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El tiroteo en Las Vegas y el uso de armas en EE.UU.

La armada norteamericana

Fuentes: Revista Anfibia

Nadie sabe cuántas armas hay en los Estados Unidos. Las cifras van de 265 millones a más de 310 millones. Casi una por habitante. Marina Aizen se metió en el mundo de los hombres y mujeres del rifle y cuenta la fascinación de los estadounidenses por el AR-15, uno de los fusiles que utilizó el tirador de Las Vegas. Un fragmento del libro Trumplandia, de Ediciones B.

Mi amigo J. quería que, antes de que me pusiera a escribir sobre armas en los Estados Unidos, probara primero qué se siente al disparar. Era domingo. Como la gente va a misa por la mañana, tuvimos que esperar que se hicieran las doce para que abriera el sitio de práctica de tiro más cercano. Por respeto, las puertas del polígono no se abren hasta que no se cierran las de dios. El lugar quedaba en un típico centro comercial, de esos que tienen sólo un par de locales y una playa de estacionamiento al aire libre. De un lado estaba el Starbucks. Del otro, una empresa de telefonía celular. Fuimos los primeros en llegar. Como yo nunca había disparado, el muchacho que atendía le dijo a J. que tenía que hacerse cargo de mi seguridad, y lo puso a prueba. Le dio una pistola Glock y le pidió que le sacara el seguro. Hacía tiempo que J. no tenía un arma en sus manos y no se acordaba cómo desactivar el mecanismo. No es que no hubiera tirado nunca. Lo hacía desde chico en Oklahoma, y sus propios hijos -dos adolescentes- saben tirar porque les enseñaron los abuelos. Tirar es un rito de la vida y en lugares como esos, más bien rurales, pasa de una generación a otra. Mientras J. luchaba con la Glock, un tipo de tamaño inmenso entró al local con su arma. Era un AR-15, una bestia semiautomática que se utilizó en varias masacres colectivas. A nadie se le movió un pelo por la presencia de semejante pedazo de caño. Mientras el grandote desaparecía por una puerta, el empleado nos dijo con ese tono formal que usan los policías: «Lo siento señor, no podré permitirles el ingreso». Y yo respiré tranquila. 

¿Qué me había perdido? La oportunidad de experimentar una sensación única, relajante, totalmente antiestrés. Quienes aman las armas no sólo disfrutan el derecho de portarlas. Les agregan adjetivos. Dicen que las armas son románticas, son sensuales, son adictivas, son divertidas, son la libertad misma. Nada asociado con el objetivo para el que fueron fabricadas: matar.

El empleado del polígono de tiro, un chico rubicundo con ojos celestes y grandes como dos lunas llenas, también me dijo que disparar era genial. Era feliz poseedor de un AR-15. «A todos en mi familia les encanta. A mi novia también «, contó. La usan siempre para salir a cazar chanchos salvajes y ciervos, que en Texas abundan. Más que una cacería debe ser una masacre porque el AR-15 es la versión civil de un M-16, un arma militar. Hay que apretar el gatillo para disparar cada bala, pero se puede hacer con mucha velocidad porque está diseñada para atacar objetivos múltiples, que se mueven rápidamente en filas enemigas. En un par de segundos, un tirador experto vacía un cargador de hasta 30 proyectiles. Y luego se siente feliz. Relajado. 

«Volveremos con toda la familia otro día, cuando haya un instructor «, dijo J. al retirarse del polígono, dispuesto a experimentar en otra ocasión la felicidad que se había perdido por mí. El chico rubicundo devolvió cortésmente el saludo. En la puerta, leí esta advertencia: «¡Atención, idiotas! Si desenfunda un arma que está cargada es porque: Usted nos está robando, le está disparando a una persona que nos está robando, o es un idiota incompetente. Por favor no desenfunde su arma cargada en nuestro negocio. Si lo hace le puede pasar lo siguiente: le pegaremos un tiro, le agradeceremos, o lo trataremos de idiota y le pediremos que se retire. Si le ofende este mensaje, podremos suponer que usted pertenece a la tercera categoría.» 

¿Será que este es un mundo lleno de idiotas? 

Armas para todos. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas armas hay en los Estados Unidos. Las cifras van de 265 millones a más de 310 millones. Casi una por habitante. En realidad, cada vez menos personas tienen más armas per cápita. No sólo para defensa personal sino potentes armas automáticas.