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Irak: lo civil y lo popular en el corazón de la revuelta

Fuentes: Viento Sur

El levantamiento iraquí en el otoño de 2019 presentó una escala y diversidad social sin precedentes. Más allá de las condiciones de vida indignas y de la corrupción, fue el propio sistema político lo que rechazaron las y los manifestantes. Al reapropiarse del espacio público, al experimentar con otro modelo de Estado en el corazón mismo de la acción colectiva, esta movilización da testimonio del desarrollo de modos de expresión política revolucionarios.

En sus análisis de los recientes levantamientos de masas, observados tanto en el Norte (los chalecos amarillos en Francia) como en el Sur (Chile, Haití, Sudán, Líbano o Irak), las y los investigadores sociales usan los conceptos de «sociedad civil», «movimiento social» o «movilización popular» indiferentemente. Lo que hace que una movilización específica sea asimilada a la sociedad civil o popular no siempre está muy claro para las y los politólogos u observadores. En Irak, por ejemplo, el término madani (civil o cívico) se utiliza a menudo acompañado por el término sha’bi (popular) para describir las recientes manifestaciones que se han convertido en levantamientos de masas.

Las revueltas que comenzaron en Iraq a principios de octubre de 2019 se convirtieron espontáneamente en un movimiento de protesta sin liderazgo, que se extendió rápidamente por todo el país, particularmente en las provincias centrales y meridionales de mayoría chiíta, cuyas principales ciudades son Najaf, Kerbala, Nassiriya y Basora. Las demandas iniciales, que tenían como objetivo el establecimiento de servicios públicos esenciales (abastecimiento de agua potable y electricidad) y el fin del sistema político sectario, o sistema muhasasa, y la corrupción generalizada, rápidamente dieron paso a demandas más radicales y llamamientos a la revolución. Las y los manifestantes comenzaron a corear consignas como: «No hay patria», «Queremos un país» y el emblemático estribillo de la Primavera Árabe de 2011, «El pueblo quiere la caída del régimen».

A este levantamiento notable y en gran medida pacífico de millones de iraquíes en todo el país ha respondido una represión de violencia no menos notable: más de 700 personas han muerto y más de 25.000 han resultado heridas por fuerzas gubernamentales y milicias locales, que no dudan en usar munición real, granadas aturdidoras, tanques antidisturbios y gases lacrimógenos de uso militar. A pesar de esta muestra de violencia, las y los manifestantes permanecieron fieles a la desobediencia civil no violenta.

Un nuevo país

Si fueron jóvenes quienes tomaron la iniciativa en las manifestaciones, incluidas muchas mujeres, con el apoyo en segunda línea de residentes de barrios desfavorecidos, todas las clases de la sociedad iraquí se unieron al movimiento. Sindicatos, asociaciones profesionales y estudiantes de todos los sectores se declararon en huelga y pidieron desobediencia civil. La escala sin precedentes y la diversidad social de esta revuelta demuestran que más allá de las indignas condiciones de vida y la corrupción, ya denunciadas en manifestaciones anteriores a menor escala, es el propio sistema político el que es rechazado. Las y los manifestantes esgrimen la noción de madaniyya -el equivalente del concepto de civismo (Ali, 2019)-, que expresa una protesta tanto contra sistema muhasasa, establecido en 2003 por la ocupación estadounidense, que establece la representación política basada en la identidad comunitaria (étnica, religiosa o sectaria), como contra hegemonía de los partidos religiosos y sus milicias y otros grupos armados. El concepto de madaniyya también describe un modelo de ciudadanía y gobernanza basado en la redistribución de los recursos, el acceso a los servicios y la equidad entre las comunidades. Además, la revuelta se expresa en términos de patriotismo y se opone a cualquier interferencia extranjera en el país.

El levantamiento actual fue precedido por varias oleadas de movilización. Las manifestaciones de 2015, por ejemplo, tenían el lema bis mil-din baguna al haramiya («hemos sido desposeídos en nombre de la religión»), que expresaba ya un rechazo a la élite política religiosa y sectaria que llegó al poder en 2003. Según el convincente análisis del sociólogo Ali Taher Al-Hamoud, esta protesta fue la de una clase media que buscaba afirmarse después de décadas de silencio. El levantamiento en 2003 de las sanciones impuestas por las Naciones Unidas impulsó el resurgimiento de esta clase anteriormente debilitada por la crisis económica y las guerras sucesivas. Como ha formulado muy bien Faleh Abdul Jabar, las revueltas de 2015 marcaron el surgimiento de una “política de los temas públicos” (issue politics) (Jabar, 2018), en oposición a la política identitaria tradicional, ya sea étnica, religiosa o sectaria.

Tres años después, en 2018, fue en Basora donde se escuchó el descontento de la población, una provincia rica en petróleo, la primera contribuyente a las finanzas del Estado iraquí, pero abandonada en términos de infraestructura y servicios públicos básicos. Esta segunda ola de protestas difería de la anterior en que rechazaba cualquier forma de liderazgo formal y escapaba a los partidos políticos y otras organizaciones centralizadas. Las manifestaciones de Basora estaban compuestas esencialmente por hombres jóvenes, educados y menos educados, que rechazaban todo el sistema político y exigiendo un cambio de régimen.

Ya no se trataba tanto de condenar al muhasasa sectario, como en 2015, la revuelta esta vez se produce a escala infranacional, sino más bien de proclamar la necesidad de un rediseño del sistema y el establecimiento de un estado funcional capaz de satisfacer las necesidades de la gente. Fue durante estas manifestaciones cuando aparecieron las consignas que ahora se repiten en todo el país: «Abajo los partidos políticos» y «Queremos una patria».

El levantamiento de 2019 atestigua el desarrollo de modos revolucionarios de acción y expresión política, que van más allá de episodios de protesta anteriores. En efecto, es un nuevo país lo que las y los jóvenes manifestantes están pidiendo, más allá de las demandas políticas específicas relativas al sistema electoral o las reformas legales. Esta movilización desafía las normas sociales conservadoras dominantes y desarrolla, a través de la acción colectiva, un nuevo sentido de pertenencia al mismo cuerpo social y político.

De hecho, la inclusividad de este movimiento no tiene precedentes. Mujeres jóvenes de todas las clases se sienten seguras -en su sitio incluso- en estos nuevos espacios y participan activamente en la movilización, tanto en la primera línea como en la preparación de comidas o en el cuidado de los heridos. Del mismo modo, las personas con menos capacidad o que viven en viviendas informales se unieron a la protesta.

Una nueva sociedad civil

Las y los manifestantes cultivan nuevas formas de expresar un sentido de pertenencia a su patria y proponen modelos de convivencia que trascienden las fronteras sociales y políticas. La revuelta crea nuevos espacios liberados del poder central, como el edificio abandonado apodado «restaurante turco», frente a la plaza Tahrir, en el centro de Bagdad. El edificio se convirtió en la sede del movimiento popular y fue renombrado Monte Uhud, en referencia a la batalla profética de Uhud entre los primeros musulmanes y sus enemigos Quraysh de La Meca.

Por miles en tiendas de campaña, en la plaza Tahrir o la plaza Al-Habubi en Nassiriya, las y los manifestantes crean una nueva sociedad en miniatura. Por ejemplo, han creado sus propios periódicos y canales de radio, distribuyen alimentos de forma gratuita y ofrecen una gama de servicios (desde farmacia hasta peluquería). En otras palabras, las y los manifestantes están estableciendo nuevos modelos de Estado ofreciendo servicios gratuitos de salud, educación y cultura. También organizan la limpieza de calles, la restauración de pinturas en lugares públicos, la restauración de monumentos y la mejora de los espacios públicos a través de intervenciones artísticas.

Algunos marcos conceptuales pueden ayudar a entender lo que está en juego en los recientes levantamientos en Irak. Este es el caso del concepto de nueva sociedad civil, un término imaginado por Paul Gready y Simon Robin, en reacción a la concepción restrictiva de una sociedad civil asociada con las ONG pro derechos humanos (Gready y Robins, 2017). Si la sociedad civil se define como la esfera fuera del Estado y la economía de mercado, la vieja sociedad civil favorece la cooperación con el Estado, mientras que la nueva sociedad civil aboga por la autonomía y la independencia de él.

Esta crítica hace eco a la noción de ONGización presentada por la intelectual feminista palestina Isalh Jad, para la que el modo de acción de las ONG se caracteriza por la «lógica de los pequeños proyectos», una «estructura jerárquica de toma de decisiones» y la «despolitización de la profesionalización», especialmente en Oriente Medio, donde las intervenciones neocoloniales y neoliberales se esconden detrás de los programas de democratización (Jad, 2007; 2009).

Al ocupar y reapropiarse de espacios públicos, proponiendo su propio modelo de Estado a través de diversos servicios y acciones colectivas, la revuelta iraquí desafía radicalmente al Estado. Las y los manifestantes iraquíes también se pueden comparar con los actores políticos subterráneos descritos por Mary Kaldor y Sabine Selchow, partidarios no de una democracia de las instituciones, sino más bien de una democracia de la acción colectiva, de la horizontalidad y de la independencia, tanto en el espacio público como en Internet (Kaldor y Selchow, 2013).

La distinción analítica que Nancy Fraser establece entre las políticas de redistribución y reconocimiento también es de gran interés para la decodificación de las demandas de las y los manifestantes: la significativa participación de mujeres jóvenes en los levantamientos recientes demuestra que la economía de redistribución es tan central como la demanda de libertad, recogida en el lema «Queremos vivir una vida» (Fraser, 1995). Las y los manifestantes tienen sed de libertad: libertad de no ser asesinados por su confesión, o por su negativa a prestar tal o cual juramento, libertad de ser creyentes o no, libertad de vestirse como crean conveniente, libertad de moverse, de viajar, libertad de no conformarse.

La noción de refoluciones[1] desarrollada por el sociólogo Asef Bayat también es esclarecedora (Bayat, 2017). Según este autor, en la Primavera Árabe de 2011 faltaba el radicalismo económico y político que caracterizó a las revoluciones socialistas, antiimperialistas y anticapitalistas del siglo XX. Según él, las y los revolucionarios árabes, salidos de las clases medias y medias bajas educadas, estaban más preocupados por cuestiones más amplias, como los derechos humanos, la responsabilidad política y las reformas legales.

Las y los manifestantes iraquíes de 2015 bien podrían describirse como refolucionarios, mientras que los levantamientos de 2018 y 2019 tienen más relación con lo que Asef Bayat llama los «no movimientos», que representan a los millones de subalternos, pobres y desposeídos que habitan el Ashwaiyyat (barriadas de chabolas) (Bayat, 2017a; 2017b). Las plazas Tahrir y Al-Habubi son, de hecho, expresiones de las múltiples estrategias a través de las cuales las y los habitantes de la ciudad desafían a las y los poseedores y se apropian el espacio público en su búsqueda de una vida mejor.

Los conceptos de madani (civil/cívico) y sha’bi (popular) se solapan en el contexto de los levantamientos de 2019 en Irak. La revuelta trasciende la política de cuestiones públicas y el dilema entre la redistribución y el reconocimiento. A través de la organización colectiva popular y la producción de espacios donde están surgiendo nuevos códigos sociales, la revuelta iraquí es tan de sociedad (societal) como política. Las y los jóvenes iraquíes desafían las normas sociales y políticas dominantes, incluidas las normas religiosas y de género. Una generación crea nuevos imaginarios de pertenencia y nuevas formas de civismo y de vida social.

Traducción del inglés: Olivier Peeters

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Cinco preguntas adicionales del CETRI a Zahra Ali[2]

Zahra Ali, usted establece el vínculo entre las demandas de redistribución, de lucha contra la corrupción y la desectarización del sistema político; ¿puede explicitar este vínculo?

Los movimientos de protesta en Irak se rebelan contra el sistema político, establecido por las fuerzas de ocupación estadounidenses en 2003, que impusieron un régimen basado en la afiliación confesional, religiosa o étnica (chiíta-suní, musulmán-cristiano, árabe-kurdo). Este sistema de cuotas comunitarias fragmentó el país y lo sumió en una guerra civil, especialmente entre milicias suníes y chiítas en 2006-2007. También ha permitido a la élite política consolidar su monopolio sobre los recursos del país a través de un funcionamiento comparable al de una mafia.

Así, en lugar de utilizar la inmensa riqueza del petróleo iraquí para la reconstrucción del país y su infraestructura destruida por décadas de guerra y sanciones económicas, la élite política se ha apropiado del producto de los recursos petroleros. Este nuevo establishment, que llegó a Irak acompañado por los tanques estadounidenses, ha establecido un sistema clientelista, institucionalizando la corrupción y suprimiendo cualquier oposición a través de sus múltiples milicias. Las y los iraquíes están pidiendo la redistribución de los recursos del país en beneficio del pueblo, en particular a través de la reconstrucción de sus infraestructuras y de los sistemas de salud y educación.

Entre 2011, cuando comenzaron las movilizaciones en Irak en el marco de las revoluciones árabes, y hoy, ¿hay una acumulación de experiencia dentro de las manifestaciones? ¿Y esta ola de protesta abarca todo el territorio, o ciertas regiones, incluida la región predominantemente kurda, por ejemplo, permanecen aparte?

Sí, en efecto, estamos presenciando una acumulación de experiencia, pero las diferentes oleadas de manifestaciones han experimentado una evolución significativa. En 2015 las y los manifestantes insistían en el fin del sistema de cuotas comunitarias; en 2018 las y los manifestantes, especialmente en Basora, se rebelaron contra los partidos políticos en su conjunto. Desde 2019, ha sido un levantamiento masivo, espontáneo y popular el que ha estado pidiendo un nuevo régimen. También es una revolución por temas referidos a las normas sociales, dirigida por la juventud, que quiere romper con los conservadurismos sociales y religiosos impuestos por la élite política post-2003.

Es cierto que las manifestaciones se concentran en Bagdad y en las regiones predominantemente chiítas del sur. Esto muestra cómo las y los iraquíes han pasado de un conflicto confesional a un conflicto élite política/pueblo. Las razones por las que Kurdistán y las regiones occidentales del país no han experimentado un levantamiento similar son múltiples: Kurdistán es una región autónoma, separada del gobierno central de Bagdad contra el que protestan las y los manifestantes.

Las regiones norte y oeste del país, principalmente sunníes, han estado en una situación crítica desde la invasión del Estado Islámico (Daesh). Cualquier revuelta de su parte es instrumentalizada por el gobierno central, que se apresura a describirla como una expresión de apoyo a Daesh. Así, la guerra contra el terrorismo es una herramienta muy poderosa de represión que el gobierno central utiliza constantemente.

Sociológicamente, dices que el movimiento se ha diversificado y cubre todo el espectro de clases sociales. Las mujeres también han participado en masa en los últimos meses. ¿Cómo lo explicas? ¿Es el fruto de una corriente feminista? ¿Tiene un impacto en términos de organización y de reivindicación?

La primera manifestación pacífica en el Irak posterior a la invasión americana fue una manifestación feminista. Los movimientos de mujeres en Irak tienen una larga historia de movilización y lucha. Por lo tanto, su presencia en las filas de las manifestaciones no es sorprendente. Sin embargo, fue realmente la presencia masiva de mujeres jóvenes lo que convirtió la última ola de protestas en un levantamiento popular. Estas jóvenes no están organizadas, no necesariamente se consideran activistas, pero conocen el contenido subversivo de su presencia en el seno de las manifestaciones.

Usted se refiere al concepto de refolución de Asef Bayat (2017a). Según él, arroja luz sobre la brecha entre la radicalidad de la dinámica de movilización, por un lado, y la timidez de las demandas, por el otro. ¿Las cuestiones del Estado -más allá del fin de la corrupción y la desectarización- de las prioridades económicas, de las orientaciones políticas amplias son objeto de debate? ¿Hay una reticencia -y si es así, por qué- a aprehender cuestiones más teóricas y estructurales? ¿Pueden las y los iraquíes hacer esto apoyándose en espacios de pensamiento nacionales o regionales (revistas, corrientes, etc.)?

Es realmente a través de las formas de organización y de acción como el levantamiento de 2019 representa una forma radical de movilización; no particularmente por lo que se demanda. Las y los manifestantes exigen infraestructuras e instituciones estatales que funcionen, y denuncian la hegemonía de las milicias que amenazan, atacan y matan a todas las formas de oposición. En un contexto como el del Irak posterior a la invasión americana, pedir que no te asesinen por participar en manifestaciones pacíficas, por el acceso a la electricidad, el agua, la salud y la educación, es un acto radical.

La forma en que las y los manifestantes han creado una sociedad utópica en miniatura, inclusiva, abierta, autogestionada en la Plaza Tahrir en el centro de Bagdad y otras ciudades del Sur, es un acto muy radical en un país desgarrado por décadas de guerras y sanciones económicas. Las y los manifestantes en la Plaza Tahrir imprimieron varios periódicos, crearon una radio, un teatro, un cine, una clínica; todo esto de forma gratuita y accesible para todos y todas. Esta juventud no quiere identificarse ni seguir un marco ideológico predefinido, busca crear sus propios marcos a partir de su realidad diaria y concreta.

Última pregunta: ¿hay intercambios con movimientos de protesta en otros países (Argelia, Líbano, Sudán)? ¿Cuál es el conocimiento que las y los manifestantes en Irak tienen de ellos? ¿Están inspirados en ellos? ¿Registran su lucha también dentro de una movilización regional o mundial y, en caso afirmativo, alrededor de qué núcleos reivindicativos?

Las manifestaciones en la región se hacen eco entre sí. Las y los iraquíes están siguiendo las movilizaciones regionales, especialmente las del Líbano, que tienen mucho en común con Irak. Sin embargo, todo esto sucede de manera informal, especialmente a través de las redes sociales y no a través de la organización de redes transnacionales o regionales.

Zahra Ali es socióloga, profesora adjunta en la Rutgers University (Newark), investigadora asociada al CETRI y autora en particular de Women and Gender in Iraq: between Nation-building and Fragmentation (Cambridge University Press, 2018).

Cortesía de Editions Syllepse

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Artículo publicado en The Immanent Frame (Social Science Research Council), abril de 2020, bajo el título: The civic and the popular : Reflections on the Iraqi uprising  (Lo cívico y lo popular: Reflexiones sobre el levantamiento iraquí).

Published in Assafir Al-Arabi on 09/03/2020 http://assafirarabi.com/fr/29742/2020/03/18/les-femmes-et-la-revolution-irakienne/

Bibliografía

Ali Z. (2019), Protest movements in Iraq in the Age of a “New Civil Society”, Conflict Research Programme Blog, London School of Economics and Political Science (LSE), 3 octobre.

Jabar A. F. (2018), The iraqi protest movement from identity politics to issue politics, Middle East Centre Paper Series, London School of Economics and Political Science (LSE), juin.

Bayat A. (2017a), Revolution without Revolutionaries. Making Sense of the Arab Spring, Redwood City, Stanford University Press.

Bayat A. (2017b), Life as Politics. How Ordinary People Change the Middle East, Redwood City, Stanford University Press.

Fraser N. (1995), “From Redistribution to Recognition? Dilemmas of Justice in a Post-Socialist Age”, New Left Review, 1/212.

Gready P. et Robins S. (2017), “Rethinking civil society and transitional justice : lessons from social movements and “new” civil society”, The International Journal of Human Rights, vol. 21, nº7.

Jad I. (2009), “The NGO-isation of Arab Women’s Movements”, IDS bulletin, 35-4, février.

Jad I. (2007), “NGOs : between buzzwords and social movements”, Development in Practice, vol. 17, 4-5.

Kaldor M. et Selchow S. (2013), “The “Bubbling Up” of Subterranean Politics in Europe”, Journal of Civil Society, 9-1.

De la autora:

Sous la direction de Zahra Ali et Sonia Dayan-Herzbrun : Pluriversalisme décolonial,  https://entreleslignesentrelesmots.blog/2017/07/06/promouvoir-les-diverses-formes-detre-au-monde-pour-legalite-et-la-liberte/

Féminismes islamiques,  https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com/2012/09/26/le-feminisme-comme-notion-radicale-faisant-dabord-des-femmes-des-etres-humains/

Les femmes et la révolution irakienne, https://entreleslignesentrelesmots.blog/2020/04/04/les-femmes-et-la-revolution-irakienne/

Seul un projet de société qui met à égalité les femmes et les hommes, les confessions et les religions peut représenter un avenir pour l’Irak,  https://entreleslignesentrelesmots.blog/2018/06/05/seul-un-projet-de-societe-qui-met-a-egalite-les-femmes-et-les-hommes-les-confessions-et-les-religions-peut-representer-un-avenir-pour-lirak/

Zahra Ali en viento sur:

Búsqueda de pasar la página de la invasión americana  https://vientosur.info/busqueda-de-pasar-la-pagina-de-la-invasion-americana/

Descolonizar, liberalizar y liberar el feminismo  https://vientosur.info/descolonizar-liberalizar-y-liberar-el-feminismo/

[1] Palabra suma de “reforma” y “revolución”.

[2]     Entrevista realizada en septiembre de 2020 por Frédéric Thomas, encargado de estudios en el CETRI.

Fuente: https://vientosur.info/iraq-lo-civil-y-lo-popular-en-el-corazon-de-la-revuelta/

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